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CUENTO DIA A DIA

MISTERIO COSMICO

Entre las miles de estrellas una vez nació una que no sabía brillar, y no era una súper nova ni un agujero, era una estrella común, de tamaño medio, pero no sabía brillar. Los rayos de luz no le salían, no sabía enviarlos hacia fuera. Lo consultó con las estrellas cercanas pero ninguna supo explicarle como emitir el brillo. Decían que era algo natural, algo que parte desde dentro de ellas, algo innato. Preguntó entonces a las lunas y a los planetas que reflejan luz, pero estos le dijeron que reflejar la luz no es igual a producirla. Su caso se convirtió en un misterio cósmico, algo que nadie en el universo sabía explicar.
Se comunicó entonces con la estrella madre, la que esta justo en el centro del universo, el punto de inicio de todo lo que existe, la estrella más brillante de todas las que existían. – Todo punto de inicio tiene que tener un punto de final, hasta el universo mismo funciona así, por tanto tú eres el punto de final, el lugar donde todo termina.
La estrella se conformó con la explicación, porque no le importaba que parte del universo representaba, lo que le molestaba era no saberlo.

EL ESPEJISMO DE LA MINA

La mina tenia infinitos pasillos que se enlazaban como nudos. Eramos tres: Juan, Manuel y yo, del grupo de control, medíamos el contenido de grisú. El mapa era viejo, los túneles habían cambiado, por eso nos perdimos. Entonces vimos, en un pasillo lateral, un reflejo de blancura que se abría paso como un aliento brumoso.
- ¿Que es eso? – Pregunté asombrado mientras los tres nos acercábamos con cautela. Al llegar a la esquina nos asomamos con temor. Nos encontramos con un pasillo de unos diez metros de profundidad que terminaba en una pared de piedra. Casi en el centro de esta pared, de un pequeño agujero del tamaño de un ojo, surgía la fuente de luz, un brillo cristalino puro de un blanco hermoso e irresistible.
- ¿Qué demonios...? – masculló mi compañero Juan, pero el mayor y jefe de nosotros, Manuel, que ya tenía más de veinte años en la profesión, lo interrumpió con unas palabras que nos dejaron helados: - es un espejismo, el espejismo del minero, he oído hablar de ellos, lo mejor será alejarnos – recomendó.
- ¡Alejarnos!, ni hablar, debemos saber que es eso – se quejó Juan. Yo preferí mantenerme fuera de la discusión. A continuación el más joven se acercó a la fuente de luz e intentó mirar a través de esta. – Hay algo del otro lado – denunció admirado. Luego cavó con sus manos hasta que la pequeña hendija por la que espiaba se convirtió en una suerte de ventana al más allá. Los tres miramos hacia adentro de ese extraño vínculo, el reflejo nos iluminó el rostro. Se veía un hermoso paisaje de campos verdes y floreados, montañas al horizonte, un valle con ríos y cascadas, era un lugar celestial.
- Al igual que los náufragos ven islas, o los beduinos ven oasis, en una mina uno ve este tipo de cosas, ve el deseo del corazón de un minero – dijo Manuel resignado y como si fuese un hecho que debía aceptarse, - pero estos espejismos son malignos, como una sirena, intentan atraer a las almas angustiadas para devorarlos en una dimensión paralela.
- ¡Es mentira! – gritó Juan – dices eso para que no entremos, pero no me vas a detener – y diciendo esto se pasó al otro lado. Lo vimos correr feliz por la hierba, cantando y saltando de alegría, pero entonces el cielo comenzó a agrietarse, los falsos campos se destiñeron, tornándose grises, el espacio comenzó a derretirse y el agujero se derrumbó, atrapando a Juan en sus deseos.

LO QUE ES SEGURO

Había insistido en que era el auto mas seguro. A él no le gustaba, era muy grande, prefería uno de esos pequeños dos puertas, y le contesto que los dos manejaban bien por lo que no necesitaban un auto seguro. Ella dijo que no importaba, que a veces la culpa no es de uno, a veces son circunstancias que se dan. No lo convenció, pero le hizo caso.
Llegaba a su casa y encontró el lugar, midió con la vista y noto que no entraba, dio varias vueltas hasta encontrar donde pudo estacionar, unos cinco minutos, justo lo que pudo aguantar.
“a veces son circunstancias que se dan” había dicho, circunstancias como un caño de gas que por casualidad se rompía, y justo cuando ella se recostaba a dormir la siesta, con las ventanas cerradas porque hacía frío. Cinco minutos antes la hubiese encontrado viva.
“Los autos grandes son siempre los mas seguros”, habían sido sus palabras, pero no siempre.

ANTES DE TIRARSE

El hombre se despertó, y miro debajo de la cama, no había nada, entonces se asomo por la ventana.
Del otro lado de la calle, en una ventana cualquiera, vio a su madre. Oyó que alguien entraba a su casa, giro dándole la espalda a la ventana, y vio que su madre entraba por el pasillo, y se dirigía hacia él, lo saludo como cualquier día, luego, por casualidad se asomo por la ventana y dijo sorprendida:
- ese que esta allá enfrente es tu padre -.
Luego los dos se tiraron por la ventana

REUNION CON LA MUERTE

La llamé tarde, me dijo que me podía ver pasado el mediodía, quedamos en un bar de copas por el centro. Cuando llegué, al principio no supe quién era, siempre va disfrazada, toma diferentes formas, distintos cuerpos, a veces humanos, a veces objetos. Me senté en la terraza, en una mesa a la sombra frente a una maseta, entonces apareció un hombre de unos setenta, enfundado en una gabardina marrón descolorida y con sombrero que le cubría la frente y ocultaba de la claridad de unos ojos negros enmarcados bajo dos espesas cejas afiladas. Apenas escapaba por detrás del contorno de sus orejas un trozo de cabello plateado. Se sentó frente a mí, de espaldas a la calle haciéndome oler su fragancia a farmacia antigua. Me miró antes de pronunciar las primeras palabras, dejando entrever su rostro espectral. Su labio inferior le temblaba apenas y tenía unas ojeras que parecían colgarle como si la última vez que hubiese dormido fuese en la década pasada.
- Esperaba encontrarlo más consumido, veo que su enfermedad le esta tratando con cariño después de todo – suspiró con voz arenosa.
- Guarde esos comentarios, el cáncer hace su trabajo como buen oficinista, todos los días despertándome a las seis y destripándome hasta el mediodía, que creo se detiene a comer – me lamenté acabando por bajar la mirada.
- Pues pensé que trabajaba horario corrido, para eso se le paga – bromeó sin causar la menor gracia.
Le respondí con una mirada impaciente. - Negociemos, que para eso tengo la desgracia de verlo – declaré avocándome a la indigna tarea que me acordonaba.
- Necesito un alma, pero descuide, le resultará un trabajo sencillo, hasta agradable si se siente un justiciero ya que esta alma está tan limpia como un vertedero. Si le contase las cosas que hizo durante estos años ese sujeto comprendería parte de la razón de mi existencia.
- No veo que sea una buena justificación, usted va por la vida arrancando almas vivas, llevándoselas al otro lado sin dar explicaciones a nadie, no necesita dármelas tampoco a mí – critique con algo de cinismo.
- Usted no tienen idea de lo que dice, hay gente que se muere, es parte de la vida, digo más, es el cierre de la vida. Algunos mueren por viejos, otros por enfermedades, otros por accidentes, o lo que sea, pero lo mío no son aquellos, yo me ocupo sólo de casos especiales, de almas que están en el túnel, y que deben salir del mundo por allí. Es otro camino, otra puerta de salida, pero que le vengo a explicar a usted, si no comprendería ni como funciona una puerta al más allá.
- Como sea, dígame el nombre, el lugar y como debe ser el accidente, yo me ocupo.
El señor me pasó todos los datos, detalle a detalle, apunté algunos puntos para recordarlos y luego pasamos al tema de la paga:
- ¿Cuánto va a haber por esto? – le pregunté.
- Año – replicó tajante.
- Dos años como mínimo – subí.
- ¿Dos años?, ¿que se cree, que la vida la regalan? – ironizó.
- A usted sí, o al menos se la dejan barata, si no me da dos años más de vida no lo haré – traté de presionarlo.
El señor reflexionó subiendo la mirada a un punto perdido e invisible, entrecerró los ojos como calculando algo, que no supe si era realmente un cálculo o tan solo lo hacía para demostrar que se esforzaba por complacerme. Terminó por aceptar.
- Esta bien, dos años. Es mucho, pero si hace bien su trabajo se los merecería – acordó por fin. - ¿Es conciente que lo que le doy a usted se lo quito a otro?, piénselo estos años que vendrán – me dijo en contra de mi voluntad.
- Si, aprenderé a vivir con ello, no es necesario que me lo recuerde – le aclaré mientras me ponía de pie, dejaba unas monedas sobre la mesa para pagar el café, y me alejaba sin saludar.

EL VIAJERO DEL CRISTAL

Eran las cinco y algo de la madrugada, el autobús avanzaba entre los fríos puertos de montaña que mantienen ese rincón de soledad artificial entre las ciudades. A mi alrededor todos dormían, o lo intentaban entre movimientos y reacomodamientos que buscaban encontrar una comodidad complicada sino imposible en el asiento. Afuera el cielo sembrado de estrellas se ocultaba detrás de un cristal húmedo. La oscuridad era la dueña de los valles y de las montañas en el exterior, se veía una naturaleza casi pura, no había luces ni otras cicatrices de humanidad. Mi insomnio me entretuvo con la monotonía de un paisaje que se repetía, sin embargo, sin encontrar nada mejor, mi mirada permanecía inmersa en aquella nada. Fue entonces que, merced del reflejo del vidrio, vi como el pasajero sentado a mi lado se despertaba y acompañaba mi mirada hacia la ventana. Entonces, casi por el instinto de quién recuerda algo alarmante giré hacia el interior del autobús para comprobar que el asiento junto a mí estaba vacío. Volví, como quién cree haber visto algo que no era, la mirada hacia el cristal y allí estaba nuevamente, sentado a mi lado. Esta vez no me atreví a volver a mirar el asiento junto a mí, el real, ya que lo que veía proyectado se supone era sólo un reflejo. Era un joven, de unos veinte años, su mirada era triste, otoñal, oculta detrás de un rostro emblanquecido. Me miró a los ojos, como quién busca a alguien para decir algo. Estaba por esbozar las primeras palabras pero no me atreví a oírlas, sin pensarlo corrí deprisa la cortina, ocultando aquel reflejo fantasmal que me observaba desde el exterior del vidrio. Me atreví entonces a mirar a mi lado y no había nadie. No volví a tocar la cortina, esperando llegar pronto a mi destino y olvidar algo inolvidable.

EL PROFUGO

Estaba con mi compañero en la parte más profunda de la mina. Ibamos verificando con el higrómetro la humedad y midiendo el polvo en suspensión y el Grisú cuando notamos un extraño aumento de la temperatura en un punto. Nos detuvimos a analizar, en realidad a ver que problema tenía aquel viejo termómetro, pensando que la causa era el aparato de medición, pero a la temperatura le siguió un fuerte y penetrante olor a azufre. No teníamos como medirlo, en realidad no había cuencas de azufre ni actividad de placas en aquella zona.
- ¿Qué sucede? – preguntó mi compañero.
- No lo sé – confesé confundido. En ese momento vimos asombrados como de un rincón, en la esquina entre el piso y la pared, una piedra se movió, rodando y quedando en el medio del camino, luego otra y otra, como si algo las empújase desde el mismo corazón de la montaña. Temimos un sismo pero nada temblaba, solo se movían esas piedras. Fue formándose un espacio desde dentro, al que con temor y cautela, nos acercamos. Entonces una mano apareció del interior del agujero, nos quedamos helados, conteniendo la respiración, mientras esa mano imposible se habría paso, corriendo las rocas hasta dejar un lugar suficiente para que un cuerpo humano se arrastrase, saliendo a nuestros pies.
Era un hombre, o al menos en el fondo de aquel ser lo habría sido, estaba medio quemado, con un aspecto tétrico y una expresión desecha que se expresaba en los ojos. No lograba incorporarse, entonces se oyó un ruido en el agujero, como si alguien más estuviese por salir.
- ¡No dejen que me atrapen! – suplicó el hombre trastabillando al querer pararse, - ¡por favor, ayúdenme!.
Sin comprender a que se refería ni de donde había salido aquel hombre, lo pusimos de pie entre los dos y lo ayudamos a caminar, apoyándolo en nuestros hombros. Al girar vimos como del agujero surgían dos las cabezas de figuras horribles, compuestas de algo que parecía asfalto grasoso, arrojaban fuego por la boca al respirar. Escapamos de la mina deprisa, temiendo que aquellos monstruos nos persiguiesen, y una vez afuera el hombre, un poco más tranquilo, nos explicó con voz llorosa: - escapé del infierno, ¡estuve allí!,... es horrible,... te torturan,... juro que nunca más en esta vida volveré a hacer algo malo,... seré bueno, lo juro – y, diciendo esto y agradeciendonos una vez más, se alejo.

HEROES

Juan Bautista Baigorria levantó la bandera y atacó. Lo siguió detrás y con algo de cautela su compañero Juan Bautista Cabral.
Se habían conocido seis meses antes, cuando fueron reclutados el mismo día en una taberna de Quilmes, mas o menos por Agosto de 1812. En el adiestramiento se hicieron amigos.
Baigorra fue el que vio al General tirado, con su pierna debajo del caballo, y fue quién dijo que había que ir a rescatarlo. Los realistas se aproximaban, no era la mejor idea, quedarían expuestos. Cabral le dijo que era muy arriesgado, que mejor se mantuvieran en su sitio, pero Baigorra no lo escuchó, corrió hacia el general y se dedicó a sacarlo. Cabral, al ver que quedaba solo en aquel lugar vulnerable, decidió acompañarlo. Entre tanto un grupo de realistas que se dispersaban y buscana puntos de reordenamiento, los atacaron. Baigorra se defendió y Cabral dio unos pasos atrás, pero al ver cerrada la retaguardia volvió a avanzar. Se cubrió tras el caballo tendido del General, que estaba aún tendido con la pierna atrapada.
- Necesito este caballo para escapar – pensó. El animal estaba vivo y en forma, tan solo aturdido por la onda expansiva de un obús, uno de los pocos que llegaron a disparar desde que el ejercito que desembarcaba se encontró sorprendido por un pequeño, aunque disciplinado batallón local, había caído cerca y el caballo, perdiéndo el equilibrio, había caído de costado, tenía algunas esquirlas en el lomo, pero podía andar. Baigorra, al ver lo que pensó que era un acto de valentía para salvar a su General, dejó la lucha contra el enemigo y se sumó al esfuerzo de su compañero, entonces lograron liberar la pierna atrapada del General, este se puso de pie decidido a continuar con el combate. Mientras tanto, el enemigo se aproximó y atacó al grupo. Baigorra y el General lucharon, en cambio Cabral, a sus espaldas trató de huir, pero cuando intentó subir al caballo un sable lo alcanzó por la espalda.
Años más tarde, dos hombres, reunidos en una mesa llena de partituras conversaban:
- Baigorra no entra, debe ser un nombre mas corto – dijo uno de ellos.
- Como viene la frase – le solicitó el otro.
- Baigorra, soldado heroico – cantó en tono grave.
- Es verdad, además no queda bonito – agregó.
Meditaron un instante hasta que al primero se le ocurrió: - ¿Qué tal: Cabral, soldado heroico?
- Si – medito un instante y luego completó: - eso, si suena bien.

MECANICO DE HUMANOS

- No es posible cambiar al mundo – dijo un señor mayor frustrado cuando el niño le preguntó porque existían las guerras. Siempre llega un punto de la vida de cualquier niño que se hace esa pregunta y a continuación la repite, y siempre la respuesta es diferente, pero con el mismo destino.
- Puedes intentar cambiarlo y perder tu ilusión, mentirte diciendo que va a cambiar o no pensar en ello y vivir como uno más de todos los que ves pasar – completó el hombre.
El niño miró a su alrededor: la gente iba y venía por la calle con prisas, cada uno concentrado en sus problemas terrenales, el niño reconoció que era ese el mundo en el que le había tocado vivir y debía aceptarlo: - Me gusta caminar, creo que voy a tomar la tercera opción – respondió.
Pasó un instante de silencio en el que se oía de fondo el murmullo continuo de la ciudad; autos, bocinas, gente...
- Estamos mal hechos, ¿no? – preguntó el niño.
- ¿Cómo? – se sorprendió el hombre entrecerrando las cejas.
- Eso, los humanos estamos mal hechos, ¿no crees?, sino porque no podemos arreglar los problemas.
- Bueno, tal vez... – pensó sin encontrar respuestas hasta que logró completar: - tal vez así es como debe ser.
- Mi tío tiene un taller, él siempre esta arreglando motores y cuando uno no funciona como se debe dice que esta mal hecho, luego le ajusta algunas cosas, a mi me gusta verlo, además me da a tomar jugo de naranja, y por fin vuelve a encenderlo, hace mucho ruido y termina diciendo que ahora funciona.
- Pero no puede hacerse lo mismo con los hombres, somos mas complejos que un motor.
- ¿Pero no hay alguien que pueda hacerlo?.
- ¿Un mecánico de hombres?.
- Si, alguien que ajuste los tornillos que falten y que haga que no vayan todos así caminando por la calle sin preocuparse por las cosas malas, alguien que sepa que hacer y luego de hacerlo decir que funcionan.
- Ojala lo hubiese, pero no, no hay nadie que lo haga, y si lo hay, no lo hace. Aunque debe tener sus razones, ¿no te parece?...
- Eso debe ser, tendrá sus razones - acordaron. - Quizás no le pagan - insistió el niño, - si a mi tío no le pagan no hace nada.
- Puede ser, o quizás cree que podemos repararnos solos, si es así, creo que se equivoca.
- Si usted lo cree...

EN LA FERIA

Todo comenzó en esas ferias de pueblo que aparecen y desaparecen cada verano. Era apenas un niño y fue a comprar un helado cuando pasó frente a la pequeña y misteriosa tienda que se encontraba oculta detrás de una gran estructura metálica por cuyos rieles se movía a toda marcha un carro repleto de gente gritando. Pensó que estaba abandonada, entonces vio lo que le pareció un flash de luz blanca del interior. Podía ser un reflejo de alguno de los otros juegos o alguien que había tomado una fotografía cerca, pero de todas maneras decidió acercarse. Llegó hasta la puerta, que consistía en un arco tapado por una cortina con un corte vertical en el medio, la abrió de par en par, dejando entrar las últimas lágrimas de claridad de una larga tarde de diversión y miró al interior. No había nadie, sin embargo las paredes estaban repletas de amuletos, de objetos de madera que supuso que formarían parte de un decorado de fantasía que imitaba alguna tribu de esas islas del pacífico. Todo esto lo suponía a base de imaginación y recuerdos de cómics, películas y otras fuentes de información que posee un niño de once años. En el centro había una mesa, y sobre ésta una bola de cristal. Volvió a mirar a su alrededor en busca de alguien, luego se aproximó a la mesa y observó de cerca la bola de cristal. Pudo ver su rostro alargado reflejado en la esfera. La curiosidad fue más que sus miedos y se animó a tocarla. Estiró su dedo hasta alcanzar la superficie fría y cristalina, entonces el extraño objeto de pronto se iluminó, con una luz verde pálida. Quitó de inmediato el dedo, pero ya era tarde, la luz verde concentrada en el centro de la bola se expandió en forma de rayos hacia todos los rincones de la carpa. Eran como finas líneas desparejas, del mismo color verde de la luz de la bola. Retrocedió mezclando en su mirada asombro y temor, entonces todas las luces que se expandían por el espacio se concentraron en él. Los rayos entraban por su pecho, a la altura del corazón, y fluían entre sus venas, iluminando su cuerpo desde dentro, dando la sensación de que su piel fuese transparente. Duró unos segundos, luego la luz se desvaneció en la bola. Fue como si se hubiera transportado del objeto esférico al interior de su cuerpo
Salió de la carpa como si nunca hubiera pasado nada, la gente jugaba en los juegos, se oía música de circo, gritos y el murmullo continuo de la muchedumbre. Caminó hasta la callejuela principal, donde las personas iban y venían despreocupadas y sin saber de aquella carpa. Entonces dio una última mirada a sus espaldas, pero la misteriosa carpa ya no estaba.
Pasaron los años y nunca pudo olvidar aquel episodio, quizás porque aquel extraño día fue cuando comenzó a tener esas visiones del más allá.

LEER VS ESCRIBIR

Siempre me preguntaron como siendo escritor leo tan poco.
Uno no puede leer y escribir, al igual que un músico no podría escuchar música mientras compone, es imposible, las notas se confundirían, se mezclarían con lo que uno pretende crear, se preguntaría si la melodías que nacen son propias o son copias ocultas de lo que se esta escuchando.
Cuando me tomo vacaciones de escritura (que sucede raras veces y en general no planificadas) si leo mucho y aprendo y me “empapo” de trucos, consejos y recursos, pero el día a día, en el que escribo y escribo todo lo que puedo o todo lo que mi mente y mi tiempo me permite, no puedo al mismo tiempo seguir un libro ya que este estaría en mi consiente, esperando ser retomado y confundiendo las notas de mi música, es decir las palabras de lo que escribo.
Quizás no sea más que una vaga justificación pero me sirve para no sentir que leo poco, más teniendo el cuenta que el tiempo es un recurso escaso y que, desde que el progreso nos enseño que las prisas es el nuevo método de vida, la lectura se refugia como un soldado que ve su ejercito retroceder.

TODO INVENTADO

El mundo no existe, es toda una invención mía, es decir de mí mismo. Las cosas, las demás personas, los objetos, todo, es un invento mío. Todo lo que me rodea lo voy creando con mi subconsciente a medida que lo voy pensando. Ahora mismo las cosas que suceden más allá de mis sentidos en realidad no suceden, porque no tienen razón de ser. No existe otro espacio más que el que me rodea en este momento, no existen otros países ni otros lugares lejanos. Por ejemplo, cada vez que enciendo la televisión y miro el noticiero las cosas que dicen se van creando en el momento, es cierto que son todas muy parecidas, no suele haber sobresaltos, pero es que no soy muy original.
Claro, cuando descubrí ésto lo primero que se me ocurrió preguntarme es: entonces porque no creo un mundo en el que viva como un rey, feliz, con todo lo que desee, si total el que lo crea al mundo soy yo mismo. Pero luego me dí cuenta que la vida, tal cuál como la vivo es tal cuál como, en el fondo, muy en el fondo, la deseo. Si todo saldría de maravilla ¿qué desafío tendría?, me iría bien en todo y por eso no tendría sentido incluso el día a día. Ahora comprendo porque no siempre va bien, o al menos no siempre esta todo perfecto. Luego me pregunté por la muerte, si yo también creo ese momento, porque no lo puedo evitar, pero claro, en realidad no tiene nada de malo, es una parte que se me ocurrió, como para cerrar algo que algún día tiene que terminar. En fin, ahora que se que todo lo que existe lo he creado yo mismo puedo seguir tranquilo con esta vida.
Por otro lado puede que me equivoque, si el que esta leyendo esto realmente no es parte de mi vida, o bien en realidad él es el que creó el mundo y yo soy parte de su mundo y le estoy enviando este mensaje para que sepa que él es el que lo creo, o bien, como última y remota posibilidad, estoy equivocado y el que lee también existe, y entonces sí existe un mundo que yo no cree, ese que esta ahí afuera y que todos compartimos. Como sea, da igual.

FANTASMAS EN EL TREN

En la parte delantera de un vagón del tren. Tarde. Dos chicos sentados en una fila de asientos de frente hacia la parte trasera del vagón. Uno de ellos levanta la mirada y el otro le pregunta:
- ¿que hay?.
- nada.
- ¿y porque miras?
- me pareció ver algo al fondo
No se veía a nadie.
Al fondo del vagón, en asientos que miraban hacia la parte delantera, una pareja. Él se pone de pie para dejar su bolso en el maletero y antes de sentarse clava su mirada hacia delante.
- ¿que miras?.
- Me pareció ver a alguien en los primeros asientos
- No te preocupes, deben ser esos fantasmas otra vez.
- ¿Fantasmas? - preguntó
- Si, yo viajo todos los días y a estas horas a veces los veo, o creo verlos.
- ...Pero,...¿quiénes son?,....¿de donde salieron?.
- Recuerdas el accidente hace algunos meses, el vagón que descarriló y murieron todos sus ocupantes, son ellos – explicó.
El tren se detuvo, las puertas se abrieron y los dos chicos bajaron, en cambio la pareja continuó allí, viajando para siempre.

VIVIR CERCA DE UNA NUEZ

Los caballos no tienen problemas a la hora de trotar, pero las aves si, en cambio las aves pueden volar, en cambio los caballos no. Todo esto le guió hacia la triste conclusión de que él era muy limitado, que no podía hacer cuanto se le ocurriera, sino que debía cambiar de formas para poder hacer cosas diferentes. Si quería correr debería tomar la forma de un caballo, si quería volar la de un ave, y si quería nadar la de un pez. La naturaleza debió prever esto, quizá fue la razón por la cuál creo tanta variedad de especies, así por más que uno descubriera el secreto de las transformaciones, igual no podría hacerlo todo. El misterio era que si uno llevaba consigo una nuez sí podía, siendo, por ejemplo, una gaviota, correr como el viento, o siendo un pez de río, volar como las águilas.
Por suerte pasarían muchos años hasta que esto fue descubierto y justo en ese entonces llegaba el fin del mundo, por lo que no sirvió de nada. Es que Dios, por lo visto, resultó ser más inteligente que las criaturas que creo.

RECORRIENDO EL CIELO

Una vez los hombres se preguntaron si podían llegar a alcanzar el horizonte. Entonces algunos se decidieron y fueron hacia él, se lanzaron en búsqueda del horizonte, en la dirección del amanecer. Viajaron y viajaron hasta la línea que separa el cielo de la tierra, y les costó y muchos abandonaron en el intento, pero un pequeño grupo, eran apenas doce, lograron alcanzarla. Se pararon entonces en aquella línea: de un lado había tierra, del otro cielo, era como la esquina en una pared. Sintieron que se podían apoyar en el cielo, como quien se apoya sobre una pared, tocarlo, era suave como un colchón de plumas.
De pronto vieron que la pared tomaba más color, entonces salió el sol. Era como una imagen proyectada, como una pintura mágica de color amarillo brillante. Esperaron que se alejara hacia arriba. Luego se recostaron sobre la pared que de nuevo era azulada y entonces notaron que el piso cambiaba, si se apoyaban sobre el cielo éste se convertía en el piso y en cambio el piso, la tierra, pasaba a ser la pared. Ahora estaban de pie sobre el cielo y veían la tierra como una pared interminable que subía hacia arriba. Caminaron por el cielo como si fuese un campo celeste. Corrieron, saltaron, jugaron con el piso tan extraño que nunca antes habían imaginado sentir en sus pies.
De a poco el cielo fue oscureciendo hasta hacerse la noche, entonces estaban de pie sobre una capa oscura que parecía tener profundidad pero que era tan solo una plataforma. Las estrellas eran puntos blancos que brillaban bajo sus pies.
Volvió el día y el color celeste al suelo que pisaban. Decidieron entonces alejarse cielo adentro, es decir alejarse de la pared, que era la tierra. El recorrido bajaba levemente, como hacia el centro de una especie de cono. Caminaron mucho hasta que estaban en un punto en el que miraban hacia arriba y veían la tierra sobre sus cabezas como si fuese el cielo.
Por fin llegaron el centro del cielo, era una especie de valle celeste, allí encontraron una gran ciudad, las casas estaban hechas con parte del mismo cielo. La observaron con admiración, pero el grupo, por miedo a lo que se podían encontrar en ella prefirió rodearla y continuar hasta llegar, mucho más adelante a la pared de tierra por el lado opuesto. Una vez que volvieron a tener frente a ellos la pared de tierra, entonces volvieron a pasar a esta como piso y a ver el cielo como pared, por último se alejaron hasta que la línea del horizonte quedo a sus espaldas. Habían sido los primeros en dar la vuelta al cielo. Pero del grupo sólo llegaron once, hubo uno que cuando bordeaban esa misteriosa ciudad celestial se animó a bajar y explorarla. Lo esperaron unas horas pero no regresó. Nunca más se supo de él.

EL DIRECTOR

Ser el director lo obligaba a estar compenetrado las veinticuatro horas en el guión, debía colocarse en el lugar de los actores, formar parte de la historia, observarla con los ojos críticos del supuesto espectador. Cada acto debía mirarse desde distintos ojos, desde el actor protagonista, desde los secundarios, desde el ojo de la cámara y desde la silla que llevaba su nombre bordado en el respaldo. Todo formaba parte de lo mismo, la cinta que se rodaba, eso que quedaba como pequeñas fotos tomadas una tras otra, imitando una secuencia de vida, eso era lo que importaba.
Esa mañana se despertó y no supo si el que se despertaba era él o el personaje que debía despertarse, miró a su alrededor en busca de cámaras, no había ni una lente, no había rastros de que su cama fuera parte de un escenario, entonces se sintió tranquilo, se puso una bata y fue a la cocina a preparar el desayuno. Pero cuando abrió la heladera descubrió que detrás de él tenía tres cámaras que filmaban lo que hacía. Si, era la toma veintidós, entonces sonó el teléfono y el actor supo que debía decir. La escena salió bien por lo que le dio el visto bueno y de inmediato recordó que seguía en su hogar. Terminó el desayuno y salió a la calle. En la parada del autobús volvió a sentir la presencia de las cámaras, entonces apareció la mujer con la que tenía que discutir y lo hizo al pie del guión. La actriz salió de escena llorando y los dos extras que estaban con él en la parada, esperando el autobús también habían hecho muy bien su trabajo, con esas miradas que le encanta disparar a la gente común frente a la emisión de un escándalo ajeno en público. El drama seguía su curso y aprobó la escena. En el autobús no había nadie, era el que tomaba para ir al estudio, era un transporte público real y, por más que lo intentó, no logró encontrar rastros de otra cosa. Se bajó en su parada.
Entró al estudio y notó con sorpresa que no había nada ni nadie, era un gran salón de paredes negras sin siquiera un foco, nada. - ¿Dónde están todos? –preguntó al vacío, entonces giró y vio en la calle a todos, a los actores secundarios que caminaban por la vereda como perfectos peatones, a los vehículos que circulaban como si fuesen reales, al decorado compuesto por falsas fachadas de edificios. Todo estaba allí, en la misma vida que creía que era la suya, entonces salió y continuó el rodaje de su película.

EL QUE FUE ANGEL

No recuerdo cuando dejé de ser ángel, creo que luego de la batalla de Poitiers. Sí, más o menos por aquellos días perdí las alas y quedé tan parecido a un hombre que éstos me confundían. Nunca comprendí que sucedió pero tampoco me lo pregunté demasiado, se supone que debo cumplir una misión o algo así, pero no se bien de que se trata. Por lo pronto soy inmortal y no necesito alimentarme, creo que me quedaré así otros quinientos años y después veré que hacer.

REINADO MINERAL

Una piedra de asfalto, a un lado de la ruta, le hablaba a un charco de agua de lluvia. Discutían sobre los humanos, esos seres inertes que están junto a todo pero no hacen nada. – ¿Que utilidad tendrán? – se preguntaba la piedra.
- Nosotros, el agua, los utilizamos para cambiar nuestro mundo.
- Si, nosotros las piedras también, cuando queremos movernos, formar otras cosas los utilizamos, los hacemos construir, armar y desarmar lo que nos interesa, pero además de este uso no hay nada para lo que nos sirvan.
- Al menos los vegetales tienen un poco más de vida, pero los humanos son inertes.
- Los metales los utilizan mucho, los usan para moverse, para cambiar.
- Si, ellos les han encontrado mas usos, deberíamos aprender.
La tarde transcurrió y por la ruta no pasaba ni un auto.

EL ESPEJO

¿Y crees tu que vas a poder hacer algo al respecto?, si, eso, algo, ¡algo al respecto!. ¿Qué te piensas, que la vida la regalan en los bazares chinos?. No es suficiente, no debes dejar que ellos te pasen por encima, no puedan respirar sin enterarse que tu existes y que estarás allí presente, con tu camisa nueva, para enfrentarlos. No es broma, no es casualidad que todos los días asome el sol por el horizonte para iluminarte. Y no se te ocurra pensar que no tiene nada que ver lo que te digo con esta camisa, ¿acaso piensas que las cosas no cambian con la imagen?, si lo crees eres un ingenuo, vives en la era de la imagen, por eso estas en esta tienda, para formar parte, para no quedarte atrás, por eso mañana recordarás mis palabras, comprenderás lo que te digo y pensaras en este espejo que te habló, que te permitió ver la imagen clara de ti mismo.
El hombre salió del cambiador convencido, y se dirigió derecho a la caja a pagar. Mientras tanto una mujer entró con un pantalón negro, cerró la cortina y se lo puso, entonces el espejo comenzó:
¿De verdad piensas que con esto lo podrás convencer, crees que por más ajustado que te quede, por más bonita que te sientas harás que deje a la mujer que ama por verte así?..., pues sí, sabes que puedes lograrlo, sabes que ahora eres otra...

EL TRES DE ESPADAS

Salió la carta que nadie quería, era el tres de espadas, esa destinada a quién debía luchar por todos los demás. Luego el resto de las cartas volaron por la ventana para terminar en el mar. Quedó solo de pie, dando la espalda al fuego de la chimenea y mirando la noche por la ventana. El mar estaba desierto, como siempre. La luna desparramaba su tierna blancura por la superficie irregular. No podía dejar de pensar en su destino, en lo escrito, en el temor de enfrentarse a su carta. Eran tres espadas cruzadas, tres símbolos de lo que nadie puede imaginar. Fue demasiado, prefirió saltar al vacío y destruir su cuerpo mortal en los acantilados. Era un final cobarde pero sensato, suave y simple, sin demasiado dolor, al menos no más que el necesario. Su caída no hizo más ruido que el de las mismas olas al romperse entre las piedras. El castillo se veía igual que antes, pero esta vez sin aquel que debía enfrentar al tres de espadas.