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Kosh

INSPIRACION

No había demasiada gente en el supermercado, era un Martes por la tarde, día de semana.
- Dicen que la inspiración se encuentra en muchos lugares, esta semana necesito comprar una o dos. La verdad es que nunca la representé como una musa o algo así, no por el hecho de que me parece un recurso del romanticismo lineal sino porque de verdad que no me la imagino así. Yo mas bien la he asociado siempre con objetos, lugares, sonidos, olores.
- Es decir con los sentidos
- No, porque un objeto no es que lo asocie por la vista sino por el objeto en sí, me explico
- No, pero bueno, vamos por allá – dijo señalando una góndola con productos de cosmética.
- ¿Y que paso con tu inspiración?
- Me la robaron del auto, estaba en forma de música, ¿entiendes?
- Jamás lo entenderé. Pero es aquí, mira – dijo señalando unos productos que se vendían en cajas. Los había pequeños, medianos o grandes.
- ¿Esto es? – dije tomando uno y leyendo: “Inspiración”
- Si, hay en varios modelos: “romántica”, “ciencia ficción”, “misterio”... – leía en cada caja.
- ¿Cuanto sale?.
- Esta marca es cara, pero la marca del supermercado es barata, no es de tan buena calidad pero sirve.
- ¿Hay tamaño grande?
- Si, la grande dura para casi un año, no tiene fecha de vencimiento, pero como todo, se desactualiza.
- La verdad es que no me convence, prefiero buscarla solo mejor, es decir, hacerla yo mismo.
- Como sea, este producto es como comprar una tarta, uno puede comprarla hecha o comprar los ingredientes por separado y prepararla.
- ¿Y donde consigo los ingredientes?
- Ah, eso ya no lo sé, es personal, pero están en todas partes
- Por ejemplo
- Ahí – dijo señalando la sección de perfumes. Caminamos hacia allá.
Probé uno, era una fragancia suave y dulce, a flores.
-¿Y? – preguntó expectante
- Parece de flores
- Si, ¿pero que te dice?
- Un jardín, de esos grandes que tienen los palacios, repleto de flores blancas y prolijo. En el palacio vive una princesa y un mago quiere casarse con ella y traicionar a su pretendiente, por las noches ella sale al jardín a caminar...
- ¿Qué es eso? – lo interrumpió
- Lo que me dice la fragancia
- Pero es romántico, no es tu estilo, seguro después aparece un hada – se burló
- Bueno, dame otro.
- Aquí tienes – dijo entregándome uno con forma de pera.
- Es del trópico – dije al probarlo, - sucedió en una isla desierta, bueno, eso creía el protagonista cuando llegó a ella, luego de un temporal que hizo naufragar su embarcación...
- No, eso esta muy visto – volvió a interrumpirlo.
- ¡Espera!, déjame terminar siquiera.
- No, ya se por donde va, no hay caso, vamos a otro lado
Pasamos por la góndola de quesos y, señalando uno dijo: - aquel –
A lo que respondí: -los Alpes, en verano, donde hay animales de corral y paisajes hermosos... – pero volvió a interrumpirme.
- Déjalo, hoy no es un buen día para hacer compras, además ya debo irme, mañana nos volvemos a ver. Encontraremos algo, no te preocupes – concluyó antes de irse.
Desapareció y quedé solo como creo que siempre había estado, antes de irme volví a la sección de "Inspiración" y, luego de meditarlo un poco, me compré un frasquito de los pequeños, se llamaba "Inspiración Light", tan solo para probarlo.

VIDA DE MARAVILLAS

Vida que nos sacude, nos lleva por sus caminos, nos sorprende, nos da momentos inesperados. - Mira el cielo - dijo alguien que yo creía que era un ángel, - ¿que quieres ver? - preguntó. - Un milagro - le dije. Ni siquiera volvió la mirada hacia mi, como si lo que le pedía fuese un vaso de agua, entonces dijo: - verás tres pájaros, uno azul, uno verde y uno amarillo. Terminó la frase y de entre los árboles, en el orden indicado, volaron y pasaron sobre mí las tres aves. - Pero eso no es un milagro, en todo caso será una premonición, como adivinar el futuro...
- Los milagros que esperas están siempre a tu alrededor, pero las personas no saben verlos - me respondió.
Los momentos buenos son como esos milagros que no vemos, la vida nos los regala y no sabemos apreciarlos. Pasaron diez años de aquel encuentro, yo no se cuanto cambie, quizas el tiempo lo sabe, pero suponía que era lo suficiente para no volver a suponer. Entonces a la vuelta de la esquina, cuando uno menos lo espera, aparece.
Me choque con una pared que apareció de repente, de la nada, y creo que me golpie la cabeza o algo porque durante varios días perdí noción del tiempo, de las cosas, olvide mi pasado y mi futuro y vivi, por primera vez, un presente tan presente.
Como sea, esas situaciónes que no vivimos hasta que las vivimos son a las que me refiero, son tan personales que cada uno encuentra la suya, en su vida, en su historia. Tan solo es que nos recuerda lo complejo que es esta larga travesía en la que estamos metidos. ¿Lo sabes?.

LOS COLORES

Me desperté asustado, había tenido una horrible pesadilla en la que el mundo había perdido los colores, todo era en blanco y negro, en tonos que variaban del negro más oscuro y opaco hasta el blanco más claro y brillante. Así bajé las escaleras en la penumbra de la noche y fui a la cocina a beber un vaso de agua. Al prender la luz noté que todo se había desteñido, los colores se habían mezclado y se superponían uno sobre otro, y cambiaban con la posición desde donde miraba, como un charco de agua manchado por aceite. Estaba asustado, miré por la ventana, dos faroles que alumbraban escasamente me mostraron una calle desierta, descolorida y húmeda. Los autos no tenían tonos definidos sino que estaban pintados de una mezcla heterogénea. Corrí las cortinas para no ver más y volví a mi habitación. Las paredes parecían estar empapeladas con dibujos de muchos arco iris superpuestos. No se me ocurría nada más que ver, me recosté y el sueño nunca llegó, no logré pegar los ojos, pero el paso del tiempo fue haciéndome olvidar toda esa rebeldía de los colores.
A la mañana siguiente, cuando abrí las cortinas de mi habitación las cosas habían vuelto a la normalidad, pasé un día tranquilo que duro lo que tardó el sol en recorrer el cielo, entonces estaba otra vez en la cama, esperando la visita del sueño. Pasada la medianoche me desperté temblando, el mundo que soñaba seguía blanco y negro, pero además estaba borroso, como una fotocopiadora sin tinta, las imágenes perdían su intensidad y quedaban ocultas tras un manto de sombreados. Miré mi habitación, los colores se habían vuelto a fusionar en una mezcla desordenada. Esta vez los tonos eran más intensos, brillantes, fluorescentes. Me costó mucho volver a dormirme, era como si la luz estuviese encendida a pesar de la oscuridad.
Por la mañana decidí ir a verlo, me recibió como si fuese algo común, algo cotidiano el problema. Recuerdo que sus palabras para solucionarlo todo fueron: - Esos lentes de contacto son de mala calidad, debe quitárselos mientras duerme, de lo contrario reaccionan con las glándulas lagrimales decolorando el cristal y creando una visión confusa.
- Entiendo – dije yo, recordando que hace dos días que comenzaba a usar lentes de contacto y que, por más que me guste escribir historias fantásticas, a veces los problemas tiene una resolución simple y racional.

EL RUIDO

Era un sonido preciso, claro y continuo. Sonaba lejano en la oscuridad, lo suficiente para no saber desde donde pero lo suficiente también como para poder sentirlo. Había durado ya tres días sin detenerse, tres noches de ira contenida, tres lunas con síndrome de impaciencia. Era el cuarto crepúsculo y me recosté con el molesto ruido de fondo, pero esa vez no me costó dormir, simplemente la almohada se sostuvo en mi rostro y el ruido se amoldó a mis sueños, acompañándolos en armonía. La noche siguiente fue lo mismo pero mas sencillo, ni siquiera me costó intentarlo, y entonces el problema volvió el día siguiente, cuando dormía relajado y distendido y de pronto el sonido, así como había venido, se fue. Se apagó, dejó de llegar a mis oídos, y entonces no pude volver a dormir.

EL LABERINTO DEL IMPERIO

Entró al laberinto confiado en que sería tarea sencilla. No es que el lugar no fuese tenebroso, pero era optimista con lo que a sí mismo significaba. Sabía que el premio, de hallar la puerta de salida, sería el imperio completo. Toda la vida había soñado con ser emperador y aquella era una oportunidad inmejorable, - entrar, salir, y gobernar las extensas tierras de praderas – pensaba al ingresar por el corredor principal. Tendría uno, - no, mejor dos – palacios. El de verano, cerca de algún lago, y el de invierno donde estaría el trono y la corte principal. Viajaría en una carroza tirada por seis corceles y con una guardia de fieles. Comería en bandejas de plata y sobre una mesa amplia de roble, rodeado de sirvientes dispuestos a satisfacerlo. Tendría las más bellas doncellas a sus pies. Repartiría comida entre sus súbditos para que estén felices, gobernaría con nobleza, bajo leyes justas pero rígidas. Continuó su camino, doblando en las intersecciones que le decía su instinto, él comandaría su triunfo, él lo llevaría a la puerta correcta, la del imperio porque era su destino y porque había nacido para eso.
Pero siguió avanzando y también siguió pensando: - de todas formas también sería lindo no siempre estar rodeado de súbditos, deseosos de servir para ser recompensados, y de mostrarse sonrientes a pesar de lo que les pueda suceder, de esa manera nunca conocería lo que verdaderamente sienten. Y las doncellas, - no se si legraré a conocer el verdadero amor, es decir, yo me enamoraré pero nunca sabré si este amor será correspondido con amor o con obligación - pensaba, - por otra parte jamás conoceré el don de la humildad pues no me será permitido, según lo que tengo entendido, nunca podré dormir en una cabaña de los campesinos humildes, ni probar sus guisos o vestir sus sencillas pieles, solo podría usar alardeantes trajes de seda y probar los refinados platos de la realeza. No me dejarían ni por una vez al menos, comer un embutido de esos grasosos y espesos que tanto aprecio, tampoco podría volver alguna vez a estar solo, en algún valle con ovejas como lo hacen los pastores y sus rebaños. Yo en cambio debería ser acompañado por los escuderos reales esté donde esté, y no podría salir a pasear siguiera sin guardia. El verdadero problema es que mi vida correría peligro, el emperador siempre tiene enemigos malvados que quieren su trono, o tan solo rivales que intentan acabar con él por envidia - seguía meditando mientras continuaba buscando el camino correcto. - También debería participar en las guerras, sería atacado por otros imperios que intentarán conquistar el mío, deberé defenderme y atacar yo también, ya que mis generales, sedientos de ambición, me pedirán salir a combatir para expandir las fronteras del imperio. Y el ejercito, los soldados, exigirán pelear para saquear pueblos y ciudades y así saciarse con botines robados, ya que siempre han vivido de esa manera, pero la responsabilidad de todos esos saqueos y matanzas será siempre mía. Y no se como haría para controlarlos, si yo quisiera un estado de paz y armonía como sueño que sería - luego de pensar esto se detuvo.
- Es mejor no ser emperador, no tiene ninguna gracia, prefiero volver a ser el campesino, sencillo y humilde que siempre he sido, no se como se me ha podido ocurrir esta tan macabra idea de poder.
Entonces volvió sobre sus pasos, esperando hallar la puerta por la que había entrado, por fin la encontró y al salir descubrió que lo esperaban en un salón repleto de súbitos, a lo lejos vio su trono, entonces recordó que siempre había sido emperador, pero algún día lograría salir de aquel horrible laberinto por la puerta que lo convertiría, entregándole el mayor de los premios: ser el campesino humilde que deseaba ser.

LA ADICCION

Nunca había tenido vicios, por eso quizás estaba desprevenido, creía que jamás terminaría en una situación como ésta. Nadie lo considera una enfermedad pero todo exceso es malo y esto es un claro exceso, y además descontrolado, que supera mi propia voluntad y que siento no puedo dejar. Recuerdo que de niño comía mucho chocolate y un día sin esfuerzo logre dejarlo, nunca en mi vida toque un cigarrillo, tampoco en mi vida probé ningún tipo de droga, ni siquiera las más suaves, de esas que todos prueban alguna vez. Me gusta tomar cerveza y vino, pero las veces que me lo he propuesto no probé alcohol por el tiempo que quería por lo que estoy seguro que el problema no es de falta de voluntad. Tengo pleno control sobre mí mismo, siempre lo tuve, y a pesar de todo esta vez no, esta vez he descubierto que soy un adicto, que estoy enfermo y que no puedo evitarlo, y por más que lucho contra mi enfermedad no logro superarla, creo que esto mismo que leen es el claro ejemplo de mi fracaso. Pero tengo que seguir intentándolo, tengo que superarlo, de lo contrario el único perjudicado seré yo, perderé las cosas que más quiero. Voy a esforzarme, debo proponérmelo con firmeza y cumplirlo, o voy a tener muchos problemas.
Debo dejar de escribir, al menos en mi trabajo.

CUANDO CAMINAMOS POR EL MISMO CAMINO

No es de noche ni de día, es un estado nuevo, intermedio. No hay luz ni sombras, es la conservación de la materia. Si no existiría un ser material que nos dice que debemos hacer, cada cuál recorrería su camino, pero no, todos vamos por el mismo camino, un camino de sombras y soles, de nubes y cielos claros, de tormentas y calmas, de vientos y brisas agradables. Cuando el espacio es la mística figura de lo que recorremos, y el tiempo es sólo posible si existe cambio, es imposible por lo tanto detenerse, tan imposible como vivir sin tiempo, dejando tan solo la opción de avanzar hacia delante, y nos obliga por lo tanto a ir por el camino. Las montañas más altas están cubiertas de nieve eterna, que siempre esta en ese mismo lugar, sin moverse, sin ser otra cosa, y apenas si conocen el tiempo. Podemos caminar sin hablarnos o pensar que existe un todo que acumula la existencia y la naturaleza, podemos pensar que no hay nada, por lo que no nos detenemos pero sin saber porqué y podemos creer que no creemos, pero es tan solo otra creencia. En la esfera de los techos vacíos de miradas, esas que colocamos cuando buscamos centrar la mente en algo más que lo que nos ofrece este escenario que denominamos mundo, sobre nuestro papel que llamamos vida, en un entorno que nos separa de nosotros mismos y de los demás, que llamaremos muerte.

OFICINA DE DESCREACION

Si uno no quiere crear nada existe la oficina de descreación, un lugar nuevo, diseñado para el ciudadano que, o bien le parece aburrido y poco fructífero y no tiene ganas de perder el tiempo pensando en cosas que ya pueden existir o bien no tiene suficiente poder de creación como para crear. Fue fundada por el alcalde con el objetivo de darles a las personas lo que quieren y evitarles el mal trago de tener que decidir y crear. Incluso existe el servicio de atención a la creación accidental y sirve para los ciudadanos que por error han creado y quieren abandonar su obra, este servicio se encarga de quitársela de encima gratis en menos de veinticuatro horas después del llamado. Cuenta con una flota de vehículos propios que recorren la ciudad como ambulancias encargándose de estos excesos de creación no deseados. Existen denuncias en contra de estos métodos de exclusión a las ideas pero como la gente es libre de elegir, y si eligen voluntariamente estos sistemas, nada puede criticarse y la ley por ende las desestima una a una.
Me han dado el cargo de director del centro hoy por la mañana, la semana que viene asumo y tomaré el control del edificio. Mi primera propuesta será que se convierta en ministerio, así tendré el cargo de ministro, el resto será más sencillo, tan solo deberé ir guardando las creaciones de los demás en la bóveda de seguridad que se encuentra en el subsuelo y así todas las tardes, cuando cierren las puertas del edificio, iré a empaparme de todo lo nuevo, todo lo inventado por cada ser de esta ciudad, los sabios, los ricos y pobres, los trabajadores y los niños. Iré explicando en mi diario los buenos inventos que se han creado y que han llegado a este húmedo espacio para quedar abandonados para siempre. Espero así llegar, algún día, a ser una persona mejor.

EL DUELO

El farol iluminaba el interior del vagón y se mecía a medida que el tren avanzaba. Las paredes llevaban en su madera algo especial, algo que le daba ese toque clásico a aquel tren. Fabricada tan solo tres años atrás, en 1885, la locomotora suspiraba vapor por su nariz mientras las ruedas silbaba su repetida melodía.

Los tres elegantes señores, de traje, guantes y bastones con punta de oro decidían que debían hacer. Sus sacos y galeras ancladas sobre el perchero reposaban sabiendo que alguno de ellos quedaría sin cuerpo a quién vestir. Nadie supo porque se reunieron, no debían decir lo que pensaban, pero el duelo estaba próximo y los duques lo sabían antes de entrar. La excusa fue el humo de los cigarros que inundaban la atmósfera, el criterio fue la daga y allí termino todo.

LO QUE ESCRIBE MI ESCRITOR

Esto que están leyendo es lo primero que escribo en los últimos dos años, por lo que les pido que presten atención.
Mi sueño siempre había sido ser escritor, y por eso había dedicado tiempo en talleres de escritura y había estudiado y leído mucho acerca de los escritores. Había comenzado a escribir a los catorce años y desde entonces me había considerado un escritor, digamos, aceptable.
Todo comenzó una tarde cuando me estaba dedicando a escribir algunos cuentos cortos. Había escrito tres, recuerdo exactamente de que se trataba cada uno, entonces descansé, fui a preparar un café y volví al escritorio luego. Comencé a repasar cada escrito en busca de errores, los primeros dos casi no tenían nada que corregir, al tercero apenas le di unos retoques y al cuarto si tuve que cambiarle varias frases que carecían de sentido y debí pulir algunos errores de consistencia.
Se lo que están pensando y fue lo mismo que me sucedió a mí: como podía haber cuatro cuentos si yo había escrito tan solo tres.
Recordaba el primero, la idea la tenía en mi cabeza hacía mucho tiempo, en cambio el segundo no estaba seguro de donde había salido pero juraba que era uno de los míos, el cuarto llevaba mi estilo bien marcado en la prosa, en cambio el tercero, ese sí era el problema, ese no era ni mi estilo, ni mi prosa, incluso había palabras que desconocía!.
Estaba escrito con el mismo lápiz y, al analizarlo a detalle descarté mi primera hipótesis: que alguien, no se como, había entrado en mi casa (ya que estaba solo) y lo había escrito mientras preparaba el café. Pero la letra era la mía y además el cuento comenzaba en la misma hoja que terminaba el segundo y terminaba en la misma que comenzaba el cuarto. Estaba totalmente confundido.
Recordé entonces un cuento que, se supone, había escrito, un par de meses atrás, aunque en realidad jamás lo había pensado, por lo que deduje sorprendido que no era la primera vez que me sucedía.
¿Pero quién podía haber hecho algo así?, es decir, ¿de quién era ese cuento que no era mío?, porque mío no era, de eso si que estoy seguro. - Quizá alguien imitaba mi letra y había copiado los tres cuentos, intercalando el tercero - pensé, pero era imposible, preparar el café me había llevado como mucho cinco minutos, más no, y nadie podía copiar, imitando mi letra tan deprisa.
- ¿No estaría poseído? - pensé alarmado. - Quizás un espíritu tomaba mi cuerpo sin que lo supiera y escribía, pero ¿cómo no me enteraba?. Tal vez conocía la manera de hipnotizarme o sumirme en un sueño o algo. Podía ser el alma perdida de algún escritor, alguien que probablemente habitaba en esta casa que es muy antigua, estas cosas suceden en las casas viejas. Debo averiguar quien vivía antes que yo – razoné. Luego fruncí el ceño, miré hacia abajo y pensé – ¡pero la estupidez que estoy diciendo!. ¿Como puedo llegar a pensar algo así?, si continúo estos razonamientos seguro que el problema soy yo – concluí. Pero luego volví a decirme: - ¿y no seré el problema yo?. Tal vez tengo otra personalidad, una oculta, que me toma y se pone a escribir a mi sombra.... – permanecí en silencio un rato antes de decirme – ¡sigo pensando cosas sin sentido!.
Olvide el tema por unas horas, me dedique a escuchar música y me di un baño, luego volví a la mesa para comprobar que solo seguían los cuatro cuentos, no más. Entonces volví a la carga: - y si no es mío, ¿de quién será? – fue lo primero que me pregunté. – Debería ponerle un seudónimo, no esta bien publicar las cosas a mi nombre, seria...¿plagio?. ¿Pero como puede ser plagio algo que no es de nadie?, porque si yo no lo escribí es que, sencillamente no es de nadie – deduje antes de sentarme.
- Como sea, lo publicaré, después de todo no esta tan mal – me dije luego de darle una última leída.
Todo siguió igual, pasaron algunos meses y por suerte lo que escribía era siempre mío hasta que un día volvió a colarse otro cuento, recuerdo que volví a esbozar los mismos razonamientos y contra razonamientos que la primera vez que lo había detectado, incluso agregué algunas hipótesis que también descarte: - no tendré un problema de doble personalidad – estoy seguro que eso lo había planteado fruto de una película que había visto, que al final el asesino era el mismo investigador con su doble personalidad, recuerdo lo tonto que me había parecido en ese entonces aquel final, pero sin embargo me lo estaba planteando, - ¡y encima en un caso de la vida real!.
Olvide la absurda idea por lo que llegue a la misma conclusión que en ese entonces: nada. Lo publique y recuerdo que uno de los comentarios que me dijeron fue: - no es tu estilo – y sin embargo me dijeron que era uno de los mejores cuentos que había escrito. La envidia que me surgió también la recuerdo, porque había escrito en ese lapso como dos docenas de cuentos y que justo uno que no era mío, aunque lo fuese al no ser de nadie, sea el mejor... me enfadé mucho.
Así corrieron los días, cuando escribía trataba de no alejarme de los papeles, de quedarme cerca, así no se colaba nada que no fuese mío, pero volvió a ocurrir, y no me había alejado sino que apareció colado entre el pilón de hojas de lo que estaba escribiendo. Y lo volví a publicar, y volvió a ser considerado lo mejor que había escrito y volví a enojarme.
Y así fue, los cuentos comenzaron a multiplicarse y todos eran mas brillantes que los míos, hasta que un día me di por vendido y desde entonces, cada vez que me siento a escribir tan solo escribo cosas sin sentido hasta que entre las hojas aparece un cuento, entonces lo publico. Al escritor invisible, ese que no soy yo, lo he llamado Kosh, y reconozco que lo odio, pero también que escribe mejor que yo.

HOY NO TENGO GANAS DE ESCRIBIR

Hoy no tengo ganas de escribir, ni siquiera de abrir el cuento, ese que estoy escribiendo. Se que debería seguir porque quisiera saber que le va a suceder a este inglés al encontrarse con el antagonista, me imagino que le va a reprochar que hace tres meses que le encomendó la tarea de preparar la expedición y aún no ha cumplido. Lo que no tengo ni idea es como se lo va a decir. Están en Cardiff, un pueblo costero de Gales, que en el 1500 era bastante representativo de la Edad Media que culminaba. Gales, un lugar con poca trascendencia y sin fama en aquellos tiempos, justo como me gusta a mí cuando se trata de que los personajes estén en un lugar en tiempos pasados. Este pueblo tiene hoy día un interesante equipo de fútbol y una universidad moderna, todo esto se aprende cuando uno se informa para poder escribir sobre un lugar en el que nunca estuvo, pero salvo eso no es interesante para nadie. Que dura la vida del escritor...
Me sentaré un rato esperando que broten mis ansias de liberar palabras, es un buen método, aunque si no hay intenciones no sirve porque para hacer algo de mala gana mejor no hacerlo, ¿no?. Como sea, me atrasaré y luego andaré quejándome de que estoy retrasado y que voy a terminar este cuento quién sabe cuando si sigo así, además si un escritor no escribe..., digamos..., no se define como sujeto en sí mismo. Por otro lado ¿quién no se pide un día libre? Es razonable descansar, para eso se inventaron los días libres.
Como sea, lo importante es que hoy no tengo ganas de escribir así que no voy a escribir nada, salvo esto que estoy escribiendo, pero lo hago no porque quiera sino tan solo para informar que hoy no tengo ganas de escribir.

HABLANDO DESDE EL CESTO

Hablando desde el cesto de los escritos, ese pequeño mueble de metal (si se lo puede llamar de esa forma sin ofender al refinado escritorio y a los demás verdaderos muebles), donde solo se encuentran esos papeles arrugados con cosas que uno escribe y luego arroja a este espacio donde mueren y renacen las ideas que fueron, las que son y las que serán. Todo escritor requiere ese mueble para dejar reposar sus sueños, para ordeñar sus ideas, para matizar lo borroso, para quitar de en medio las nubes y poder ver la claridad. Y uno mirá la habitación, tranquila, con música melódica, en orden, en sintonía con las cortinas, con la biblioteca, con la silla y todo el resto de un lugar creado para crear, entonces se encuentra que el único lugar sin control es aquel pequeño recipiente, vacío de belleza externa pero inundado de palabras. Desde allí llegan estos pequeños escritos, que no quieren morir y se publican solos en este espacio sin sentido, un espacio sin lógica más que ordenar el desorden en un mismo sitio, un lugar donde el caos mezcla las palabras. Pero si estan en aquel ataúd de ideas es porque hay muerto, y sin recibir flores ni visitas quedarán enterrados hasta que llegue el que dice basta y se vacía, llevandose consigo la telaraña de mundos, personajes e ideas que no fueron.

TRABAJOS

- Es un hijo de puta – grito furioso, despertando a la mujer que dormía a sus espaldas en la cama.
- ¿Que pasa, cariño? – pregunto la mujer, mirando al hombre que entraba apresurado a la habitación para vestirse-
- No se como nos metimos en esto, no tengo vacaciones, no paramos , es un castigo eterno -
- ¿Que paso ahora? –
- Cámbiate, te cuento en el camino, debemos irnos ya -
- Pero apenas si dormí, ayer trabaje todo el día –
- Si, pero hoy hay mas, vamos –
Se cambiaron deprisa y salieron juntos.
- ¿Ahora que? –
- Un terremoto en centro América y una bomba en Egipto – dijo.
- Nos va a llevar todo el puto día, por lo menos voy a tener que llevarme a 500 – dijo la mujer, de rostro cadavérico – maldigo la hora que agarre este trabajo.
- Si, es un hijo de puta, nunca pensé que iba a ser éste el castigo del infierno –

WILLEM

Llegaron a las 10.30 a la fiesta, ya había muchos de los invitados presentes, la ceremonia era en conmemoración del nuevo centro médico de la fundación Tariccio, donde se tratarían los enfermos de leucemia. El señor Willem, presidente de la fundación, estaba a cargo de la inauguración.
Comenzó el discurso hablando de su vida, de cómo había logrado su fortuna a base de trabajo y esfuerzo, y como dedicaba gran parte de sus ganancias, aunque en contra de lo que sus socios desearan, en ayudar al prójimo. El mismo, contaba, había sufrido, de pequeño, una enfermedad que ataca a los sentidos, y lo había dejado sordo por casi tres años, pero el se esforzó, y luego de recibirse de médico comenzó los estudios para encontrar la cura a sus propio mal. Cuando la encontró el mundo conoció la enfermedad como el mal Tariccio, en honor a su descubridor. Le había merecido el premio nobel de aquel año. De allí llegaron inversores que percibieron una posibilidad de hacer fortuna a costa del investigador. Pero la cosa fue mal, ya que Willem era una persona demasiado caritativa, que invertía sus ganancias en otras obras o estudios, no siempre con buenas posibilidades de resultados satisfactorios económicos, aunque muchas veces si satisfactorios para la ciencia.
Esta última inversión había sido el colmo, y sus socios, muy enfadados, planearon en secreto acabar con él. Para no arriesgarse, planearon el asesinato mientras Willem hablaba. Sabían que sospechaba algo, pero no podría saber como es que lo matarían.
Terminó de hablar y se acerco a una mesa a responder preguntas a periodistas. Atrás de estos, en un rincón, los hombres, hablando bajo para no ser oídos, conspiraban. El veneno solo debía estar en su copa, nadie mas debía resultar envenenado o se sospecharía. La droga actuaba y luego desaparecía del organismo sin dejar ratro. Esto les estaba informando uno de los socios a los otros, él mismo, científico también, había sido el creador de la droga, pero era la primera vez que tenía que usarla. Se lamentó de tener que hacerlo, apreciaba a Willem pero no le quedaba otra opción dadas las circuntancias. Willem le correspondió la mirada desde la distancia elevando su copa para brindar a con ellos.
Terminaron los reporteros y Willem se acercó a su nuevo guardaespaldas y le dijo algo al oído, lo había contratados luego de que la semana anterior alguien había tratado de matarlo. Desde ese momento había empezado a sospechar de todos a su alrededor. Había aceptado ir a la ceremonia porque no podía faltar pero también porque el siempre había sido de enfrentarse a los problemas, en lugar de ocultarse. Frente a las críticas de su guardaespaldas él había respondido: siempre he luchado contra las enfermedades.
Un mozo dejó una bandeja con cuatro copas de vino blanco sobre la mesa. Uno de ellos, cuando estuvo completamente seguro de no ser visto, arrojó un pequeño polvito sobre la copa, que estaba ligeramente mas llena que el resto.
Willem no vio nada, y se acercó tranquilamente a sus socios. Lo recibieron con halagos y lo invitaron a una copa. El la levanto pero no llego a beberla, solo miró hacia un rincón lejano y mediante una seña llamo a su guardaespaldas. Luego le explico que la copa contenía vino con veneno, hasta supo decirle el nombre de la droga. El hombre de seguridad detuvo a los tres hombres.
Willem le confesó a su guardaespaldas, mas tarde, que había ido allí a propósito ya que solo sabía que los que deseaban acabar con él estarían entre los presentes y solo desde donde daba el discurso podría saberlo.
- ¿Pero como supo quién sería, y el método que usarían? – le preguntó el hombre.
- Los sordos aprenden a leer los labios – respondió.

LOS INVENTOS QUE NO SE INVENTARON ANTES

¿Cómo a nadie se le ocurrió inventar el globo?, digo ese con una canasta para volar. Con tantas velas izadas desde los griegos, romanos, normandos, etruscos. Con el dominio del fuego, tan simple como combinar esos artes. Porque el motor, la electricidad, pues vaya y pase, que son temas complejos, pero algo tan simple no tiene razón de ser. Como que los incas no conocían la rueda y armaron miles de kilómetros de senderos para recorrer sus imperios a pie, ¿qué habrán pensado al ver a un español andando en carreta?, si ahí no se dejaron conquistar pues se lo merecían, yo en sus lugares me hubiese dicho ¿cómo no se me ocurrió antes?. Bueno, ¿y Gutemberg?, su prensa de caracteres móviles con el que se imprimió (por imprenta) la primera Biblia y el primer libro de la historia por eso del 1450. Ahora bien, poner cuadraditos de madera con letritas talladas sobre una pasarela en forma de regla y luego, como un sello, agarrar y poner tinta y apretar sobre una hoja, luego otra y así cien, mil..., y tenemos una tirada para repartir. No quiero que nadie diga la idiotez de que el monopolio era de la iglesia ni nada de eso, si lo podrían haber hecho incluso los romanos o griegos! Antes que exista la iglesia. Además lo que más deseaban en el clero era que todos supieran leer y escribir para no tener que andar explicando, con lo complicado que es, que un tipo resucitó de entre los muertos. ¡Los monjes se pasaban vidas enteras dale que escribir!, ¿a ninguno, alguno inquieto quizá, se le ocurrió inventar la imprenta?. Y llegaron luego los árabes a España, sin ser los más dotados inicialmente para las matemáticas, pues donde vieron los números dijeron – peor falta algo – he inventaron el cero. ¿Cómo pudieron pasar tantos pueblos sin haberse dado cuenta?.
Podría pasarme hojas y hojas hablando de cientos de cosas que no se inventaron antes, pero ya a estas alturas lo mínimo que puede pensar el lector es: - ¿y este quién se cree que es?, ¿lo quiero ver en ese tiempo, esquivando guerras y pestes, haber si se ponía a inventar cosas?.
Es verdad, por eso debemos pensar en esas cosas que no estamos viendo hoy y que ya deberían estar entre nosotros, y debemos traerlas.

LA CAJA

Muchos tuvieron el mismo sueño, trataron de identificar similitudes pero no las encontraban, tan solo una sola y sencilla cosa en común: creían en Dios. El sueño decía que llegaría un mensaje para los que no tuviesen fe, un mensaje donde se explicaría todo, donde encontrarían las respuestas a cada pregunta.
El día siguiente los astrónomos de diversos puntos del mundo observaron con sus telescopios un objeto de pequeñas dimensiones que se acercaba a la tierra, era como un meteorito pero de un material que ninguna sonda reconocía. Se pusieron en contacto y debatieron sobre el tema, haciendo cálculos de la trayectoria y el impacto y concluyendo que se destruiría al entrar a la atmósfera terrestre.
Era medianoche del día siguiente cuando una luz atravesó el firmamento y fue desvaneciéndose hasta que un pequeño trozo, que no llego a consumirse, cayó en un campo de trigo. La gente que la había visto y que estaban mas cercanos al campo se aproximaron a ver que era. Encontraron, medio enterrada, tan solo una caja de un metro cúbico compuesta por lo que parecía un metal brillante como la plata pero desconocido. De inmediato corrió la voz y todos reconocieron en aquel objeto la señal del sueño, por tanto dedujeron que dentro de aquel recipiente estarían todas las respuestas.
La caja no tenía ninguna tapa ni abertura, sus juntas estaban perfectamente unidas. La gente, ansiosa por descubrir y conocer lo que contenía, la llevaron de inmediato al herrero del pueblo más cercano, el cuál se dispuso a abrirla frente a la impaciencia y la emoción de una muchedumbre reunida. Utilizó todas sus herramientas pero no pudo romper el metal que la formaba. Entonces la llevaron deprisa a una fábrica metalúrgica cercana donde tenían máquinas de corte industriales para forzar el acero. Pero los taladros, a máxima potencia, no lograron abrir la caja. Finalmente la trasladaron a una base militar donde, utilizando poderosos explosivos, la quisieron abrir, pero luego de la detonación la caja seguía intacta.
Por fin la gente se rindió y la caja fue llevada a un museo donde se colocó un cartel que decía: “caja del espacio” y poco a poco fue pasando al olvido.
Esa noche muchos tuvieron el mismo sueño, pero al despertar tenían solo un recuerdo era un mensaje que decía algo como: “hay respuestas que podemos saber que existen, pero no conocerlas”.

FIESTA DE LOS SANTOS

Tratábamos de acomodar cada nuevo aporte para que, la primera escena de la segunda versión del incendio de Roma, no se volviera una pila de fuego desparramado. Cajas, trapos, ya eran actores de nuestra historia.
Finalmente terminamos la estructura casera diseñada por los mas antiguos protagonistas. Era enorme y se podía decir que nos conmovía aún antes de verla arder. Es que no solo se trataba de un fuego, era un símbolo de esperanza, una fiesta en memoria de los Santos. Cada uno de nosotros, en el fondo de nuestras almas, guardábamos un deseo. Yo, hace dos años que, siempre agradeciendo primero todo lo que poseía, pedía lo mismo. Era un secreto que solo compartía con ellos.
Otros, solo lo vivían como un bonito espectáculo. Por alguna razón el fuego siempre es un bonito espectáculo. Tal vez por aquel extraño poder que inspira. Se lo desea y se lo odia. Se le teme pero nos gusta verlo crecer, desprender su furia, su calor, su energía electrizante, a veces protectora, a veces destructiva. Nos hipnotiza obligando a mirarlo elevarse como un Dios.
A la noche estaba todo listo, pensábamos que sería un acto sin auditorio, sin embargo, todo el barrio estaba allí. El grito de guerra de dejó oír y le arrimamos el fósforo al combustible, no sin antes enviar mentalmente nuestros deseos. Fueron unos segundos de silencio, cada uno dejo flotando sobre el aire un secreto para que los Santos lo recojan y lo hagan realidad.
El rito duró mas de una hora. Claro, es el tiempo que necesitan San Juan, San Pablo y San Pedro para leer todos los pedidos y llevárselos a su jefe para que este vea que se puede hacer.
Poco a poco el fuego consumía todo y se acostaba a dormir. Pero nadie quería imitarlo. Algunas brasas perduraban como si fueran alimentadas por los que las observaban deseando que vivan por siempre. Comenzó entonces el intercambio de anécdotas, chistes y cuentos. Alguien trajo una guitarra y esta completo la velada. A mí las historias me aburrían, por suerte estaba toda mi barra de amigos presente; el gordito Sanchez, juancho, María, Mariana, la de rojo que nunca me acuerdo el nombre, Pedrito, el Peti, y Clarisa, la chica mas linda del mundo. Siempre sola, era un poco tímida, pero tan bonita. Sus ojos negros mostraban toda su dulzura. Miraba el fuego, como si este la hubiese poseído, pero de vez en cuando levantaba la vista hacia mí. Yo rápidamente bajaba la mía hasta la altura de mis zapatos.
Era tarde, mi deseo no se haría realidad. Es que, pobres Santos, tienen tantas cosas que hacer, tantas personas de todo el mundo; pobres que necesitan comida, gente que esta sin trabajo, chicos que desean que sus padres vuelvan a estar juntos, hombres que piden que sus países no se peleen más. Tantos deseos, tantos pedidos, como pueden tener tiempo para uno tan pequeño como el mío.
Sin darme cuenta estaba caminando, solo, alejándome de lo que quedaba de un imperio de fuego, ahora vencido por el frío. Me alejaba, tal vez un poco triste, pero jamás defraudado, porque la esperanza es algo que no se debe perder nunca, porque alguien me lo dijo, una vez, y yo le creo.
Encaré para mi casa, doblé en la esquina. Entonces me detuve. Frente a mí había una sombra. ¡Era ella!. ¡Estaba allí, esperándome!. La mire a los ojos. Sin decir una sola palabra nos acercamos. Nos detuvimos frente a frente un instante y luego, sin saber como ni porque, nuestros labios estaban juntos. Fue el momento mas feliz de mi vida, me sentí como un alpinista que toca la cumbre del Aconcagua. Tenía los ojos cerrados, pero de alguna forma estaban abiertos y mirando al cielo. Allí, dos rostros ancianos me miraban sonriendo. -La fe es el arma más poderosa del hombre- dijo uno. -Y los Santos cumplimos los deseos- concluyó el otro mientras ambos desaparecían.

OPTAR POR ALGO

Miró hacia adentro una vez y luego volvió a ver el paisaje. Debía optar por una acción, como siempre en esta vida, podía quedarse o salir. Su inconsciente, sin que se lo pida, redactó un informe sobre ventajas y desventajas de cada opción, con posibles resultados para ambas, para ello utilizó sus recuerdos, sus sensaciones, su pasado y su esperanza, y los resultados fueron provistos de inmediato, aunque sin una conclusión, sin una recomendación final en la última página, tan solo se enunciaba el panorama. Pensó que no era suficiente, que necesitaba algo más para tomar la decisión, y ya no se trataba de que la misma fuese la correcta sino, simplemente, para tomar la decisión. Entonces se presentó una figura en la puerta y le dijo: - hazlo. No pudo reconocerla pero le dio tranquilidad y apoyo para dar el salto y tomar la decisión tan esperada, pero justo cuando iba a optar otra figura apareció, de aspecto más rústico que la primera, la cuál era robusta y con largos y hermosos cabellos, pero su voz fue aún más firme que la primera figura: - detente. Le gritó. Se detuvo, haciendo caso a la última orden. Luego comenzó una pelea entre las dos figuras, ambas tenían mucho poder y fuerza. El combate se extendió un largo rato, mientras él se preguntaba quiénes podían ser y porque se entrometían en su vida. Entonces logró ver que en sus frentes tenían una palabra tatuada, se acercó, evitando no interferir en la pelea pero lo suficiente como para poder leer lo que decía lo tatuado. Por fin comprendió: la mas bella decía “valentía” y la otra se llamaba “miedo”. Retrocedió y se sentó tranquilo a esperar el resultado de la lucha, entonces podría decidir.

SALTANDO AL OTRO LADO

Era ella, su amor de siempre, por fin lo había descubierto. Pero estaba del otro lado del barranco, a unos cien metros. Desde donde estaba podía ver con claridad sus cabellos hermosos flotar con el viento y su ojos que sabía que lo estaban mirando. El barranco que los separaba era profundo y no había puentes ni nada que lo atravesara. Abajo, en el fondo, había un río cuyo lecho se encontraba lleno de rocas. Miró un rato hacia abajo, pensando en el sufrimiento de caer y golpear contra esas piedras. Luego volvió a mirar a su amor, su cuerpo seguía allí, firme frente a la soledad, y estaba hermosa. Pensó que ella desearía también estar con él, tanto como él con ella. Entonces no pudo resistir, tomo carrera y salto, sabiendo que era imposible alcanzar la otra punta pero prefiriendo morir en el intento. Sin embargo lo logró, llegó al otro extremo, fue un milagro, por fin había atravesado aquel espacio que lo separaba. Solo que, cuando aterrizo, justo en ese instante giro y pudo ver como ella aterrizaba del lado opuesto, y una vez mas estaban separados.

CICLO INFINITO

Entro en la tienda porque lo hizo su amante, era un oscuro laberinto de pasillos con miles de baratijas. Era la hora de la siesta pero en vacaciones no hay siesta y menos el último día. Recordó que bien había pasado la última semana, lejos de la oficina, de su esposa, de todo lo que sufriría a partir del Lunes siguiente. Ella comenzó a buscar entre las viejas alfombras persas una que combine con las cortinas de su comedor, él curioseaba por el fondo. Tan variados objetos de metal lo abrumaban, pero más que ninguno le sorprendió una lámpara, sonrió pensando que podía ser la del genio. Leyó un cartel escrito en pobre inglés que rogaba no tocar, pero no había nadie y él como turista, con su cámara de fotos al cuello y su sombrero delator, no podía dejar pasar la ocasión de intentarlo. Frotó y una humareda cubrió el espacio formando una figura.
Dime tu deseo – le habló la figura de humo con tono endemoniado.
Que buen truco – dijo incrédulo. – Pues quiero volver a empezar esto – decreto sin aclaraciones.
Entro en la tienda porque lo hizo su amante, era un oscuro laberinto de pasillos...