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Kosh

EL LENGUAJE DE LAS NUBES

1
- ¿Que ve en esa nube? – me dijo el hombre, sorprendiéndome.
Eran las tres de la tarde y volvía de la universidad, entonces se me había ocurrido detenerme en Plaza Francia y recostarme sobre el césped a contemplar el cielo. Era un día apenas cálido y el sol parecía jugar entre las nubes. No recuerdo como fue que terminé inmerso en la admiración del cielo, supongo que en realidad estaba pensando en otra cosa, creo que mi mente flotaba en otro lado, quizá en los exámenes que se avecinaban o en lo que haría esa noche de viernes. Claro que cualquier otra persona que me observase creería que mi pensamiento se centraba en aquellas nubes que en ese momento cubrían el sol.
El hombre que se me acercó y me hizo la pregunta superaba los cincuenta y parecía perturbado por algo, sus ropas estaban gastadas y usaba lentes oscuros pero pasados de moda, y vestía una chaqueta marrón a cuadros de calidad que había ido desmejorando con el pasar del tiempo y ahora se veía sucia y desarreglada, lo que me indicó que alguna vez había tenido lo suficiente como para vestir bien.
- No veo nada – respondí algo desconcertado.
- ¿Cómo es posible que no veas nada?, léela, dime lo que te dice, dime lo que le dice a tu corazón – insistió el hombre llegando a mostrarse perturbado por mi sencilla respuesta.
Vista la situación se me ocurrió volver a observar y, como quién mira esas manchas que utilizan los psicólogos para descifrar personalidades, me concentre en consentir el deseo de aquel individuo.
- Veo un lago con patos – le dije luego de buscar en mi mente algo que relacionase aquellas nubes con un objeto real.
- Increíble – se sorprendió el hombre y agregó con voz emocionada, - es la primera vez que alguien me responde algo cierto, algo real. ¿Te das cuenta que significa?, tienes el don, ¡sabes leerlas!.
Me quede mudo y tratando de analizar si el sujeto estaba realmente loco o estaba actuando. Concluí que debía estar demente, nadie actúa de esa manera porque sí
- Te falta práctica, hay que reconocer – continuó diciendo, - ¡pero al menos puedes leer!.
- Si, pero debo irme ya – le dije intentado quitármelo de encima.
Me alejé por la calle sin mirar atrás. No tarde en olvidar el suceso, los exámenes volvieron de inmediato a mi mente borró todo recuerdo de aquel vago encuentro.
No volví a verlo por algún tiempo, en realidad debo confesar que ni siquiera presté atención en hacerlo, pero su imagen me quedo grabada en algún rincón de mi subconsciente, por ello fue que cuando un día lo vi recordé enseguida quién era. El hombre estaba allí, apenas a un par de metros de donde lo había visto por primera vez, tendido en el césped mirando hacia el cielo. No le presté más atención y continué mi camino, recuerdo que iba a la biblioteca nacional. Pasé todo el día preparando el final de estadística y al volver por la tarde el hombre aún estaba ahí, en la misma posición, como si nunca se hubiese movido. El día siguiente nuevamente lo encontré en el mismo sitio y así se sucedieron los días y casi siempre lo encontraba en el mismo lugar. No estaba todos los días, primero pensé que era porque ciertos días debía hacer otras cosas, pero luego llegué a una extraña conclusión: no estaba los días de cielo despejado, en los que no había ni una nube en el cielo. Así como apareció un días cualquiera dejo de aparecer y nunca más volví a ver a aquel hombre.
2
Habían pasado al menos cinco años, era verano y estaba en la playa, tirado en la arena descansando cuando note por primera vez el efecto. Miraba el cielo y centre mi atención en una nube en particular, ésta se había movido hasta cubrir al sol.
- Cuando cubren el sol el mensaje es importante, ¿lo sabías? – oí que alguien me decía. Miré a mi alrededor pero no había nadie, era temprano y estaba casi desierta la playa. Creí que había sido el viento que al zumbar en mis oídos había traducido palabras imaginarias.
Volví a mi casa tratando de olvidar el tema, hasta que abrí el buzón y encontré una carta. Me preparé un café y me senté en el sillón, abrí el sobre con curiosidad y leí el papel de su interior. “La vida nos ha puesto en el mismo camino” comenzaba. “Somos los mensajeros, los que sabemos o podemos saber que nos dice Dios, que quiere que hagamos”. No comprendía en absoluto y no sabía de quién podía ser lo escrito hasta que llegó una referencia clara: “nos encontramos en la plaza, ¿recuerdas?. Estabas mirando las nubes, es decir, estabas leyendo los mensajes, entonces te pregunté y me los leíste lo que decía, y, aunque no comprendiste el contenido, has podido leerlo. Me quedan pocos días de vida y sé que tu aparición fue la intención de Dios, sé que la naturaleza colocó tu ser en aquel lugar en aquel momento para que continúes mi tarea, lo he leído, lo he leído en las nubes...”
La carta continuaba con más frases sin sentido, tan sólo al final decía algo sorprendente: “antes de irme te podré dar algunos consejos, no estaré presente pero te podré hablar mientras observas las nubes. Es lo último que haré en este mundo”. De inmediato recordé las palabras que había oído en la playa.
3
Al día siguiente me desperté temprano y salí media hora antes hacia la universidad. Me detuve en la plaza y luego de tratar de convencerme de que era una locura me recosté en el césped y miré al cielo. Pasaron veinte aburridos minutos durante los cuáles solo me mantenía despierto el murmullo de la ciudad. Por fin me dormí, o eso fue lo que pensé, creí que había cerrado los ojos, pero en realidad estaba despierto y con los ojos bien abiertos, pero fue como un sueño, las nubes comenzaron a moverse a toda velocidad sobre el cielo, formaban figuras, una tras otra, eran como escenas, como datos escondidos entre los planos grises, apenas perceptibles, a toda prisa y viajando de lado a lado, naciendo y muriendo. Por último oí la voz que me decía: “concéntrate, aprende a leer las nubes, son el único medio, el único canal de comunicación, a través de ellas nos dice las cosas que debemos hacer”. Entonces desperté, es decir, volví a la realidad. Lo primero que vi fue a unos niños jugando cerca de mí, no los había visto antes. Pensé que debía apurarme para no llegar tarde a la universidad. Entonces descubrí que el sol estaba en el otro extremo del cielo. Miré mi reloj para confirmarlo, eran las cinco y media de la tarde.
Esperé hasta el fin de semana para volver al parque, no quería volver a perder el día. El sábado me recosté nuevamente a ver las nubes. Tardé un poco más pero por fin logré volver a ver imágenes en sus formas. Esa fue la primera vez que pude descifrar un mensaje, y decía que esto era más importante que mi carrera, que debía ser el nuevo receptor de los mensajes. No se como pero desde entonces mi vida cambió. Fui aprendiendo el lenguaje de las nubes y comprendí que era el medio de comunicación del más allá. Diseñe reglas de traducción, imágenes que primero sugerían y luego eran palabras o hechos. Era como leer un idioma como el egipcio o los dibujos de las cavernas, cuando se comprendían los primeros códigos las frases comenzaban a tener sentido, se trazaban caminos lógicos que, increíblemente, decían siempre algo. Al principio eran cosas sencillas, como si el intercomunicador del lado opuesto estaría haciéndome practicar, llegué a sentirme un radioaficionado tomando clases, pero luego los mensajes fueron complicándose hasta que comenzaron a convertirse en ordenes.
Mi primera misión fue más que nada una prueba, al menos eso pensé. Las nubes decían que debía estar en una esquina ese día, y quedarme allí toda la tarde. Eso hice y las horas pasaron mientras me aburría hasta que apareció por la vereda una mujer con un bebé en su carrito. La mujer se detuvo a mirar una tienda de ropa, deteniendo al carrito del bebé, pero este se le escapó de las manos y se deslizó por la pendiente hasta la calle. En ese momento el semáforo se había puesto en verde y el tráfico avanzaba con la furia característica de la ciudad. Era el único peatón que se encontraba entre la mujer y la calle, pero tan solo tuve que estirar la mano para detener suavemente el carrito, ya que me encontré en su camino. La mujer se aproximó gritando por el miedo y no lograba encontrar palabras para agradecerme la obra, aunque tan solo había sido estar en ese lugar en ese momento, sin ningún otro sacrificio. Esa había sido la prueba.
4
Mi vida fue cambiando, me dedicaba el tiempo a mirar las nubes y leer y hacer lo que me decían. A veces eran cosas sin sentido, como ir a buscar una persona y decirle algo, un consejo, una advertencia. Encontraba a estas personas en bancos de plaza o en lugares específicos que las nubes me describían y no eran individuos especiales, podía ser un trabajador común, un ama de casa, un ejecutivo, un policía o lo que fuere. Siempre que les hablaba me sentía raro, como alguien que se entromete o dice algo fuera de lugar, sin embargo ellos sentían que les decía algo importante, exactamente la resolución al problema que se estaban planteando y los ayudaba en la decisión que debían tomar. Otras veces tenía que viajar a otros lugares, otras ciudades, en todas las nubes seguían hablándome, enviando mensajes en forma de símbolos. Todo iba bien hasta un día que leí que debía protegerme, que estaba en peligro. No comprendí a que se refería, temí un accidente o algo así pero no supe que hacer hasta que fue tarde, esa noche, cuando volvía a mi casa del parque dos hombres salieron de atrás de unos árboles y me atacaron. El primero sacó un duro bastón y me golpeó con fuerza la cabeza sin darme tiempo a reaccionar.
5
Me desperté en una habitación oscura y sin ventanas, la única luz era la de un viejo foco que colgaba del mismo cable en el techo, solo había una mesa y dos sillas. Pasó un tiempo interminable hasta que se abrió una puerta, y un hombre que ocultaba su rostro detrás de una capa entró. Se sentó en la silla libre, en la otra estaba sentado yo. Comenzó entonces a preguntar cosas sobre mi vida. Yo le respondí todo lo que podía, siempre omitiendo el detalle de las nubes y los mensajes. Pasó un rato largo hasta que me animé a preguntar a que organización representaban. El hombre se sorprendió ante mi insolente pregunta pero no hizo nada mas que responder: - somos enviados del mal.
- ¿El mal? – repetí desconcertado.
- Si, y no comprendemos porque te han puesto como objetivo –le expresó luego de meditar sobre su vida. – Eres un alma común, sin atributos particulares, no eres santo, tienes pecados y defectos como cualquiera – reconoció.
- ¿Que harán conmigo entonces? – pregunté.
El hombre no respondió, tan solo dejo la habitación. Pasaron algunas horas hasta que me liberaron. Lo único que comprendí fue que si me mataban estarían alimentando al cielo de almas puras con muertes injustas y eso era, quién sabe porque, un perjuicio para el infierno. Como fuese, había salvado mi vida sin siquiera saber que me había sucedido, los hombres aquellos, por ser representantes del mal, no parecían tan malos, no eran monstruos sanguinarios como yo creía que serían los demonios de existir.
- ¿Existe el cielo? – me preguntó un anciano al verme mirando las nubes. Me sorprendió, y lo primero que luego de bajar la vista fue volver a mirar arriba, en ese caso las nubes no decían nada, se esfumaron como si jamás hubiesen hablado. Yo respondí entonces – Allá está – señalando hacia arriba, hacia la capa azul que nos cubre.
Esto fue ayer, el mismo día que cumplía un año desde que había leído el primer mensaje en una nube. Ya sentía que era un don que formaba parte de mí, como hay gente que puede ver el futuro en bolas de cristal, sin embargo ese fue mi último día al servicio de las nubes o del que estuviese detrás de estos mensajes. Lo último que leí de ellas fue un simple – gracias – tan claro que cualquiera que hubiese mirado el cielo en ese instante lo hubiese leído, creo que en esa ocasión a las nubes no les importó. Ahora que ya todo ha pasado puedo dedicarme a escribir sobre el tema, no porque pretenda que me crean, sé que cuanto más me esfuerce por explicarlo más cerca estaré de que me internen en un hospital, por lo tanto me remito a dejar dicho a todos los que quieran oírme que recuerden, cada vez que miran el cielo, que las nubes les están diciendo algo.
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1 comentario

vicky -

Me gusto mucho tu experiencia...me gustaria saber mas de ellas...por favor escribeme: encantadoramelodia@gmail.com
gracias
Vicky
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