Kosh

"Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas" (proverbio árabe)

Temas

Enlaces

Archivos

 

Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2005.

LA SOMBRA (VI PARTE)

El carro recorría el último tramo de sendero, rodeado de campos de árboles frutales y olivos, hasta subir la pendiente que mostró en el fondo la torre de la iglesia de Santa Maria dels Turers.
Albert Taulet, se asomó por la ventana para observar el distintivo arte gótico catalán. Además de ser un excelente párroco y buen músico, aquel hombre que superaba los sesenta era un gran admirador del arte en general y del gótico en particular. Experto en resolver enigmas, profesor de historia de la diócesis y notable escritor de ciencias teológicas, el obispo, al recibir la carta del Abad, no había dudado en enviar aquel, su mejor hombre para resolver el extraño suceso.
El carro se detuvo y Albert Taulet bajó, cargando su equipaje y agradeciendo al cochero por el viaje. Observó un instante el monasterio, el gris de un cielo que anunciaba tormentas engrandecía el blanco de las paredes. Las puertas se abrieron lo suficiente para que un monje saliera a su encuentro y se presentara. Se saludaron y a continuación le informe que el Abad lo aguardaba en su despacho.
Tan solo una semana atrás el abad había acudido temprano a la iglesia ante los gritos de socorro de uno de los monjes. Recordaría para siempre la escena: el monje de rodillas tendido frente a una especie de piel sin nada en su interior, como un traje. Las ropas que llevaba puestas aún se encontraban allí, colgadas de esa especie de piel vacía. A pesar de ser un hombre propenso a tratar con la muerte, le costó mantener la compostura que un señor de su talla debía siempre mantener.
Esa mañana escribía la carta para el obispado de Barcelona relatando con lujo de detalles el suceso. Luego de enviarla con un emisario especial volvió a la escena del crimen a verificar indicios de lo ocurrido. Los monjes ya habían levantado lo que quedaba de su colega y lo llevaban al cementerio, al fondo del monasterio. No había demasiadas razones para velarlo en la capilla pues estaba de sobra claro que no se trataba de un ataque epiléptico, sin embargo, por tradición, lo dejaron allí el tiempo correspondiente antes de enterrar sus restos.
Al recorrer la iglesia, buscando alguna respuesta, el Abad había encontrado el amuleto. Estaba tirado detrás del pie de un banco de madera. Lo observó atentamente, luego preguntó a un monje si sabía qué era y si alguna vez había visto a Juan Vidal Díaz con él. El monje negó con la cabeza.
01/03/2005 09:28 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (VII PARTE)

Todo esto fue lo que le relató el Abad a Albert Taulet esa tarde, mientras tomaban un vaso de vino en su despacho, luego de que por la mañana Albert se había dedicado a descansar en la habitación de huéspedes que le ofrecieron después del largo viaje desde Barcelona.
El Abad no lo conocía personalmente, pero había oído hablar de Albert Taulet antes de recibirlo. Sabía que había resuelto y detenido al famoso Señor de los “Temores”, que había intentado expulsar de las tierras de los viñedos a los sacerdotes de la orden Franciscana de Girona. Surgió el momento para que le preguntase sobre aquel incidente, y Albert se limitó a relatar que estaba claro que a alguien le interesaba asustar a esa gente y que sólo debió descubrir el por qué, y que cuando lo supo de inmediato logró deducir el quién. Luego volvió al tema que les incumbía y preguntó:
- ¿Qué hizo con el amuleto?.
- Lo arrojé al lago, estas cosas suceden por guardar cosas que no son de Dios – dijo molesto.
Albert asintió con la cabeza pero luego agregó otra pregunta: - ¿está seguro que era de madera?.
- Sí – replicó.
- En tal caso flotará – se dijo a sí mismo pero en voz alta.
- Probablemente – replicó como si fuese hacia él aquel comentario.
- Entonces puede que lo encontremos en la costa – dedujo frente a la molesta mirada del Abad, que si lo había arrojado al lago era para no verlo más. Este gesto obligó a Albert a explicarse. – puede que ese amuleto sea la clave de la muerte, es necesario investigarlo, ¿no le parece? – dijo como animándolo a que estuviese de acuerdo. El Abad tan solo asintió con la cabeza.
A continuación, y luego de agradecer el excelente vino que había bebido, recorrieron el claustro, rodeando el jardín hasta la iglesia. Al ingresar se detuvo a admirar los contrafuertes y el campanario, diseñado en tres escalones y con dos campanas bien mantenidas. El lugar estaba en calma y silencio, cosa que pocas veces sucedía en La Santa María del Mar, su parroquia en Barcelona. Nadie había vuelto a hablar del tema, nadie se había detenido a pensar qué pudo ser lo que había sucedido con aquel pobre monje, pero eso no era sospechoso en un monasterio, donde la oración y la compostura se encontraba varios peldaños sobre la misma vida humana.
- ¿Qué sabe de la víctima? – preguntó al llegar al lugar preciso de los hechos.
- Era un buen hombre, excelente monje, correcto y prolijo. Destacaba por su afición a la lectura, aunque también era un gran escriba.
- ¿Qué cosas escribió o transcribió últimamente?, Quisiera verlas – solicitó.
- Lo averiguaré – respondió el Abad.
- ¿Puede que alguien tuviera intenciones de matarlo? – dijo sin rodeos.
- Por Dios – respondió sorprendido y mirando el crucifijo que colgaba de su cuello, - nadie en este lugar, que yo sepa, haría algo así – completó indignado.
- Perdone la ofensa, pero es una pregunta necesaria – se disculpó Albert Taulet al percibir la reacción. Necesitaba toda la colaboración posible y no tenía ningún sentido ponerse al Abad en contra suyo, las disculpas fueron bien aceptadas y no volvió a hacer, al menos al Abad, esta pregunta.
02/03/2005 11:07 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (VIII PARTE)

Joan y Oriol eran de los tantos pescadores que conocían a la perfección los lugares donde sacar las presas más grandes. Esa noche estaban pescando bajo el bello manto blanco de la luna que cubría la superficie del lago mientras observaban con recelo las luces de la villa del lado opuesto.
El lago de Banyoles se alimentaba de aguas surgentes y se encontraba a ciento setenta y cinco metros sobre el nivel del mar. La posición de aquellas extensiones representaba el control de la industria de pesca y los regadíos de la comarca. Desde el siglo XIV el Abad había prohibido pescar sin su permiso y cobraba censos para quién utilizara el agua en molinos y riego, aunque, en realidad este monasterio hacía, mas que de dueño, de mediador entre las dos villas cercanas, las cuáles defendían a regañadientes ser las propietarias de las cristalinas aguas. Por un lado estaba la villa de Banyoles, del lado oeste del lago, y del lado opuesto se encontraba la villa de Turers. Eran pequeños poblados donde todos se conocían. Cuando el monasterio no era suficiente para controlar el enfrentamiento existente, producto de la competencia por las aguas, debían buscar ayuda externa. En una ocasión habían pedido arbitrio del rey, el cual debido a que su único objetivo era obtener mas ingresos, ofreció entregarlas al mejor postor. Este gesto acrecentó la rivalidad en lugar de reducirla. La lucha llegaba al punto de crear odios entre las villas, las cuales comenzaron a distanciarse. El monasterio trató de controlar las disputas y estableció leyes para no construir más molinos de harina y se esforzaba por que el agua fuera bien distribuida, pero el enfrentamiento de las dos aldeas parecía cada vez más difícil de evitar. Finalmente con los monjes mediando se convocó una reunión en la que se apaciguaron los ánimos, pero la tensión se mantendría y el alejamiento de ambas partes era palpable. Nadie de un lado del lago se atrevía a visitar el otro y los caminos para acceder no se unían hasta casi la entrada de Girona. No había comunicación ni comercio entre ambos poblados y cada uno de ellos comenzó a tener sus propios negocios, existiendo así una herrería y una carpintería en cada pueblo y aumentando de esta forma la competencia entre ellos.
03/03/2005 09:32 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (IX PARTE)

Ambos hombres eran nativos de Banyoles y toda su vida la habían pasado en este poblado, siendo conocidos y respetados por los demás aldeanos. La familia de Joan tenía originalmente casa en Turers pero cuando comenzaron a distanciarse decidieron venderla y quedarse en el pueblo del oeste. Los pescadores eran, junto a los que utilizaban el agua, los que más se enfrentaban con el pueblo de enfrente, incluso en el caso de la pesca era aún mayor el conflicto ya que se cruzaban mutuamente en el centro del lago. Pero aquella noche eran los únicos que se encontraban en aquel rincón de aguas calmas, en la entrante norte que cerraba el valle desde donde las aguas de deshielo alimentaban al espejo de agua.
- Hoy no vamos a sacar nada – dijo en voz baja pero preocupado Joan. Era un hombre de mediana estatura, cuello amplio y ojos separados. Hablaba pausado como quien no piensa demasiado deprisa y hacía todo con calma, era paciente y por eso cumplía con la personalidad ideal para ser un buen pescador.
- A esta hora los peces duermen – bromeó su compañero Oriol, un poco mas delgado y de pelo marrón como la madera.
- El agua está en demasiada calmada, deben andar por el fondo – observó refiriéndose a las presas que esperaban capturar.
- Con la luna que hay hoy es raro que no estén por arriba, ¿quién los comprende? – se lamentó Oriol al tiempo que movía un poco la línea para acomodarla.
Era raro, y lo notaron, que no se moviera en absoluto el agua, era como si el viento hubiese muerto, el lago parecía un estanque y el reflejo que marcaba la línea de la superficie se había convertido en lo que parecía una capa pulida de mármol sobre la que se empotraba la barca en la que se encontraban.
- ¿Qué es eso? – comentó entonces Oriol, que tenía la vista perdida en la costa.
- ¿Qué? – preguntó su compañero dirigiendo su mirada hacia donde Oriol observaba.
- Me pareció ver que algo se movía por la superficie, por allí – dijo señalando un tramo de aguas inmóviles donde sólo se veía el reflejo de la luna.
04/03/2005 09:29 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (X PARTE)

- No veo nada, ¿qué era? – preguntó suponiendo que lo que fuese ya no estaba.
- Algo que se deslizaba por la superficie, no sé, como una mancha – describió débilmente y dudando si era cierto que había visto realmente algo.
Hubo un breve silencio donde olvidaron el incidente y pensaron si valdría la pena seguir en aquellas aguas tan quietas y sin el menor rastro de peces, entonces a sus espaldas, entre las sombras que proyectaban las mismas aguas con la luna al comenzar a agitarse, apenas motivadas por un breve instante de viento, se fue formando una figura negra. Joan fue el que sintió la presencia de algo detrás de él y se dio la vuelta para ver aquel terrorífico ser que avanzaba sobre el agua. Abrió los ojos grandes pero su garganta no llego a pronunciar ni una palabra, tan solo permaneció inmóvil, paralizado por el temor que proyectaba lo que veían sus ojos. Oriol observó de reojo a su amigo y luego se giró también, al ver lo que veía su compañero aspiró profundo y llegó a intentar unas palabras – ¿Qué es...? – fue lo único que llegó a decir. Su mano comenzó a temblar al tiempo que la figura se acercaba a la barca, como flotando sobre la superficie. Era una especie de manto negro que lograba un contorno similar al de un cuerpo humano pero deforme y cuyos pies se hundían en la oscura proyección de las sombras.
Llegó hasta la barca donde Joan trató de detenerlo intentando golpearlo con la caña, pero el objeto de madera pasó a través del ser como si no hubiese mas que una sombra, entonces la figura estiró sus brazos, alcanzando con la punta de sus largos y oscuros dedos los cuerpos de los pescadores.
07/03/2005 09:20 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA Hay 1 comentario.

LA SOMBRA (XI PARTE)

A la mañana siguiente encontraron la barca vacía flotando cerca de la orilla de Banyoles. Las cañas y todas las pertenencias de los dos hombres se encontraban en sus sitios, como si el lago los hubiese tragado, pero nadie pensó en eso, sino en que alguien los había atacado. Uno de los pescadores declaró que los había visto partir por la tarde del día anterior y que le habían dicho que irían a pescar a la margen opuesta, del lado de las costas de Turers. De inmediato sospecharon que los pescadores del pueblo opuesto serían los culpables de la desaparición de sus compañeros.
Ese día Albert Taulet se había levantado temprano y decidió caminar un poco por las cercanías de la iglesia. Buscó sin éxito alguna pista durante largo rato, luego, algo cansado, se sentó en los escalones de la entrada a la iglesia y descansó bajo el agradable sol de un cielo claro mirando los esporádicos campesinos ir y venir por el sendero que pasaba junto a la iglesia. Comenzó a pensar entonces cómo podía haber llegado el amuleto hasta la iglesia, y decidió que era probable que alguien lo habría dejado. Fue así preguntando a los que atravesaban el sendero hasta que tuvo suerte: una mujer pasó volviendo del lago y, ante la pregunta de Albert respondió que días atrás su hija había encontrado un amuleto de madera y lo había dejado en la iglesia al no saber de quién era. Acompañó a la señora hasta la casa donde se encontraba jugando la hija y, luego de que la madre le sirviese un vaso de leche, le presentó a Albert Taulet. La niña lo saludó con un – hola – despreocupada.
- Hola – respondió el sacerdote, - ¿recuerdas que hace unos días encontraste un hermoso amuleto de madera?.
- Sí, ¿era de usted? – replicó la niña luego de tomar un largo sorbo de leche.
Albert la miró a los ojos y le dijo, - no, no era mío. ¿Recuerdas dónde lo encontraste?.
- Sí – se conformó en responder la niña, - ¿quieres que te muestre? – agregó luego.
Albert miró a la mujer, como denunciando que su hija era una niña muy inteligente, y luego volvió a ella para decirle, - se lo agradecería mucho, pero volveré por la tarde después de almorzar si no les molesta.
08/03/2005 10:52 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (XII PARTE)

Llegó al monasterio para el mediodía y encontró al Abad muy preocupado en el comedor, le contó de inmediato la desaparición de los pescadores y las probables consecuencias si no se encontraba un culpable. La situación entre las aldeas era muy tensa y ya la mediación del monasterio no alcanzaba para contener lo que podía terminar en una batalla que los pescadores estaban conspirando.
Terminada la comida vieron por la ventana cómo llegaba un emisario a caballo, tenía el escudo del Vaticano en su capa. Se bajó en el patio y pidió hablar con la autoridad del monasterio. Lo recibió el Abad junto a Albert Taulet en su despacho, entonces el hombre le entrego una carta de la santa sede y se marchó a darle de beber a su corcel. Se notaba que el jinete había cabalgado sin detenerse por un largo tramo, pertenecía a un grupo de mensajeros del Vaticano especialistas en recorrer amplias distancias en corto tiempo para llevar las noticias más urgentes e importantes.
- El día que escribí para pedirle ayuda también escribí a la Santa sede. No esperaba que respondiesen tan deprisa – explicó el Abad mientras abría la carta, desarmando el sello de cera que cerraba el sobre.
- Es corta – dijo al tomar la hoja y observarla brevemente, antes de leérsela a su invitado presente en la sala.
Lamentamos profundamente lo ocurrido y el pontífice le envía a su monje Juan Vidal Díaz la bendición y espera que sea bien recibido en los cielos.
Por lo que describe en su relato deducimos que se trata de un caso delicado que requerirá la presencia de un especialista, el cuál se dirige en este momento hacia allí y espera llegar lo antes posible. Mientras tanto solo recomendamos que mantengan la calma.
Si hallasen, en las cercanías del cuerpo, un amuleto, les pedimos por favor que lo entierren de inmediato, pues aquél debe encontrarse bajo tierra.

La carta la firmaba un obispo cuyo cargo adjunto era de Director de la “Congregación para la doctrina contra los espíritus del mal”.
09/03/2005 09:26 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (XIII PARTE)

- Debemos encontrar ese amuleto, por ahora es lo único que podemos hacer, además de rezar – propuso Albert Taulet.
- Lamento haberlo arrojado al lago – dijo el Abad consternado.
- No podía saberlo, usted actuó de buena fe. Mientras tanto iré a investigar un poco – dijo antes de ponerse de pie y abandonar la sala, dejando al Abad solo y preocupado.
Pasadas las cinco llegó a la casa donde lo esperaba la mujer con su hija. Salieron los tres y recorrieron el camino hacia el lago. Una vez en la costa, la niña lo llevó a un bosquecillo muy cerca de la costa oeste, tan solo a unos cien metros donde las mujeres lavan la ropa, y le mostró un hoyo en la hierba.
- Encontré a un perro muy bonito, le pregunté qué hacía pero se fue, entonces me acerqué y vi que había cavado este pozo él solo, miré dentro y vi la maderita con el dibujo, tenía un poco de tierra pero la limpié en el lago y quedo muy linda. Se lo mostré a mi mamá y le gustó mucho – concluyó señalándola.
- Cuando me pongo a lavar la ropa ella se pone a recorrer estos lugares, no creí que llegaba tan lejos, debo prestarle mas atención – dijo a modo de crítica aunque sin demasiada convicción.
- Es una niña adorable – replicó Albert, - le agradezco mucho su ayuda – completó.
- Es tarde, debo ir a preparar la cena – se excusó la mujer. El sol comenzaba a recostarse sobre las laderas más altas del oeste. Albert volvió a agradecerle y luego la mujer y la niña se fueron, la niña giró para saludarlo al alejarse y él le respondió agitando la mano, luego se quedó solo en aquel bosque.
Los árboles eran de altura media, los rayos del sol se colaban entre las hojas para estrellarse en líneas cruzadas contra la húmeda tierra. Calculó que el lago debía haber llegado alguna vez hasta allí. Comenzó entonces a buscar por los alrededores, notó la que tierra estaba muy erosionada en aquel tramo de bosque donde se encontraba el agujero. Buscó cerca del hoyo algún rastro de algo, cualquier cosa, cavó alrededor y obtuvo un pequeño tronco tallado, lo que parecía una cuchara de cocina, pero muy antigua. Pensó que en aquellas tierras alguna vez quizá había existido un poblado, pero debía haber sido mucho tiempo atrás, en la prehistoria. De mucho no le serviría pero de todas maneras la guardó, luego caminó un poco más hacia una parte rocosa donde comenzaba a subir la ladera que terminaba en los montes de los valles que rodeaban el lado norte del lago. El bosque se hacía más espeso de matorrales y plantas. La escasa luz que mantenía la tarde apenas llegaba a traspasar las copas de los árboles, que eran más altos en aquella zona. Fue entonces cuando, escondida entre plantas y piedras de gran tamaño encontró una pequeña abertura en la montaña. Primero creyó que era una simple grieta pero la curiosidad lo llevó a acercase y ver que se trataba de la entrada a una caverna. No medía más de un metro de alto por lo mismo de ancho pero era suficiente para entrar a gachas. Albert lo hizo y descubrió entonces que una vez pasada la puerta la caverna se ensanchaba, formando una galería de casi dos metros de alto. Avanzó un poco más manteniendo su mano apoyada contra la pared, como para no perder una referencia y luego decidió que allí no encontraría nada útil. Volvió entonces sobre sus pasos hasta la entrada de la cueva, allí observó con la última claridad del día unas extrañas pinturas sobre las piedras. Eran símbolos primitivos, escritos quizás miles de años atrás, distinguió entre todos uno especial, resaltado en el centro de un círculo. Lo memorizó lo mejor que pudo y luego salió.
10/03/2005 10:12 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (XIV PARTE)

El azul del cielo se había oscurecido y se veían las primeras estrellas asomar sobre el firmamento. Albert avanzó unos metros entre la maleza en busca del sendero y dejando la caverna tras él cuando de pronto se detuvo. Un buen sacerdote, de aquellos que se pasan horas rezando en silencio, aprende a sentir las presencias. Cuando era el párroco de la iglesia de Vallirana, muchos años atrás, podía estar rezando hacia el altar, de espaldas a la nave, que si alguien entraba, no importaba si lo hacía en el mayor de los silencios, él sentía la presencia. Esa misma sensación fue la que atravesó su mente y por la cuál se puso súbitamente en guardia. Decidió ocultarse en la penumbra, detrás de unos abetos bajos y espesos alrededor de sus troncos. Se mantuvo allí, sin mover un músculo e incluso respirando por la boca para no hacer el menor sonido. Pasaron varios minutos, un cuarto de hora tal vez, cuando vio sobre su derecha, en un claro, algo que se movía entre las sombras. Fue apenas un instante, luego no sucedió nada más y pasó un rato hasta que volvió a ver algo, esta vez mucho más cerca, apenas unos metros delante de él. Vio cómo de las sombras que proyectaban las ramas de un pino se engendraba una figura. Las ramas proyectadas se unían hasta formar un cuerpo que luego se arrastraba, absorbiendo las sombras de los objetos cercanos para mantener una relativa consistencia. Albert no intentó escapar y trató de mantener la calma. Mucho tiempo atrás había encomendado su alma al señor y confiaba en que él sabría ayudarlo y, en caso de que fuese su fin sería la voluntad de Dios y estaría preparado para rendir cuentas a su lado. Rezó en silencio mientras la mancha que alcanzaba por momentos un contorno humano se detenía, como si de pronto algo la hubiese alertado. Pareció buscar alguna presencia cercana, giró, quedando de frente al lugar donde se escondía Albert, permaneció así, buscando tal vez algún rastro, movimiento o lo que fuese que le dijera que allí se ocultaba alguien. Fueron unos segundos de tensión en los que el sacerdote luchó por mantener la calma, pero finalmente el maligno ser volvió a girar y prosiguió su camino hacia la caverna, sumergiéndose en su interior.
11/03/2005 09:32 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (XV PARTE)

Recién entonces Albert Taulet volvió a respirar tranquilo. Salió de la oscuridad y se alejó deprisa y sin mirar atrás por el sendero. Luego bordeó el lago hasta alcanzar el camino a la villa. Pensó en aquel demoníaco ser que había visto, ¿qué era y de dónde habría salido?. Lo que estaba seguro es que eso era la causa de la muerte del monje y de los pescadores y que debían, de algún modo, detenerlo.
Había avanzado por la ladera, ya la noche era dueña del valle y las estrellas se habían desplegado por el cielo. Albert seguía preocupado en sus pensamientos cuando desde unos árboles, a la derecha del camino, surgieron dos hombres corpulentos y de aspecto hostil. Vestían ropas de pescadores y cargaban con garrotes de madera. Uno de ellos encendió una antorcha mientras que cortaban el paso del sacerdote.
- Detente – le ordenó uno de ellos estirando la mano al frente.
- ¿Qué sucede? – preguntó sorprendido Albert. No era una zona de vándalos por lo que no temía que fuese un atraco.
- Eres de Turers – afirmó el hombre que sostenía la antorcha, - ¿qué haces cerca de nuestro pueblo? – preguntó.
- No soy de Turers, soy un viajero que para en el monasterio – explicó intentando no dar demasiada información sobre su tarea.
- Si eso fuera cierto, ¿qué haces aquí?, el monasterio queda del otro lado y no es hora de dar paseos por el prado – dedujo el otro de los hombres.
- Yo... estuve en el bosque – comenzó a decir Albert, pero ciertamente no se le ocurrió ninguna excusa creíble sin revelar su verdadero objetivo. No le creerían si decía que salió a pasear, si decía que fue a recoger frutas silvestres le faltaba la fruta. No era hora para andar por esos lugares solo, de verdad estaba en una situación sospechosa y no sabía qué alegar en su defensa.
- Eres de Turers – volvió a acusarlo el de la antorcha, yo conozco a todos los del monasterio.
- Le dije que soy un viajero, estoy sólo de paso en el monasterio – se defendió Albert.
- Es de Turers – le dijo uno de ellos al otro. No debió insistir.
- Ustedes han matado a mi hermano – le dijo enojado el otro hombre a Albert, - ¡Sé que fueron ustedes!.
- Yo no se nada, no soy de Turers.
- Sí lo es – se apresuró a decir el otro, convenciendo al que cargaba la antorcha, el cuál parecía cada vez más convencido de que Albert era del pueblo del este. – Quizás fue él quién los mato – lo acusó sin más.
- No he matado a nadie – se defendió Albert.
- Vendrás con nosotros, y nuestro pueblo lo decidirá – sentenció por fin el que lo había detenido.
- Debemos lincharlo – dijo el otro adelantándose al resultado de lo que sería un breve juicio público.
- Escuchen, no he hecho nada y no soy del pueblo que dicen, ni siquiera soy de la comarca – comenzó a decir por enésima vez el sacerdote, pero de pronto se detuvo espantado. No pudo decir nada más al ver cómo desde la luz que proyectaba la antorcha sobre el césped del sendero y las sombras comenzó a formarse un cuerpo. Albert trató de decir algo, pero los hombres que lo miraron desconcertados creyeron que le asustaba el hecho de que lo llevarían prisionero.
- ¡Detrás de ustedes! – llegó a decir Albert, pero los hombres ni siquiera miraron atrás, no oyeron ningún sonido y no girarían para darle la oportunidad de huir. Mientras tanto, en la danza que creaba la llama y el césped, la sombra completaba su contorno.
- Cuidado –gritó por último Albert, al ver que el demoníaco ser se arrojaba sobre los hombres.
No llegó a ver qué sucedía, simplemente porque en ese instante Albert dio media vuelta y comenzó a correr sin mirar atrás. Llegó a oír un grito apagado a sus espaldas y sin detenerse rezó por la suerte de aquellos desdichados.
14/03/2005 09:13 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (XVI PARTE)

Fue en la batalla de Pollenzo, los romanos de Stilcone y los godos de Alarico peleaban con dureza en el campo. La batalla era imponente, las flechas recorrían el cielo y caían como gotas de lluvia clavándose en los cuerpos de los soldados. Mientras tanto en un bosque cercano algunas tropas replegadas de romanos buscaban refugio entre los vegetales y se internaban en lo más profundo de los árboles. Allí por ese entonces habitaban los magos del roble, un grupo de ancianos de blanco que adornaban las propiedades divinas de aquellas nobles maderas.
Fue uno de los guerreros que se separó del grupo de soldados y por casualidad se cruzó a dos magos y los atacó por sorpresa. Mató a uno de ellos, cuyo nombre nunca se supo, pero el otro logró escapar, su nombre era Marrows.
Nadie atacaba a los magos, éstos no pertenecen a las guerras, viven en otro ambiente, desinteresados de los problemas humanos. Por eso la ira de Marrows fue tal que siguió al guerrero, el cuál volvió a su grupo y se alistó para enfrentar a los godos en un monte, del lado opuesto del bosque. La pelea fue corta, lucharon bien y hubo bajas de ambos lados, pero al final los godos debieron retirarse hasta el lado opuesto del río.
Los romanos festejaban cuando una flecha perdida, con punta de bronce, recorrió el espacio hasta clavarse en el pecho de aquel que había atacado a los magos. El guerrero cayó en el campo, solo, y entonces del bosque salió Marrows. El mago desde lejos, y creyendo que el hombre ya estaba muerto, lanzó una maldición sobre su alma, para que ésta sufriese en el infierno por sus pecados. Pero el guerrero aún no había muerto cuando fue maldecido, por lo que su alma condenada arrancó un trozo de sombra y logró evadir con ella su destino.
El guerrero murió pero en la tierra quedo su sombra, la cuál consiguió vivir en un plano intermedio entre el mundo y el infierno. Un plano donde el tiempo no existe, ni tampoco el espacio, y por eso debía buscar lugares y tiempos donde la naturaleza no esté completa y pueda volver al mundo. Aquel ser maldito buscaba agujeros en los que pueda penetrar a la atmósfera material y volver a ser parte del mundo concebido.
15/03/2005 09:34 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (XVII PARTE)

Llegó al monasterio agitado y cubierto de sudor. No estaba acostumbrado a correr y menos tanta distancia. Tras recuperar la calma cenó con el Abad y le contó lo sucedido tratando de ser lo más específico posible al referirse a la sombra.
- No puedo creerlo – sentenció en principio el Abad.
- Despreocúpese que yo tampoco pude hacerlo al principio, pero es necesario que me crea antes de que lo vea por usted mismo ya que será probable que si lo hace no tenga demasiado tiempo para darme la razón.
- ¿Y por qué Dios permitiría que una criatura tan horrenda se pasee por el mundo? – se preguntó como para sí mismo.
- Quizás Dios no la creo, o quién sabe, pero está claro que existe – trató de contestar Albert.
- Hay que destruirlo. Ese ser es la causa de todos los males. Esta tarde he intentado mediar entre los pueblos, pero me resultó muy difícil, todo terminará en una tragedia si no hacemos algo pronto.
- Necesitamos un poco más de tiempo – pensaba Albert.
- Lo tenemos, he hablado con los alcaldes de las villas y logré convencerlos que apacigüen los ánimos al menos hasta la fiesta de la concepción de la virgen, dentro de tres días. No habrá peleas hasta entonces. Las villas están demasiado preocupadas en los preparativos para los festejos como para plantearse el odio entre ellos.
La fiesta de la concepción de la virgen era para los pueblos de este tramo de los Pirineos, una celebración única. Se preparaba la calle mayor de las villas con adornos y se bailaba toda la noche. Había un esplendoroso espectáculo de fuegos artificiales sobre las costas del lago que comenzaba a media noche y daba inicio a las celebraciones.
- Esperemos que hasta entonces no haya conflictos, mientras tanto trataré de investigar sobre ese demonio y cómo acabar con él.
16/03/2005 10:13 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (XVIII PARTE)

Albert Taulet se recostó exhausto después de un largo día. A la mañana siguiente lo levantó un monje anunciando la llegada de Emilio Díaz de Vivar, un emisario español que representaba al vaticano en los temas referentes a la Congregación para la doctrina contra los espíritus del mal. Al oír esto el sacerdote se alegró – al menos sabré que significa esa extraña sociedad – pensó mientras se preparaba para bajar a tomar el desayuno con el emisario recién llegado.
Encontró al hombre de pie en el refectorio, admirando los cinco cuerpos del retablo de Santa Maria o de Nostra Senyora de l'Escala.
- He oído hablar mucho de esta obra – le dijo al ver que sería interrumpido.
- ¿Sabe usted de arte? – preguntó Albert.
- Estudié en Italia, y al tratar el gótico hablamos de Joan Antigó. ¿Sabe que este retablo fue encargado por el Abad Pau por doscientos florines? – le comentó buscando su sorpresa. Pero Albert contaba con la virtud de apreciar el arte por lo que se remitió a negar con la cabeza.
- Mi nombre es Emilio Díaz de Vivar – soy originario de Miranda del Ebro, aunque sirvo desde hace varios años a la santa sede. Estoy aquí por el tema que nos concierne de la sombra.
Es la primera vez que Albert Taulet oía nombrar a la extraña figura que había visto con un nombre. Parecía saber muy bien a qué se enfrentaba, lo cuál tranquilizó un poco al sacerdote. Desayunaron y luego se reunieron en la sala capitular y se sentaron en torno a una bella mesa de nogal frente al fuego de una hoguera.
- Le interesará saber a qué se enfrenta, me imagino.
- De verdad que sí.
- Cuénteme primero si la ha visto y qué sabe.
- Poco. Fui convocado por la muerte de un monje, pero desde el principio todo era muy extraño. Ayer siguiendo el rastro del lugar donde habían hallado el amuleto que se encontraba en el lugar del crimen encontré una caverna, y al salir me topé con aquella figura. Me escondí en lo oscuro y no me vio. Luego en el camino de regreso unos pescadores quisieron apresarme acusándome ser del otro pueblo y apareció tras ellos y los consumió. No vi demasiado porque huí de inmediato, pero fue como si hubiese contraído sus cuerpos hasta vaciarlos.
- Intrigante.
- Dígamelo a mí. ¿Y usted qué sabe del asunto?.
17/03/2005 10:44 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (XIX PARTE)

Emilio se apoyó sobre el respaldo de la silla. Era un hombre que no superaba los cincuenta, de hablar tranquilo y pensar rápido. Tenía ojos saltones, y cejas unidas, como pendiente de captar siempre el ambiente.
- Las sombras no son seres vivos, son algo aún no determinado que se encuentra en otro plano, no están compuestas por materia, aunque pueden influenciar en la naturaleza de éste mundo si son convocadas. No alcanzan las dimensiones del espacio que conocemos, existen sólo en dos ejes, es decir en proyecciones. Por eso es que usted en la oscuridad fue inmune a este ser, porque necesita de luz que la proyecte para hacerse presente, se puede mover por la oscuridad pero no puede pertenecer a este mundo, solo puede reflejarse a través de una luz en movimiento constante. Por ello aparece al resplandecer una llama o con el reflejo de los astros.
Estos demonios son inmunes al frío y al sueño, no se los puede combatir con armas convencionales y no les afectan los conjuros una vez que se encuentran en este mundo, sólo pueden reducirse con el exceso de luz, entonces se apagan y mueren de forma inversa que una luz cede frente a la oscuridad al apagarse.
Los llamé demonios porque provienen del mal, pero por diversos motivos nunca llegaron al infierno y quedaron atrapados en un plano intermedio, entre las cortinas que separan el mundo de los vivos del castigo eterno del infierno, y desde allí intentan volver a hacerse presentes, para ello consumen a sus víctimas, quitándoles su esencia vital hasta alcanzar la suficiente para producir materia y volver a existir. Atacan estirando el frío de sus tramos sombreados, entumeciendo el sentido del tacto y penetrando luego en sus cuerpos, obstruyendo sus articulaciones, luego drenan la energía vital de sus almas, convirtiéndolas en sombras, es decir pasándolas al plano negativo donde acumulan aquella esencia a la espera de reunir la suficiente para poder convertirla en materia.
18/03/2005 09:55 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (XX PARTE)

- ¿Cómo saben todo esto? – se preguntó asombrado Albert.
- La congregación se dedica a reunir y combatir males, y tiene registros de un caso anterior de este demonio, aquella vez ocurrió en el imperio inca y la sombra era de un hombre enterrado vivo por error y luego maldecido por su hermano por llevarse el secreto del tesoro familiar a su tumba. Su sombra revivió en tiempos del Inca Humeko y causó una masacre que acabó con la mitad del imperio antes de que llegasen los españoles a América. El libro que contaba la leyenda fue encontrado por un monje Jesuita en una misión y traído al vaticano donde se ocultó. La sombra se desvaneció sólo al caer un rayo que la fulminó con su luz. Algunos dicen que fue un hecho fortuito y otros que fue la invocación del rayo que realizó la magia de un inca, pero ningún indio profundizó demasiado ya que la amenaza había sido eliminada. Por lo tanto la única manera de detener a la sombra será, si existe, esa invocación del rayo, de lo contrario las consecuencias serán terribles.
- ¿Pero cómo pudo ser que esta sombra se haya corporizado? – preguntó el sacerdote.
- Probablemente se encontraría encerrada en algún objeto enterrado. Los brujos de la antigüedad utilizaban este precario método para acabar con los espíritus malignos, era la única manera que conocían, ya que no tenían nociones de exorcismos.
- Por eso es que la carta que nos enviaron decía que si encontrábamos algún objeto debíamos enterrarlo con urgencia – observó Albert atando cabos.
- Exacto – se remitió a confirmar Emilio.
- El abad se encargó del amuleto, se deshizo de él pero arrojándolo al lago, no sabía que debía enterrarlo.
- Era de madera, por lo tanto debe flotar, podemos encontrarlo si sabemos dónde lo arrojaron, debe estar por esas costas.
Convocaron entonces al abad. Emilio le preguntó el aspecto del amuleto y el abad lo describió diciendo que recordaba un símbolo en su cara frontal: - como un círculo cortado por una línea ondulada.
Albert recordó entonces el símbolo de la caverna, los habitantes de aquellos tiempos lo conocían.
21/03/2005 09:35 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (XXI PARTE)

Las tribus que habitaban la comarca de Banyoles en la Era del Neolitico, aproximadamente por el 5000 AC, se caracterizaban por su organización agrícola alrededor del lago, por sus artesanías talladas en madera y por la magia negra que practicaban.
Los hombres que habitaban aquellas tierras vivían en cabañas de madera, material que dominaban a la perfección. Tallaban vigas de roble y las colocaban en el suelo, fijando senderos que unían las cabañas. Dominaban el fuego y gustaban de utilizarlo. También utilizaban arces y laureles para los objetos pequeños y fresnos olmos y avellanos que rodeaban los poblados formando un bosque por la riviera. Vivían de la pesca y las frutas silvestres que crecían tierra adentro. El área habitada marcaba una pendiente suave que subía hacia el norte, hasta donde caía un río que, al crecer en invierno, mantenía al poblado a veces en una isla y otras con un acceso por un estrecho istmo, lo cuál lo abastecía de una protección natural.
Practicaban rituales de magia avanzada para sus tiempos, siempre a la orilla del lago, el cuál en esa época se encontraba dos metros más bajo. Se creía que lograban, a veces por error, invocar al demonio y por supuesto, no sabían controlarlo. En realidad no sabían ni siquiera cómo manejar las llamas a las que adoraban. Se crearon figuras talladas que representaban a cada objeto idolatrado. Los brujos de aquellos días apenas lograban controlar sus hechizos, el universo aún no sentaba sus bases y todavía la naturaleza no tenía sus reglas claras, por lo que los magos de entonces encontraban puertas y huecos aún no cerrados por un mundo natural incompleto.
De alguna manera, quizás por error, invocaron al demonio de las sombras. No existen registros pero se sabe que las aldeas completas fueron consumidas por la mancha oscura. Ocurrió durante un rito que practicaban los brujos de la tribu para invocar a sus ancestros. Se pintaban la piel y bailaban y cantaban en torno al fuego con estacas de madera mientras gritaban las invocaciones. En ese entonces simbolizaban a los espíritus con amuletos, y habían tallado uno especialmente para aquella invocación. Era pequeño, de madera y con un círculo grabado, partido al medio con una línea zigzagueante. Entre los llamados al más allá se abrió una brecha en el velo que separa este mundo del mundo de las almas errantes y la sombra se coló por ella. Los magos, ingenuos y desconocedores del poder con el que jugaban, no supieron cómo controlar esta alma perdida, y luego de un intenso juego de hechizos, un grupo de los mejores hechiceros de las tribus de los valles unieron sus poderes y lograron concentrar la sombra en un punto fijo y la condenaron a permanecer encerrada en el amuleto, el cuál enterraron y marcaron con una piedra. Mientras quedase bajo tierra, la sombra no podría ser materia, sólo si alguien desenterraba la pieza de madera podía traer el alma maldita nuevamente a la vida.
Aquellos brujos escribieron luego, mediante símbolos en una caverna cercana la advertencia sobre el amuleto: El que toca ese amuleto corporiza la sombra del demonio.
22/03/2005 09:22 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA Hay 1 comentario.

LA SOMBRA (XXII PARTE)

- Sí, yo me encargué de tirarlo al lago como el Abad me indicó- respondió el joven. Un cuarto de hora antes le preguntaron al Abad dónde había arrojado el amuleto y les dijo que él no se encargó de ello sino que se lo ordenó hacer a un monje.
- Podría llevar a este señor al lugar – dijo Emilio refiriéndose a Albert Taulet.
- Por supuesto – dijo el monje enfermero, al tiempo que dejaba sobre la mesa la canasta con las espinacas que un rato antes había tomado del huerto. Estaban en la despensa, una sala amplia que olía a legumbres y a aceite de olivo.
- Yo me quedaré estudiando la invocación del rayo, seguramente la necesitaremos – le dijo luego Emilio a Albert al tiempo que lo despedía y le deseaba suerte.
Salieron por la bodega y recorrieron el camino lateral que ascendía la pendiente hasta un bosquecillo. Desde donde estaban, el monasterio de San Esteban de Banyoles parecía más que un lugar de culto, una fortaleza, con muros exteriores de gran espesor, torres y profundo foso que rodeaba todo el recinto del lado exterior de los muros. Resaltaban las casas de los priores de Santa Maria de Finestres y de Sant Marçal del Montseny. Más atrás se veían los aposentos de los monjes, ordenados por cargos; primero el camarero, que era el encargado de las finanzas; luego el sacristán mayor, que mantenía el culto y la sacristía; luego el sacristán menor, el limosnero, el capiscol, encargado del coro y el encargado de las campanas. Luego el sendero bajaba a la margen norte del lago hasta la costa.
- Por allí – dijo el monje señalando una costa pedregosa y cargada de sedimentos.
- Va a ser difícil encontrarlo – razonó Albert al ver el paisaje rupestre.
Se pasaron la tarde entera buscando entre las piedras más cercanas a la orilla. Estaba oscureciendo y ya habían perdido las esperanzas cuando por el monje gritó: - ¡aquí! – y de inmediato Albert giró para ver al hombre saltar de alegría con el pequeño objeto en la mano.
- Pensé que jamás lo encontraríamos – confesó el sacerdote mientras observaba el objeto que el monje sostenía contento.
- Debemos enterrarlo pronto, pero aquí no es seguro, el lago puede subir, mejor será en el bosque – dijo el sacerdote señalando hacia la pendiente repleta de árboles costeros de mediana altura.
Se alejaron de la playa por un sendero angosto, aún brillaba con escaso poder el sol de la tarde, más amarillo y casi sin reflejo. Las ramas se mecían con una suave brisa fresca, proyectando sobre el suelo un juego de sombras con las hojas de las ramas secas y las pocas hojas que sobrevivían al aún frío. El monje caminaba al frente, buscando el sitio idóneo para realizar el entierro y terminar con el problema del amuleto. Albert lo seguía a pocos pasos un poco más lento por la edad que le impedía ser tan ágil en las pendientes. Fue entonces cuando vio algo proyectarse entre el movimiento de sol y sombra. Tardó el tiempo exacto para percatarse de que estaban en peligro, entonces le gritó al monje, pero éste no llegó a reaccionar antes de que una de las sombras que se movían a sus pies se abalanzara sobre él, dejándolo inmóvil al tiempo que se corporizaba la figura demoníaca.
Albert sólo pudo huir, dejando a sus espaldas al desdichado monje que ya para ese entonces habría perdido la vida.
23/03/2005 10:19 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (XXIII PARTE)

- Nos atacó – dijo el sacerdote al volver a reunirse con Emilio, que estaba cenando con el Abad.
- Escapé, pero el enfermero no tuvo la misma suerte. Llevaba el amuleto, por eso lo atacó a él. Yo no pude hacer nada más que correr – se disculpó Albert al tiempo que se lamentaba.
Le dieron agua para beber y descansó un rato antes de volver a relatar lo sucedido, esta vez el relato fue más claro y detallado.
- Entonces el amuleto está en poder de La Sombra – dedujo Emilio.
- No lo sabemos, La Sombra no puede incidir en el mundo, por lo tanto puede que el amuleto se encuentre en el bosque – corrigió el Abad.
- Cómo sea, debemos recuperarla y acabar con ese demonio – propuso Albert luego de terminar la tercera jarra de agua, - ¿has logrado algo con los libros incas?.
- Si, todo indica que esa fue la forma como aniquilaron a aquella Sombra, las escrituras dicen claramente cómo se debe llamar la tormenta y atraer al rayo hacia un sitio exacto, la luz incandescente de un rayo fulminará a La Sombra.
- Debemos tenderle una trampa – señaló Albert.
Al día siguiente, pasada la media tarde de un día nublado, Albert y Emilio se encontraban escondidos en el bosque, detrás de unos arbustos en un espacio pequeño pero suficiente para preparar lo que parecía un ritual antiguo.
- ¿Qué es eso? – le preguntó Albert a Emilio, el cuál esparcía sobre la hierba un manto blanco.
- Sobre este manto debemos colocar la sal y las piedras adecuadas – explicó, luego cavó una pequeña zanja circular y en el centro colocó una lanza clavada, con punta de un metal brillante. Estaban situados a unos cincuenta metros de donde se encontraba la cueva y un poco más cerca del lago. El lugar era una especie de claro rodeado de maleza, donde volverían a ocultarse más tarde a esperar la aparición de la figura maligna.
24/03/2005 08:36 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (XXIV PARTE)

A lo lejos se veían hogueras encendidas alrededor del pueblo. Eran los festejos que se preparaban para esa noche, la fiesta de la asunción de la virgen, y en Banyoles se festejaba con fuegos artificiales sobre el lago, comidas regionales, mucho vino y bailes. La gente adornaba sus casas y las calles, los niños se disfrazaban y corrían por las calles jugando. Hasta los más ancianos se entretenían preparando con cintas de colores los carros que recorrían las callejuelas repartiendo pan y dulces. Luego todos se divertían y cantaban mientras se reunían a orillas del lago. Más lejos, del otro lado, se veía el mismo espectáculo del pueblo vecino. Esa noche no había rivalidad ni odio, sólo festejos y fuegos.
La tarde comenzaba a morir y Emilio, libro en mano, convocaba a las fuerzas de la naturaleza, según los tratados incas, para atraer al rayo. Hablaba en un lenguaje desconocido, con palabras complejas y profundas que intercalaba con intervalos de calma, siempre siguiendo al pie de la letra las instrucciones.
- ¿Esto está permitido por la iglesia? – preguntó en un momento Albert.
- Nunca se lo plantearon, creo, pero ¿qué otra alternativa tenemos ahora? – lo cuestionó.
- No es que me oponga, sino que no estoy acostumbrado a este tipo de ritos...
Las nubes de pronto fueron cerrándose cada vez más sobre sus cabezas, el gris claro se tornó en un espeso gris oscuro, comenzó a soplar viento que bajaba de las montañas en ráfagas, la tormenta comenzaba a cobrar vida. A lo lejos se oyeron algunos truenos que brotaron del horizonte e hicieron eco a la distancia. Antes de que la noche terminase de imponerse en el cielo la tormenta ya era un hecho concreto y aunque no caía agua del cielo los truenos y relámpagos relucían amenazantes, el hechizo funcionaba..., o tal vez era una tormenta común y corriente, atraída por el clima cambiante de los últimos días y no por un ritual desconocido. Como fuese, lo sabrían.
Cuando la oscuridad era dueña del bosque se desearon suerte y luego Emilio encendió una hoguera en forma de círculo alrededor de la lanza, se ocultaron tras los vegetales y aguardaron.
29/03/2005 09:30 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (XXV PARTE)

Pasó un lapso de tiempo incalculable para ellos, parecieron horas, el silencio de la noche sólo era estropeado por la música lejana de trovadores que provenía del pueblo, los cuáles entretenían y amainaban la tensión de la espera. Temían que las hogueras del pueblo atrajeran la atención de la sombra más y ésta fuese hacia allí en lugar de ir hacia la hoguera que habían hecho ellos, pero si el amuleto se encontraba por las cercanías la sombra estaría allí también y buscaría corporizarse en aquel bosque primero.
Cuando la luna ya se encontraba en el centro del cielo y las llamas del círculo encendido en torno a la lanza se mantenían estables frente a las brisas cambiantes que anunciaban la tormenta, en ese momento supieron que no estaban solos, apenas se vio algo diferente que se movía entorno de los reflejos que proyectaba el fuego, luego sólo pasó un rato donde no sucedió nada nuevo hasta que por fin, de la nada, en la parte interior del círculo ardiente comenzó a nacer una figura. Ésta fue elevándose junto a los reflejos de las llamas, como una serpiente que se eleva seducida por el encantador.
Los dos hombres siguieron la transformación del contorno negro en el espacio en silencio, sólo cuando ésta había adquirido una forma consistente Emilio tomó el libro y se puso de pie, quedando al descubierto de la tenue pero radiante luz del fuego, entonces enunció al cielo unas palabras. La figura de inmediato percibió la presencia humana y giró hacia ellos como si se hubiese sorprendido de verlos y de verse amenazada. Albert también salió de su escondite y se posó detrás de las malezas de frente al fuego. El cielo pareció oír las palabras de Emilio y comenzó a soplar un viento fuerte, acompañado luego por truenos y rayos que surgieron de entre las nubes y buscaron la superficie de la tierra para acabar sus caminos de luz. Pasaron algunos segundos pero ningún rayo de los que salían de las nubes sobre sus cabezas cayó en la lanza. La sombra comenzó a trasladarse hacia ellos, Emilio permanecía de pie y continuaba repitiendo la misma frase una y otra vez, esperando que algún rayo cayera sobre aquel paraje de bosque, pero ningún destello blanco se hacía presente.
- ¡No funciona! – gritó Albert al ver que La Sombra se acercaba a Emilio.
- ¡Debo seguir intentándolo! – respondió y luego continuó pronunciando más y más la misma frase, acrecentando el poder de la tormenta. A lo lejos se veía cómo los pobladores de Banyoles, reunidos en las costas del lago, huían a buscar refugio de lo que parecía una tormenta inminente, dejando sólo mesas y sillas vacías donde minutos antes celebraban con cantos y bailes la fiesta.
- ¡Vamos! – gritó Albert al ver que La Sombra estiraba sus garras oscuras por el espacio, avanzando hacia su presa, que seguía firme con el libro en la mano convocando el poder del rayo y sin prestarle atención a lo que el sacerdote decía.
- ¡Está sobre ti, sal de ahí! – pidió desesperado a gritos, pero Emilio no le hizo caso, - ¡Déjame! – respondió antes de decir por última vez la misma frase que repetía y repetía.
Ningún rayo cayó y La Sombra por fin lo alcanzó, entumeciendo sus músculos. Antes de perder su esencia llegó a gritar: - ¡escapa, vete! – al sacerdote, que se encontraba un par de metros detrás de él. Fueron las últimas palabras de Emilio, luego su cuerpo se contrajo, como una pasa de uva desvaneciéndose sobre la hierba.
30/03/2005 09:25 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA No hay comentarios. Comentar.

LA SOMBRA (ULTIMA PARTE)

Albert Taulet no reaccionó hasta ver que La Sombra, dueña de la energía vital de su compañero, cobraba por fin forma física, similar a la de un ser humano aunque completamente oscura y transparente. Entonces se dio cuenta que si quería sobrevivir no le quedaba otra opción que volver a huir y, una vez más, corrió por el sendero hacia el lago. Esta vez La Sombra, provista de un cuerpo de tres dimensiones, lo persiguió.
Llegó al lago y corrió por la playa costeando la pequeña bahía. La Sombra se acercaba a sus espaldas como si flotara en el aire. Albert pasó las mesas vacías de la celebración y continuó su huida, pero al girar descubrió que La Sombra ya no lo perseguía sino que había cambiado de rumbo y se dirigía a las hogueras encendidas cuesta arriba, en las calles de Banyoles. Albert temió por la vida de los de la villa y decidió que debía atraer hacia él a aquel monstruo, por lo que tomó una antorcha clavada en la zona arenosa de la playa y comenzó a gritar y a agitarla esperando atraer la atención de la figura negra. Al principio pareció no prestarle atención pero finalmente lo consiguió, la figura volvía a encaminarse hacia él. Entonces Albert Taulet continuó su huída con la antorcha en la mano atrayendo a su perseguidor.
Llegó hasta un muelle donde se encontraban amarradas las barcas de los pescadores. Corrió hasta una caseta pequeña que se encontraba al inicio del muelle, donde los pescadores reparaban sus barcas y las guardaban los días de nevadas para que no se hundieran, pero esta vez no había barcas sino que estaba repleta de muñecos y monigotes de papel y madera fabricados para el desfile planificado por la calle mayor, una de las tantas tradiciones que se sumaba a los festejos del día de la virgen.
La construcción era de madera y alta, había un altillo y otros muchos lugares donde esconderse. Albert observó el lugar decidiendo qué hacer, no tenía mucho tiempo, su perseguidor estaba casi sobre él. Entonces visualizó unas cajas abiertas de las cuales sobresalían coloridos tubos con cañas y pequeñas mechas: eran los fuegos artificiales. La Sombra apareció a sus espaldas y avanzó hacia él, entonces Albert corrió a las cajas y lanzó la antorcha al centro de éstas. Pasó tan solo un segundo hasta que se oyó una primera detonación. La Sombra se detuvo mientras que Albert se arrojaba detrás del cuerpo de un muñeco, cubriéndose de lo que vendría a continuación. Cientos de bengalas se encendieron de pronto, todas juntas, proyectando una luz intensamente blanca e intermitente, al tiempo que interminables cohetes salían disparados para todas las direcciones, atravesando algunos con sus luces el cuerpo deforme de la sombra. Surgieron también explosivos que ensordecían el ambiente y proyectaban una serie de intermitentes flashes cegadores.
Albert Taulet se asomó cubriéndose el rostro para apenas poder distinguir, entre el impresionante destello de luces, al horrible espectro que padecía desconcertado. La potente luminosidad contrajo sus contornos hasta derretirlos como manteca al fuego y hacerlos desaparecer.

Al amanecer siguiente Albert recorría las ruinas del incendio que había acabado con la caseta. No tardó en hallar lo que buscaba, recogió el amuleto de entre las cenizas, se encontraba algo descolorido pero no se había quemado. Caminó hasta el bosque, cerca de la caverna y, luego de cavar un pozo, lo arrojó en el interior y lo enterró.
31/03/2005 14:46 Enlace permanente. Tema: CUENTO DIA A DIA Hay 1 comentario.


Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/

Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]