Pero hubo una fuerza que sobresale a todo, capaz de dar tranquilidad a cualquier situación humana. Y fue emergiendo como siempre sucede, para tallar cualquier daga de cambio y llevarla a una leve pendiente de normalidad. Era la verdadera dueña de los hombres, la única capaz de calmar a las multitudes: era la rutina.
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Autor: Alberto
Fecha: 24/10/2005 21:12.
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