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CUENTO DIA A DIA

EL SUEÑO DEL ESPIRITU (III PARTE)

- Y este es el coliseo, ¿lo recuerdas?.
- Es increíble, pensar que cuando vivía solo habían construido las primeras arcadas - dijo el espíritu sin darse cuenta que su pensamiento se convertía en palabras que la mujer pudo oír.
En ese momento un aluvión de incógnitas rodearon la mente de la mujer, pero la principal era: ¿como podía ser que haya visto cuando el coliseo se estaba construyendo?, de pronto se dio cuenta que aquel espíritu que tanto quería viajar a Roma no era en realidad su difunto esposo, sino otra alma, la de un hombre que había vivido en la época de esplendor del imperio romano.
De inmediato se planteó que hacer, pensó en lo extraño que resultaba, pero también en lo bien que la había pasado los últimos días de la mano de aquel desconocido. Ella siempre había sido completamente fiel a su marido, era un principio moral que jamás siquiera se había planteado quebrantar, pero ¿era infidelidad, una vez muerto, compartir la vida con otro hombre?, y más aún, ¿era infidelidad si en realidad no es un hombre sino un espíritu?.
- Si, se ve muy cambiado con las últimas reformas - decoró el error de su compañero, haciéndose la desentendida y simulando no haberse percatado del detalle que lo delató. - ¿Vamos ahora hacia el foro? - completo la mujer zanjando el tema.

EL SUEÑO DEL ESPIRITU (II PARTE)

- ¿Eres tú? - dijo mirando el vacío del techo y las paredes.
El tiempo pasó y un silencio de tumba era la única respuesta a su desconsolada pregunta.
Por fin volvió a repetir: - ¿eres tu?.
No pasó demasiado esta vez, cuando una voz que se engendró de los rincones oscuros respondió: - quién hubiese pensado, pues tenías razón con esto del espiritismo...
Entonces la mujer no pudo evitar emitir un suspiro, que transitó veloz el sendero de la sorpresa a la felicidad: - ¡eres tu! - gritó feliz.
No hubo respuestas, pero ella ya no las necesitaba y continuó sin esperar: - tengo planeado que vayamos a los lugares que nos quedaron pendientes, viajaremos juntos a donde quieras...
- Quisiera volver a Roma, a ver las ruinas que más me sorprendieron.
La semana siguiente la mujer se encontraba en la habitación de un hotel en la capital de Italia, gestando nuevamente el ritual de invocación de espíritus.
- Ya estamos juntos otra vez - dijo al notar la presencia de un ser incorpóreo pero real.
Recorrieron juntos la ciudad, divirtiéndose y riendo. Ella comenzó a sentirse mucho más cercano a su marido, como nunca antes lo había hecho, compartieron largas y amenas conversaciones que en vida no solían tener, se sintió feliz como pocas veces en muchos años, al menos desde que la relación se había enfriado producto de la rutina y la vejez.

EL SUEÑO DEL ESPIRITU (I PARTE)

Esperaba, luego de media vida dedicada al espiritismo y ahora que se había muerto su esposo, poder contactarse con su espíritu.
Su difunto marido había muerto a los ochenta y cinco años, víctima de un cáncer que le quitó en tres años y medio la vida. En vida había sido un abogado, algo aburrido y con poco interés por el extravagante hobby de su esposa. Era una buena persona que había pasado por este mundo sin dejar grandes huellas, más bien pasando desapercibido como uno más de la gran masa que forma la sociedad. Entre sus pocas aficiones sobresalía el turismo, cada verano, casi sin excepción, hacían un viaje a algún lugar, preferiblemente histórico. Preferían visitar ruinas y otros monumentos de antiguas civilizaciones antes que playas y sitios de descanso.
Colocó la esfera de cristal en el centro de la mesa y comenzó el meticuloso ritual para invocar a las almas que se encontrasen cerca. Ella sabía que los espíritus solían frecuentar los lugares en los que más tiempo habían estado en vida, y aquella biblioteca era el lugar de trabajo en el que su marido pasaba casi ocho horas al día, por tanto si había algún alma vagando por aquellas paredes, sería la suya.
La bola comenzó lentamente a tornarse en colores brillantes, como si una energía vacilante emitiera luz desde sus entrañas, proyectando reflejos fantasmagóricos sobre las paredes repletas de viejos ejemplares de derecho. Las velas se apagaron por una fría ráfaga de viento que se hizo de la nada, y entonces ella supo que no estaba sola, que algo más flotaba en el ambiente, rodeándola con un aliento frío y seco.

LA VIDA Y LA ESPERA

Y cerramos los ojos, para enfrentarnos a lo que vendrá. Esperando ver el mañana sin saber que encontraremos. Y cuando el camino se acabe estar de pie en un sitio alto, para esperar lo siguiente, porque siempre habrá algo más. Lo que aún no podemos conocer lo soñamos, y nos ayuda a pasar el tiempo y así no sufrir la angustia.
Porque la vida es una sala de espera y lo que hacemos todos los días es un pasatiempo para no aburrirnos mientras aguardamos nuestro turno, nuestro momento para pasar a aquel lugar que ignoramos como será. Sin embargo sabemos que nos vigilan, mientras estamos aquí, en la sala de espera, hay ojos ocultos que nos analizan, nos evalúan, se fijan en que hacemos, en como aprovechamos este tiempo sin razón más que la espera, y lo que esos ojos vean será lo que habrá del lado opuesto.

CONTAR UNA HISTORIA

El padre se aproximó al escritorio donde, sentado de espaldas a su presencia y de frente a una ventana por la que observaba un espléndido atardecer entre las torres de la mezquita, su hijo se perdía en pensamientos.

- No logro concentrarme – le dijo el niño mientras dejaba descansar sus codos sobre el libro de historia para apoyar luego el mentón entre sus manos.

El padre apoyó la mano sobre su hombro con suavidad mientras, por un momento, su mirada también se perdía al otro lado de la ventana, en la puesta del sol entre las montañas, sobre un cielo de pinceladas rosas y nubes sueltas.

- Necesitas ayuda – preguntó, - recuerda que Alá el grande está contigo.

- ¿Quizás? – replicó tímidamente su hijo, - pero necesito ayuda humana.

- Veamos, ¿cuál es el problema? – se interesó en tono didáctico.

- No puedo con esta historia, es muy complicada y no entiendo.

El padre levantó el libro y lo observó de reojo mientras preparaba una respuesta, - no es difícil, pero para comprenderlo debes tener en cuenta que la historia es una secuencia de hechos a través del tiempo, y que están estrechamente ligados uno a otro, es más, son un solo hecho que el mismo hombre subdivide. Todo tiene su razón, su causa, su porque y todo tiene su cauce. Y la única desembocadura es el tiempo de hoy, que lo vivimos de acuerdo a los hechos del ayer.

- Así suena sencillo, pero otra cosa es estudiarlo y comprender cada suceso.

- Dicen que la historia se entiende mejor si la cuentan, por tanto si lo prefieres...

- Si, por favor – se apresuró a aceptar el chico.

Y el padre comenzó a contarle la historia...

LOS 15 SEGUNDOS

Miró a la izquierda, no creyó ver a nadie, luego miró a la derecha, había una sombra que pareció moverse pero luego descubrió que eran las ramas de un cedro que se mecía con el viento. No había tiempo que perder por lo que hecho a correr hasta el otro lado de la calle. Entonces comenzó a oír las detonaciones. Venían de las ventanas de los edificios de los dos lados, estaba en medio de un fuego cruzado.

Fueron sus quince segundos de fama, y aún los recuerda cada vez que mira la película ya que nunca más volvió a obtener un papel como aquel en su vida.

EL PERSEGUIDO (II PARTE)

No tardó en volver a su piso de reciente alquiler, el reloj marcaba las dos treinta cuando terminó un yogurt natural y se fue a la cama. No había pasado una hora cuando sintió que alguien golpeaba la puerta. Ángel se vio envuelto en una nube de realidad y sueños que generaban confusión, pero una parte de sí le aseguraba que los golpes habían sido reales, y no parte del sueño en curso, a pesar de que estos se habían adaptado de inmediato al guión.
Se levanto con la sensación de ser diez años más viejo, rebotando contra los marcos y encontrando en el espejo del pasillo a un extraño con aire familiar, con los pelos desarreglados al estilo Robert Smith - si te duchas antes de acostarte el pelo te queda así - le decía su madre de pequeño, y la barba de dos días oscureciendo la mitad inferior de su demacrado rostro.
Llegó a la puerta algo más despierto pero aún en el lento proceso, se frotó la cara y los ojos, que con dificultad debía mantener abiertos, y observó por la mirilla. El pasillo, iluminado por un tubo de neón blanco luna estaba desierto. Las escaleras al fondo parecían, ampliadas por la mirilla, el túnel de una mina, pero no había nadie, no había nada. Retrocedió maldiciendo su equivocación y pensando en volver a la cama cuando pisó algo. Encendió la luz, que en un principio cegó sus ojos, y encontró un sobre blanco mediano. - Alguien lo había pasado por debajo de la puerta - fue su certero pensamiento. Se agachó intrigado y con esfuerzo para recogerlo, lo llevó hasta la mesa del comedor, donde lo abrió rompiendo el sobre. En su interior solo un papel del mismo tamaño que el sobre y un único mensaje escrito en mayúscula con tinta negra: "pagarás lo que has hecho", decía.
Esa noche, en la oscuridad de un cielo gris, salió por la puerta trasera, subiendo al tejado del edificio de al lado y bajando por la escalera de emergencias. Cuando estuvo en la calle seguro de que no había sido descubierto, se dirigió a la Terminal y dejó la ciudad. Una vez más lo habían encontrado, una vez más sería perseguido por algo que nunca había hecho, pero que no podía probar.

EL PERSEGUIDO (I PARTE)

Estaba en plena feria, los fuegos artificiales y el esplendor de las bengalas inundaban el ambiente de insoportables ruidos de explosiones, olor a pólvora quemada, colores brillantes de bengalas, luces y humo en el aire. Ángel Arregui se pedía una cerveza en un puesto callejero improvisado, impregnado de olor a hamburguesas aceitosas mientras miraba el espectáculo a su alrededor. Había llegado a la ciudad apenas dos días antes, y era la primera vez que, llamado más por el ruido que por la intención, salía por la noche. Su mirada rozó la multitud sin dirección y con paneos desenfocados, pero entonces, en uno de aquellas recorridas se le atravesaron dos ojos que se perpetraban en su figura con una extraña mirada contemplativa. Retorno hacia el lugar donde se había topado con aquellos ojos pero ya no estaban. Bebió despreocupado la cerveza y caminó un poco entre el gentío. En un punto indeterminado, por aquellas sensaciones que invaden a veces la mente, se giró bruscamente, para volver a encontrar, esta vez a otro par de ojos, que le seguían y que también, de inmediato y al verse al descubierto, desaparecieron entre los cuerpos que atravesaban el espacio que los separaba. Ángel llegó a una esquina donde la música de una banda, compuesta por vientos y tambores, derrotaba a las detonaciones y al murmullo de la multitud, allí volvió a incurrir entre los rostros, para divisar por tercera vez, un sigiloso vigía que lo tenía a él por objetivo. - Me observan - fue la conclusión a la que llegó. Ángel había sido, en su país de origen, policía, y sabía muy bien reconocer las intenciones de los ojos que apuntan a una dirección fija. El también había seguido a mucha gente y sabía que no es igual la mirada de curiosidad que la que esconde una segunda y más profunda intención, tal vez sean las pupilas, o el entornado de las cejas, pero él sabía diferenciarlas. Decidió continuar sin prestar demasiada atención a sus misteriosos seguidores, tal vez se trataría de una mala sensación, solo eso.

EN BUSCA DE LA PASION

La madre naturaleza creo el amor de los hombres pero ella no tiene el control. Ahora hay agua que corre debajo de la luna, pálida para la mirada, resurgiendo entre las sombras frías, que atraviesan como flechas el cielo y miran como la pasión se ahoga y la rutina flota, quizás las aletas del amor pierden fuerza. Por eso quiere un último beso, antes de saltar al río, y hundirse para salvarla y luego navegar hasta la orilla sin perderse entre las sombras.
Lo hace, nada hacia abajo, por las profundidades, hasta que encuentra la pasión que buscaba y trata de llevarla a la superficie. Mientras sube Neptuno se le atraviesa y se la trata de arrebatar, pero patina con sus lágrimas y le permite escapar. En la superficie lo espera la tormenta, que agita el río con olas de mar, arrebatando sus fuerzas y dejándolo a merced de la corriente, pero la corriente es misericordiosa y lo deja en un remanso. Y por fin se encuentra en tierra firme y cumplió su objetivo, pero ¿quien sabe?, nunca se sabe, tal vez estaba mejor en el fondo del río...

LA VIEJA DE LA ESCALERA (IV PARTE)

Durante dos días no me atreví a volver a bajar por la escalera pero al tercer día volví a intentarlo, y otra vez por la noche, pero esta vez no paso nada. Al día siguiente volví esperando ver a la anciana pero no la encontré, había dejado, por alguna razón, de frecuentar la escalera. Pasó un mes, mas o menos sin que tuviese noticias de la vieja. En la ventana de su piso un día apareció un cartel de una inmobiliaria que lo ponía en venta. Se me ocurrió, con la excusa de ver la vivienda, preguntar por la anterior propietaria.
- Era una anciana, tendría como ochenta años, y de pronto, quien sabe de donde, consiguió una fortuna y se fue, dicen que a Miami aunque nadie lo sabe con certeza...
Volví de inmediato a buscar información del robo donde murió su hijo. Las noticias decían que el dinero nunca se había encontrado, que creían que lo había ocultado en una caja de seguridad o algún casillero, pero nunca encontraron el lugar donde había ocultado la llave...
De pronto todas las ilusiones de espíritus y almas errantes se derrumbaron para ver la realidad, y la lección que pude rescatar es que al final la vida es como en Scooby Doo, todo misterio termina por ser alguien que lo inventa para tapar otro objetivo.

LA VIEJA DE LA ESCALERA (III PARTE)

Sin embargo no dejaba de asombrarme que ambas ancianas, en distintos tiempos y lugares, actuaran de la misma forma. ¿Y si realmente pudieran ver al espíritu que buscaban?... Volví al “Google” y comencé de a poco a meterme en el mundo del espiritualismo, estudiando los casos de almas errantes que quedan atrapadas en el limbo que divide la vida y la muerte y, una vez más para mi sorpresa, encontré otros casos de espíritus vagando por escaleras y ancianas recamando volver a tener contacto con éstos...
Parecía un misterio que se repetía... ¿y si fuese real?... tal vez simplemente nadie se percató del hecho hasta ahora...
No se como fue exactamente, pero con el pasar del tiempo comencé a meterme más y más en el tema, hasta terminar por creer en los espíritus de las escaleras. Se me ocurrió entonces, un buen día, ir a la escalera donde se vagaba la anciana, en busca de "algo". Creí que lo mejor era ir por la noche, donde el espíritu se animaría a dejarse ver. La escalera subía tenebrosa entre arbustos y recodos ensombrecidos por el lejano reflejo de una farola de la calle. Me detuve a medio camino, creyendo oír algo, y me senté en un escalón a observar. Note que la escalera tenía miles y miles de pequeñas fisuras producto de un mal endurecimiento del hormigón. Eran como cavidades del tamaño de una uña que dibujaban líneas perpendiculares a los escalones. Todo estaba en absoluta calma cuando sentí la presencia de alguien a mis espaldas, una especie de sombra sin cuerpo pasó a mi lado apenas desviando el aire y pretendió quizás rodearme, no le di tiempo, corrí hacia abajo tan deprisa que a punto estuve de caerme.

LA VIEJA DE LA ESCALERA (II PARTE)

Pero ésta vieja en cambio parecía más misteriosa que el recuerdo de la otra, también teniendo en cuenta que cuando uno es pequeño ve las cosas diferentes, más normales.
Esta vieja también era muy extraña, parecía buscar algo o a alguien... Se movía como esperando que nadie la estuviese vigilando para hacer algo que nunca pude ver ya que ella siempre terminaba por detectarme antes. Solo una vez pude verla, se agacho en busca de algo, pero no llegó a hacerlo, antes logró saber que la estaba mirando.
Pude saber que vivía en un ático del barrio, y hurgando entre la colmena de casillas de correo pude saber su nombre, escrito en un viejo y desmembrado cartel. Un día que estaba aburrido en la oficina se me ocurrió colocar el nombre en el “Google” para ver resultados sin esperar nada y en cambio obtuve algo sorprendente, su nombre aparecía en las noticias de varios diarios de unos meses atrás, por ser la madre de un delincuente. La noticia decía que su hijo había muerto en un tiroteo. Por lo visto habían robado un camión de caudales y él era el único sospechoso. Cuando la policía lo encontró intentó huir, y la persecución terminó en una escalera... donde se refugió por varias horas cubierto en un rincón desde donde disparaba a todo el que se le acercase. Finalmente desde un tejado le dieron y murió en el acto. - La vieja hace lo mismo que la otra, también ésta loca - deduje de inmediato.

LA VIEJA DE LA ESCALERA (I PARTE)

En la esquina de mi casa, donde vivía antes, había una escalera que subía desde la calle a la montaña. No era demasiado frecuente que suba por ella, sin embargo a veces lo hacía y cuando subía al parque. Comencé a notar entonces a la vieja que siempre vagaba por allí. - Algunos jubilados cuando llegan a la vejez a veces no tienen nada que hacer y gastan el resto de sus vidas en cosas raras y sin sentido - pensé a la pasada la primera vez que noté el hecho.
Cada vez que pasaba la veía subir y bajar una y otra vez, tratando de ocultarse de las miradas, creía que estaba loca, pero entonces recordé que cuando era niño había conocido una anciana que hacía lo mismo, le decíamos "la vieja de la escalera". Éramos niños y, aburridos desde el banco de plaza, hacíamos increíbles hipótesis para explicar el extraño comportamiento de aquella otra vieja. "Dice el de la frutería que repite lo mismo desde que su marido murió al caer de aquella escalera", - debe estar buscando a su espíritu - era nuestra más razonable e inocente concusión.

EL RELATO INTERMINABLE DEL HOMBRE POSEIDO

Había que quitar el demonio que había poseído a aquel pobre hombre cuando miraba el partido de Valencia - Deportivo Español y Tamudo erró un gol prácticamente hecho. Cuando lo visité estaba en la cama, atado, tratando de liberarse de un espíritu diabólico que se supone lo poseía y lo obligaba a hablar con voces graves y profundas mientras se retorcía como una serpiente. Llegó por fin el sacerdote especial enviado por el vaticano, tenía mucha experiencia en ese tipo de hechos, había incluso estado presente en el exorcismo que el papa Juan Pablo II había realizado, cuando diciendo «Mañana diré la misa por ti» logró hacer huir al demonio que poseía a Francesca F, una mujer que el obispo de Spoleto había llevado a su presencia sin otra mejor idea. Y éste sin embargo fue el más sobrio de los tres exorcismos en los que Juan Pablo II participó. Dicen que hubo un cuarto que nunca se dio a saber, de un hombre poseído por un espíritu que no comprendían su origen, ya que no era demoníaco. Algunos decían que venía de un mundo imaginario paralelo y que era bueno. Su nombre era Ned Flanders, y de pronto, cuando dijeron el nombre, me vino a la mente una serie americana famosa representada por dibujos animados amarillos, claro que podía perfectamente existir una persona que se llamase igual que aquel personaje de fantasía, acaso Ned es un nombre común y los apellidos, en un mundo tan poblado, suelen repetirse. Parece ser que aquel Ned Flanders, de niño jugaba al tenis, por lo que su brazo izquierdo era más ancho que el derecho, pero sin embargo - y esto es lo que más llamaba la atención - el hombre jugaba con la diestra. ¿Como entonces podía ser más ancho el otro brazo?, la explicación que me dieron era que como tenía un revés muy particular a dos manos, el brazo que hacía fuerza era el otro. Con éste maravilloso golpe es que había ganado casi todos los torneos que jugaba en césped, porque parecía que, por alguna razón misteriosa, solo jugaba bien sobre césped. Y no en cualquier césped incluso, porque cada país, según las condiciones climáticas y otros factores como lluvias y granizos, tenían diferentes tipos de césped, por ejemplo en los países de América del Sur el césped es más resistente y se adhiere mejor en la tierra. Me explicaron entonces que ello condicionaba a las especies. Por ejemplo a los conejos que debían cavar sus madrigueras en los campos o a los roedores, y por ello, por ejemplo, las ratas de algunas zonas tenían dientes más afilados y transmitían extrañas enfermedades, una de ellas se llamaba el síndrome del poseído, porque hacía que la víctima sufriese una especie de posesión diabólica que derivaba en la llamada a un exorcista, y solo los conocedores de la materia sabían diferenciar cuando se trataba de uno de éstos casos, y eso fue lo que me dijo el sacerdote que llegó del Vaticano, por lo cuál nos despreocupamos y pudimos curar al hombre que parecía poseído.

LOS ROSTROS DEL ESTANQUE (II PARTE)

La amenaza no le cambió la opinión, y además le aclaró lo que debía hacer, comprendió las súplicas de sus sueños.
- En el fondo del estanque se ven las verdades, se conocen los secretos.
Volvió a acercarse, y volvió a levantar el agua cristalina con sus manos, pero esta vez la arrojó fuera de la fuente. Las gotas derramadas se expandieron dividiéndose para mojar las piedras. Repitió la acción una y otra vez, y entre tanto, los rostros perdidos en las aguas comenzaron a cobrar vida propia y a volver al mundo, donde quiera que éstos estuviesen viviendo.
Recién cuando ya casi no quedaban espíritus atrapados en la fuente se detuvo, estaba agotado, pero había rescatado a todos los que la fuente había atrapado en sus aguas.
- Has liberado a todos – dijo la voz, - pero no sabes quienes eran esos que dejaste huir.
La luz del sol caía a sus espaldas, su cuerpo, parecía comenzar a intuir su error.
- Los peores asesinos, tiranos y crueles, sin escrúpulos y dispuestos a cualquier cosa, esos son los que la fuente encerraba... y les quitaba el agua corporal de sus vidas, pero ahora, libres, volverán a ser quienes eran, y el mal que hacen volverá a reinar en la tierra.
Oyó como un muerto en vida, sabiendo entonces lo que había hecho.
- La vida es una rueda que gira, y esto debía suceder algún día... ahora volverán los reinos de arena, las épocas de caballeros que combaten por defender el bien, y mueren con honor.
- Yo..., no sabía.
- No es tu culpa, es lo que debe ser.
Se alejó triste, dejando atrás la fuente casi vacía, y esperando que la lluvia volviese a llenarla. Entonces comprendió que aquel espacio con agua tenía un poder más grande que cualquier otro poder, tenía el poder de doblegar al tiempo y terminar la historia.

LOS ROSTROS DEL ESTANQUE (I PARTE)

Se acercó pensando en lavarse el rostro, cansado de sudor de caminante. Había trepado la montaña del monasterio por el sendero de las rocas mágicas, que según la leyenda ocultaba los secretos enterrados por los monjes antes de ser masacrados por las tropas de Napoleón.
- Esas leyendas sirven para decorar la montaña - había replicado cuando oyó el relato.
Pero, cuando acercaba las manos unidas y cerradas para llevar agua a sus labios al mirar dentro de la fuente vio algo más que su propio rostro, no pudo dudar de la realidad de lo que veía, eran rostros sin vida, de aspecto lúgubre y oscuro, figuras descoloridas, de ojos saltones y perdidos en la nada. Duró un instante, ya que al tocar el agua y mover la superficie espejada, los espectros desaparecieron.
- Dime que ves en esas cristalinas aguas – dijo una voz apagada a sus espaldas.
- Veo rostros, veo almas atrapadas – respondió.
- ¿Sabes porque están allí? – preguntó la voz incorpórea.
- No, ¿qué pecado han cometido?.
- Han desafiado a la tierra al agua, el fuego y al viento, por reflejar sus rostros en las aguas divinas sin beberlas.
De pronto abrió las manos, dejando caer el líquido. Esas son las pesadillas que había tenido los últimos días, al dormir oía voces de espíritus diciendo su nombre, a los que gritaba que lo dejasen en paz, pero no se iban.
- Me uniré con ellos si bebo – razono. – Es una trampa.
Se alejó hacia atrás, como para meditar. Pero la voz volvió a la carga: - si no bebes la maldición caerá sobre ti.

EL VIENTO PROTECTOR (II PARTE)

- Se quién eres – se anticipó entonces.
- ¿Lo recuerdas?, tienes buena memoria – reconoció admirado.
- Hay cosas que no se olvidan nunca – dijo y se detuvo para buscar su rostro entre las formas de la lluvia.
- No me encontrarás en imágenes, ahora vivo en el viento, me he transformado – explicó.
- ¿Qué haces aquí? – quiso saber.
- De vacaciones, como tu.
- ¿Tienen vacaciones? – preguntó sorprendido.
- Todos merecemos un descanso alguna vez.
- Si, comprendo – reflexionó.
En ese instante una gran ola irrumpió en la costa, rompiendo sobre la arena y arrastrando todo a su paso.
- ¿Qué es eso? – gritó al viento viendo que la masa de agua se abalanzaba sobre él.
- Parece una ola – contempló.
- Ya lo sé, ¡pero viene hacia acá! – gritó desesperado.
- Así parece – dedujo la voz del viento.
- Ayúdame, me va a arrastrar – suplicó.
- Otra vez – gruño.
- Por favor, no te cuesta nada – trató de convencerlo en los pocos segundos que quedaban.
El agua ya se encontraba apenas a unos pasos de él, y no había escapatoria.
- Esta bien – aceptó finalmente la voz.
Una fuerte ráfaga de viento lo elevó por los aires, llevándolo hasta una palmera que resistió el furioso golpe del agua sin derrumbarse. Pasó un rato y la ola se disipó.
- Gracias – dijo el hombre mientras trataba de bajar sin caerse de la palmera.
- No fue nada, pero la próxima vez que me vengas con problemas en mis vacaciones te las vas a tener que arreglar solo – le reprochó.
- De acuerdo -
- Me voy, pero nos volveremos a ver – repitió una vez más la voz que se alejó luego con la siguiente brisa.
- Espera, ¿de que trabajas? – preguntó por último.
La voz aún no se había disuelto del todo cuando respondió: - es un secreto.
- No se lo cuento a nadie – propuso.
- Adivina... – concluyó y dejó de hablar.

EL VIENTO PROTECTOR (I PARTE)

Estaba aburrido como todas las tardes en las que llueve en la costa. La isla era un desierto, las playas naufragaban abandonadas a la deriva de la soledad. Entonces, a diferencia de otras veces que se quedaba leyendo bajo las llamas del candelabro mientras el repiqueteo de las gotas sobre la cabaña lo conducían al sueño, esta vez decidió salir a caminar bajo el agua, soportando la lluvia y el viento.
Soplaba un viento peligroso que movía las palmeras como si éstas fuesen de papel, y la marea estaba alta y las olas daban una paliza a los acantilados.
- Si te caes te ayudaré a levantarte – dijo una voz perdida entre las ráfagas de viento.
- ¿Qué? – preguntó a la nada, como si lo que hubiese oído podría ser cierto.
Pero la nada que le había hablado no volvió a responder.
- Aunque ahora, siendo viento, no se como podría ayudarte – volvió a hablar ya a predecir la voz oculta.
En ese instante recordó que alguna vez volvería a hablar con el espectro que lo había salvado aquella vez. Se lo había prometido.
La historia se remontaba a cuando tenía diez años, y había caído en el antiguo pozo de un aljibe abandonado. Nadie lo encontraría allí por tanto nadie vendría a ayudarlo. Pero entonces apareció un fantasma, al que temió por su aspecto al principio, pero luego éste le propuso ayudarlo y él aceptó. No hizo preguntas, solo se dejó levitar hasta la boca del pozo y, una vez allí, le agradeció. El espectro replicó que no hacía falta agradecer, y que algún día volvería a tener noticias suyas.

EL ESQUELETO AZUL

El profesor Pathent fue el primero que, rascando con algo similar a un cepillo de dientes con infinita paciencia y extremado cuidado, descubrió el esqueleto. Apenas fue un minúsculo trozo de fémur, pero sus buenos conocimientos de del cuerpo humano de inmediato lo alertaron de que había realizado un gran hallazgo. Llamó al resto de los arqueólogos y juntos continuaron durante tres días y tres noches excavando alrededor del esqueleto, hasta liberarlo de sus miles de años de entierro para siempre. Desde el principio el color azulado de los primeros huesos colmó de extrañeza a los científicos, y una vez extraído el cuerpo completo la sorpresa fue mayor ya que era un hecho cierto: ¡el esqueleto era de color azul!. Los primeros estudios revelaron que había sido pintado por completo de ese color, lo que de inmediato desató un debate de deducciones y de estudios sobre aquella perdida civilización de la cuál nada hasta entonces se conocía. Finalmente se interpreto el deliberado color como una parte esencial del ritual funerario, aquellos primitivos, al ver el cielo azul y creer que el cuerpo del muerto tarde o temprano viajará al cielo, lo pintaban del mismo color, para que se sienta parte de éste en su largo y desgastante viaje. Esto a su vez demostraba que aquel pueblo tenía una religión que basaba sus creencias en un destino celestial, similar al de la mayoría de las religiones actuales, también que debían creer en alguna especie de recepción por parte de los que se encontraban en el más allá, ya que para ello se le "vestía" de los colores del cielo. En esos tiempos donde los humanos apenas si recién andaban de pie, aquella cultura debió de ser muy avanzada ya que debían de vivir en una sociedad organizada, pues todo ritual requiere de una sociedad para gestarlo y practicarlo, por tanto, mientras se creía que en aquellos tiempos los humanos aún vivían en cavernas aisladas, aquellos se reunían en comunidades donde convivían y practicaban ritos religiosos. Las conclusiones se extendían por otros aburridos extremos pero eso ya no viene al caso...
- Con estas flores amarillas estas hojas verdes, mezcladas en agua he logrado una pintura muy bonita, creo que podré hacer lindos dibujos en la cueva - pensó el cavernícola mientras preparaba la mezcla en la puerta de su caverna, pero en ese momento una roca se desprendió y media ladera cayó sobre él, enterrándolo dentro de la pintura que acababa de inventar por miles de años.

UN AÑO DE WEBLOG

Avanzaba el día ocho de Julio del año 2004, tan corto como la vida misma, que arrasa como un tren por el desierto, todo lo que encuentra en la vía, entre ellos nuestro futuro rebosante de sueños, proyectos y deseos, y dejando en su camino una masa aplastada que llamamos pasado, expuesta a la descomposición por los gusanos del olvido. Con esta trágica escena arrancaba ese día un humilde WebLog, que hasta hoy en día mantiene al menos esa característica, la humildad.
Pero no voy a hondear demasiado en actos conmemorativos, que no es lo mío, y por tanto incluso lo que pensaba que podría ser un descanso literario para dar paso a un discurso clásico de aniversario, será tan solo una emisión de cifras y un poco de vuelo.
No se cuanta gente entró o leyó, no hay contadores ni máquinas que entorpezcan la simplicidad y develen intrigas, por tanto si hay mucha gente que lee o poca, o ninguna, ¿qué más da?, ¿acaso eso puede cambiar algo de lo escrito?.
Sí puedo saber lo que escribí durante éste año:
293.060 palabras (sin contar estas, por supuesto) y un total de 1.681.482 caracteres.
Y también “La fuente de los deseos” (109.956 palabras en 629.148 caracteres) que la guardo en la manga, sabiendo que no soy bueno para el poker ni para las trampas.
No significa que el escribir cantidad sea escribir calidad, pero como entre mis objetivos no esta ninguno de estos dos adjetivos, me da igual.
Lo único que espero es que, algunas veces al menos, haya entretenido a alguien que no sea yo mismo.
Volviendo a las comparaciones de mi estilo: se cumple hoy un año de aquel día, y el lapso que transcurrió lo defino como una ráfaga de tiempo que arrasó como un suspiro en boca del dueño del tiempo, ser que también parece tener la administración del cambio que su herramienta engendra. Y como soy monoteísta, pienso yo, aquel ser ganó también la concesión del espacio y por tanto, con espacio y tiempo tiene un universo para él. Quién sea, lo felicito, pues su imaginación para gerenciar el mundo supera a cualquier escritor-creador, porque le dio un poco de todo, y para adornarlo que mejor que crear una raza inteligente que se ocupe de la decoración.
¿Y lo que sigue?, no tengo ni idea, tal vez un año más de CUENTO DE CADA DIA o tal vez... lo inesperado.