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EL DIRECCIONADOR DE LLAMADAS INTELIGENTE

La empresa telefónica debía ganar mercado y subir sus ingresos, los accionistas se lo exigían. Para lograrlo pensaba quitar presupuesto a los de investigación y desarrollo, a menos que dieran alguna muestra clara de avances tecnológicos revolucionarios. Pues la reunión que solicitaron los de dicho departamento tuvo lugar un Lunes, y en ella se presentó el DLI (direccionador de llamadas inteligente). Este aparato, de acuerdo a parámetros que tomaba de las conversaciones de cada persona, cada día, reunía un perfil que se adaptaba a las características de una clase con aficiones en común. De esa manera, se clasifica a una serie de grupos definidos dentro de la sociedad.
- Pero eso implica escuchas telefónicas, está prohibido por la ley.
- No, porque no será ninguna persona la que realice la escucha, ni se almacenan registros de conversaciones – explicó el líder de proyecto, - tan solo se guardan parámetros referentes a palabras trasmitidas por la fibra óptica. No es delito tomar de un cable cierta información...
Se puso en funcionamiento un mes más tarde. Desde ese entonces cada número móvil, perteneciente a una persona en concreto, almacenaba de manera incomprensible para cualquier auditor y persona que hurgase en el sistema, todos los datos, preferencias, gustos y aficiones, de la persona. La segunda etapa comenzó al mes siguiente y se presentó el producto como: “línea de contactos”. Uno llamaba a un número X y del otro lado aparecía alguien con las mismas aficiones, los mismos gustos y opiniones sobre la vida. Así fue como fueron conociéndose y formándose estos grupos de individuos, que de otra manera nunca habrían podido ponerse en contacto.
La facturación subió, había más comunicaciones entre las personas, esta línea de contactos había sido un éxito. Pero las cosas fueron cambiando con el tiempo, la sociedad comenzó a agruparse en estos sectores definidos. Años más tarde también el éxodo fue geográfico, los grupos comenzaron a dividirse y a entregarse distintivos que llegaron a convertirse en pasaportes o documentos que acreditaban la pertenencia a la agrupación. Poco faltó para que se producirán los primeros roces entre las facciones, y de estos primeros conflictos y desentendimientos pronto se pasó a la intolerancia y se pasó de inmediato la delgada línea del odio. La fatalidad de hechos circunstanciales fueron los detonantes de las guerras que se produjeron luego.
En tan solo unos años se produjeron masacres, se atacaron ciudades, se conquistaron y reconquistaron bastiones. Finalmente, como en inminente resultado de toda guerra, quedó solo un rastro de desolación y un paisaje arrasado. Ya nadie de los sobrevivientes recordaba el origen de la disputa, y lo único que les importaba era mantenerse con vida, para ello nada mejor que la unión y así se reestableció la sociedad. Varios años más tarde se reestablecieron las comunicaciones telefónicas y se armaron nuevas compañías, que más adelante serían manejadas por accionistas, y todo volvió a la normalidad...
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