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Kosh

POR LA CIUDAD A LA NOCHE

Una noche que me acorraló sin anciedad por el sueño dejó escurrirme a las veredas ocres con la excusa de un paquete de cigarros. Aprovechando que la avenida descansaba del tráfico diario en silencio y me resultó interesante caminar por el centro de ella, sientiendome más dueño de la ciudad y de la noche de aquella extraña manera. Me pareció que las líneas pintadas me decían que era demasiado tarde, me informaban hacia donde caminar y los carriles que no debía pisar aquella noche. No es que los que pintasen aquellas líneas blancas discontinuas tuviesen la intención, sino que la ciudad de algúna forma tiene vida y nos dice, nos advierte, nos protege o nos induce al peligro, de acuerdo a su estado de ánimo. Ese día los edificios se veían inquietos, sin embargo no me pedían nada en especial, ni me impedían dejarme fluír por sus pies. Llegué por fin a un bar donde encontré lo que buscaba. El hombre de la barra pareció sorprenderse al ver a otro ser similar entrar por aquellas horas, parecía ser que había pasado demasiado tiempo desde que le había ocurrido lo de cruzarse con uno de su especie. Salí sin saludar, una vez más la ciudad me observaba y pareció sonreír sabiendo que nada podría hacer yo para modificar sus paredes, incñuso aunque se sintiese mal. Me tentó un banco a sentarme y fumar uno amparado en la tranquilidad que me ofrecía el ambiente, en realidad me parecía justo quedarme un rato más en su gigante compañía. A lo lejos alguna sirena descortés incidía en la paz pretendida, pero no llegaba a desentonar con el paisaje. En ese momento me tenté de irme a mi hogar, pero entonces debí reconocer que mi hogar era ese, es decir la ciudad completa.

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