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Kosh

EL PRIMER LUGAR DONDE ESTUVE

Una vez estuve de paso por un mundo donde para ver amanecer era necesario poder pasar la noche tratando de salir con vida de las trampas, y eso era difícil cuando la ciudad renacía en penas que no son de cura fácil. Y las esquinas salpicaban siempre soledad y las farolas iluminaban el asfalto húmedo y frío, gris como las almas que a veces le pasaban por encima. Recuerdo que quién se equivoca dos veces ya no podía salir de pie, y su corazón se inundaba de olvido y de tristeza, y no le quedaba otra salida que unirse a la procesión de los que se alejaban derrotados, dándole la espalda al amanecer y viendo como la vida pasaba. Entre la niebla que rebalsaba las alcantarillas por las tardes, recuerdo que leía carteles que hablaban de espíritus cansados y que advertían sobre todas las cosas que estaban prohibidas. Nunca olvidaré el segundo que leí, que decía que estaba prohibido desmoronarse en la vereda. Pero luego leí otro peor que decía que estaba prohibido escaparse de las manos del destino, y que la multa se pagaba con su sombra.
Pero como ningún cartel hablaba de que estuviera prohibido huir, luego de hacer un poco de turismo y ver los lugares que la guía me decía que no podía eludir, me fui. No tomé ninguna foto, y recuerdo que cuando atravesé la frontera me sentí aliviado.

EL MISTERIO DEL SEXTO SELLO

Me consume el sexto sello, sobre todas las cosas, sobre todos los escritos, es algo inusual, maravilloso, es el poder máximo, cuando todavía no se han completado aún los jinetes del apocalipsis, cuando la bestia de siete cabezas, el dragón y la serpiente aún no han surgido de las profundidades, no persiguen ni matan ni condenan... ¿Quién puede abrir así un sello, con tanta grandeza?, es el fin, y todavía no hubo batallas ni se castigó Babilonia, los ejércitos celestes, los caballos blancos, los jinetes con sus nombres escritos que nadie conoce... y así le dio su turno al Harmagedón, para que pase lo que debía pasar, según las profecías...
"...Cuando abrió el sexto sello, oí y hubo un gran terremoto, y el sol se volvió negro como un saco de pelo de cabra, y la luna se torno toda como sangre y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra como la higuera deja caer sus hijos sacudida por un viento fuerte, el cielo se enrolló como un libro se enrolla, y todos los montes e islas se movieron en sus lugares..."

EL MECANISMO

No recordaba desde cuando estaba allí, en realidad había estado desde siempre. Realizaba diariamente, sin descanso la misma rutina de control del enorme aparato. La maquinaria estaba compuesta por miles de engranajes, todos asociados entre ellos y moviéndose en distintos tiempos y hacia diversas direcciones. Estaba dentro de una inmensa fábrica que parecía llegar hasta los confines del horizonte mientras que su tinglado daba la impresión de ser el mismo cielo. Se pasaba todo el tiempo moviéndose por un laberinto de pasarelas y escaleras que unían todos los puntos con su caja de herramientas y su casco puesto, reparando o cambiando cada pieza que dejaba de funcionar o necesitaba un mantenimiento, ajustaba las partes y aceitaba los engranajes. Su tarea resultaba imprescindible para que todo funcionase como era debido y no podía distraerse ni desconcentrarse en absoluto. Así transcurría su agitada vida, evitando los fallos y asegurando el buen funcionamiento del gran mecanismo y, a su manera, se sentía a gusto con su trabajo pues sentía en lo más profundo de su ser que estaba realizando una labor esencial. Era una sensación noble de hacer el bien sobre todo, quizá esto último era lo que le inyectaba la fuerza para seguir adelante sin parar mientras pasaban los años.
Pero un día cualquiera, en un momento que parecía que todo andaba bien, se sentó sobre una de las tarimas y apoyó su espalda contra una escalera. De pronto sintió sueño y sin apenas notarlo se quedó dormido. Pasó mucho tiempo y durmió profundamente mientras a su alrededor la máquina continuaba con sus movimientos. Al despertar, se dio cuenta de que se había dormido, entonces el pánico lo abrazó con fuerza, abrió los ojos de golpe y de un salto se puso de pie, esperando oír las alarmas de cientos de sectores sonando a la vez, decenas de luces rojas de los tableros titilando furiosas, agujas marcando los peligrosos máximos y humo gris saliendo de los escapes a presión, sin embargo, para su sorpresa, la máquina continuaba funcionando perfectamente, no había nada fuera de lugar ni sonaban alarmas. Los engranajes continuaban su marcha sin su ayuda, sin su presencia. Entonces descubrió que el mecanismo podía funcionar sin él y en un instante, al abrir y cerrar los ojos, como para terminar de comprender que la cosa era así, perdió toda razón para vivir.

LA LLAMADA EN ESPERA

Marqué los número que creía correctos, sin embargo del otro lado se oía un ruido constante de llamada en espera. Estaba sentado mirando hacia el otro lado del cielo, por lo que no percibí como el tiempo surcaba las nubes y mis pensamientos se alejaban por los contornos del horizonte. Había, a lo lejos, un mundo de intrigas peligrosas, una cultura de secretos y misterios sin resolver, pero como nada de eso es mío, es más, como está tan lejos de mi alcance, no sé porque me preocupaba tanto. Y pensé que los libros no enseñan todo, aunque sea tan bueno para nuestras mentes leerlos.
Cuando volví a las tierras donde vivo descubrí que seguía el llamado en espera y que había pasado mucho, mucho tiempo, y no lo pude comprender, pero bueno, termine por cortar, además ya no recordaba porqué llamaba y, como casi todo en la vida, me dio igual.

LAS POESIAS DE ABD AL-RAHMAN

Recordaba su Siria natal como la palma misma de su mano, sabiendo que estaba condenado a no volver, como los Omeyas mismos habían padecido por Damasco, el lo haría por Granada, y decidió que no era suficiente, por lo que mando a traer poetas que le escribiesen lo que sentía. Sin figuras, sin rostros, sus artesanos tallaban el conocimiento como la religión del desierto decora sus palacios, y no salía nada bueno de lo que oía, hasta que vino aquel que nadie supo llamar por su nombre correcto, y le pidió menos de lo que le daba a los ciervos por regalarle sus palabras.
Así recibió la poesía que esperaba, donde los guerreros luchaban y morían satisfechos porque sus almas tenían un lugar designado en el paraíso, porque los colores flotaban en las sedas que bordaban sus hermosas mujeres, y porque la belleza no siempre está en los lugares, sino en los verbos que los describen. Desde entonces conoció una ciudad de belleza y esplendor, digna con honores para llevar el peso de un imperio, para disfrutar los sabores del mediterráneo.
Los apócrifos sentaron cabeza en las lenguas desconocidas, "en poco tiempo volveremos a ser caníbales" decía, pero los otros poetas, con sus túnicas salpicadas con Platón, alegaron que antes serían fulminados los hombres del cielo y la tierra, excepto los que el mismo Dios quisiera salvar, y ese Dios, esta vez, y por única vez, sería Allah, porque así mil años antes lo decía el Apocalipsis.
Para comprenderlo hay que saber que las leyendas se escriben con pluma de la fantasía, pero con tinta de verdad.

ROPA NUEVA

Si el verano cae sobre tus pies y no dejas de querer saber como va el desfile, y ves que se sufre por ver si el robot aprendió a caminar, cuando atrás se sufre de verdad... el Daniels es mas caro pero también duele más y por eso un buen lobo sabe como acorralar a sus presas con una sinfónica intelectual.
Sería hipócrita cruzar la vereda y hablar del lado de los disconformes con la humanidad, porque sus dientes siguen clavados en los pasillos de centros comerciales, y los narcóticos te hacen que vivir solo cueste lo que cuesta respirar. Pero los enjaulados no son los que se asilan sino los que están en los barrios de arriba, con un estilo tan viejo como la historia del hombre. Y si te curas las heridas con Channel es porque te cura, y si los ejércitos comen BigMc es porque los alimenta. Si esta bien será porque esta bien y sino da igual porque nunca esta bien, ¿o acaso sabemos que está bien de verdad?, ante la duda habrá que esperar al nuevo modelo... Y si no te miente el Google es porque las mentiras quedaron atrás cuando se terminó la última botella de honor, y como era un producto que no tenía buen marketing dejó de ser negocio y se dejó de fabricar, después de todo, la ropa nueva es mejor.

VIDA DE TANGO

No existe melancolía como la vida de tango, porque va en la sangre que corre por las venas de la música, porque esta tallado en las notas de un instrumento creado para hacer llorar.
Se escuchaba un bandoneón de fondo, como apagado entre las esquinas de farolas amarillentas y paredes grises. El empedrado húmedo, por la lluvia que siempre cae en una vida así, obligaba pasos riesgosos para sus tacos, que avanzaban quebrando el silencio de la noche. Se tambaleaba bajo un cielo oscuro y sinuoso, su sombra se confundía con las otras sombras, en un callejón pintado de tristeza y amargura, donde no cantaban los pájaros, donde las penas no encuentran su olvido y van de la mano de una copa, y donde un corazón devastado agoniza bajo los portales. Y caminaba lento, alejándose de las sonrisas y abrazando las lágrimas, pendiente de vivir la vida de un tango, donde los que cantan se lastiman, donde las almas habitan entre las ruinas de los sueños, sufriendo en estado febril, sin ver el sol que asoma detrás de la cuesta al amanecer.
El bandoneón se oía más cercano mientras caminaba, pensando que la felicidad no se compra en cualquier mercado de la calle, sino que se vende en las tiendas de lujo, y solo se puede ver por la vidriera, posando para ser deseada, y para ser comprada solo por los que pueden pagar el alto precio... del riesgo.

EL HOMBRE DEL BANCO

- Aquel hombre que esta sentado en ese banco de plaza, ¿de donde vendrá? – pensaba el creador desde la vereda de enfrente.

Habían pasado unas horas y seguía de pie en la parada, mirando las palomas bañarse en la fuente y los autos pasar sin descanso. El amanecer plegaba su abanico de cielo soleado y la ciudad se levantaba de la cama para salir a la calle.

Nadie impondría nada nuevo aquel día de Mayo, porque el mundo había cambiado su rumbo, ahora giraba hacia el lado opuesto, entonces cada uno de los que creían tener el destino marcado se enteraban de que podían cambiarlo, y aquellos que creían poder definir su vida, descubrían apenados que el destino los llevaría por sus caminos. Nadie lo esperaba, ¿quién supondría una decisión tan drástica en este punto de la historia?.

- Sigue sentado, parece inmóvil, parece muerto, una estatua – comparó al ver la expresión inerte del sujeto en cuestión. Los autos y la vida pasaban frente a aquel hombre de mirada sombría y hundida en la nada, el movimiento de los transeúntes resbalaba por su alrededor sin que se inmutase.

- Quizás con esto se anime – dijo justo antes de que una sorpresiva ráfaga de viento desprendiese una rama un de un árbol sobre él, dejando caer el trozo de madera a escasos centímetros de sus pies. Sin embargo el hombre apenas pestañeo, como si la sorpresa fuese una palabra que no estuviese en su vocabulario.

- ¿Cómo puede ser? – se cuestionó sin convicción.

De pronto el hombre giró la mirada, tan solo los ojos, sin siquiera mover las cejas, y contempló con intensa meditación al creador. Supo que no había forma de revivir sus ganas de vivir, supo que él representaba a todos los que olvidaron las emociones que componen este mundo, y que siguen el sendero gris de los predestinados y los que perdieron su opción de aquella sobria virtud de tener el control.

EL INFILTRADO

Comenzaba la segunda guerra y del lado inglés se necesitaba un espía, alguien con sangre fría para infiltrarse en medio de los campos conquistados por el enemigo e indicar posiciones. El voluntario viviría huyendo y escondiéndose como una rata durante meses, debía ser alguien especial. No había voluntarios entre los militares, los soldados eran valientes y sabían luchar, pero no sabían ocultarse, ir pasando de pared en pared sin ser vistos, no era una tarea para ellos. Pidieron voluntarios entre civiles y por fin se presentó un hombre pequeño, de origen húngaro. De inmediato lo reconocieron y aceptaron. Aquel hombre era el más escurridizo de los ladrones de Londres. Hacía años que la policía lo buscaba por una serie interminable de robos en casas, bancos y locales a los que sustraía el dinero sin utilizar la violencia sino la astucia.

Dos años estuvo entre líneas enemigas, de cuidad en ciudad, indicando las posiciones de las tropas enemigas, la ubicación de las baterías antiaéreas y los avances de los tanques. Informaba en que fábricas se hacían armas, en donde se atrincheraban los altos mandos, incluso llegó a infiltrarse en cuarteles y robar planos de estrategias.

Cuando la guerra dio el giro final y los aliados avanzaron sobre el continente, el espía volvió, siempre sin ser visto, a Inglaterra. Allí lo recibieron con honores, le entregaron la medalla de valor, que solo reciben los más valientes soldados, y luego fue condenado a diez años por robo.

EL CODIGO DE LOS MENSAJES

Eran tiempos de silencio de voz, y no se supo bien como fue que las cosas terminaron de esa forma, pero las costumbres hacen a la sociedad y la sociedad a sus leyes y estas decían que no se podía volver a utilizar el habla, solo los mensajes. El imperio cayó en una absurda dictadura y todos los ciudadanos acataron la ley y vivían contentos y fieles, acostumbrándose a ser felices con lo que había. Estaban quienes lo eran realmente, porque amaban la lectura, pero no dejaban, en lo profundo de sus corazones, de añorar los tiempos de habla. Incluso los pocos que se mantenían rebeldes, afónicos por la falta de uso de sus voces, comenzaron a centrarse en los mensajes para llegar algún día a hablar otra vez. Otros tantos no se sublevaban por principios, ya que les habían enseñado desde siempre que no podían decir nada, que estaba mal y por tanto, sin cuestionarse el porqué, acataban.
El conflicto, como siempre, lo desató lo más insignificante, dicen algunos que se discutía por una chaqueta perdida quien sabe donde, quien sabe porque, pero para ello era necesario utilizar la palabra, hablar con verbos, decir mucho más que un resumen. Y así estalló la revolución. Se sabe que es solo una leyenda, como el ave que voló sobre el ejercito de Atila y le dio la victoria por todo el norte de Italia, o el ejercito de Aníbal, que atravesó el pantano del Ebro flotando en las aguas, o tantos guiños de la historia de una humanidad dispuesta a la fantasía y al milagro.
A ciencia cierta no se sabe el resultado de aquella revolución, el destino quería que la historia no supiese dar la respuesta a algo imposible, porque la respuesta estaba en el alma de quienes compartían los mensajes, de quienes tenían el poder de cambiar, de derrocar el reinado del silencio e imponer un nuevo estado, donde los protagonistas de la historia se juntasen en torno a una mesa a expresar, con palabras, lo que no hay forma de decir con mensajes...

EL HOMBRE QUE PIDIO ALAS

El avanzaba por los infinitos caminos de tierra de la llanura, siempre a pie, siempre caminando recto, a paso tranquilo, ritmo marcado, sin desbordar de la rutina. Así seguía adelante hacia el horizonte, ese al que siempre llegaría el día de mañana pensando que caminar de ese modo era parte de su razón de ser.
Pero su mente cambió el día que vio pasar unos pájaros, que volaban, casi planeaban, hacia el horizonte. Entonces se maldijo y se preguntó porque él no podía tener alas como ellos, y así ir por el cielo, disfrutando, en lugar de ir por la tierra sufriendo. Enojado se paró y miró hacia arriba y comenzó a hablarle a Dios.
- ¿por qué no puedo yo tener alas como esos pájaros? – dijo gritando al cielo.
Una voz respondió de entre las nubes:
- Los pájaros tienen alas porque las necesitan, ellos no pueden caminar -
- Si, pero ellos van cómodamente planeando mientras yo me canso avanzando paso a paso – reprocho. – ¡Quiero alas, como ellos! – se quejó y amenazó: - o no doy un paso más.
Desde arriba se impuso un silencio inerte, que luego se convirtió en milagro. De la espalda comenzaron a sobresalirle unas extremidades de las cuales nacieron plumas que más tarde se consolidaron como dos grandes alas.
El hombre se mostró contento y de inmediato se hecho a volar, avanzando de manera veloz y casi sin esfuerzo, planeando entre las nubes de un cielo claro y despejado, adornado por un hermoso sol que cubría el atardecer.
Pero a medida que se teñía de oscuridad el cielo también se engendraban nubes grises en el horizonte, interrumpidas de momentos cortos por rayos. Y la tormenta fue avanzando en medio de un gran viento que de pronto se hizo presente.
El hombre volaba alto, con sus alas desplegadas, cuando lo sorprendió una fuerte ráfaga que lo arrastró en medio de la turbulencia. Entonces se encontró en medio de un huracán, que giraba en torno de la tormenta. Y comenzó a girar atrapado, sin poder bajar a aquella tierra, lenta pero firme, por la que sólo caminaba. Pasó toda la noche luchando y sufriendo como nunca antes. Por fin, al amanecer, la tormenta se desvaneció y pudo descansar. Se dio cuenta que había retrocedido mucho, y también se dio cuenta que era más fácil ir a pie que volar, por lo que imploró perder las alas.

EL BESO EN EL TREN

Para comprender a los demás hay que situarse dentro de la piel, vivir y sentir lo mismo, por ello me subí a la mañana al tren. Me senté en un asiento común, el tren tardaba en arrancar, no había mucha gente, entonces comencé a intentar ver las cosas con mayor precisión, con mayor detalle. El minucioso estudio partió del asiento vació que tenía delante. El tapizado estaba gastado, con algunos cortes que permitían ver una especie de esponja amarilla. Entre los pliegues y las arrugas del material encontré suciedad que ennegrecía los contornos. Concentré aún más la mirada haciendo un esfuerzo por ver más allá. Por fin pude ver eso que creo que quería ver, era como un grupo de gérmenes o algo, lo que fuere, pero vivo, que lo cubrían todo. Luego logré verlo también en las paredes del vagón, en el piso, hasta en mis pantalones. Recuerdo que sentí mucho miedo, me paré y busqué limpiarme, aunque no sabía como. Descubrí que me había metido por propia voluntad en un gran problema, y debía salir, no quería estar usando líquidos desinfectantes ni nada que no fuera de mi propia mente. Pero es que lo que veía no era un invento de mi mente, al menos eso era lo que no podía entender. Traté de no prestar atención, haciendo como que no me importaban, pero no servía ya que por más que quisiera no podía evitarlos. Tarde algunas horas en hacerlos desaparecer, a base de otros pensamientos, de un olvido progresivo que no resultaba fácil, era como cuando uno no quiere ver hacia alguna dirección pero no puede evitar hacerlo. Pero la mente a la larga la controla el dueño y no los reflejos, por tanto logré por fin tomar las riendas y volver a dominarla. No fue fácil y ahora no puedo evitar sentir miedo de intentarlo otra vez, de volver a tratar de verlos y sentir las pesadillas que me generaron.
Nunca más debería intentar hacerme cargo de los problemas de los demás, pero sé que siempre lo hago y siempre lo voy a hacer...

LA MENTE CRIMINAL

Había planeado como un artista del crimen cada uno de los actos, fueron cinco víctimas, y en cada escena había dejado pistas que los detectives analizaban sin respuestas. Tenían el perfil, sabían que era, como toda mente desquiciada, alguien que en el fondo, en lo más profundo de su ser, quería ser atrapado. Pero también sabían que les restaba tan solo una oportunidad, ya que el asesino se había centrado su obra alrededor del seis, el número de la bestia. Pero cuando completó el último acto, acabando con esa sexta víctima, cuando todo cerraba y apuntaba hacia un hombre que tarde o temprano sería desenmascarado, entonces apareció un tercero, alguien que aguardaba para hacerse con toda la fama. Habiendo estudiado las escenas, habiendo estudiado al asesino, y con una mente igual o peor de enferma, tomó su lugar, y la policía lo atrapó. Las confesiones fueron rápidas, explicó sus extraños motivos y se reunieron las pruebas para inculparlo y condenarlo.
Y así fue como el caso quedo cerrado, el hombre se hizo tristemente famoso, pero el verdadero asesino estaba suelto y sufriendo que su obra había sido atribuida a otro. Un día, furioso, se presentó a la policía y dijo que el era el verdadero asesino, pero estos no le creyeron, dejándolo de por vida con la amargura de vivir en el anonimato.

LOS SUEÑOS CONFUSOS

Tenía el sueño casi en la cresta de las horas de la madrugada, y cuando abrió los ojos la paranoia brumosa que define a veces a la realidad le mostraba una habitación sin monstruos con orejas puntiagudas ni tormentas de nieve que impidan correr para escapar del cazador. Entonces la noche se hace una sola, para el sueño y la realidad, y el miedo es tan denso en ambos extremos que es difícil definir en cuál se está mejor.
Al menos de un lado la muerte es lo peor que puede resultar como desenlace, pero del lado opuesto hay peores escenarios, existe el pánico de no saber que habrá después, porque los sueños son así, tan imprevisibles como la misma mente humana.

¿PARA QUE NECESITA ESCRIBIR?

Un filósofo debe dominar el arte de la creación literaria, no solo como herramienta para desenvolverse en la expresión de sus ideas sino también, y sobre todas las cosas, como ejercicio de comprensión del ambiente que estudia. Un escritor debe saber ubicarse en la piel de sus personajes, vivir la vida que ellos viven. Así pues, si se escribe sobre un asesino el escritor debe saber comprender sus motivos, analizar sus razones y, necesariamente, modificar su propia escala de valores, adaptándola a la del personaje, en este caso alguien dispuesto a matar.

Un buen escritor hace que su personaje tenga motivos claros, aunque él mismo no los comparta, para actual de la manera que actúa. Traspolando a la realidad, al día a día, y adaptándonos al comportamiento de las masas, podemos comprender otras culturas, grupos o enemigos incluso, antes de juzgarlos y tomar medidas.

LA VOZ DE LA RADIO

Si creyera en las señales creo que éste sería un buen caso.
Volvía de la montaña el pasado Domingo por la noche. Dicen que las cosas no suceden porque sí, dicen que todo tiene una causa, una razón que encadena los hechos de la manera que el destino lo impone. El autobús avanzaba por el valle y la gente a mi alrededor dormía, luego de un largo día en la nieve. Yo, por algún motivo, no podía conciliar el sueño, entonces traté de escuchar música en mi pequeño equipo de mp3. Resultó ser que la batería se terminó, apagándose el aparato a mitad de la segunda canción. Probé reencenderlo otras varias veces pero siempre volvía a apagarse, hasta el punto de no volver a encenderse más. El destino o lo que fuese me llevó a buscar la radio, y como esta consumía menos batería –al menos eso es lo que siempre creeré para justificarlo – esta se encendió. El dial estaba muerto en una cifra cercana a la centena, presioné la búsqueda automática, esperando hallar algún partido de fútbol en juego, pero el dial avanzaba hacia delante sin encontrar ninguna sintonía. Estábamos atravesando un cañadón donde no había más que la ruta, imposible que alguna onda de radio alcance ese perdido lugar, pero de pronto, entre el sonido rasposo de la búsqueda, surgió como de la nada una voz. Era una mujer, hablaba claro y pausado, y los sonidos de frecuencia que al principio la acompañaban se diluyeron, dejando su voz aislada en mis auriculares.
Si yo creyera en las señales hubiera asegurado que aquello era una clara muestra, de hecho pasó por mi mente la extraña posibilidad de que la secuencia que había derivado en aquella voz tenía una razón que no era casual, pero una parte racional de mí descartaba aquella posibilidad.
La mujer hablaba de que podía ver el aura de las personas, y explicó que significaba esa extraña palabra que creía era un invento de ella. Hablaba de que podía leer el futuro, saber que cosas pasarían de no modificarse la secuencia de sucesos, y yo, sin realmente nada mejor que poder hacer, la oía como si me estuviera hablando solo a mí.
Intenté una vez más sintonizar alguna otra radio pero no la había, esa mujer era la única voz que captaba el aparato.
La mujer terminó por dar una dirección en la ciudad donde decía realizaba consultas a quienes se atrevan a conocer lo que les sucederá, yo nunca creeré en esas cosas, pero ahora estoy frente a la puerta de la dirección indicada, esperando ver que hay del otro lado.

EL HOMBRE SENTADO

Estaba sentado en un asiento, mirando pasar la vida por la ventana, rodeado de gente y de sueños buenos y malos. Los buenos son los más raros, y casi nunca se dejan ver de entre las alas, en cambio los malos si están a la vista, en cada acto que miraba al pasar por arriba de una telaraña de calles y casas que se alejaba por el horizonte. Y cada ser tiene un don, algo que nadie más tiene, pero que la mayoría de nosotros no sabemos encontrar dentro nuestro. El de él era percibir en los objetos la capa de bien o mal que las cubría. Pero para ello debía sufrirlo, como todo don que no se desea.

LA PRUEBA DEL CARBONO 14

Había estudiado química, pero la vida que nos arrastra por los caminos que se le antoja, lo había desviado hacia los trabajos arqueológicos. En realidad era el científico al que acudían los historiadores, arqueólogos, paleontólogos, y todo aquel que quisiera saber la antigüedad de un hueso, lienzo, piedra, fósil, o lo que fuese.
No sólo aplicaba el método del carbono 14, sino también el potasio argón y el plomo uranio entre otras pruebas que, unidas, garantizaban la antigüedad aproximada de lo que fuese.
En sus largas horas de investigaciones fue que descubrió la manera de hacer que un objeto tuviera las características exactas y suficientes para pasar por la edad que se le quisiera asignar. Así fue como comenzó su cruzada por el cambio. Lo primero que hizo fue rescribir algunos de los “Diálogos de Platon”, luego los ocultó en una biblioteca perdida y esperó. Unas semanas más tarde alguien declaró haberlos encontrado y todas las pruebas realizadas lo databan de fines de la edad media, época donde se sabe caída constantinopla que muchos sabios emigraron a europa y trajeron consigo sus libros, que fueron copiados allí, por lo que se les dio autenticidad. El hecho recorrió el mundo. Pero mucho mas notorio fue el papiro que ocultó entre los documentos árabes. Hablaba de los musulmanes y de que debían trazar esquemas de paz con el mundo para alcanzar el paraíso con Alá. Este nuevo hallazgo mejoró las relaciones con los países árabes y, por primera vez, creyó que había contribuido por el bien de la humanidad.
Así continuó lentamente, modificando la historia a base de nuevas pruebas que en realidad creaba a su antojo. Colón ya no era más el descubridor de América, sino los romanos, cambio las secuencia de las guerras púnicas y modificó las teorías sobre la extinción de los dinosaurios. Pero un día dejó por error una inscripción marcada con una tinta que no podía haber sido descubierta antes del siglo XVIII, por lo que los descubridores no supieron que creer. El suceso se publicó en revistas científicas como algo sin precedente, y derivo en la incredulidad en todos los hallazgos de la historia. Supieron que alguien había manipulado el pasado, pero ¿desde cuando?, ¿y que cosas exactamente?.
Se trató de reeditar todo libro de historia pero no había acuerdos en común sobre los verdaderos hechos. Finalmente en los colegios se dejó de enseñar la materia y algunas generaciones más tarde ya nadie sabía sobre el pasado de la humanidad. Los historiadores y científicos fueron desprestigiados y desapareciendo a medida que el mundo se concentraba solo en el presente y en el futuro.
Y así la historia se volvió a repetir.

EL CHIP PROTECTOR

Se inventó luego del gran accidente del 2441, cuando el conductor de un camión de residuos de uranio enriquecido, llegaba tarde al cumpleaños de su hija, por lo que decidió cruzar la vía del tren con la barrera baja. Había mirado a los lados pero no le pareció ver el tren, sin embargo el reflejo del sol le engaño, y el tren estaba allí, acercándose. La colisión fue terrible, la máquina dio en medio del vehículo, haciendo que éste explote y que los residuos nucleares se expandiese. Todos los pasajeros del tren encontraron la muerte, pero también los residentes de tres villas cercanas, y otros tantos campesinos.

El gobierno, preocupado, debía buscar una drástica solución. No podía dejar de transportar los residuos nucleares, los convenios con las empresas dueñas de las centrales eran demasiado estrechos. El poder que éstas ejercían sobre el gobierno torcía el brazo hacia otras alternativas, entonces se liberaron fondos reservados para un proyecto de investigación tecnológica, liderado por el mítico profesor Ibzagimov, el cuál había desarrollado hasta entonces un aparato corrector de errores que él mismo utilizaba, en su propio cuerpo, para mantenerlo siempre concentrado y evitar errores en sus investigaciones para perfeccionar el aparato.

Las investigaciones terminaron dando a luz un microchip que se insertaba detrás de la oreja del sujeto y comandaba los actos que se programen para responder con determinadas acciones frente a escenarios establecidos. El primero en implementarse fue el módulo del tráfico era una serie determinada de leyes puestas como ordenes de accion-reaccion. Por ejemplo, si una persona tenía éste “chip” incorporado e intentaba saltarse un semáforo en rojo el sistema inmediatamente se lo impedía, enviando una orden a su sistema nervioso para que lo evite. Es decir que, al detectar el pensamiento del sujeto de transgredir la norma de tránsito, el sistema lo corregía, evitando así la acción final.

El “chip” funcionaba a la perfección y se implementó primero en los camioneros, luego en taxistas, conductores de autobuses y, finalmente, en todo conductor. Luego se desarrollo uno similar para los pilotos de avión y luego para los timoneles. Quince años más tarde se desarrollaron también para peatones y también para otros delitos, como robos, asesinatos y cualquier crimen penado. Así toda la sociedad comenzó a utilizar aquellos aparatos, desde el nacimiento se implementaba, por ley, el “chip” de “protección social”.

La sociedad termino, como siempre, por acostumbrarse a vivir de ésta forma y, pasadas algunas generaciones, se creía imposible vivir sin el “chip”.

OTRO MENSAJE

Sigo buscando una figura que pueda reconocer, dentro de la mancha que quedó en mi piel durante esos días, cuando se volcó el sueño de vida que esperábamos haber tenido, cuando la voz de la realidad agrietó aquel espejo donde se reflejaba solo lo que queríamos ver, solo lo bueno, ocultando la oscuridad del fondo, donde habita la realidad. Esos días aprendí que el que no quiere saber sobre su vida tropieza con su alma, que quiere ir hacia otro lugar, y el que sigue el camino sólo porque las líneas están pintadas y los caminos indican por donde pisar, nunca van por el lugar correcto, porque lo correcto lo marca el corazón. Y sin embargo seguimos por el camino marcado, el que creemos seguro...