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Kosh

FLOTANDO EN LA NADA

Recuerdo, o creo recordar la imagen insistiente de circuilos que se cerraban unos sobre otros, de forma discontinua y aleatoria. No podía dejar de mirarlos, mi mente estaba en blanco, perdida en la nada, en un abismo sin espacio ni tiempo. No sentía el cuerpo, quizás donde me encontraba el concepto de la materia restaba sentido, carecía de un motivo suficiente que lo justificara. Quizás mi cuerpo sí estaba, pero en todo caso inmóbil, relajado, inerte en un mundo de fantasía. A lo lejos, como susurros que se perdían en una pradera de pastizales y mariposas, sentía un rumor. Llegaba a mis oídos como una brisa de veramo, suave y placentera. Pero de pronto la briza se convirtió en viento intenso, y el susurro en truenos de tormenta. El sonido fue aumentando y convirtiéndose en una suerte de estampida de aplausos. Entonces volví en mí, a mi lado el hipnotista saludaba al público que respondía con enérgicos festejos la escena. Y yo, seguía de pie en el esenario mirando el teatro repleto y viendo mi sueño de paz y soledad destrozado por un mundo real.

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