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Kosh

EL PRIMER LUGAR DONDE ESTUVE

Una vez estuve de paso por un mundo donde para ver amanecer era necesario poder pasar la noche tratando de salir con vida de las trampas, y eso era difícil cuando la ciudad renacía en penas que no son de cura fácil. Y las esquinas salpicaban siempre soledad y las farolas iluminaban el asfalto húmedo y frío, gris como las almas que a veces le pasaban por encima. Recuerdo que quién se equivoca dos veces ya no podía salir de pie, y su corazón se inundaba de olvido y de tristeza, y no le quedaba otra salida que unirse a la procesión de los que se alejaban derrotados, dándole la espalda al amanecer y viendo como la vida pasaba. Entre la niebla que rebalsaba las alcantarillas por las tardes, recuerdo que leía carteles que hablaban de espíritus cansados y que advertían sobre todas las cosas que estaban prohibidas. Nunca olvidaré el segundo que leí, que decía que estaba prohibido desmoronarse en la vereda. Pero luego leí otro peor que decía que estaba prohibido escaparse de las manos del destino, y que la multa se pagaba con su sombra.
Pero como ningún cartel hablaba de que estuviera prohibido huir, luego de hacer un poco de turismo y ver los lugares que la guía me decía que no podía eludir, me fui. No tomé ninguna foto, y recuerdo que cuando atravesé la frontera me sentí aliviado.
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