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Kosh

EL RELOJ

Salió puntual como todas las mañanas, y se dirigió a la parada del autobus de plaza españa. Miró el reloj del hotel mientras esperaba a que pasara el 37. Decia las 7.55. En general tardaba entre 5 y 10 minutos. Había dos personas mas en la parada. Pasó un rato y el 37 no llegaba, entonces miró otra vez el reloj. Ahora decía las 7.51. Siempre llegaba antes de las 8.30 a su trabajo, para escribir, todas las mañanas, el pequeño artículo de ciencia ficción, que el diario publicaba cada día en la edición de la tarde. Le apasionaba la ciencia ficción y amaba su trabajo.
- es imposible – pensó, - ¿como puede ser? – se preguntó asolado.
Pero miró a los que se encontraban a su lado y nadie parecía impresionarse por el suceso.
- ¿Qué pasa? – se preguntó. – ¿Porque a nadie le llama la atención? -.
Volvió a mirar a su alrededor y todos seguían igual de apacibles, como si nada sucediese. Una mujer mayor lo observó, como si percibiese que algo le ocurría. – ¿Por que me mira así? – pensó. - A mi no me ocurre nada, sino a ustedes – quiso decir pero no se atrevió. – Ahora yo soy el extraño -, dedujo indignado.
Miró el reloj otra vez: decía las 7.48.
- Claro, el 37 nunca pasará así – concluyó. – Y yo salgo del trabajo a las 18.00, así que debería tomármelo a las 19.30 de mañana mas o menos – calculó asimilando que el tiempo seguiría corriendo al revés.
Entonces volvió a su casa.
En ese mismo momento, el jefe de los tres trabajadores de decía al gerente del hotel:
- El engranaje se soltó y esta girando al revés.
- ¿Cuánto van a tardar en repararlo?.
- Al menos media hora.
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