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Kosh

EL CUADRO QUE MIRABA POR LOS OJOS (III PARTE)

Al día siguiente amanecí mal, con dolor de cabeza. Fui a la cocina sin prestar atención a la pintura. Preparé un café y lo bebí a sorbos lentos, pensando en que sería un domingo aburrido como otros que habían pasado. Entonces creí ver como algo en el pasillo se movía. Pensé en un reflejo de la ventana, pero recordé que había cerrado la puerta de la habitación. Me acerqué al espacio vacío y sin salida del pasillo con cautela. No había nada...
Terminé el café y fui al baño a lavarme los dientes, en ese momento creí estar seguro de que una mirada me seguía, y supe que era del óleo. Giré bruscamente esperando ver los ojos reacomodándose, pero en cambio me encontré un dibujo inmóvil que no cabía posibilidad que se moviese. Me aproximé y lo observé a los ojos. Era un objeto inerte, algo pintado, sin posibilidad de cobrar vida y moverse más que el efecto que podía otorgarle el artista. El rostro serio e inexpresivo del protagonista permanecía inmortalizado en el plano. Me aproximé un poco más cuando el sonido del teléfono me sobresaltó. Dejé atrás la pintura y su misterio para atender y quedar con unos amigos a tomar una cerveza en un bar cercano. El resto del día lo pasamos vagando por la ciudad. Volví tarde y me recosté sin prestar atención a miradas imposibles.
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