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Kosh

CUENTO DIA A DIA

EL LEON Y LA JUNGLA

El animal se despertó agitado, es que por un camino que habían hecho los humanos días atrás no paraban de pasar camiones llevando tierra. No tenía ganas de preguntarse que cosa estarían planeando esta vez esos seres tan irracionales de dos patas, mejor prefirió alejarse un poco más de ese lugar, esperando que la jungla fuese aún un lugar suficientemente amplio para convivir, aunque sabía que en el fondo algún día se tendría que rendir.

LA TORRE DE TIEMPO

Dios no podía con todo, cuando había creado el mundo las cosas parecían fáciles, pero con el tiempo, administrar los parámetros fijos y encima ocuparse de los hombres y estar con cada uno en cada momento le parecía un exceso. Entonces decidió encomendarle a dos de sus mejores ángeles las tareas rutinarias, uno se ocuparía del control del espacio y otro del tiempo. El que se ocupaba del espacio hacía bien su trabajo, pero el del tiempo se aburría, lo cuál a veces generaba distracciones peligrosas. Un día, el ángel del tiempo estaba buscando alguna manera de entretenerse, entonces se le ocurrió la estúpida idea de juntar las horas de ese día y jugar con ellas. Armó una pila de diez cubos, cada uno representaba una hora, de las trece a las veintidós. Todo iba bien hasta que, sin querer, movió la base y la pila se derrumbó, cayendo todas juntas y mezclándose. Ese día fue el más extraño que nunca vivió la humanidad, después de las trece se pasó a las veinte, luego a las dieciséis, luego a las catorce y así, al azar, el día fue consumiéndose de forma aleatoria. El ángel fue castigado por su irresponsabilidad, pero por suerte, los humanos, tan avocados a sus problemas, no llegaron a notar la diferencia.

EL CUENTO INCONCLUSO

Cada día sin excepciones, apenas al despertarse e inspirado por sus sueños, escribía un nuevo párrafo. Había comenzado a los diez años, cuando apenas sabía escribir, y ahora ya era un anciano y aún lo hacía. Era una sola historia, un solo libro de cientos y cientos de páginas. Los protagonistas fueron sucediéndose uno a uno en un nudo interminable. Le quedaban ya poco tiempo de vida cuando comenzó a trazar el final de tan extensa novela. Aquel día tan esperado colocó el último párrafo, luego escribió debajo, en letra pequeña, “fin” y murió.

EL ORIGEN DEL ADIVINO

Pasaron muchos años hasta que por esas casualidades de la vida, si es que en la vida existen casualidades, me volvía a encontrarme con aquel adivino. No dude en cruzar la vereda y detenerlo, aún sin saber que diría, pero es que luego de aquella semana tan dura que había tenido que sufrir al ser su reemplazante, al menos merecía un intercambio de palabras.
Luego del saludo, se me ocurrió preguntarle si estaba apurado, conociendo su vida agitada, corriendo de un lado a otro tratando de evitar lo que el destino aún no escrito pretende escribir. Me dijo que hasta las cinco de la tarde no tenía nada que hacer, o al menos nada que él pudiese evitar. Las últimas palabras sonaron tristes, como si ya se hubiese resignado a que ciertas cosas no están a su alcance.
Lo primero que se me ocurrió pensar es el enorme poder de adaptación que tiene el ser humano a las situaciones que les toca vivir. Aquel hombre estaba ya acostumbrado a esa vida, a ir de lado a lado tratando de salvar vidas de forma anónima, como una suerte de héroe invisible.
Sentí pena por él, pero traté de no demostrárselo. Lo invité a tomar un café y aceptó.
- ¿Cómo empezó todo? – se me antojó preguntar.
- ¿A que se refiere? – dijo sin comprender la pregunta.
- Lo de ser adivino, ¿cómo comenzó?, ¿cuándo descubrió que podía hacerlo? – me expliqué.
- Es una larga historia, pasó mucho tiempo atrás – respondió manifestando un intento por esquivar el tema.
- Cuénteme – le insistí de todas maneras.
El hombre suspiró, como quién debe relatar algo que no le agrada, luego levantó la mirada, buscando en su pasado los hechos y en su lengua las palabras para engendrar su propia historia:
- Yo era un sacerdote, de hecho lo soy, aunque debí dejar mi parroquia por culpa de esta misión. Era joven y tenía las energías y el optimismo suficiente como para intentar, día a día, resolver todos los problemas de la gente que acudía a mí, y pasaba todo el tiempo trabajando para ello. Un día acudió a mí una madre desesperada, su hijo había desaparecido. Lo habían buscado por todo el barrio desde hacía tres días, en los lugares donde solía andar, pero el niño, de tan sólo ocho años, no aparecía. Los siguientes dos días me encerré en la capilla y los pasé rezando y rezando sin parar, intentando poder hablar con Dios, intentándolo como nunca antes nadie lo había hecho.
Me miró a los ojos, con una mirada insostenible, para luego preguntarme: - ¿sabes cuanta gente intenta realmente, con todas sus energías, y sin desilusionarse, comunicarse con Dios?.
- La verdad es que nunca lo pensé...
- Nadie. Nadie tiene la fe suficiente para hacerlo. Siempre, en algún punto, la persona, por más creyente que se crea, duda, ¡siempre!. Duda sobre la misma existencia de Dios, duda sobre la posibilidad de que realmente escuche, duda de que pueda responder. El sólo hecho de no conocer a nadie que lo haya logrado es suficiente, pues todo hombre necesita ver para creer. ¿Y si los que lo logran no lo manifiestan?, ¿si se lo guardan en secreto?, pues esas personas serían especiales, sería gente que no necesita compartirlo con nadie más. Tu eres una persona especial, y se que nunca hablarás sobre mí, está en tu sangre, en tus venas...
- Yo... – traté de decir algo sin saber que.
- No importa, déjalo, me he ido del tema, estaba contando mi historia – dijo como tratando de quitarme el peso del compromiso de responder.
- No sabía que hora era, ni siquiera si era de día o de noche ya, pero entonces una voz me habló. Podría haber creído que era mi mente, cansada, que buscaba confortarme tratando de confundirme, auto defendiéndose inventándo ser una voz externa, pero no, yo en cambio no dude que era Dios, y por eso realmente fue él.
En ese momento llegó el café, y el hombre aprovecho para darse un respiro en el relato y beber un poco para luego continuar, - no importa lo que me dijo, pero yo le supliqué que me ayudara a salvar al niño aquel. Entonces hicimos un trato, el me daría el poder para encontrarlo, pero a cambio yo debería mantener el secreto, nadie debería saber que yo sabía las cosas, y si la gente se enteraba todos los hechos se desvanecerían y volverían a estar como antes. Era una tentación, como la manzana del paraíso, pero yo le dije que no la comería.
me dio el poder para ver más allá del lugar donde llegan mis ojos, me dio la posibilidad de ver otros tiempos venideros, otros lugares, otras cosas. Vi entonces al niño que buscaba, había caído en un pozo, y estaba vivo aunque moriría pronto. Corrí al lugar que había visto, era en un bosque, ni siquiera supe como llegué allí, pero lo encontré. Dije que había estado recorriendo lugares durante días hasta, “por suerte”, toparme con el pozo. La madre me agradeció y su felicidad es una de las pocas medicinas que tomo para sobrevivir ahora, aquel recuerdo lo debo rememorar cada vez que siento que mi vida se ha convertido en una pesadilla, en un nunca acabar. Tu has vivido una semana lo que yo vivo hace años. El peso que debo cargar sobre mi espalda me consume día a día. Todo lo que se que sucederá y no puedo evitar, todas las personas que, aunque quisiera, no llego a salvar...¿sabes las veces que pienso en rendirme?.
- ¿Pero entonces como pude entrar en tu vida?, ¿como es posible que yo ahora lo sepa? – quise saber, o en realidad pregunté para cambiar el rumbo de una confesión que se estaba desviando al límite del llanto.
- Luego de volver a suplicar pidiendo un descanso o una ayuda, Dios, que bien sabía lo que estaba soportando, me concedió una semana de vacaciones. Primero le dije que prefería no tomarla pero me dijo que le podía delegar a alguien la responsabilidad durante ese tiempo. ¿Sabes la libertad que sentí al oír la noticia?. Ahora somos dos los que llevamos el secreto y solo de saber que alguien más lo sabe me quita un enorme peso de encima, me hace sentir mejor.

EL VIAJANTE

Hacía tiempo que comenzó su viaje de negocios, recorrió países, conoció ciudades y lugares de todo tipo. Durmió en muchos camas distintas, en distintas habitaciones, de distintos hoteles. Pero un día debía volver a su hogar, entonces descubrió que no sabía donde era. Preguntó a su secretaria pero ésta le confeso que nunca se lo había dicho. Entonces decidió continuar sus viajes hasta recordarlo. Y así fue como siguió viajando por siempre.

MUERTE EN EL ALADERN

JC fue a abrir la puerta del baño, estaba trabada por dentro. Luego de golpear algunas veces se canso de esperar y decidió empujar un poco. La puerta se abrió y encontraron al Argentino, el cuál había bajado al baño luego de su tercer vaso de vino especial, con su propio facon de campo atravesado su pecho y un charco de sangre a su alrededor.
No gritó, solo retrocedió asustado, golpeando la pequeña biblioteca de ocupaba la pared de la escalera en el Aladern. – Chicos - , dijo por fin con una voz que él creyó normal pero que el resto interpretó como algo desvirtuada. El resto eran en ese momento, Gines Estela y Jesús que se cargaba el último trago de su segunda Voll-Damm. Bajaron curiosos sin imaginarse que se encontrarían con aquel horrible espectáculo.
Había una nota que decía: “yo nunca me pierdo”. Antes de llamar a la policía, y ya que el tema que se supone que se trataba aquella tarde (pues el tema nunca llegaba a ser más que un mal pretexto) era sobre los cuentos policiales y, sobre todo, de detectives y casos donde se debía resolver una muerte, que mejor que hacer ellos mismos de protagonistas para dilucidar aquel extraño suceso.
Gines y Estela se dedicaron a evaluar el mensaje mientras JC recorría el baño y el cuerpo en busca de otras pistas, pero no halló ninguna, por ende la nota era la única herramienta para resolver el caso, y aunque no era mucho creyeron que podía ser suficiente. El asesino había aprovechado cuando la víctima salía para sorprenderlo, empujándolo hacia adentro ayudándose con la puerta. En las manos del cadáver se olía el perfume de jabón.
A partir de lo escrito dedujeron que el asesino sería alguien que había sido protagonista en sus cuentos pero al mismo tiempo era una persona real. Aquella era una mala costumbre del difunto, al menos se convirtió en mala desde que le costó la vida.
Encendieron su notebook, la cuál había traído aquel día del trabajo, para encontrar, luego de explorar un largo rato los archivos, en una carpeta escondida, todos sus cuentos. Las siguientes horas se las pasaron leyendo uno a uno y anotando todos los posibles sospechosos. Una vez terminada la lista comenzaron por el único presente: Gines, que estaba como personaje secundario en una obra que, por supuesto, nunca llegaría a publicar el autor, al menos con vida. Por supuesto que nadie creía que haya sido él, pero había que quitar todas las dudas por lo cuál analizaron los sucesos. Gines había estado todo el tiempo en la mesa, por lo cuál se debía excluir.
- Momento – dijo JC señalándolo, - Gines llegó tarde, en más, llegó cuando el muerto estaba en el baño, por ende puede haberlo asesinado en el recorrido desde la puerta hacia aquí – dedujo inteligentemente.
- Es cierto – asintió Estela para luego agregar, - sin embargo yo lo vi entrar, recuerdo que oí sonar las campanillas de la puerta y era Gines que entraba, también recuerdo perderlo de vista, oír el ruido de sus pasos subiendo la escalera y verlo luego aparecer aquí, por lo que es imposible que en ese tiempo haya cometido el crimen – completó.
- Pero, ¿si entró en silencio y fue al baño a asesinarlo y luego salió y volvió a entrar haciendo sonar las campanillas? – argumentó Jesús señalando la acción con sus pulgares.
Meditaron un rato hasta que JC halló la manera de exculparlo. – Gines, intenta pasar por la puerta sin hacer sonar las campanillas.
Fue suficiente, por un lado reconocieron que era imposible que pasara por ahí sin hacer ruido, y por otro que debía bajar de peso.
- ¿Quién es el siguiente en la lista? -
- Son muchos, nos pasaríamos toda la noche, mejor llamar a la policía – propuso Estela mirando la lista.
- Al menos intentemos elegir a uno más – insistió Gines tomando el papel con nombres.
- Hay un sacerdote de Banyoles, un niño, un bibliotecario de Barcelona, la secretaria de una empresa, un taxista, un informático...
- El taxista – gritó JC. – ¿A qué cuento pertenece?.
- Estela tomó la notebook y buscó, a partir del título escrito a un lado del nombre, el cuento del taxista. – en el cuento el protagonista sube a un taxi y se pierden por la ciudad.
- Tiene que ser él – afirmó Jesús.
- Deberíamos dedicarnos a los crímenes – propuso Gines.
- Escribamos un para la próxima uno de este estilo misterio – propuso JC entonces.
Todos asintieron y luego se generó un silencio, todos pensaron en lo mismo: él ya no podría participar: - Bueno, pero al fin y al cabo ya tiene uno del estilo terminado.

LA NOCHE ENCANTADA

Fue una noche especial, el cielo estaba cubierto de esas estrellas que no se ven nunca. Se oía el murmullo de las aguas deslizándose entre las sombras de los helechos por un cauce angosto. Entonces bajó de la copa del árbol. Yo estaba sentado en una piedra, al borde del río arroyo y la vi. Por la oscuridad apenas pude verla, sin embargo supe que era hermosa. Pareció no saber que estaba yo allí, quizás de verdad no lo sabía o sino no le importó mi presencia. En una de sus manos sostenía algo que parecía una esfera de vidrio del tamaño de una manzana. Caminó hacia mí y cuando estuvo cerca ocultó con sus manos la esfera y esta comenzó a brillar, entonces sentí miedo y me alejé. Me escondí detrás de un árbol y allí me quedé, observándola. La luz que salía de entre sus manos era púrpura, estiré la mano, como para atrapar un poco de su resplandor y al tocar el brillo sentí una delicada caricia. Al quitar la mano y observarla noté que era distinta, que era más joven y suave. Sin embargo no me atreví a salir de mi escondite, sentía una especie de temor incomprensible que me congelaba las piernas. Pasaron las horas y poco a poco la luz se fue consumiendo en sus manos. Por fin, luego de mucho tiempo, me atreví a salir y enfrentarla, esperando recibir su milagroso brillo en todo mi cuerpo, pero ya se había apagado.

Me miró a los ojos con una mezcla de incomprensión y tristeza para luego decir: - tuviste la oportunidad, ahora ya es tarde - y luego su cuerpo se fue perdiendo en la penumbra hasta desaparecer.

PASAJE DEL OLVIDO

Era un pasaje angosto, que comenzaba a mitad de la calle y se insertaba entre dos edificios, llegando hasta la calle paralela siguiente. Solo existían dos paredes, no había ni entradas de comercios ni nada en aquel tramo de cemento. Algunos depósitos de residuos y un par de escaleras de emergencia eran el único adorno que rompía la monótona decoración de cemento ennegrecido por el hollín. Su misterio radicaba en que, cada vez que algún peatón decidía atravesarlo, inevitablemente éste olvidaba hacia donde se dirigía. La mayoría debían volver sobre sus pasos, o retirarse a sus hogares, o quizás mirar sus agendas o alguna dirección anotada en algún papel que les daba las pistas para volver a recordar sus destinos. Nadie comprendía el fenómeno pero éste sabía pasar desapercibido y, de esta manera, nadie tampoco se preocupaba en resolverlo.
Se cuenta que una vez un hombre, justo cuando iba a salir por el otro extremo, recordó que había olvidado una carta que debía llevar al correo y volvió sobre sus pasos. Al salir por donde había entrado, de pronto, comenzó a recordar toda su vida, todo su pasado, todo en un mismo instante. Tanta información junta le hizo perder la razón y vagar sin rumbo el resto de sus días.

EN EL BOSQUE

Caminaba por el bosque, el paisaje era hermoso, el césped se mostraba teñido de hojas secas otoñales. El sol se filtraba entre las copas para abrazar algunos espacios de tierra y darles su color y su brillo. Se oía el intermitente y suave canto de los pájaros de la tarde mientras una pequeña brisa apenas lograba un movimiento lento y pausado sobre las ramas más livianas. Encontró el lugar ideal para descansar, debajo del tronco de un antiguo roble. Se sentó apoyando su espalda contra la corteza y permaneció observando los espacios entre los árboles del bosque que se desparramaban hasta donde podía cubrir su visión. Poco a poco, el clima templado y la calma lo fueron adormeciéndolo hasta que por fin cerró los ojos y se durmió.
No supo cuando pasó, pero de pronto un extraño movimiento lo despertó. Miró a su alrededor desconcertado y algo dormido aún, al principio no vio nada, pero segundos más tarde volvió a sentirse el movimiento, seguido de un ruido agudo, como el de una señal. De inmediato el cielo comenzó a cambiar su color, el sol perdió su intensidad y comenzó a apagarse. Los árboles fueron desvaneciéndose junto a la tierra y al cielo. El mundo se estaba consumiendo. Por fin todo se termino de desarmar, quedando sólo una sala blanca. “Su tiempo se ha terminado, para continuar coloque una nueva ficha” dijo una voz femenina. Buscó en sus bolsillos pero no tenía otra, por otra parte miró la hora y ya eran casi las tres, debía volver a la oficina.
Salió de la habitación del falso bosque, la única forma de sentir lo que hasta el siglo veintiuno se podía hacer, pero que luego de la deforestación y la desaparición de todos los bosques del planeta, resultaba ahora imposible. Salió a la calle y entro al edificio donde se encontraban las oficinas de su empresa para seguir trabajando, esperando al día siguiente, para volver a hacer un paseo por el bosque virtual.

NAVIDAD

Hoy es el momento para encontrarse con nuestras vidas, y pasar una noche con nuestras propias almas.
Hoy es el momento para discutier los buenos y malos momentos del año que se va, y planear nuevos objetivos para un futuro que no esta escrito sino que se escribe día a día, en cada momento, como un cuento, uno muy especial.
Hoy es el momento para tratar de descubrir las razónes por las que se debe vivir y soñar.
Hoy es el momento para descubrinedo los motivos por los cuál uno existe.
Hoy es el momento para encontrar ese espacio que el mundo reserva para uno mismo.
Hoy es el momento para mirar el cielo y sonreír, porque por allí estamos, en otro tiempo, mirándonos desde fuera hacia adentro.
Y hoy es el momento para desear Feliz Navidad a todos los seres queridos, pero también a nosotros mismos.

LAGRIMAS DE LLUVIA

El día estaba nublado y él tomaba un café cuando la vio pasar por la acera de enfrente. Ella estaba triste, a punto de largarse a llorar. La siguió con la vista y vio como al caer su primera lágrima del cielo cayó sobre la calle la primera gota, perdiéndose en el asfalto. Y al romper en llanto la mujer, se desencadenó la lluvia. Desde ese día comenzó a seguir a esa mujer, a cualquier parte donde fuese, a escondidas.
Pasaron dos semanas hasta que una tarde volvió a sentirse mal y a llorar. Y desde el cielo, en el mismo momento comenzó a llover. Sorprendido por el descubrimiento comenzó a deducir que debían existir muchas personas como ella, en otras ciudades que decidiesen de acuerdo a sus tristezas, en que momento llovería. Pero en lugar de guardar el secreto, se lo comentó a un amigo esa tarde en el bar, tomando una cerveza. Su amigo lo conocía demasiado y nunca lo había oído mentir, por lo que a pesar del increíble relato, decidió creerle o al menos darle una oportunidad. Así fue como él también comprobó, siguiendo a la mujer, el fenómeno de la lluvia. – ¿te das cuenta?, con ella podríamos definir cuando queremos que llueva y cuando no – le comentó. Pero él le respondió que nunca lo había pensado de esa forma. – Los descubrimientos que el hombre va haciendo en la naturaleza, siempre los utiliza para mejorar su calidad de vida – le recordó. Al día siguiente la mujer desapareció, y pasaron varios días sin que supiera nada de ella. Entretanto los campos que necesitaban lluvia, de pronto la recibieron y las cosechas mejoraron. – La chica ha desaparecido – fue lo primero que le dijo cuando su amigo atendió el teléfono. – La tengo yo – respondió su amigo, - está ayudando al mundo – agrego. - Es cuestión de manejarle sus sentimientos, cuando se necesita lluvia hay que hacerla sentir tristeza y cuando se necesita sequía hay que hacerla sentir alegre – le explicó.
Esa tarde fue a la casa de su amigo. – Déjala en paz – le ordenó, - ella debe manejar sus sentimientos.
La mujer estaba sentada en un rincón, oyendo como se debatían su vida. - ¿Tienes idea de lo que vale esta mujer? – le reprochó su amigo.
- No importa cuanto signifique, tiene derecho a ser libre – se propagó un breve silencio en el ambiente. – De acuerdo, pero no sabes lo que estás haciendo – se resignó su amigo. Luego abrió la puerta y le indicó a la mujer que podía irse. La mujer se levantó tímidamente, como un animal que ve la puerta de su jaula abierta, y salió a la calle, perdiéndose entre la multitud.

PASAJE DE LA FUENTE DE LOS DESEOS

El druida se sorprendió del lugar, aunque mayor fue su sorpresa al ver la fuente, nunca había visto algo así, sus aguas brillaban con el reflejo del sol, era un brillo mágico, cristalino. Recordó entonces unas escrituras sagradas, escritas en un libro que ya no existía, había desaparecido para siempre y así debía ser, pero la profecía que estaba escrita en esas hojas aún permanecía en su memoria. Estaba frente a la fuente de los deseos, regalo de Dios para los hombres de bien, arma para derrotar al mal, vida sobre la muerte. Pero también era una nueva carga, un peso sobre los hombros de los protectores de los hombres. - Las armas siempre serán obras del mal, aunque se utilicen para el bien, aunque las haya creado el mismo bien – le había dicho alguna vez su maestro, ahora comprendía esas palabras. Con esa fuente podrían recuperar la paz, pero luego sería una responsabilidad mayor, algo que siempre debía estar custodiado, algo que si alguna vez caía en malas manos la era del mal sería peor que la que ahora enfrentaban...

EL HOLANDES ERRANTE

Tiró los dados esperando un siete. Era su alma contra su vida. Cuando vivimos aferrados a la vida no nos importa que apostamos por mantenerla, y ese era el caso del Holandés. Haciendo caso omiso a su tripulación se había dejado llevar por su codicia y su vanidad y decidió atravesar la tormenta. El cargamento de oro no valía la espera y él era el mejor navegante, el mejor capitán. Su barco, una hermosa fragata capaz de navegar a cuatro vientos, combatió como pudo contra las olas pero éstas eran gigantes enfurecidos incapaces de sentir piedad por el desafío. Derrotado al astillarse el palo mayor el Holandés pidió por su alma, pero no a Dios sino al diablo, quién se presentó riendo sobre cubierta. Los dados no le dieron suerte y la derrota fue su última visión humana. Una ola arrasó con toda la tripulación, pero sus almas se alejaron a la otra vida, en cambio él quedó allí. Solo en cubierta, con un barco fantasma, en una tormenta eterna, una tormenta que nunca jamás acabaría.
Desde entonces, cuando un barco es sorprendido por un temporal, y se encuentra en medio de la lucha contra las olas, puede que entre la neblina vea pasar al Holandés errante.

SOSPECHAS

Habían pasado varios meses desde que se había puesto de novio, pero siempre había sido celoso. Tenía el pensamiento fijo en que su novia le era infiel, y su obsesión se había ido acrecentando con el paso de los años. Al principio se lo preguntaba y, por supuesto, ella lo negaba constantemente hasta que se comenzó a cansar de la misma pregunta. Ella fue la que un día le dijo: - mira, no soy infiel, pero si lo fuese ¿crees que te lo diría?. Su respuesta era muy válida, por lo que no volvió a preguntarle. Pero eso no quitaba la posibilidad, por lo que decidió, de a poco, comenzar a investigarla. A veces la seguía hasta su trabajo, leía su agenda, investigaba a sus amigas, pero nunca había encontrado nada que le hiciera sospechar de ella. Finalmente sus miedos fueron desapareciendo, aunque nunca del todo.
Una vez por año le tocaba su examen médico de rutina, esa vez le dio la presión alta y el médico le dijo que podía ser por vivir nervioso, le dijo, de todas maneras, que prefería hacer un segundo análisis por lo que le dio turno para la semana siguiente en el laboratorio. Debía ir sin comer y con la primera orina de la mañana. La noche anterior a la fecha del turno medito seriamente sobre su vida. No podía seguir viviendo preocupado, le estaba haciendo daño, debía olvidarse del tema y convencerse de que su novia le era fiel. Ese día se despertó con una paz que hace tiempo no había sentido. Fue al baño pero solo para darse una ducha, y salió hacia el laboratorio, le sacaron sangre, dejó la muestra de orina y volvió a su casa. Su novia lo esperaba con el desayuno listo y demostrando estar feliz, se sintió mas tranquilo al verla tan contenta, entonces fue al baño y todo cambio, notó que la segunda de las tapas del inodoro estaba levantada.

NOS VEREMOS EN LA PROXIMA VIDA

Sabía que iba a entrar en la habitación, y tenía las palabras preparadas, pero no pude más que decir lo que sentía, olvidando todo lo que había escrito. Ella vino de un pueblo donde los valores son los que valen, y yo venía de una gran ciudad donde los valores son los que benefician. Viví los siguientes sesenta años aprendiendo de ella en cada mañana, alimentándome de su sonrisa para sobrevivir los malos tiempos, fortaleciéndome con sus caricias y aprendiendo de sus concejos. Pero todo termina en esta vida, y sobretodo la vida misma, por eso hoy estoy aquí diciéndole que llegó mi hora, lo sé porque me lo dice mi viejo corazón, lo siento en mis ancianos huesos que ya me piden un descanso, un reposo eterno en esta cama. La habitación es blanca, como las sábanas, como la pureza, y solo pude decirle, al mirarla a sus hermosos ojos, que a ella aún le quedan algunos años más por vivir y que va a poder hacerlo bien sin mí. Le prometí que pronto nos volveríamos a ver en otra vida y que nuestros corazones iban a navegar juntos por las nubes como lo hacían cuando tenían veintitrés años. Cuando caminábamos juntos por la calle, siguiendo por tanto tiempo la misma ruta. Tanto conocernos y tener que separarnos, diría que es una pena, pero es el curso de los ríos y el final de los buenos amores. Se fue llorando, y no eran lágrimas que pudiera evitar con mis palabras, por tan solo decirle cuanto la voy a extrañar hasta volver a verla.

Y ahora ya puedo dejar de respirar.

NOS VEREMOS EN LA PROXIMA VIDA

Sabía que iba a entrar en la habitación, y tenía las palabras preparadas, pero no pude más que decir lo que sentía, olvidando todo lo que había escrito. Ella vino de un pueblo donde los valores son los que valen, y yo venía de una gran ciudad donde los valores son los que benefician. Viví los siguientes sesenta años aprendiendo de ella en cada mañana, alimentándome de su sonrisa para sobrevivir los malos tiempos, fortaleciéndome con sus caricias y aprendiendo de sus concejos. Pero todo termina en esta vida, y sobretodo la vida misma, por eso hoy estoy aquí diciéndole que llegó mi hora, lo sé porque me lo dice mi viejo corazón, lo siento en mis ancianos huesos que ya me piden un descanso, un reposo eterno en esta cama. La habitación es blanca, como las sábanas, como la pureza, y solo pude decirle, al mirarla a sus hermosos ojos, que a ella aún le quedan algunos años más por vivir y que va a poder hacerlo bien sin mí. Le prometí que pronto nos volveríamos a ver en otra vida y que nuestros corazones iban a navegar juntos por las nubes como lo hacían cuando tenían veintitrés años. Cuando caminábamos juntos por la calle, siguiendo por tanto tiempo la misma ruta. Tanto conocernos y tener que separarnos, diría que es una pena, pero es el curso de los ríos y el final de los buenos amores. Se fue llorando, y no eran lágrimas que pudiera evitar con mis palabras, por tan solo decirle cuanto la voy a extrañar hasta volver a verla.

Y ahora ya puedo dejar de respirar.

EL RITUAL DEL FUEGO MOJADO

Hoy el azar no estaba de tu lado, pero pretendiste seguir jugando. Ahora estás viendo como salir de la grieta donde aterrizaste. Setenta horas habían pasado, y para otros fueron setenta años, en la misma ruta, una y otra vez, tratando de avanzar y tratando de dar vuelta la página. Escuchando el murmullo de los espíritus aprendiste el ritual de hacer fuego con agua, de encontrar energía desde los desiertos y llevarlos a tu mente. Tomaste el agua y escupiste fuego, descubriendo que la vida es frágil y que todo lo que tenemos nos cuesta más ahora que en la próxima vida.

EL RITUAL DEL FUEGO MOJADO

Hoy el azar no estaba de tu lado, pero pretendiste seguir jugando. Ahora estás viendo como salir de la grieta donde aterrizaste. Setenta horas habían pasado, y para otros fueron setenta años, en la misma ruta, una y otra vez, tratando de avanzar y tratando de dar vuelta la página. Escuchando el murmullo de los espíritus aprendiste el ritual de hacer fuego con agua, de encontrar energía desde los desiertos y llevarlos a tu mente. Tomaste el agua y escupiste fuego, descubriendo que la vida es frágil y que todo lo que tenemos nos cuesta más ahora que en la próxima vida.

MICROBIOS

Miré mis manos y descubrí que estaba repleta de microbios, que las cubrían, rodeaban y masticaban lentamente. Las lavé con mucha agua y jabón hasta que creí que estaban limpias, pero no podían estarlas, y es que de inmediato se volvían a cubrir de esos horribles gérmenes. Y así me siguió sucediendo, hasta que, luego de luchar contra lo imposible, un día, me acostumbré a vivir junto a ellos y ahora, aunque aún los veo, ya no me impresionan.