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Kosh

EL LAPIZ QUE ESCRIBIA SOLO (III PARTE)

En la universidad todo iba bien, tenía buenos amigos, había conocido a muchas chicas y, además de estudiar, se la pasaba de fiesta en fiesta. Tenía un compañero de habitación muy divertido, aunque algo excéntrico, muchas veces llegaba tarde y borracho, pero eso no era el problema sino lo común en todos, lo que lo hacía extraño era que a veces se despertaba por las noches para escribir raras historias que por las mañanas dejaba sobre el escritorio que compartían, en prolijos manuscritos. Luego, a los días tal vez, los guardaba en un cajón para hacer espacio y estudiar. Los papeles se acumulaban en aquel cajón sin que volviese a tocarlos.
Una noche, mientras estaban reunidos con un grupo de amigos por la quinta ronda de cervezas, hablaban de cosas raras que hace la gente. Entonces su compañero habló y de Juan, diciendo algo que no esperaba.
- Ahí, tan hombre de ciencias que lo ven, se pasa las noches escribiendo hermosos cuentos que tengo que ir guardando en los cajones, eso es ser raro - comentó riendo.
Juan replicó de inmediato: - esos papeles los escribes tú.
- ¡Yo! - dijo antes de estallar en carcajadas, más querría andar pasándome las noches en vela dándole al lápiz, que, a propósito, deberías sacarle punta.
Entonces recordó que las hojas estaban escritas con aquel extraño lápiz, y le vino como una ráfaga a la mente el día que lo encontró en el escritorio del inventor. En ese instante Juan se levantó de la mesa y salió corriendo a. El resto de los presentes, acostumbrados a ver rarezas universitarias, no prestaron demasiada atención.
Juan entró a su habitación y vio como un lápiz, sin mano que lo guiase, estaba escribiendo un papel. Lo observó maravillado un largo rato, luego, cuando se detuvo, se aproximó y leyó lo escrito, era el final del capítulo de una novela cuyos primeros capítulos se encontraban guardados en un cajón.
Dos años más tarde Juan cambiaba de carrera, ahora lo suyo eran las letras, había publicado su primer libro que había sido un éxito, y ya pensaba en el segundo y en el tercero que tenía terminados y listos para presentar en la editorial. Eso sí, antes debía leerlos, para saber al menos de que trataban.
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