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Kosh

TODO INVENTADO

El mundo no existe, es toda una invención mía, es decir de mí mismo. Las cosas, las demás personas, los objetos, todo, es un invento mío. Todo lo que me rodea lo voy creando con mi subconsciente a medida que lo voy pensando. Ahora mismo las cosas que suceden más allá de mis sentidos en realidad no suceden, porque no tienen razón de ser. No existe otro espacio más que el que me rodea en este momento, no existen otros países ni otros lugares lejanos. Por ejemplo, cada vez que enciendo la televisión y miro el noticiero las cosas que dicen se van creando en el momento, es cierto que son todas muy parecidas, no suele haber sobresaltos, pero es que no soy muy original.
Claro, cuando descubrí ésto lo primero que se me ocurrió preguntarme es: entonces porque no creo un mundo en el que viva como un rey, feliz, con todo lo que desee, si total el que lo crea al mundo soy yo mismo. Pero luego me dí cuenta que la vida, tal cuál como la vivo es tal cuál como, en el fondo, muy en el fondo, la deseo. Si todo saldría de maravilla ¿qué desafío tendría?, me iría bien en todo y por eso no tendría sentido incluso el día a día. Ahora comprendo porque no siempre va bien, o al menos no siempre esta todo perfecto. Luego me pregunté por la muerte, si yo también creo ese momento, porque no lo puedo evitar, pero claro, en realidad no tiene nada de malo, es una parte que se me ocurrió, como para cerrar algo que algún día tiene que terminar. En fin, ahora que se que todo lo que existe lo he creado yo mismo puedo seguir tranquilo con esta vida.
Por otro lado puede que me equivoque, si el que esta leyendo esto realmente no es parte de mi vida, o bien en realidad él es el que creó el mundo y yo soy parte de su mundo y le estoy enviando este mensaje para que sepa que él es el que lo creo, o bien, como última y remota posibilidad, estoy equivocado y el que lee también existe, y entonces sí existe un mundo que yo no cree, ese que esta ahí afuera y que todos compartimos. Como sea, da igual.

FANTASMAS EN EL TREN

En la parte delantera de un vagón del tren. Tarde. Dos chicos sentados en una fila de asientos de frente hacia la parte trasera del vagón. Uno de ellos levanta la mirada y el otro le pregunta:
- ¿que hay?.
- nada.
- ¿y porque miras?
- me pareció ver algo al fondo
No se veía a nadie.
Al fondo del vagón, en asientos que miraban hacia la parte delantera, una pareja. Él se pone de pie para dejar su bolso en el maletero y antes de sentarse clava su mirada hacia delante.
- ¿que miras?.
- Me pareció ver a alguien en los primeros asientos
- No te preocupes, deben ser esos fantasmas otra vez.
- ¿Fantasmas? - preguntó
- Si, yo viajo todos los días y a estas horas a veces los veo, o creo verlos.
- ...Pero,...¿quiénes son?,....¿de donde salieron?.
- Recuerdas el accidente hace algunos meses, el vagón que descarriló y murieron todos sus ocupantes, son ellos – explicó.
El tren se detuvo, las puertas se abrieron y los dos chicos bajaron, en cambio la pareja continuó allí, viajando para siempre.

VIVIR CERCA DE UNA NUEZ

Los caballos no tienen problemas a la hora de trotar, pero las aves si, en cambio las aves pueden volar, en cambio los caballos no. Todo esto le guió hacia la triste conclusión de que él era muy limitado, que no podía hacer cuanto se le ocurriera, sino que debía cambiar de formas para poder hacer cosas diferentes. Si quería correr debería tomar la forma de un caballo, si quería volar la de un ave, y si quería nadar la de un pez. La naturaleza debió prever esto, quizá fue la razón por la cuál creo tanta variedad de especies, así por más que uno descubriera el secreto de las transformaciones, igual no podría hacerlo todo. El misterio era que si uno llevaba consigo una nuez sí podía, siendo, por ejemplo, una gaviota, correr como el viento, o siendo un pez de río, volar como las águilas.
Por suerte pasarían muchos años hasta que esto fue descubierto y justo en ese entonces llegaba el fin del mundo, por lo que no sirvió de nada. Es que Dios, por lo visto, resultó ser más inteligente que las criaturas que creo.

ENSAYO SOBRE EL BIEN (3º PARTE)

Ya he hablado sobre la necesidad individual del bien y el hecho de que para un individuo todo acto siempre responde a su propio bien. Por ejemplo, hasta un suicida, si va a cometer el acto de quitarse la vida, por la razón que sea, lo hace porque él cree que será lo mejor para él, pero no va en contra de su propio bien. Así, transpolando a cualquier ámbito podemos decir que, quitando de por medio la moral marcada por costumbres y la ética definida por el hecho de la vida social y por el ajuste de libertades propias a favor de la libertad común, ejercidas por leyes que penalizan actos específicos, un individuo actúa siempre para su bien propio.
Pero esto tiene una excepción, y es la que hoy plantearé.
Primero quiero recordar el otro tema que traté sobre el bien y el mal que plantea que Dios creo el bien, pero no pudo haber creado el mal, el mal en realidad no existe en sí mismo sino que es la falta de bien, al igual que la oscuridad es la falta de luz. Estos opuestos son inevitables para ejercer la opción de libertad que Dios nos dio y que disfrutamos como seres humanos.
Habiendo puesto de manifiesto las intenciones y definición necesaria de mal como opuesto, ahora mi objetivo es introducir un nuevo tipo de bien, un bien único que se aborda de un punto de vista completamente diferente a lo demostrado.
Quiero aclarar que este pensamiento pertenece a Albert Taule, quién se debe llevar todo el mérito por desarrollarlo con su clásica armonía.
Existen diferentes tipos de “actos de bien”, el primero es hacer algo, un bien, un favor a un tercero, pero esperando consiente o inconscientemente algo a cambio. Por ejemplo cuando uno hace un favor, esperando que la otra persona tarde o temprano nos devuelva el favor. Si no lo hace nos sentiremos ofendidos y puede que la próxima vez no repitamos otro favor hacia éste.
Por supuesto, este primer caso no responde a los ideales católicos y si así actúa un católico no está representando a sus propias creencias. Pero existe el segundo caso, cuando hacemos un favor o una obra de bien, incluso sabiendo que la persona a la que estamos ayudando no puede devolvernos el favor, sea porque no tiene medios o por lo que sea, pero que sabemos que no podemos recibir algo a cambio.
En este caso ya estaríamos abarcando el ámbito creyente, pues, por poner un ejemplo, si un enfermo terminal, sin parientes ni herencia, le pide un favor a un ateo, éste no encontrará ninguna ventaja en realizar el favor ya que nadie se lo devolverá en otra vida (al no creer en ella) y como sólo las obras que “paguen” en esta vida tienen sentido, es entendible que no tendría necesidad de obrarlo (no es una crítica sino una deducción lógica y racional, si no creyera en otra vida actuaría así).
Pero en este segundo caso sí es posible que recibamos algo a cambio: el agradecimiento. Si éste es público puede que acreciente nuestra imagen hacia los demás, por lo que incluso podría abarcar al no creyente, y si éste es tan solo personal, es decir que solo nosotros mismos lo recibimos sin que nadie más lo sepa, puede que acreciente nuestro orgullo propio y nos produzca algún placer. El ser humano paga por diversas acciones que nos producen placer, como por ejemplo ver una película, escuchar música, etc, por lo que, el agradecimiento podría adecuarse a un placer más, y si realizamos una obra de bien puede que sea para recibir el agradecimiento de la persona a la que ayudamos. En estos casos, si la persona que ayudamos no nos lo agradece sentiremos que nos ha defraudado, o que nos debe algo, y lo llamaremos “desagradecido”.
Pero existe una tercera variante, más extrema aún, y es realizar una obra de bien sin esperar nada a cambio, ni siquiera un agradecimiento, y por ende, aunque sepamos de ante mano que ésta persona que reciba el favor no nos lo agradecerá, sea porque no quiere o sea porque no se enterará de la obra, de todas maneras la realicemos. Esta tercera variante sí que es exclusiva de los creyentes, ya que en estos casos el único que podrá “devolvernos” el favor será Dios en otra vida en la que creemos. Pero, por otro lado, si realizamos la obra esperando recompensa en otra vida no estamos haciendo más que actuar nuevamente esperando algo a cambio, con la única diferencia que este intercambio se remite a otra vida. Por ende, y a pesar de que estamos poniendo las creencias de por medio, y aunque para los ojos de un no creyente estamos haciendo una obra de bien desinteresada, en realidad no lo estamos haciendo.
Entonces existe esta cuarta variante, la del bien puro, que por otro lado es favorecida por el misterio de la fe, que no nos revela a ciencia cierta la existencia de otra vida. La fe es arrojarse al vacío, si supiéramos a través de fórmulas o estudios empíricos que Dios existe no sería fe sino conocimiento, estaría en los libros de ciencia. Pero Dios es sabio y por ello no se revela sino que nos deja intuir que “puede que exista algo detrás de la puerta” pero no lo sabremos hasta la muerte. Nos da la posibilidad de deducir su existencia, de hacernos esa pregunta. En la mente de cada ser humano, en cualquier parte del mundo, en toda civilización, existirá ese luz, que es exclusiva de los hombres, y que va más allá de las leyes naturales de supervivencia de especies, que no tiene una razón de ser más que la de darnos una pista, la de dejarnos una huella y decirnos que si la seguimos “puede” que encontremos algo. Si nos ponemos a pensar, ¿qué necesidad tiene el hombre de plantearse la existencia de otra vida?, ¿en que lo beneficia?, ¿por qué tiene esta facultad?, de no tenerla su vida continuaría sin cambios, el mundo marcharía exactamente igual, la supervivencia no se pondría en riesgo, ¿entonces por que surge esta pregunta innecesaria sobre la creación?. Ese misterio es el que nos dice que “puede” haber algo, pero no lo sabemos.
Bajo este principio, uno podría actuar realizando una obra de bien sin esperar respuesta, incluso por parte de Dios. Pues éste es el objetivo que pretende el creador sobre los católicos, que actúen sin esperar recompensa, ni siquiera de él mismo, y éste es el máximo esplendor del bien, ese al que se debe apuntar, el obrar de manera completamente desinteresada, sin esperar nada, pero nada, a cambio, si logramos alcanzar este punto habremos descubierto el bien.

RECORRIENDO EL CIELO

Una vez los hombres se preguntaron si podían llegar a alcanzar el horizonte. Entonces algunos se decidieron y fueron hacia él, se lanzaron en búsqueda del horizonte, en la dirección del amanecer. Viajaron y viajaron hasta la línea que separa el cielo de la tierra, y les costó y muchos abandonaron en el intento, pero un pequeño grupo, eran apenas doce, lograron alcanzarla. Se pararon entonces en aquella línea: de un lado había tierra, del otro cielo, era como la esquina en una pared. Sintieron que se podían apoyar en el cielo, como quien se apoya sobre una pared, tocarlo, era suave como un colchón de plumas.
De pronto vieron que la pared tomaba más color, entonces salió el sol. Era como una imagen proyectada, como una pintura mágica de color amarillo brillante. Esperaron que se alejara hacia arriba. Luego se recostaron sobre la pared que de nuevo era azulada y entonces notaron que el piso cambiaba, si se apoyaban sobre el cielo éste se convertía en el piso y en cambio el piso, la tierra, pasaba a ser la pared. Ahora estaban de pie sobre el cielo y veían la tierra como una pared interminable que subía hacia arriba. Caminaron por el cielo como si fuese un campo celeste. Corrieron, saltaron, jugaron con el piso tan extraño que nunca antes habían imaginado sentir en sus pies.
De a poco el cielo fue oscureciendo hasta hacerse la noche, entonces estaban de pie sobre una capa oscura que parecía tener profundidad pero que era tan solo una plataforma. Las estrellas eran puntos blancos que brillaban bajo sus pies.
Volvió el día y el color celeste al suelo que pisaban. Decidieron entonces alejarse cielo adentro, es decir alejarse de la pared, que era la tierra. El recorrido bajaba levemente, como hacia el centro de una especie de cono. Caminaron mucho hasta que estaban en un punto en el que miraban hacia arriba y veían la tierra sobre sus cabezas como si fuese el cielo.
Por fin llegaron el centro del cielo, era una especie de valle celeste, allí encontraron una gran ciudad, las casas estaban hechas con parte del mismo cielo. La observaron con admiración, pero el grupo, por miedo a lo que se podían encontrar en ella prefirió rodearla y continuar hasta llegar, mucho más adelante a la pared de tierra por el lado opuesto. Una vez que volvieron a tener frente a ellos la pared de tierra, entonces volvieron a pasar a esta como piso y a ver el cielo como pared, por último se alejaron hasta que la línea del horizonte quedo a sus espaldas. Habían sido los primeros en dar la vuelta al cielo. Pero del grupo sólo llegaron once, hubo uno que cuando bordeaban esa misteriosa ciudad celestial se animó a bajar y explorarla. Lo esperaron unas horas pero no regresó. Nunca más se supo de él.

EL DIRECTOR

Ser el director lo obligaba a estar compenetrado las veinticuatro horas en el guión, debía colocarse en el lugar de los actores, formar parte de la historia, observarla con los ojos críticos del supuesto espectador. Cada acto debía mirarse desde distintos ojos, desde el actor protagonista, desde los secundarios, desde el ojo de la cámara y desde la silla que llevaba su nombre bordado en el respaldo. Todo formaba parte de lo mismo, la cinta que se rodaba, eso que quedaba como pequeñas fotos tomadas una tras otra, imitando una secuencia de vida, eso era lo que importaba.
Esa mañana se despertó y no supo si el que se despertaba era él o el personaje que debía despertarse, miró a su alrededor en busca de cámaras, no había ni una lente, no había rastros de que su cama fuera parte de un escenario, entonces se sintió tranquilo, se puso una bata y fue a la cocina a preparar el desayuno. Pero cuando abrió la heladera descubrió que detrás de él tenía tres cámaras que filmaban lo que hacía. Si, era la toma veintidós, entonces sonó el teléfono y el actor supo que debía decir. La escena salió bien por lo que le dio el visto bueno y de inmediato recordó que seguía en su hogar. Terminó el desayuno y salió a la calle. En la parada del autobús volvió a sentir la presencia de las cámaras, entonces apareció la mujer con la que tenía que discutir y lo hizo al pie del guión. La actriz salió de escena llorando y los dos extras que estaban con él en la parada, esperando el autobús también habían hecho muy bien su trabajo, con esas miradas que le encanta disparar a la gente común frente a la emisión de un escándalo ajeno en público. El drama seguía su curso y aprobó la escena. En el autobús no había nadie, era el que tomaba para ir al estudio, era un transporte público real y, por más que lo intentó, no logró encontrar rastros de otra cosa. Se bajó en su parada.
Entró al estudio y notó con sorpresa que no había nada ni nadie, era un gran salón de paredes negras sin siquiera un foco, nada. - ¿Dónde están todos? –preguntó al vacío, entonces giró y vio en la calle a todos, a los actores secundarios que caminaban por la vereda como perfectos peatones, a los vehículos que circulaban como si fuesen reales, al decorado compuesto por falsas fachadas de edificios. Todo estaba allí, en la misma vida que creía que era la suya, entonces salió y continuó el rodaje de su película.

EL QUE FUE ANGEL

No recuerdo cuando dejé de ser ángel, creo que luego de la batalla de Poitiers. Sí, más o menos por aquellos días perdí las alas y quedé tan parecido a un hombre que éstos me confundían. Nunca comprendí que sucedió pero tampoco me lo pregunté demasiado, se supone que debo cumplir una misión o algo así, pero no se bien de que se trata. Por lo pronto soy inmortal y no necesito alimentarme, creo que me quedaré así otros quinientos años y después veré que hacer.

REINADO MINERAL

Una piedra de asfalto, a un lado de la ruta, le hablaba a un charco de agua de lluvia. Discutían sobre los humanos, esos seres inertes que están junto a todo pero no hacen nada. – ¿Que utilidad tendrán? – se preguntaba la piedra.
- Nosotros, el agua, los utilizamos para cambiar nuestro mundo.
- Si, nosotros las piedras también, cuando queremos movernos, formar otras cosas los utilizamos, los hacemos construir, armar y desarmar lo que nos interesa, pero además de este uso no hay nada para lo que nos sirvan.
- Al menos los vegetales tienen un poco más de vida, pero los humanos son inertes.
- Los metales los utilizan mucho, los usan para moverse, para cambiar.
- Si, ellos les han encontrado mas usos, deberíamos aprender.
La tarde transcurrió y por la ruta no pasaba ni un auto.

EL ESPEJO

¿Y crees tu que vas a poder hacer algo al respecto?, si, eso, algo, ¡algo al respecto!. ¿Qué te piensas, que la vida la regalan en los bazares chinos?. No es suficiente, no debes dejar que ellos te pasen por encima, no puedan respirar sin enterarse que tu existes y que estarás allí presente, con tu camisa nueva, para enfrentarlos. No es broma, no es casualidad que todos los días asome el sol por el horizonte para iluminarte. Y no se te ocurra pensar que no tiene nada que ver lo que te digo con esta camisa, ¿acaso piensas que las cosas no cambian con la imagen?, si lo crees eres un ingenuo, vives en la era de la imagen, por eso estas en esta tienda, para formar parte, para no quedarte atrás, por eso mañana recordarás mis palabras, comprenderás lo que te digo y pensaras en este espejo que te habló, que te permitió ver la imagen clara de ti mismo.
El hombre salió del cambiador convencido, y se dirigió derecho a la caja a pagar. Mientras tanto una mujer entró con un pantalón negro, cerró la cortina y se lo puso, entonces el espejo comenzó:
¿De verdad piensas que con esto lo podrás convencer, crees que por más ajustado que te quede, por más bonita que te sientas harás que deje a la mujer que ama por verte así?..., pues sí, sabes que puedes lograrlo, sabes que ahora eres otra...

EL TRES DE ESPADAS

Salió la carta que nadie quería, era el tres de espadas, esa destinada a quién debía luchar por todos los demás. Luego el resto de las cartas volaron por la ventana para terminar en el mar. Quedó solo de pie, dando la espalda al fuego de la chimenea y mirando la noche por la ventana. El mar estaba desierto, como siempre. La luna desparramaba su tierna blancura por la superficie irregular. No podía dejar de pensar en su destino, en lo escrito, en el temor de enfrentarse a su carta. Eran tres espadas cruzadas, tres símbolos de lo que nadie puede imaginar. Fue demasiado, prefirió saltar al vacío y destruir su cuerpo mortal en los acantilados. Era un final cobarde pero sensato, suave y simple, sin demasiado dolor, al menos no más que el necesario. Su caída no hizo más ruido que el de las mismas olas al romperse entre las piedras. El castillo se veía igual que antes, pero esta vez sin aquel que debía enfrentar al tres de espadas.

VIDA SOÑADA

Desprotegido y desamparado, el niño abandono el cuerpo de su madre, ella siguió su vida como le comenzaba a permitir la sociedad moderna y el tiempo invitó a pasar unos años para que conduzcan al olvido aquel cruel episodio. La suerte de un nuevo hombre fue repartida por la misericordia ajena. Un convento de monjes ganó su destino durante aquellos años. Se desarrolló en la soledad inspirada por la oración y el crecimiento espiritual. Evolucionó junto a un mundo que pretendía ingresar a la edad moderna únicamente por repetir a menudo la frase “no mas monarquía”.
Dieciocho años y todo un ser humano poseído por ilusiones y esperanzas partieron en busca de aquel sueño de vida. El nuevo continente era su tierra prometida, el objetivo de su alma pionera, donde el oro abundaba como hierba en las praderas. Atravesó el Océano y encontró solo un mundo hostil. Debió trabajar duro, pero su esfuerzo rindió frutos y obtuvo su deseada porción de tierra. Se casó con una inmigrante irlandesa y se establecieron en una cabaña que él mismo construyó. Todo se encadenaba en un dulce sueño.
Pero un día, mientras caminaba en armonía por el campo, unas extrañas nubes cubrieron, repentinamente, el cielo. El sol comenzó a apagarse como un farol de kerosén. Un viento, que nació de la oscuridad, comenzó a soplar furioso. Los árboles perdieron sus copas quedando desnudos. Luego sus troncos se elevaron sumándose a un gran remolino que se estaba formando. El cielo se fue derrumbando uniéndose al creciente remolino. El viento arrasó con su cabaña, como una ola sobre un castillo de arena, y comenzó a girar junto al resto de las cosas. Todas daban vueltas en torno a él. Entonces, se cerraron sus ojos.
-Esta fuera- comentó el medico a su asistente. Luego tomó el cuerpo del niño de lejos, sin siquiera darle un único abrazo antes de cubrirlo con un saco vacío. No tuvo siquiera un entierro digno, el médico tiró un cuerpo con forma pero a medio terminar en un contenedor con otros residuos del día y así terminó lo que podría haber sido una larga y prospera vida.

DISEÑO DE ESTADÍSTICA

¿Rojo o negro?. Rojo. Entonces rojo.
- ¿Quién maneja la estadística?, los Mortesys, ¿no? – preguntó uno de los seres sin cuerpo que habitaban la niebla azul de Deio.
- No, de eso se ocupan los espacios cónicos de Rah, ¿eres nuevo, no?.
- Si, este es mi segundo ciclo – informó.
Eran dos conjuntos de color púrpura que flotaban sin forma en la nada, pero estaban en aquel sector paralelo, donde no existía el concepto de espacio, por lo que no estaban ni cerca ni lejos entre sí.
- ¿Y como funciona? – quiso saber.
- Hay, digamos, fórmulas de cálculo para saber que, por ejemplo, en líneas generales, si hay una bolsa con una piedra negra y otra roja debe salir la mitad de las veces cada una. Luego hay que tener en cuenta que para que sea exacto las condiciones tendrían que ser perfectas, en el mundo no existen esas condiciones.
- Eso ya lo sé, y las fórmulas las conozco, pero me interesa conocer la secuencia en cada uno de los “intentos”.
- ¿Es decir que, si nos centramos en un “intento” específico y sale, por ejemplo, rojo, quieres saber como funciona la decisión?.
- Si – fue la precisa respuesta.
- Eso lo manejan los espacios, ellos te lo pueden explicar de inmediato. En resumen primero se aplican todas las condiciones físicas del proceso y luego, con el escenario listo, se utiliza una secuencia, por último se aplica el filtro de cobertura, que procesa la información y el resultado, la codifica y evalúa que este sobre la capacidad humana de razonamiento, para asegurar que no pueda comprenderla y eso es todo: sale el rojo por ejemplo.
- Esperaba algo más complejo – reconoció.
- Nada del mundo humano es complicado, en eso se basa todo, como ellos buscan lo complejo no ven lo más simple. La estructura se basa en el mejor de los escondites, si la solución está frente a sus ojos pero la mirada enfoca más allá jamás será vista.
- Da gracia. Saberlo todo es divertido, ¿no crees? – comentó.
- Si, aunque tiene sus desventajas también.
Diciendo esto cada curvatura se separó y no volvieron a conectarse.

EL POZO DE LAS ANIMAS

EL POZO DE LAS ANIMAS

No se supo nada hasta que se agrietó la tierra y cayeron aquellos que no se atrevieron a desafiar el poder de Dios. El alma de un ángel que cae a la tierra puede hacer un agujero muy profundo, en este caso fueron dos y cayeron unidos de la mano. Habían deseado robarle el poder de creación a aquel que puede crear, entonces fueron enviados al infierno, haciendo un enorme hueco en la tierra al caer del cielo. Al principio no tenían fondo, el fondo era le mismo infierno, en el infinito, pero pronto se cubrieron con tierra y agua hasta que quedaron dos pozos. Los indios del la zona los llamaron Trope-Co, que significa el lugar donde lloran las ánimas, ya que el viento mismo al rodar por aquellas escarpadas laderas traía el sonido de esas dos almas errantes que habían perdido su rumbo. Y cuenta la leyenda que uno de los ángeles se arrepintió, por lo que el pozo que había dejado se cubrió de vegetales y sus aguas se hicieron cristalinas, en señal de que el arrepentimiento de las almas siempre obtenía el perdón de la naturaleza, en cambio el otro mantuvo si postura desafiante, quedando con laderas empinadas, sin vegetación y con aguas verdes. Y esa fue la leyenda, que luego se completó con los indios que crearon nuevos mitos y enriquecieron la tradición con sus rituales, al borde del pozo de las ánimas.

LA GOTA

Río de agua dulce que recorre sombrío los valles, pierde color al llegar a la extensa e interminable llanura, allí reposa oculta en un lecho casi invisible, camina lento por la nada, abriéndose camino en curvas y contra curvas como el paso de una serpiente gigante. Allí vivía ella, con la forma que me dio el viento y la vida. Era una gota, y estaba feliz de serlo, antes de terminar su existencia nos relató su historia para que la sepamos y nos veamos en su reflejo cristalino:
Había nacido entre los copos de nieve de primavera, cuando el hielo se hacía agua, entonces caí de una rama hacia un pequeño lecho. Mi niñez fue como la de cualquiera, viviendo entre pequeños arroyos que bajaban como hilos, uniéndose y desuniéndose. Cuando fui joven también mi vida fue como la de cualquier adolescente, llena de energía entre los rápidos, golpeando las piedras con fuerza y a toda velocidad. Remaron sobre mí los aventureros y salté junto a ellos por las caídas que formaban las rocas. Por fin me hice grande y me establecí en la llanura interminable. Pasó mucho tiempo de días corridos donde las aguas se movían solo por costumbre, a paso lento y metódico. Hoy es el principio del fin, hoy veo las costas acantiladas y se que deberé ser uno para ser todo, para sumarme a esa gran masa de agua oceánica que me hará sentir cuan poco represento en este universo.

LA MAQUINA

Grez tenía tantas máquinas en su casa; cafetera, licuadora, computadoras, veladores, televisor, lavadora, heladera y otras decenas de electrodomésticos, que un día descubrió que en realidad el mismo era una máquina manejada por todos esos aparatos. Cada elemento electrónico que tenían la apariencia de una máquina (cafeteras, heladeras, etc) pero en realidad no lo eran, en realidad eran seres humanos disfrazados, bueno, quiza no tanto como humanos pero al menos entes pensantes. Si, pues él resultaba ser la máquina y lo que creía que eran sus electrodomésticos en realidad lo manejaban a él, cada uno de ellos con un fin particular, con una tarea que lo beneficiaba y que en el fondo a él le daba igual. Ese día trato de huir pero ya era tarde, no había manera de desconectarse, era gobernado por esos seres que lo hacían trabajar y no existía ningún modo de evitarlo, por lo tanto se resigno e intento olvidarse del problema y seguir con sus cosas.

OPCIONES

Acto potencia, acto potencia. Ese es el mundo de opciones, elegir entre todos los actos y convertirlo en potencia para que nos encontremos con un nuevo abanico de actos y así hasta el final. Y no se puede evitar, no hay manera, incluso evitarlo en sí mismo es otro acto. Resulta tan espontáneo que parece lógico, pero es todo un proceso desgastante que consume nuestras vidas y que se alía con el tiempo para llevarnos a la muerte. Y si queremos apurar el circuito y tratamos apurar cada vez más actos y potencias el tiempo correrá más deprisa, pues este esta enlazado ya que es tan solo la medida del cambio y si el cambio producido irremediablemente por los actos se aceleran también se acelera el tiempo. Por eso es mejor tomarse su tiempo para elegir las opciones, porque cada cuál es un camino por el que no se puede volver atrás. Las puertas que se cierran a nuestras espaldas suelen tener el picaporte del lado de afuera y al pasarlos ya no se puede retroceder a la habitación anterior. Y así vamos pasando de sala en sala, y en cada una encontramos nuevas puertas y debemos elegir por donde seguir, hasta que algún día una de ellas termine en un espacio abierto, un jardín repleto de flores o un lugar horrible y sucio, y depende de los actos y potencias el lugar que encontremos.

EL LLANTO DE LA MONTAÑA

Había una ladera, en las montañas de la cordillera, que a pesar de estar a mas de los tres mil metros, del nivel del mar, es decir a la altura donde ya no crece la vegetación, estaba obsesionada por mejorar su imagen. Había leído muchos libros de decoración de montañas, o de pasajes en realidad, pero nada de los que se adecuaba a su altura le convencía. No le gustaban los glaciares, ni las formaciones rocosas erosionadas, buscaba algo más colorido, algo diferente. Entonces vio, en un libro de paisajes, un hermoso bosque de arrayanes que cubría una ladera en los Alpes. Decidió que quería un bosque así para su ladera. Se comunicó con la madre naturaleza y le planteo la situación, pero esta le dijo que debía conformarse con lo que tenía, como todas sus hermanas de aquella zona de la cordillera, sino sería como darle un privilegio a ella sola que además estaba prohibido. La naturaleza, al igual que los barrios de los suburbios tienen normas de construcción, tenía también ciertas restricciones. Como en todo en este mundo, a veces se hacía la vista gorda para ciertos casos (en general léase acomodados), pero para la mayoría regía esa ley y se respectaba. Pero la montaña, que era muy caprichosa y que estaba obsesionada con respecto a su aspecto físico, decidió desobedecer y criar un bosque. Jugando con los vientos logró en varias décadas traer semillas y plantarlas, pero los árboles no crecían, los fuertes vientos de invierno les impedían tomar altura. Pasaron algunos siglos (que para una montaña son el equivalente a unas horas ya que viven miles de años) hasta que por fin logró que nacieran una docena de hermosos arrayanes, no eran muy altos pero sí eran hermosos igual. La montaña estaba orgullosa de ellos y los cuidaba mucho, dejando bajar los ríos de deshielo para regarlos cada temporada. Ahora su ladera realmente era hermosa y los que pasaban por el valle siempre la miraban, incluso algunos viajeros se tomaban fotos con su ladera de fondo, lo cuál la hacía sentirse linda. Pasó el tiempo y decidió que para mejorar su imagen debía tener un poco más de nieve eterna en su cumbre, eso era fácil, los inviernos siguientes mantuvo hielo en la cima hasta lograr tener una cantidad abundante de nieve eterna. Ahora el contraste entre la nieve y el bosque, más el marrón oscuro de las rocas dejaba la ladera más bonita aún, creando un paisaje digno de admiración. Pero un día las placas se reacomodaron, como lo hacían cada tanto, lo habían anunciado en el valle pero la montaña aquella no presto atención a los anuncios y el día que sucedió la tomó desprevenida. Toda la nieve acumulada se desplomó formando una gran avalancha que arrasó completamente con el bosque. No había quedado ni un tronco en pie. La montaña se puso muy triste y sintió ganas de llorar, muchas ganas de llorar. Entonces la nieve eterna desplomada se fue derritiendo, convirtiéndose en gotas que eran como lágrimas que se fueron uniendo unas a otras en un único río, el cuál descendía hasta el lugar donde había estado el bosque y al llegar a la ladera que protegía a la vegetación el agua caía formando una hermosa cascada. Los pobladores de la zona, por la fuerza con la que caía el agua y por el sonido que hacía al golpear las rocas, la llamaron “La cascada del llanto de la montaña”.

LA VENGANZA

Se vengaría por lo que le había hecho, lo juró por su vida y cumpliría su palabra. Pero era una persona metódica y calculadora, nada de dejarse llevar por las emociones. Planeo con calma, detalle a detalle todo lo que haría. Trazó toda una compleja estrategia que se centraba en la calle principal del pueblo, en aquella avenida transitada llevaría a cabo su venganza. Planificó la secuencia de sucesos uno a uno, como un estratega militar, calculando cada distancia, cada segundo, cada acción, pensándolo todo. Fijó una fecha lejana y apuntó todo el proyecto hacia esa meta. Una vez que la etapa de planificación concluyó se dedicó a implementar cada parte del plan. Preparó el terreno, no solo apuntando a su víctima sino también apuntando a todo el entorno que rodeaba las acciones a realizar, para que su venganza quede en el anonimato, borrando cualquier posible vinculación. Por otro lado decidió que para que salga todo perfecto la calle debía estar en perfecto estado también, tan detallista como era, se dedicó, en secreto y sin ser visto, a reparar toda la calle, el asfalto, los faroles, todo. Lo hacía por las noches y sólo cuando estaba desierta, aguardando horas hasta que eso ocurra. Una vez que el terreno estaba listo decidió que debía hacer pruebas, por lo que, con infinita paciencia, aguardó que algún individuo siguiese la secuencia esperada al avanzar por la calle y simuló llevar a cabo su plan, sin realmente consumirlo por supuesto. Habían pasado muchos años pero por fin todo estaba listo y llegó el día esperado. Se vistió con el uniforme que había preparado especialmente para la ocasión, se situó en el lugar exacto, la calle estaba tal cuál lo había planificado, la secuencia a punto.
Fue entonces cuando notó que había olvidado algo, que parecía irrelevante para toda la estructura y construcción del plan, pero que ahora afectaba directamente a los resultados, se había centrado tanto en su estrategia que se había olvidado de quién era que debía vengarse. No hubo caso, ya no lo recordaba, pero de todas formas estaba satisfecho, su plan era perfecto, incluso llevarlo a cabo, es decir, consumirlo, era un pecado en sí, él se sentía un artista y su obra ya era perfecta. Se alejó por la calle principal, observándola y pensando lo linda que había quedado con sus arreglos.

EN OTRO LUGAR

Terminó de desayunar, se despidió de su esposa y abrió la puerta para salir de su casa, pero al otro lado no apareció su calle, ni su barrio, ni su país, ni siquiera su continente. Su primera reacción iba a ser cerrar la puerta y decírselo a su esposa, pero la vio a lo lejos en la cocina tan tranquila, que decidió salir igual pensando que en algún otro continente, país, barrio y calle, alguien haría lo mismo.

ZAPATOS

Corría el año 2479 y ya el dominio era absoluto, no quedaban hombres sin ser controlados por aquella fuerza. Siempre la humanidad había temido los ataques extraterrestres, los robots o las máquinas, se escribían libros y se hacían películas sobre los hombres sometidos por seres verdes que venían en naves espaciales o por seres metálicos o por computadores centrales que cobraban vida, pero nadie jamás se imagino que el que finalmente cumpliría la pesadilla serían los simples y corrientes zapatos. Parecían objetos inertes, útiles para moverse más cómodamente y protegiendo los pies. Pero no, en realidad escondían perversos propósitos, ocultos tras las suelas que nos separan de la tierra, que sirven de conexión.
Tardaron tantos años, haciéndose pasar por objetos, tan solo porque siempre existían zonas del mundo donde la gente aún no los utilizaba. En algunos países de África o por las islas del caribe nadie se calzaba para andar. Pero para el año 2479 ya todos en el mundo utilizaban zapatos o algún tipo de calzado, entonces atacaron, dominando la conexión entre los seres humanos y la tierra y luego por ende dominaron el mundo.
El hombre no se percató del cambio, los zapatos eran inteligentes, lo que hicieron fue sumir a sus presas en un eterno letargo que les obligaba a continuar sus vidas como si nada hubiese cambiado, pero en realidad se encontraban bajo el poder del calzado que utilizaban.
La crisis duró un tiempo incalculable, porque estos objetos modificaron el calendario, cambiaron las estructuras de la sociedad, subdividiendo a las clases en zapatos de vestir, zapatos de mujer con tacos altos, deportivos y botas. El problema, o la decadencia en realidad, comenzó cuando surgieron rivalidades entre las botas de cuero y las botas de lluvia. Al principio fue un simple desacuerdo pero se fue extendiendo, luego se sumaron los zapatos de vestir al grupo de las botas de cuero y el calzado informal a las de lluvia, así comenzó una batalla que termino por descalzar a un grupo de humanos que de inmediato recobraron el poder.
El mundo volvió en manos de los hombres y nunca más fue utilizado calzado de ningún tipo. Claro, esta nueva calma duro casi quinientos años, hasta el ataque de los paraguas, pero eso ya fue otra historia.