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EL RELATO INTERMINABLE DEL HOMBRE POSEIDO

Había que quitar el demonio que había poseído a aquel pobre hombre cuando miraba el partido de Valencia - Deportivo Español y Tamudo erró un gol prácticamente hecho. Cuando lo visité estaba en la cama, atado, tratando de liberarse de un espíritu diabólico que se supone lo poseía y lo obligaba a hablar con voces graves y profundas mientras se retorcía como una serpiente. Llegó por fin el sacerdote especial enviado por el vaticano, tenía mucha experiencia en ese tipo de hechos, había incluso estado presente en el exorcismo que el papa Juan Pablo II había realizado, cuando diciendo «Mañana diré la misa por ti» logró hacer huir al demonio que poseía a Francesca F, una mujer que el obispo de Spoleto había llevado a su presencia sin otra mejor idea. Y éste sin embargo fue el más sobrio de los tres exorcismos en los que Juan Pablo II participó. Dicen que hubo un cuarto que nunca se dio a saber, de un hombre poseído por un espíritu que no comprendían su origen, ya que no era demoníaco. Algunos decían que venía de un mundo imaginario paralelo y que era bueno. Su nombre era Ned Flanders, y de pronto, cuando dijeron el nombre, me vino a la mente una serie americana famosa representada por dibujos animados amarillos, claro que podía perfectamente existir una persona que se llamase igual que aquel personaje de fantasía, acaso Ned es un nombre común y los apellidos, en un mundo tan poblado, suelen repetirse. Parece ser que aquel Ned Flanders, de niño jugaba al tenis, por lo que su brazo izquierdo era más ancho que el derecho, pero sin embargo - y esto es lo que más llamaba la atención - el hombre jugaba con la diestra. ¿Como entonces podía ser más ancho el otro brazo?, la explicación que me dieron era que como tenía un revés muy particular a dos manos, el brazo que hacía fuerza era el otro. Con éste maravilloso golpe es que había ganado casi todos los torneos que jugaba en césped, porque parecía que, por alguna razón misteriosa, solo jugaba bien sobre césped. Y no en cualquier césped incluso, porque cada país, según las condiciones climáticas y otros factores como lluvias y granizos, tenían diferentes tipos de césped, por ejemplo en los países de América del Sur el césped es más resistente y se adhiere mejor en la tierra. Me explicaron entonces que ello condicionaba a las especies. Por ejemplo a los conejos que debían cavar sus madrigueras en los campos o a los roedores, y por ello, por ejemplo, las ratas de algunas zonas tenían dientes más afilados y transmitían extrañas enfermedades, una de ellas se llamaba el síndrome del poseído, porque hacía que la víctima sufriese una especie de posesión diabólica que derivaba en la llamada a un exorcista, y solo los conocedores de la materia sabían diferenciar cuando se trataba de uno de éstos casos, y eso fue lo que me dijo el sacerdote que llegó del Vaticano, por lo cuál nos despreocupamos y pudimos curar al hombre que parecía poseído.

LOS ROSTROS DEL ESTANQUE (II PARTE)

La amenaza no le cambió la opinión, y además le aclaró lo que debía hacer, comprendió las súplicas de sus sueños.
- En el fondo del estanque se ven las verdades, se conocen los secretos.
Volvió a acercarse, y volvió a levantar el agua cristalina con sus manos, pero esta vez la arrojó fuera de la fuente. Las gotas derramadas se expandieron dividiéndose para mojar las piedras. Repitió la acción una y otra vez, y entre tanto, los rostros perdidos en las aguas comenzaron a cobrar vida propia y a volver al mundo, donde quiera que éstos estuviesen viviendo.
Recién cuando ya casi no quedaban espíritus atrapados en la fuente se detuvo, estaba agotado, pero había rescatado a todos los que la fuente había atrapado en sus aguas.
- Has liberado a todos – dijo la voz, - pero no sabes quienes eran esos que dejaste huir.
La luz del sol caía a sus espaldas, su cuerpo, parecía comenzar a intuir su error.
- Los peores asesinos, tiranos y crueles, sin escrúpulos y dispuestos a cualquier cosa, esos son los que la fuente encerraba... y les quitaba el agua corporal de sus vidas, pero ahora, libres, volverán a ser quienes eran, y el mal que hacen volverá a reinar en la tierra.
Oyó como un muerto en vida, sabiendo entonces lo que había hecho.
- La vida es una rueda que gira, y esto debía suceder algún día... ahora volverán los reinos de arena, las épocas de caballeros que combaten por defender el bien, y mueren con honor.
- Yo..., no sabía.
- No es tu culpa, es lo que debe ser.
Se alejó triste, dejando atrás la fuente casi vacía, y esperando que la lluvia volviese a llenarla. Entonces comprendió que aquel espacio con agua tenía un poder más grande que cualquier otro poder, tenía el poder de doblegar al tiempo y terminar la historia.

LOS ROSTROS DEL ESTANQUE (I PARTE)

Se acercó pensando en lavarse el rostro, cansado de sudor de caminante. Había trepado la montaña del monasterio por el sendero de las rocas mágicas, que según la leyenda ocultaba los secretos enterrados por los monjes antes de ser masacrados por las tropas de Napoleón.
- Esas leyendas sirven para decorar la montaña - había replicado cuando oyó el relato.
Pero, cuando acercaba las manos unidas y cerradas para llevar agua a sus labios al mirar dentro de la fuente vio algo más que su propio rostro, no pudo dudar de la realidad de lo que veía, eran rostros sin vida, de aspecto lúgubre y oscuro, figuras descoloridas, de ojos saltones y perdidos en la nada. Duró un instante, ya que al tocar el agua y mover la superficie espejada, los espectros desaparecieron.
- Dime que ves en esas cristalinas aguas – dijo una voz apagada a sus espaldas.
- Veo rostros, veo almas atrapadas – respondió.
- ¿Sabes porque están allí? – preguntó la voz incorpórea.
- No, ¿qué pecado han cometido?.
- Han desafiado a la tierra al agua, el fuego y al viento, por reflejar sus rostros en las aguas divinas sin beberlas.
De pronto abrió las manos, dejando caer el líquido. Esas son las pesadillas que había tenido los últimos días, al dormir oía voces de espíritus diciendo su nombre, a los que gritaba que lo dejasen en paz, pero no se iban.
- Me uniré con ellos si bebo – razono. – Es una trampa.
Se alejó hacia atrás, como para meditar. Pero la voz volvió a la carga: - si no bebes la maldición caerá sobre ti.

EL VIENTO PROTECTOR (II PARTE)

- Se quién eres – se anticipó entonces.
- ¿Lo recuerdas?, tienes buena memoria – reconoció admirado.
- Hay cosas que no se olvidan nunca – dijo y se detuvo para buscar su rostro entre las formas de la lluvia.
- No me encontrarás en imágenes, ahora vivo en el viento, me he transformado – explicó.
- ¿Qué haces aquí? – quiso saber.
- De vacaciones, como tu.
- ¿Tienen vacaciones? – preguntó sorprendido.
- Todos merecemos un descanso alguna vez.
- Si, comprendo – reflexionó.
En ese instante una gran ola irrumpió en la costa, rompiendo sobre la arena y arrastrando todo a su paso.
- ¿Qué es eso? – gritó al viento viendo que la masa de agua se abalanzaba sobre él.
- Parece una ola – contempló.
- Ya lo sé, ¡pero viene hacia acá! – gritó desesperado.
- Así parece – dedujo la voz del viento.
- Ayúdame, me va a arrastrar – suplicó.
- Otra vez – gruño.
- Por favor, no te cuesta nada – trató de convencerlo en los pocos segundos que quedaban.
El agua ya se encontraba apenas a unos pasos de él, y no había escapatoria.
- Esta bien – aceptó finalmente la voz.
Una fuerte ráfaga de viento lo elevó por los aires, llevándolo hasta una palmera que resistió el furioso golpe del agua sin derrumbarse. Pasó un rato y la ola se disipó.
- Gracias – dijo el hombre mientras trataba de bajar sin caerse de la palmera.
- No fue nada, pero la próxima vez que me vengas con problemas en mis vacaciones te las vas a tener que arreglar solo – le reprochó.
- De acuerdo -
- Me voy, pero nos volveremos a ver – repitió una vez más la voz que se alejó luego con la siguiente brisa.
- Espera, ¿de que trabajas? – preguntó por último.
La voz aún no se había disuelto del todo cuando respondió: - es un secreto.
- No se lo cuento a nadie – propuso.
- Adivina... – concluyó y dejó de hablar.

EL VIENTO PROTECTOR (I PARTE)

Estaba aburrido como todas las tardes en las que llueve en la costa. La isla era un desierto, las playas naufragaban abandonadas a la deriva de la soledad. Entonces, a diferencia de otras veces que se quedaba leyendo bajo las llamas del candelabro mientras el repiqueteo de las gotas sobre la cabaña lo conducían al sueño, esta vez decidió salir a caminar bajo el agua, soportando la lluvia y el viento.
Soplaba un viento peligroso que movía las palmeras como si éstas fuesen de papel, y la marea estaba alta y las olas daban una paliza a los acantilados.
- Si te caes te ayudaré a levantarte – dijo una voz perdida entre las ráfagas de viento.
- ¿Qué? – preguntó a la nada, como si lo que hubiese oído podría ser cierto.
Pero la nada que le había hablado no volvió a responder.
- Aunque ahora, siendo viento, no se como podría ayudarte – volvió a hablar ya a predecir la voz oculta.
En ese instante recordó que alguna vez volvería a hablar con el espectro que lo había salvado aquella vez. Se lo había prometido.
La historia se remontaba a cuando tenía diez años, y había caído en el antiguo pozo de un aljibe abandonado. Nadie lo encontraría allí por tanto nadie vendría a ayudarlo. Pero entonces apareció un fantasma, al que temió por su aspecto al principio, pero luego éste le propuso ayudarlo y él aceptó. No hizo preguntas, solo se dejó levitar hasta la boca del pozo y, una vez allí, le agradeció. El espectro replicó que no hacía falta agradecer, y que algún día volvería a tener noticias suyas.

EL ESQUELETO AZUL

El profesor Pathent fue el primero que, rascando con algo similar a un cepillo de dientes con infinita paciencia y extremado cuidado, descubrió el esqueleto. Apenas fue un minúsculo trozo de fémur, pero sus buenos conocimientos de del cuerpo humano de inmediato lo alertaron de que había realizado un gran hallazgo. Llamó al resto de los arqueólogos y juntos continuaron durante tres días y tres noches excavando alrededor del esqueleto, hasta liberarlo de sus miles de años de entierro para siempre. Desde el principio el color azulado de los primeros huesos colmó de extrañeza a los científicos, y una vez extraído el cuerpo completo la sorpresa fue mayor ya que era un hecho cierto: ¡el esqueleto era de color azul!. Los primeros estudios revelaron que había sido pintado por completo de ese color, lo que de inmediato desató un debate de deducciones y de estudios sobre aquella perdida civilización de la cuál nada hasta entonces se conocía. Finalmente se interpreto el deliberado color como una parte esencial del ritual funerario, aquellos primitivos, al ver el cielo azul y creer que el cuerpo del muerto tarde o temprano viajará al cielo, lo pintaban del mismo color, para que se sienta parte de éste en su largo y desgastante viaje. Esto a su vez demostraba que aquel pueblo tenía una religión que basaba sus creencias en un destino celestial, similar al de la mayoría de las religiones actuales, también que debían creer en alguna especie de recepción por parte de los que se encontraban en el más allá, ya que para ello se le "vestía" de los colores del cielo. En esos tiempos donde los humanos apenas si recién andaban de pie, aquella cultura debió de ser muy avanzada ya que debían de vivir en una sociedad organizada, pues todo ritual requiere de una sociedad para gestarlo y practicarlo, por tanto, mientras se creía que en aquellos tiempos los humanos aún vivían en cavernas aisladas, aquellos se reunían en comunidades donde convivían y practicaban ritos religiosos. Las conclusiones se extendían por otros aburridos extremos pero eso ya no viene al caso...
- Con estas flores amarillas estas hojas verdes, mezcladas en agua he logrado una pintura muy bonita, creo que podré hacer lindos dibujos en la cueva - pensó el cavernícola mientras preparaba la mezcla en la puerta de su caverna, pero en ese momento una roca se desprendió y media ladera cayó sobre él, enterrándolo dentro de la pintura que acababa de inventar por miles de años.

UN AÑO DE WEBLOG

Avanzaba el día ocho de Julio del año 2004, tan corto como la vida misma, que arrasa como un tren por el desierto, todo lo que encuentra en la vía, entre ellos nuestro futuro rebosante de sueños, proyectos y deseos, y dejando en su camino una masa aplastada que llamamos pasado, expuesta a la descomposición por los gusanos del olvido. Con esta trágica escena arrancaba ese día un humilde WebLog, que hasta hoy en día mantiene al menos esa característica, la humildad.
Pero no voy a hondear demasiado en actos conmemorativos, que no es lo mío, y por tanto incluso lo que pensaba que podría ser un descanso literario para dar paso a un discurso clásico de aniversario, será tan solo una emisión de cifras y un poco de vuelo.
No se cuanta gente entró o leyó, no hay contadores ni máquinas que entorpezcan la simplicidad y develen intrigas, por tanto si hay mucha gente que lee o poca, o ninguna, ¿qué más da?, ¿acaso eso puede cambiar algo de lo escrito?.
Sí puedo saber lo que escribí durante éste año:
293.060 palabras (sin contar estas, por supuesto) y un total de 1.681.482 caracteres.
Y también “La fuente de los deseos” (109.956 palabras en 629.148 caracteres) que la guardo en la manga, sabiendo que no soy bueno para el poker ni para las trampas.
No significa que el escribir cantidad sea escribir calidad, pero como entre mis objetivos no esta ninguno de estos dos adjetivos, me da igual.
Lo único que espero es que, algunas veces al menos, haya entretenido a alguien que no sea yo mismo.
Volviendo a las comparaciones de mi estilo: se cumple hoy un año de aquel día, y el lapso que transcurrió lo defino como una ráfaga de tiempo que arrasó como un suspiro en boca del dueño del tiempo, ser que también parece tener la administración del cambio que su herramienta engendra. Y como soy monoteísta, pienso yo, aquel ser ganó también la concesión del espacio y por tanto, con espacio y tiempo tiene un universo para él. Quién sea, lo felicito, pues su imaginación para gerenciar el mundo supera a cualquier escritor-creador, porque le dio un poco de todo, y para adornarlo que mejor que crear una raza inteligente que se ocupe de la decoración.
¿Y lo que sigue?, no tengo ni idea, tal vez un año más de CUENTO DE CADA DIA o tal vez... lo inesperado.

LAS LECCIONES DE ECKHART

¿Cuando uno pisa una rama sin querer la culpa es del que la pisó o de la rama que se puso ahí?. Es una pregunta que tiene el mismo sentido que las que se plantea quién quiere hablar del alma humana y de Dios. Las fronteras de la teología cristiana lindan contra cientos de movimientos, otras religiones y sectas, ciencias, sociedad y realidades diarias, y en muchos casos el camino correcto lo domina la razón teológica o, “el camino menos oscuro en la oscuridad” (ya que cuando se supera la barrera científica las probabilidades y estadísticas son las que nos encaminan por la verdad absoluta en la oscuridad).
Por tanto lo mismo da decir “si yo no existiera Dios no sería” para explicar que si uno es parte de Dios y un UNO es inseparable, entonces existe todo o nada, que decir que no tenemos cabida fuera de un Dios que no entendemos porque, nos da la libertad de ser libres, perdiendo incluso la posibilidad de comprenderlo debido a la propia libertad.
Luego es bueno el ejemplo de la ola y el mar, pero confuso: es cierto que si el mar no existe no existe la ola, pero si la ola no existe, ¿por qué no puede existir mar?. ¿No se puede separar de la ola?. Así podemos transitar el mismo repetitivo camino de muchas de estas corrientes, que no solo son corteza sino que se repiten siempre del mismo árbol. Dinant ya lo habló cuando identificó a Dios con el substrato material de todas las cosas, por las cuáles todo (incluso nosotros) somos la materia prima de Dios, luego Benito Espinoza, no repitió pero miró lo mismo desde otro ángulo, con su Phycis infinita, y también las negaciones de las negaciones de Hegel, y otros tantos que me llevarían mucho nombrar y explicar sus “miradas de los mismo”.
La frontera que estamos lindando en este caso es una de las más extensas, el panteísmo, (razón por la cuál Juan XXII condenara sus doctrinas, cosa comprensible). Si el alma es idéntica a Dios es parte de éste, sin posibilidad de ser por sí misma.
Todo movimiento místico resulta un delicioso manjar para quienes buscan alternativas originales y “modernas”. Por tanto era de esperar, utilizando tan bella palabra como es lo “místico”, que desencadenara una serie de movimientos mal concebidos pero para gente que ama las nuevas tierras pero que no cava en ella para ver sobre que están asentadas, y si son un pantano, al menos son “modernas”. Enomiya Lassalle y su discípulo Willigis Jäger parecen sumarse a la moda buscando, entre los agujeros más tapiados del Concilio Vaticano II, fabricar una ventana que abra el camino hacia el ZEN y otras auspiciosas estructuras que dejan claro que todo estos movimientos son bonitos y sanos, criticando a las verdades que se fundaron hace de dos mil años y que se estudiaron por millones en cada uno de esos años, justamente por ser antiguas (y machacando lo que es fácil y sencillo de utilizar: Galileo y la tierra redonda, los descubrimientos científicos, Darwin y demás humanidades que no hacen a la esencia ni explican nada ni responden ninguna pregunta teológica). Luego hablan de usar la “energía cósmica”, de “experiencia religiosa”, de “psiquis” y demás conceptos sin entrañas pero con lindos mensajes pintados en las cáscaras (y creo que, en este aspecto, el problema más profundo es la separación del bien y el mal, pero eso es remitirse a otros temas).
El camino no es convencer a nadie, los que viven bajo el techo sostenido por columnas de aquellos preceptos tan sencillos como débiles tendrán la suerte de sobrevivir sin que se les venga nada encima, luego habrá quiénes indagaran si realmente las columnas soportan el peso y, por último quienes sufran algún movimiento sísmico que les derrumbe toda la estructura, y deberán volver a construir, quién sabe, aprendiendo la lección.

EL LAPIZ QUE ESCRIBIA SOLO (III PARTE)

En la universidad todo iba bien, tenía buenos amigos, había conocido a muchas chicas y, además de estudiar, se la pasaba de fiesta en fiesta. Tenía un compañero de habitación muy divertido, aunque algo excéntrico, muchas veces llegaba tarde y borracho, pero eso no era el problema sino lo común en todos, lo que lo hacía extraño era que a veces se despertaba por las noches para escribir raras historias que por las mañanas dejaba sobre el escritorio que compartían, en prolijos manuscritos. Luego, a los días tal vez, los guardaba en un cajón para hacer espacio y estudiar. Los papeles se acumulaban en aquel cajón sin que volviese a tocarlos.
Una noche, mientras estaban reunidos con un grupo de amigos por la quinta ronda de cervezas, hablaban de cosas raras que hace la gente. Entonces su compañero habló y de Juan, diciendo algo que no esperaba.
- Ahí, tan hombre de ciencias que lo ven, se pasa las noches escribiendo hermosos cuentos que tengo que ir guardando en los cajones, eso es ser raro - comentó riendo.
Juan replicó de inmediato: - esos papeles los escribes tú.
- ¡Yo! - dijo antes de estallar en carcajadas, más querría andar pasándome las noches en vela dándole al lápiz, que, a propósito, deberías sacarle punta.
Entonces recordó que las hojas estaban escritas con aquel extraño lápiz, y le vino como una ráfaga a la mente el día que lo encontró en el escritorio del inventor. En ese instante Juan se levantó de la mesa y salió corriendo a. El resto de los presentes, acostumbrados a ver rarezas universitarias, no prestaron demasiada atención.
Juan entró a su habitación y vio como un lápiz, sin mano que lo guiase, estaba escribiendo un papel. Lo observó maravillado un largo rato, luego, cuando se detuvo, se aproximó y leyó lo escrito, era el final del capítulo de una novela cuyos primeros capítulos se encontraban guardados en un cajón.
Dos años más tarde Juan cambiaba de carrera, ahora lo suyo eran las letras, había publicado su primer libro que había sido un éxito, y ya pensaba en el segundo y en el tercero que tenía terminados y listos para presentar en la editorial. Eso sí, antes debía leerlos, para saber al menos de que trataban.

EL LAPIZ QUE ESCRIBIA SOLO (II PARTE)

Diez años más tarde, Juan recibió la carta que decía que lo aceptaban en la universidad de ciencias, donde pensaba estudiar ingeniería. Era el tiempo de dejar su hogar y ser independiente en una habitación compartida del campus. Esa misma tarde comenzó a preparar su mudanza, hurgando entre los cajones donde guardaba, cartas, fotos, amuletos y otros recuerdos de su niñez, una etapa de su vida que se convertía a golpes de tiempo, en la siguiente. Entonces, en una caja junto a una piedra blanca y a una moto de colección que le había regalado su tío, encontró el lápiz. Por el simple hecho de no tener otro a mano, decidió guardarlo en la mochila que se llevaría. Antes de cerrar el cajón vio una pila de hojas escritas, comenzó a leer, pensando que se trataba de cartas de alguna novia olvidada, pero resultaba ser una especie de relato, muy complejo, que apenas hojeo sin llegar a completar. Pensó un breve instante de dónde había salido aquel relato, y no encontró respuesta, pero que no lo recordase no implicaba que lo haya puesto él mismo allí, incluso, aunque la letra no parecía la suya, llegó a pensar que él mismo lo había escrito.

EL LAPIZ QUE ESCRIBIA SOLO (I PARTE)

Fue su último invento, tan último que esa misma noche la muerte lo sorprendió mientras dormía. El lápiz quedó en su escritorio, revuelto entre el resto de los inventos y el desorden que lo caracterizaban. Los bienes personales se repartieron entre familiares perdidos que poco o nada sabían de aquel viejo loco inventor que se encerraba día y noche en su laboratorio para fabricar extraños instrumentos sin uso aparente. Su único ayudante era el hijo del vecino, un chico de diez años llamado Juan que pasaba todas las tardes, luego del colegio, divirtiéndose entre las máquinas y haciéndole compañía en aquel sorprendente taller repleto de cosas raras. Para el chico aquel viejo era genio, quizás por eso, mientras los herederos pensaban en la casa que dejaba libre, se preocupó por recorrer el garaje donde estaba montado su lugar de trabajo, en busca de nuevos aparatos fascinantes como todo lo que, para él, hacía aquel inventor. Revisó algunos planos de una máquina que parecía ser para hacer túneles o algo así, se subió a una especie de moto de tres ruedas que podía andar por el agua y hacerse más angosta para pasar por espacios pequeños, hasta que terminó en el escritorio donde, entre papeles escritos, vio el lápiz. Quizá fuese su extraño color, o el brillo de su tinta, pero al verlo se sorprendió. En ese instante algunos parientes entraron al taller, el chico observaba detenidamente el lápiz cuando uno de los hombres, que no identificó pero que tenía aspecto de persona importante, le dijo que se si le gustaba podía quedárselo. Juan le agradeció, lo puso en el bolsillo de su camisa y se fue a su casa.

LEJOS DEL CAMINO

Hoy la humanidad comenzó a caer en el abismo negro, lugar oscuro donde los hombres ahorcados sonríen en secreto, donde la naturaleza llora triste su deshonra, donde lo divino pierde su esencia por un trato vulgar, sucio y descortés. El veneno que enfermó a las personas es el que ahora llora en las espinas clavadas en la piel de los mártires que sufrieron para derrotar al mal que ahora vuelve para ganar la partida, ellos atrapan las lágrimas para hacerlas propias, para ver derrumbarse las más sólidas estructuras. Y mientras la luna cosecha el dolor la batalla perdida espera al amanecer para que la luz muestre los estragos de los vencidos por un enemigo tirano, que se escurre entre sombras para proclamarse vencedor. El lugar santo es pisoteado, y la semilla saqueada, mientras los ojos cristalizados de los esclavizados contienen la derrota en sus pupilas. Los niños navegan en pesadillas difíciles de comprender, afligidos por el desconcierto en las alas de los que se burlan de la naturaleza y sus legados. Pero el cambio siempre será posible, las batallas se pierden, pero las guerras por el bien son eternas, porque el mal siempre acecha, y aunque hoy conquiste, mañana los masacrados volverán a unirse para volver a luchar, y volver a establecer la cordura de un mundo tan inestable como sus entrañas y tan frágil como la verdad. Porque el don de la vida es un regalo hermoso, pero que implica mantenerlo en la buena senda, y esta en nuestras manos indicar el camino correcto a los que se desvían.

EL NUMERO DE DIOS

- Diga – dijo la voz del otro lado.
Habían pasado siete años desde que descubrió el primero de los números oculto en un libro trascripto por un monje en la edad media y escondido en las catacumbas de la catedral de Segovia. El segundo número lo encontró recién dos años más tarde, en una caverna a orillas del Nilo. Así fue, uno por uno, encontrando y formando el rompecabezas de números, una serie que combinados decían a quién y cuando se debía llamar.
Todo había comenzado con el estudio del simbolismo en el Apocalipsis, reuniendo cada una de las cifras mencionadas en éste libro, y buscando relaciones entre ellas que expresaran algún sentido oculto detrás de las aparentes intenciones.
“Dios espera tu llamado”, pero, ¿cómo?, ¿cuando?.
“se inventará la máquina adecuada y los números estarán allí, listos para ser marcados”
Esta tarde había completado la lista, los siete números que debía marcar, y fue a una cabina telefónica a llamar, los marcó y esperó que alguien, del otro lado, respondiese.

EL LADRON DE SUEÑOS (2 PARTE)

Por fin logró la orden de una juez y, con algunos inspectores expertos, acudió al hostal donde, según la acusación, espiaban a los huéspedes.
Al llegar el hostal estaba cerrado, golpearon la puerta pero nadie respondía, entonces entraron a la fuerza, forzando la puerta. El lugar se encontraba en absoluto silencio, no había nadie allí. Registraron las habitaciones milímetro a milímetro sin encontrar ni cámaras ni micrófonos, lo único extraño e inexplicable que hallaron fue un aparato dentro de las almohadas. Al principio pensaron que se trataba de un micrófono moderno pero luego de analizarlo concluyeron que solo emitía extrañas ondas que no podían reproducir sonidos, ni transmitirlos, ni grabarlos. Pensaron que podía ser tan solo un aparato que venía con las almohadas de fábrica.
En resumen, no había motivos para acusar al dueño del hostal, que seguía desaparecido.
Pero todo cambió cuando entraron en su oficina administrativa. Allí encontraron un extraño aparato que parecía una obra casera, debieron llamar a científicos para analizar el fin de dicha máquina, y las conclusiones fueron sorprendentes, aunque ya antes que llegaran los científicos las cosas comenzaron a cerrar ya que en la oficina encontraron una serie de carpetas con los números de habitación y los nombres de los huéspedes.
En el escritorio encontraron unas hojas con extrañas inscripciones que tenían un sentido difícil de descifrar pero coherente al fin. Era un cuento, pero parecía salir de un sueño ya que estaba rodeado de objetos y escenas sin sentido. Los espacios y los tiempos, incluso los escenarios eran desproporcionados, incluso irracionales, pero las ideas y las historias eran buenas. En la carpeta de al lado el hombre estaba, a partir de la historia de las hojas, traduciendo un cuento.
Las conclusiones fueron que aquel hombre entraba a las mentes de los que dormían, con su extraña maquina, para robarles los sueños y escribirlos. El problema es que debía llamar a escritores para lograr buenas historias, los extranjeros soñaban en otro idioma y los turistas comunes en vacaciones no soñaban nada interesante.
En la mesa, sobre todos los papeles había un último escrito, era la traducción de un sueño de la habitación donde había estado por última vez, en el sueño hablaba de él mismo y de que el escritor lo había descubierto...

EL LADRON DE SUEÑOS (1 PARTE)

Era increíble, pero tenía razón, era un ladrón de sueños.
La alerta fue desatada por un escritor que tenía en mente un nuevo cuento, que por costumbre y por compenetrarse tanto en la historia, siempre soñaba un par de noches antes de comenzar a escribir.
Finalmente escribió el cuento, pero antes de publicarlo leyó la misma idea en un libro de cuentos, con detalles que eran demasiada coincidencia para que se copiasen, como el nombre de los personajes o el lugar donde transcurría la historia.
Más sospechoso le pareció al descubrir que el escritor, teniendo todo el mundo, vivía en un hostal en Cadaques, lugar donde había pasado las últimas vacaciones. Recordaba que había elegido aquel hostal por una oferta que le había llegado por carta a su hogar, con precios realmente baratos por ser temporada alta.
Lo primero que averiguo fue el nombre del hostal, y sí, era el mismo. Pero luego había algo que no cerraba, y era el hecho de que no había escrito ni una palabra del cuento hasta que había vuelto a Barcelona, donde residía y escribía. En vacaciones nunca tocaba una pluma, era una norma impuesta por su esposa que cumplía también por voluntad propia. Incluso, otra costumbre en su estructurada vida era no mencionar nada sobre una idea hasta ponerla por escrito, y lo hacía más que nada para no confundirse él mismo. Por tanto estaba seguro que no había dicho palabra de la historia durante su estancia en el hostal. ¿Cómo se había enterado pues el que le robó la idea?.
Lo primero fue volver al hostal, y lo hizo nuevamente como turista, pero una vez en la habitación comenzó a buscar algún micrófono o cámara. Pero no logró encontrar nada sospechoso.
Esa noche se acostó pensando en la manera con la que el dueño del hostal le había robado su cuento, y eso mismo, o algo similar con las clásicas deformidades de los sueños, fue lo que soñó.
Se quedó dos días y no logró encontrar rastros para poder acusar al hostelero y se hubiese rendido de no ser porque el día que volvía a Barcelona, se cruzó con otro escritor que conocía por nombre aunque nunca lo había visto en persona. Era mucha casualidad que también éste escritor haya sido invitado con aquella gran oferta, por lo visto solo para escritores.
Una vez en la ciudad se presentó ante la policía, pensando que ellos sí lograrían, de realizar un allanamiento, encontrar las pruebas que él no había encontrado pero que sabía que existían.

EL HOMBRE QUE SABIA TODO

Nació una vez un hombre que lo sabía todo, era cuestión de preguntarle cualquier cosa nada más, y como por arte de magia, el hombre respondía. Nadie notaba el don ya que nadie le preguntaba demasiado y él no era de hablar ni decir a menos que le preguntasen algo, pero una vez que se encontraba en un mercado lo descubrieron, pero no llegaron a hacerle demasiadas preguntas, apenas algunas de hechos cotidianos, porque cuando alguien le preguntó el porqué el tiempo pasa el hombre simplemente se quedó helado y nunca más volvió a responder o a pronunciar palabra.

EL FARO DEL FIN DEL MUNDO

Estaba sentado en su puesto, en la silla de siempre, ahí, en el faro del fin del mundo. El viento y la lluvia barrían, como casi siempre, el paisaje gris y desolado, donde se palpitaba el miedo y el frío con la simple contemplación de aquel espacio vacío y desconocido. Aquel era, desde la torre, el responsable de mantener la única luz que orientaba a los navegantes en el mar austral, la esperanza, la salvación en un estrecho agitado y borrascoso, donde descansaban los cadáveres de tantos desafortunados barcos y navegantes. Aquel era el encargado de mantener la guía, el camino, era un trabajo mucho más duro de lo que cualquier ser humano no divino podría soportar. Por eso un día desapareció, pero la luz seguía encendida, y por ello nadie se acercaba a preguntar y nadie lo hizo por muchos años, hasta que un día una expedición paso cerca y decidió parar, para encontrar un faro siempre encendido, pero abandonado.

EL DIA QUE FUE AYER (2 PARTE)

Pero el día continuó, y al llegar a la parada donde debía bajar encontró el mismo auto deportivo aparcando en el mismo sitio. Lo recodaba porque cuando el pasaba el día anterior el auto tan bonito golpeó el guardabarros trasero del vehículo de adelante, rayándolo. Y cuando pasó por al lado, caminando por la acera, la escena se repitió.
En ese instante llegó a la conclusión de que estaba viviendo el día de ayer, se detuvo asombrado, pero pensó entonces que ayer no se había detenido, y que si no hacía todo tal cuál el día de ayer las cosas podían tener otro desenlace, pero entonces pensó que el desenlace podría ser mejor. Prefirió seguir caminando mientras tomaba una decisión. Llegó al edificio de oficinas, tarde como ayer, y subió al piso donde estaban reunidos. A lo lejos, a través del cristal de la sala de reuniones vio al grupo de sus compañeros de trabajo sentados en las mismas posiciones, y su silla vacía, esperando, como ayer, que él llegase para discutir lo mismo que había discutido el día anterior.
- Deberé discutir los mismos puntos que ayer – pensó, evaluando que no tendría sentido volver a hacer lo mismo, y menos explicarles las causas a sus compañeros de trabajo. Por tanto decidió marcharse y tomarse el resto del día libre, recorrió parques y museos, durmió la siesta en un asiento, caminó por el puerto y vio la puesta del sol. Luego volvió a su casa descansado y feliz, y se acostó a dormir temprano, esperando que el día de mañana sea igual al día de que vivía hoy.

EL DIA QUE FUE AYER (1 PARTE)

Se despertó temprano, como todos los días, desayunó lo mismo de siempre, café y tres tostadas con mermelada, se dio un baño, se cambio y partió para su trabajo donde debía reunirse con otros ingenieros a estudiar las posibilidades del nuevo producto. Bajó hasta la calle principal donde aguardó la llegada del autobús por cinco minutos.
Hasta ese entonces todo iba bien, pero el día no seguiría así, lo primero que remarcó la anomalía fue el autobús que, al igual que el día anterior, llegó a los cinco minutos exactos. Y, casualmente, eran las nueve y cinco, - igual que ayer – pensó.
El conductor del autobús le resultó familiar, pero como no era demasiado observador lo dejó pasar. Sin embargo, luego de elegir la segunda fila, en el único lugar donde había dos asientos libres, la puerta se abrió y la misma señora mayor que se había sentado junto a él el día anterior, volvió a subir al vehiculo y volvió a sentarse en el mismo lugar. La recordaba por la exagerada dosis de perfume que la abrazaba a ella y a todo a su alrededor. Incluso vestía exactamente igual y hasta llevaba la misma bolsa con dos panes. El autobús se detuvo en el mismo semáforo y por la acera observó a una mujer que paseaba el perro cuando éste, al ver a un gato cruzar en dirección a un portal, de un fuerte tirón, cortó la correa y se abalanzó sobre el gato que, con rapidez y temor logró escabullirse entre unas rejas que el perro no pudo superar.
El gato era el mismo, el perro era el mismo, la mujer también, la escena idéntica. Algo de aquel día comenzaba a ser extrañamente sospechoso. Pensó entonces en esos famosos déjà-vu, pero sabía que era demasiado, esas extrañas bromas que nos juega la mente, relacionando espacios y tiempos distintos para hacernos creer que ya vivimos el momento se establecen parámetros fijos, es decir en hechos o escenas de corta duración, pero nunca un suceso de acciones como lo que estaba viviendo.

EL APARATO

Nadie sabia para que servía, pero era lindo, y por eso algunas empresas del país comenzaron a fabricarlo, y a venderlo con el nombre genérico de “aparato”. Le gente al principio no se intereso demasiado ya que, aunque tuviera atractivo, no gustaban de pagar por algo que no tenia uso, pero con ayuda de una buena publicidad y una campaña de anuncios bien apuntados, pronto las ventas comenzaron a subir y la gente comenzó a desear cada vez más tener uno de aquellos aparatos, que les hacían sentir que formaban parte de un grupo, que eran de una buena clase social o, simplemente, que se sentían mejor por tener aquello.
Los países vecinos comenzaron a hacer también lo mismo, y pronto sacaron al mercado la competencia, con modelos que parecían más avanzados y de mejor diseño. Las empresas nacionales, entonces, pidieron al gobierno protección contra las importaciones y además comenzaron a exportarlo a estos nuevos mercados externos, con una nueva gama de “aparato” de mejor calidad.
La balanza iba hacia un lado y hacia otro, sin lograr desequilibrarse, pero la rivalidad era cada vez más fuerte y terminó por transformarse en una causa nacionalista: “había que defender a la patria contra los extranjeros, que querían llevar al país a la ruina”. La tensión también fue aumentando en los otros países, los cuáles se sentían ofendidos por el trato que recibían. Las amenazas mutuas comenzaron a preocupar a los gobiernos, que decidieron armarse por si estallaba un conflicto, y la campaña de reclutamiento hizo crecer aún más las rivalidades, los soldados de los ejércitos ya se encontraban en las fronteras por las dudas. Las agresiones comenzaron casi por accidente, por unas prácticas que traspasaron la frontera sin querer, pero fue suficiente para que comenzara la guerra.
Duró varios años y fue muy dura, cuando acabó los dos países habían quedado devastados y ya no quedaban “aparatos” ya que las fábricas habían sido destruidas, entonces volvió la paz.