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LA SOMBRA (V PARTE)

En esos momentos pasaban junto a la puerta principal de la iglesia de Santa María dels Turers y la madre al verla le sugirió: - ¿por qué no la dejas en la iglesia?, quizá es el amuleto de algún monje y lo estará buscando.
En realidad lo dudaba, aunque era una posibilidad, ya que ella no sabía ni leer ni escribir y menos aún de cultura e historia. Pensó que tal vez podría tratarse de algún nuevo símbolo que significase algo que ella desconocía, y si así fuera, los que mejor lo conocerían serían sin lugar a dudas los monjes.
Sintió que su intención era buena, por lo que se puso contenta al ver el ejemplo que daba a su niña, la cual corría hacia las puertas de la iglesia contenta como siempre.
Nuria se detuvo antes de ingresar y lo hizo lentamente, abrió bien sus ojos para admirar el interior de aquel edificio en el que nunca antes había entrado. Se sorprendió con las grandes arcadas de piedras que sostenían el campanario y la estructura de la nave central. Caminó despacio y mirándolo todo por el centro de las filas de asientos de madera. Notó que allí hacía más frío y estaba más oscuro ya que las ventanas eran pocas y estaban muy algo con vidrios de bellos y coloridos dibujos. Cuando estuvo cerca del altar se atrevió a decir – hola.
Pero nadie devolvió su tímido saludo. Se dio cuenta entonces que había entrado muy impulsiva, y ahora que estaba de pie en aquel tenebroso y solitario lugar se arrepentía. – ¿Hay alguien? – preguntó, pero sólo oyó su voz rebotar en los techos y volver distorsionada hacia ella.
Nuevamente nadie respondió y comenzó a sentir miedo, no sabía bien de qué, simplemente del lugar, de la soledad y de las lúgubres figuras de santos que adornaban las capillas. Un escalofrío recorrió su cuerpo, y percibió de pronto una presencia aunque no llegó a ver a nadie. Oyó un ruido lejano, como una puerta de madera que se cerraba, y una paloma levantó vuelo, aleteando entre las columnas y asustando a la niña que sin pensar demasiado dejó caer el amuleto al suelo y corrió en silencio lo más rápido que pudo hacia fuera. Salió por fin a la luz del día y vio como su madre sin esperarla continuaba por el camino. Fue a paso ligero hasta ella y la tomó del brazo como buscando protección en este. Su madre no le preguntó nada y ella tampoco le contó nada.
Juntas se alejaron de la iglesia, pero antes de perderla de vista Nuria le dio una última mirada, como rememorando el instante de miedo que había pasado luego ambas olvidaron por completo el asunto del amuleto.
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