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Kosh

LA HORA DE NUESTRA MUERTE

¿Cómo ha podido suceder algo así? – se preguntaba el responsable de transportar las almas de los recién muertos.
- No lo sé, fue una suma de distracción y mala suerte, de esas que ocurren una vez cada mil años – se defendió mal el anfitrión de los muertos.
El barquero no se contentó con tan frágil respuesta y volvió a embestir: - es usted consciente de lo que ha hecho, ahora hay por allí un alma viva que debería estar fuera de su cuerpo, ha desbalanceado el equilibrio del más allá.
Llegado este punto es conveniente que asista con una breve explicación de lo que trata esta conversación y los que la llevan a cabo. Más que nada porque el ser humano común no está al tanto ni acostumbrado a este ambiente que supera la realidad y para poder seguir el hilo de la historia debe adentrarse al entorno.
Pues resulta ser, como bien informa el título, que existe un estado previo a la muerte, un lapso temporal de no más de un minuto humano, en el que se comienza a preparar el alma de quién va a morir, para acondicionarla a su nuevo estado de existencia fuera del cuerpo ya sin vida. Digamos que el sujeto esta compuesto, como una obra de arte, por un marco, que lo contiene, adorna y limita, y la pintura en sí, que es la esencia y razón de ser del mismo marco. Se podría decir entonces que el marco sin la pintura no es nada, y por otra parte la pintura sin el marco le falta algo, sobre todo para ser expuesta en público.
Volviendo a la explicación, y pidiendo disculpas por alejarme de la columna vertebral, explicaba que se tiene certeza de un ser que está por morir, se tiene certeza del momento que esto va a ocurrir. Y en este punto esta el tema más conflictivo y de difícil comprensión, y es que no significa que el hombre esté predestinado, sino que cuando llega su momento, simplemente, los encargados de tratar el alma, por algún desconocido misterio, lo saben. Por otra parte hay una serie de controles y alarmas que lo confirman, como un piloto de avión, que por una parte sabe como aterrizar la nave, pero también cuenta con aparatos que le informan y lo ayudan, sin embargo, al igual que una de tantas ambas cosas fallan y se produce el accidente aéreo, también en el caso de los embaladores de almas se produjo el encadenamientos de errores que llevó a tratar un alma que no debía y no llegó a su fin.
Uno se podrá imaginar un fusilado cuyos ejecutores increíblemente fallan los disparos, o un hombre que cae de una ladera y por fortuna las copas de los árboles lo salvan o una de las tantas casualidades que salvan una vida, pero no, esto va más allá, es saber en un plano superior el momento que ya es irremediable, un misterioso punto en que se acaba de llegar al desenlace natural de una situación, en la que las dediciones tomadas libremente por los hombres desencadenan un final cuyo guión lo concluye lo escrito por un ser superior. Ejemplificaré con un solo caso, un hombre que se arroja de un edificio: el hombre mismo tomó la libre decisión de llevar a cabo el acto, por las razones que fuesen, pero la elección fue personal y propia, sin embardo de ahí en más, de acuerdo a leyes universales como la gravedad, leyes estadísticas y probabilísticas, y demás condiciones que el humano cree comprender como tales, pero que irremediablemente son fruto de la originalidad de Dios, el desenlace de la escena queda en manos de la gracia divina.
- ¿Qué debemos hacer? – preguntó el barquero preocupado, - debería estar muerto aquel alma.
- No hay problema, yo me ocupo, pero que no vuelva a suceder – dijo la otra figura, y desapareció.
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