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Kosh

LAGRIMAS DE LLUVIA

El día estaba nublado y él tomaba un café cuando la vio pasar por la acera de enfrente. Ella estaba triste, a punto de largarse a llorar. La siguió con la vista y vio como al caer su primera lágrima del cielo cayó sobre la calle la primera gota, perdiéndose en el asfalto. Y al romper en llanto la mujer, se desencadenó la lluvia. Desde ese día comenzó a seguir a esa mujer, a cualquier parte donde fuese, a escondidas.
Pasaron dos semanas hasta que una tarde volvió a sentirse mal y a llorar. Y desde el cielo, en el mismo momento comenzó a llover. Sorprendido por el descubrimiento comenzó a deducir que debían existir muchas personas como ella, en otras ciudades que decidiesen de acuerdo a sus tristezas, en que momento llovería. Pero en lugar de guardar el secreto, se lo comentó a un amigo esa tarde en el bar, tomando una cerveza. Su amigo lo conocía demasiado y nunca lo había oído mentir, por lo que a pesar del increíble relato, decidió creerle o al menos darle una oportunidad. Así fue como él también comprobó, siguiendo a la mujer, el fenómeno de la lluvia. – ¿te das cuenta?, con ella podríamos definir cuando queremos que llueva y cuando no – le comentó. Pero él le respondió que nunca lo había pensado de esa forma. – Los descubrimientos que el hombre va haciendo en la naturaleza, siempre los utiliza para mejorar su calidad de vida – le recordó. Al día siguiente la mujer desapareció, y pasaron varios días sin que supiera nada de ella. Entretanto los campos que necesitaban lluvia, de pronto la recibieron y las cosechas mejoraron. – La chica ha desaparecido – fue lo primero que le dijo cuando su amigo atendió el teléfono. – La tengo yo – respondió su amigo, - está ayudando al mundo – agrego. - Es cuestión de manejarle sus sentimientos, cuando se necesita lluvia hay que hacerla sentir tristeza y cuando se necesita sequía hay que hacerla sentir alegre – le explicó.
Esa tarde fue a la casa de su amigo. – Déjala en paz – le ordenó, - ella debe manejar sus sentimientos.
La mujer estaba sentada en un rincón, oyendo como se debatían su vida. - ¿Tienes idea de lo que vale esta mujer? – le reprochó su amigo.
- No importa cuanto signifique, tiene derecho a ser libre – se propagó un breve silencio en el ambiente. – De acuerdo, pero no sabes lo que estás haciendo – se resignó su amigo. Luego abrió la puerta y le indicó a la mujer que podía irse. La mujer se levantó tímidamente, como un animal que ve la puerta de su jaula abierta, y salió a la calle, perdiéndose entre la multitud.

PASAJE DE LA FUENTE DE LOS DESEOS

El druida se sorprendió del lugar, aunque mayor fue su sorpresa al ver la fuente, nunca había visto algo así, sus aguas brillaban con el reflejo del sol, era un brillo mágico, cristalino. Recordó entonces unas escrituras sagradas, escritas en un libro que ya no existía, había desaparecido para siempre y así debía ser, pero la profecía que estaba escrita en esas hojas aún permanecía en su memoria. Estaba frente a la fuente de los deseos, regalo de Dios para los hombres de bien, arma para derrotar al mal, vida sobre la muerte. Pero también era una nueva carga, un peso sobre los hombros de los protectores de los hombres. - Las armas siempre serán obras del mal, aunque se utilicen para el bien, aunque las haya creado el mismo bien – le había dicho alguna vez su maestro, ahora comprendía esas palabras. Con esa fuente podrían recuperar la paz, pero luego sería una responsabilidad mayor, algo que siempre debía estar custodiado, algo que si alguna vez caía en malas manos la era del mal sería peor que la que ahora enfrentaban...

EL HOLANDES ERRANTE

Tiró los dados esperando un siete. Era su alma contra su vida. Cuando vivimos aferrados a la vida no nos importa que apostamos por mantenerla, y ese era el caso del Holandés. Haciendo caso omiso a su tripulación se había dejado llevar por su codicia y su vanidad y decidió atravesar la tormenta. El cargamento de oro no valía la espera y él era el mejor navegante, el mejor capitán. Su barco, una hermosa fragata capaz de navegar a cuatro vientos, combatió como pudo contra las olas pero éstas eran gigantes enfurecidos incapaces de sentir piedad por el desafío. Derrotado al astillarse el palo mayor el Holandés pidió por su alma, pero no a Dios sino al diablo, quién se presentó riendo sobre cubierta. Los dados no le dieron suerte y la derrota fue su última visión humana. Una ola arrasó con toda la tripulación, pero sus almas se alejaron a la otra vida, en cambio él quedó allí. Solo en cubierta, con un barco fantasma, en una tormenta eterna, una tormenta que nunca jamás acabaría.
Desde entonces, cuando un barco es sorprendido por un temporal, y se encuentra en medio de la lucha contra las olas, puede que entre la neblina vea pasar al Holandés errante.

SOSPECHAS

Habían pasado varios meses desde que se había puesto de novio, pero siempre había sido celoso. Tenía el pensamiento fijo en que su novia le era infiel, y su obsesión se había ido acrecentando con el paso de los años. Al principio se lo preguntaba y, por supuesto, ella lo negaba constantemente hasta que se comenzó a cansar de la misma pregunta. Ella fue la que un día le dijo: - mira, no soy infiel, pero si lo fuese ¿crees que te lo diría?. Su respuesta era muy válida, por lo que no volvió a preguntarle. Pero eso no quitaba la posibilidad, por lo que decidió, de a poco, comenzar a investigarla. A veces la seguía hasta su trabajo, leía su agenda, investigaba a sus amigas, pero nunca había encontrado nada que le hiciera sospechar de ella. Finalmente sus miedos fueron desapareciendo, aunque nunca del todo.
Una vez por año le tocaba su examen médico de rutina, esa vez le dio la presión alta y el médico le dijo que podía ser por vivir nervioso, le dijo, de todas maneras, que prefería hacer un segundo análisis por lo que le dio turno para la semana siguiente en el laboratorio. Debía ir sin comer y con la primera orina de la mañana. La noche anterior a la fecha del turno medito seriamente sobre su vida. No podía seguir viviendo preocupado, le estaba haciendo daño, debía olvidarse del tema y convencerse de que su novia le era fiel. Ese día se despertó con una paz que hace tiempo no había sentido. Fue al baño pero solo para darse una ducha, y salió hacia el laboratorio, le sacaron sangre, dejó la muestra de orina y volvió a su casa. Su novia lo esperaba con el desayuno listo y demostrando estar feliz, se sintió mas tranquilo al verla tan contenta, entonces fue al baño y todo cambio, notó que la segunda de las tapas del inodoro estaba levantada.

NOS VEREMOS EN LA PROXIMA VIDA

Sabía que iba a entrar en la habitación, y tenía las palabras preparadas, pero no pude más que decir lo que sentía, olvidando todo lo que había escrito. Ella vino de un pueblo donde los valores son los que valen, y yo venía de una gran ciudad donde los valores son los que benefician. Viví los siguientes sesenta años aprendiendo de ella en cada mañana, alimentándome de su sonrisa para sobrevivir los malos tiempos, fortaleciéndome con sus caricias y aprendiendo de sus concejos. Pero todo termina en esta vida, y sobretodo la vida misma, por eso hoy estoy aquí diciéndole que llegó mi hora, lo sé porque me lo dice mi viejo corazón, lo siento en mis ancianos huesos que ya me piden un descanso, un reposo eterno en esta cama. La habitación es blanca, como las sábanas, como la pureza, y solo pude decirle, al mirarla a sus hermosos ojos, que a ella aún le quedan algunos años más por vivir y que va a poder hacerlo bien sin mí. Le prometí que pronto nos volveríamos a ver en otra vida y que nuestros corazones iban a navegar juntos por las nubes como lo hacían cuando tenían veintitrés años. Cuando caminábamos juntos por la calle, siguiendo por tanto tiempo la misma ruta. Tanto conocernos y tener que separarnos, diría que es una pena, pero es el curso de los ríos y el final de los buenos amores. Se fue llorando, y no eran lágrimas que pudiera evitar con mis palabras, por tan solo decirle cuanto la voy a extrañar hasta volver a verla.

Y ahora ya puedo dejar de respirar.

LA PLATAFORMA

1
- No se para que habré aceptado este trabajo – se maldijo Aron mientras el helicóptero se dejaba reposar brevemente en la gran “H” el tiempo justo para que él pudiese bajar del mismo, quedando a la intemperie bajo una intensa tormenta de lluvia y viento. Luego el aparato volvió a levantar vuelo y desapareció entre las nubes. Recorrió la zona de aterrizaje hasta la escalera de hierro que descendía hasta una pasarela, buscando refugio bajo el techo de vigas de acero macizas. Todo allí era en realidad de algún tipo de metal, estaba en la plataforma petrolera P-0293 del mar del norte, la cuál había enviado hacía no menos de seis horas un pedido de médico. La empresa, cuando esto sucedía, enviaba a alguno de sus médicos de personal fijo. Aron era uno de éstos, que solía vivir en tierra firme pero que cada tanto, sobre todo en épocas frías como aquella, era solicitado para atender casos de gripe y, ocasionalmente, algún accidente de trabajo. Nadie había ido a recibirlo, aunque era de esperarse teniendo en cuenta la lluvia torrencial que caía. Sin embargo todas las luces de la plataforma estaban encendidas y las máquinas funcionaban, extrayendo el valioso combustible para dejarlo en tanques que luego se descargaban en enormes barcos petroleros que lo transportaban al continente.
Al acercarse a la entrada a la zona habitada de la isla metálica flotante, encontró algo extraño que le llamó la atención, habían unas manchas verdosas que parecían huellas desparramadas sobre el suelo de metal hueco cuadriculado, y en la barandilla que acompañaba el pasillo hasta la puerta. Si lo notó fue porque casi patina con aquella sustancia gelatinosa y brillante.
Apenas entrar saludó al aire, sin obtener respuesta alguna. Recién comenzó a preocuparse cuando llegó al comedor, lugar siempre frecuentado por los operarios que no están de servicio, y estaba desierto. Volvió a distinguir esas manchas verdes en el lugar. – ¿Hay alguien? – gritó tensionado, pero tan solo le respondió un eco que repercutió en las paredes metálicas hasta ahogarse en la nada. Entonces, justo antes de repetir el llamado, esta vez con más preocupación, oyó algo parecido a una pieza pequeña, quizás un tornillo, cayendo y rebotando hasta detenerse en el suelo metálico en la lejanía, sin poder detectar desde donde provenía. Camino sin un verdadero rumbo pero con un objetivo: encontrar el origen del ruido. Entró en las habitaciones de los empleados, todo estaba en su lugar, como si apenas un rato atrás habrían estado allí. Hasta encontró un cigarrillo a medio fumar consumido en el cenicero, lo que le dio la pista de que algo había hecho desaparecer a la tripulación, pero aún no tenia idea de qué podía ser ese “algo”.
El sonido volvió a oírse, esta vez reconoció que podía venir de la zona del puente de mando, en la parte alta de la plataforma. Subió con cautela, observando en cada esquina de la angosta escalera la posible presencia de alguien en la recta siguiente. Al llegar arriba se encontró con una sala desierta, cuyos paneles de control se veían funcionando normalmente. Había una taza de café frío sobre una mesita, pero el contenido del termo situado a su lado aún se mantenía tibio. Un termo de aquellas características podía, según sus cálculos, aguantas el calor hasta doce horas como mucho.
2
Miró hacia fuera, en busca de alguna señal de vida perdida por entre las tuberías que formaban esa inmensa mole de metales, fue entonces que volvió a sentir el ruido, esta vez en una habitación contigua, donde se encontraba, según sus vagos recuerdos del lugar, el comedor de los gerentes. Había una barra de metal a un lado de la consola de control, la aferró con su mano derecha, listo para utilizarla en caso necesario. Se acercó luego a la puerta lentamente y, al ver que estaba entreabierta, tan solo dejó pasar medio rostro, hasta que uno de sus ojos pudo ver adentro. Había un hombre de espaldas sentado frente a una radio de onda corta, como si estuviese escuchando alguna señal, pero la radio no emitía ningún sonido, también detecto sobre la mesa una pistola nueve milímetros sin el seguro y con el cargador puesto. Se acercó con cuidado, deslizándose por el espacio entreabierto de la puerta y tratando de no hacer ruido. Había restos de esa sustancia verde gelatinosa por debajo del asiento donde reposaba el único hombre que había encontrado. De pronto la radio se conectó y una extraña voz emitió: - ¿me recibes?. El hombre de la silla se levantó sobresaltado, como si hubiese estado dormido, y acercó su cuerpo hacia delante, dejando su cabeza a la altura del micro para responder. – Si. Lo recibo claro.
- ¿Has cumplido? – se oyó que preguntaban del otro lado.
- Si, señor. Los hombres están todos en el agua – indicó el sujeto, - debió haberlos visto corriendo desesperados – rió luego al comentar, - no sabían para donde correr los pobres infelices. Yo sólo cumplí las ordenes al pie de la letra – completo mostrándose orgulloso de su proceder.
- ¿Quedo alguno? – cuestionaron del otro lado.
- Creía que no, pero hace no más de quince minutos aterrizó un helicóptero, bajo sólo un hombre – informó.
Del otro lado lo felicitaron y luego le ordenaron que debía encontrar a ese hombre, también le dijeron que “terminara el juego”, después de eso cortaron la comunicación. – Si, dijo el hombre en voz alta pero para sí mismo, ya es tiempo de terminar el juego.
Aron creyó comprenderlo todo, aquel hombre había, de alguna manera acabado con todos. El hombre se reclinó sobre la mesa y tomó el arma, pero antes de que girase y lo viese, Aron lo golpeó con la barra en la cabeza, el hombre cayó inconsciente. Aron alejó el arma de su mano, por si acaso aún respirase y pudiese recobrar la conciencia, algo prácticamente imposible ya que, por el aspecto de la herida, Aron pronosticó que el sujeto estaba muerto. Prefirió no comprobar su pulso, tan sólo abandonó la sala y bajó a una de las cubiertas inferiores. Entonces pudo ver como, entre medio de la tormenta, una barca se aproximaba con dificultad al muelle flotante. Aron se ocultó tras una columna hasta que la barca amarró. Contenía al menos veinte tripulantes, todos empapados y cansados. También, casi al mismo, desde el agua surgieron un grupo de submarinistas, en sus piernas colgaban unas espesas algas de color verde oscuro, que al subir la escalera fueron desprendiendo.
- Porque el imbécil aún no ha disparado – se preguntó uno de los submarinistas en voz alta y genérica.
- Tal vez aún no se ha cumplido el maldito tiempo reglamentario – respondió uno de la barca, que se unió al grupo de los submarinistas para al subir la escalera, - sino, mira el día que hace y a pesar de todo el muy cabrón nos ha hecho abandonar la plataforma, ni siquiera suspendió la evacuación de los submarinistas. Odio estos simulacros – declaró por fin, explicándole con esas palabras todo a Aron, aunque ya era demasiado tarde.

EL LENGUAJE DE LAS NUBES

1
- ¿Que ve en esa nube? – me dijo el hombre, sorprendiéndome.
Eran las tres de la tarde y volvía de la universidad, entonces se me había ocurrido detenerme en Plaza Francia y recostarme sobre el césped a contemplar el cielo. Era un día apenas cálido y el sol parecía jugar entre las nubes. No recuerdo como fue que terminé inmerso en la admiración del cielo, supongo que en realidad estaba pensando en otra cosa, creo que mi mente flotaba en otro lado, quizá en los exámenes que se avecinaban o en lo que haría esa noche de viernes. Claro que cualquier otra persona que me observase creería que mi pensamiento se centraba en aquellas nubes que en ese momento cubrían el sol.
El hombre que se me acercó y me hizo la pregunta superaba los cincuenta y parecía perturbado por algo, sus ropas estaban gastadas y usaba lentes oscuros pero pasados de moda, y vestía una chaqueta marrón a cuadros de calidad que había ido desmejorando con el pasar del tiempo y ahora se veía sucia y desarreglada, lo que me indicó que alguna vez había tenido lo suficiente como para vestir bien.
- No veo nada – respondí algo desconcertado.
- ¿Cómo es posible que no veas nada?, léela, dime lo que te dice, dime lo que le dice a tu corazón – insistió el hombre llegando a mostrarse perturbado por mi sencilla respuesta.
Vista la situación se me ocurrió volver a observar y, como quién mira esas manchas que utilizan los psicólogos para descifrar personalidades, me concentre en consentir el deseo de aquel individuo.
- Veo un lago con patos – le dije luego de buscar en mi mente algo que relacionase aquellas nubes con un objeto real.
- Increíble – se sorprendió el hombre y agregó con voz emocionada, - es la primera vez que alguien me responde algo cierto, algo real. ¿Te das cuenta que significa?, tienes el don, ¡sabes leerlas!.
Me quede mudo y tratando de analizar si el sujeto estaba realmente loco o estaba actuando. Concluí que debía estar demente, nadie actúa de esa manera porque sí
- Te falta práctica, hay que reconocer – continuó diciendo, - ¡pero al menos puedes leer!.
- Si, pero debo irme ya – le dije intentado quitármelo de encima.
Me alejé por la calle sin mirar atrás. No tarde en olvidar el suceso, los exámenes volvieron de inmediato a mi mente borró todo recuerdo de aquel vago encuentro.
No volví a verlo por algún tiempo, en realidad debo confesar que ni siquiera presté atención en hacerlo, pero su imagen me quedo grabada en algún rincón de mi subconsciente, por ello fue que cuando un día lo vi recordé enseguida quién era. El hombre estaba allí, apenas a un par de metros de donde lo había visto por primera vez, tendido en el césped mirando hacia el cielo. No le presté más atención y continué mi camino, recuerdo que iba a la biblioteca nacional. Pasé todo el día preparando el final de estadística y al volver por la tarde el hombre aún estaba ahí, en la misma posición, como si nunca se hubiese movido. El día siguiente nuevamente lo encontré en el mismo sitio y así se sucedieron los días y casi siempre lo encontraba en el mismo lugar. No estaba todos los días, primero pensé que era porque ciertos días debía hacer otras cosas, pero luego llegué a una extraña conclusión: no estaba los días de cielo despejado, en los que no había ni una nube en el cielo. Así como apareció un días cualquiera dejo de aparecer y nunca más volví a ver a aquel hombre.
2
Habían pasado al menos cinco años, era verano y estaba en la playa, tirado en la arena descansando cuando note por primera vez el efecto. Miraba el cielo y centre mi atención en una nube en particular, ésta se había movido hasta cubrir al sol.
- Cuando cubren el sol el mensaje es importante, ¿lo sabías? – oí que alguien me decía. Miré a mi alrededor pero no había nadie, era temprano y estaba casi desierta la playa. Creí que había sido el viento que al zumbar en mis oídos había traducido palabras imaginarias.
Volví a mi casa tratando de olvidar el tema, hasta que abrí el buzón y encontré una carta. Me preparé un café y me senté en el sillón, abrí el sobre con curiosidad y leí el papel de su interior. “La vida nos ha puesto en el mismo camino” comenzaba. “Somos los mensajeros, los que sabemos o podemos saber que nos dice Dios, que quiere que hagamos”. No comprendía en absoluto y no sabía de quién podía ser lo escrito hasta que llegó una referencia clara: “nos encontramos en la plaza, ¿recuerdas?. Estabas mirando las nubes, es decir, estabas leyendo los mensajes, entonces te pregunté y me los leíste lo que decía, y, aunque no comprendiste el contenido, has podido leerlo. Me quedan pocos días de vida y sé que tu aparición fue la intención de Dios, sé que la naturaleza colocó tu ser en aquel lugar en aquel momento para que continúes mi tarea, lo he leído, lo he leído en las nubes...”
La carta continuaba con más frases sin sentido, tan sólo al final decía algo sorprendente: “antes de irme te podré dar algunos consejos, no estaré presente pero te podré hablar mientras observas las nubes. Es lo último que haré en este mundo”. De inmediato recordé las palabras que había oído en la playa.
3
Al día siguiente me desperté temprano y salí media hora antes hacia la universidad. Me detuve en la plaza y luego de tratar de convencerme de que era una locura me recosté en el césped y miré al cielo. Pasaron veinte aburridos minutos durante los cuáles solo me mantenía despierto el murmullo de la ciudad. Por fin me dormí, o eso fue lo que pensé, creí que había cerrado los ojos, pero en realidad estaba despierto y con los ojos bien abiertos, pero fue como un sueño, las nubes comenzaron a moverse a toda velocidad sobre el cielo, formaban figuras, una tras otra, eran como escenas, como datos escondidos entre los planos grises, apenas perceptibles, a toda prisa y viajando de lado a lado, naciendo y muriendo. Por último oí la voz que me decía: “concéntrate, aprende a leer las nubes, son el único medio, el único canal de comunicación, a través de ellas nos dice las cosas que debemos hacer”. Entonces desperté, es decir, volví a la realidad. Lo primero que vi fue a unos niños jugando cerca de mí, no los había visto antes. Pensé que debía apurarme para no llegar tarde a la universidad. Entonces descubrí que el sol estaba en el otro extremo del cielo. Miré mi reloj para confirmarlo, eran las cinco y media de la tarde.
Esperé hasta el fin de semana para volver al parque, no quería volver a perder el día. El sábado me recosté nuevamente a ver las nubes. Tardé un poco más pero por fin logré volver a ver imágenes en sus formas. Esa fue la primera vez que pude descifrar un mensaje, y decía que esto era más importante que mi carrera, que debía ser el nuevo receptor de los mensajes. No se como pero desde entonces mi vida cambió. Fui aprendiendo el lenguaje de las nubes y comprendí que era el medio de comunicación del más allá. Diseñe reglas de traducción, imágenes que primero sugerían y luego eran palabras o hechos. Era como leer un idioma como el egipcio o los dibujos de las cavernas, cuando se comprendían los primeros códigos las frases comenzaban a tener sentido, se trazaban caminos lógicos que, increíblemente, decían siempre algo. Al principio eran cosas sencillas, como si el intercomunicador del lado opuesto estaría haciéndome practicar, llegué a sentirme un radioaficionado tomando clases, pero luego los mensajes fueron complicándose hasta que comenzaron a convertirse en ordenes.
Mi primera misión fue más que nada una prueba, al menos eso pensé. Las nubes decían que debía estar en una esquina ese día, y quedarme allí toda la tarde. Eso hice y las horas pasaron mientras me aburría hasta que apareció por la vereda una mujer con un bebé en su carrito. La mujer se detuvo a mirar una tienda de ropa, deteniendo al carrito del bebé, pero este se le escapó de las manos y se deslizó por la pendiente hasta la calle. En ese momento el semáforo se había puesto en verde y el tráfico avanzaba con la furia característica de la ciudad. Era el único peatón que se encontraba entre la mujer y la calle, pero tan solo tuve que estirar la mano para detener suavemente el carrito, ya que me encontré en su camino. La mujer se aproximó gritando por el miedo y no lograba encontrar palabras para agradecerme la obra, aunque tan solo había sido estar en ese lugar en ese momento, sin ningún otro sacrificio. Esa había sido la prueba.
4
Mi vida fue cambiando, me dedicaba el tiempo a mirar las nubes y leer y hacer lo que me decían. A veces eran cosas sin sentido, como ir a buscar una persona y decirle algo, un consejo, una advertencia. Encontraba a estas personas en bancos de plaza o en lugares específicos que las nubes me describían y no eran individuos especiales, podía ser un trabajador común, un ama de casa, un ejecutivo, un policía o lo que fuere. Siempre que les hablaba me sentía raro, como alguien que se entromete o dice algo fuera de lugar, sin embargo ellos sentían que les decía algo importante, exactamente la resolución al problema que se estaban planteando y los ayudaba en la decisión que debían tomar. Otras veces tenía que viajar a otros lugares, otras ciudades, en todas las nubes seguían hablándome, enviando mensajes en forma de símbolos. Todo iba bien hasta un día que leí que debía protegerme, que estaba en peligro. No comprendí a que se refería, temí un accidente o algo así pero no supe que hacer hasta que fue tarde, esa noche, cuando volvía a mi casa del parque dos hombres salieron de atrás de unos árboles y me atacaron. El primero sacó un duro bastón y me golpeó con fuerza la cabeza sin darme tiempo a reaccionar.
5
Me desperté en una habitación oscura y sin ventanas, la única luz era la de un viejo foco que colgaba del mismo cable en el techo, solo había una mesa y dos sillas. Pasó un tiempo interminable hasta que se abrió una puerta, y un hombre que ocultaba su rostro detrás de una capa entró. Se sentó en la silla libre, en la otra estaba sentado yo. Comenzó entonces a preguntar cosas sobre mi vida. Yo le respondí todo lo que podía, siempre omitiendo el detalle de las nubes y los mensajes. Pasó un rato largo hasta que me animé a preguntar a que organización representaban. El hombre se sorprendió ante mi insolente pregunta pero no hizo nada mas que responder: - somos enviados del mal.
- ¿El mal? – repetí desconcertado.
- Si, y no comprendemos porque te han puesto como objetivo –le expresó luego de meditar sobre su vida. – Eres un alma común, sin atributos particulares, no eres santo, tienes pecados y defectos como cualquiera – reconoció.
- ¿Que harán conmigo entonces? – pregunté.
El hombre no respondió, tan solo dejo la habitación. Pasaron algunas horas hasta que me liberaron. Lo único que comprendí fue que si me mataban estarían alimentando al cielo de almas puras con muertes injustas y eso era, quién sabe porque, un perjuicio para el infierno. Como fuese, había salvado mi vida sin siquiera saber que me había sucedido, los hombres aquellos, por ser representantes del mal, no parecían tan malos, no eran monstruos sanguinarios como yo creía que serían los demonios de existir.
- ¿Existe el cielo? – me preguntó un anciano al verme mirando las nubes. Me sorprendió, y lo primero que luego de bajar la vista fue volver a mirar arriba, en ese caso las nubes no decían nada, se esfumaron como si jamás hubiesen hablado. Yo respondí entonces – Allá está – señalando hacia arriba, hacia la capa azul que nos cubre.
Esto fue ayer, el mismo día que cumplía un año desde que había leído el primer mensaje en una nube. Ya sentía que era un don que formaba parte de mí, como hay gente que puede ver el futuro en bolas de cristal, sin embargo ese fue mi último día al servicio de las nubes o del que estuviese detrás de estos mensajes. Lo último que leí de ellas fue un simple – gracias – tan claro que cualquiera que hubiese mirado el cielo en ese instante lo hubiese leído, creo que en esa ocasión a las nubes no les importó. Ahora que ya todo ha pasado puedo dedicarme a escribir sobre el tema, no porque pretenda que me crean, sé que cuanto más me esfuerce por explicarlo más cerca estaré de que me internen en un hospital, por lo tanto me remito a dejar dicho a todos los que quieran oírme que recuerden, cada vez que miran el cielo, que las nubes les están diciendo algo.

EL RITUAL DEL FUEGO MOJADO

Hoy el azar no estaba de tu lado, pero pretendiste seguir jugando. Ahora estás viendo como salir de la grieta donde aterrizaste. Setenta horas habían pasado, y para otros fueron setenta años, en la misma ruta, una y otra vez, tratando de avanzar y tratando de dar vuelta la página. Escuchando el murmullo de los espíritus aprendiste el ritual de hacer fuego con agua, de encontrar energía desde los desiertos y llevarlos a tu mente. Tomaste el agua y escupiste fuego, descubriendo que la vida es frágil y que todo lo que tenemos nos cuesta más ahora que en la próxima vida.

MICROBIOS

Miré mis manos y descubrí que estaba repleta de microbios, que las cubrían, rodeaban y masticaban lentamente. Las lavé con mucha agua y jabón hasta que creí que estaban limpias, pero no podían estarlas, y es que de inmediato se volvían a cubrir de esos horribles gérmenes. Y así me siguió sucediendo, hasta que, luego de luchar contra lo imposible, un día, me acostumbré a vivir junto a ellos y ahora, aunque aún los veo, ya no me impresionan.

DONDE OIR EL SILENCIO

Encontrando soluciones a los más profundos acertijos, una vez el sabio decidió tratar de saber como era el sonido del silencio. Se sentó en la rama de un viejo roble y se dispuso a oír. Pero en aquel bosque siempre algún pájaro cantaba, impidiéndole oír el silencio. Fue entonces hasta la cima de una montaña, pero allí no paraba nuca de soplar un viento blanco, creando un zumbido intermitente que ocultaba el sonido del silencio. Decidió entonces subirse a una barca y navegar mar adentro, pero allí, el golpeteo de las olas contra la madera hacían imposible mantener el silencio. Entonces volvió a su hogar, se sentó y comenzó a leer sobre otros temas. De pronto, bajó el libro y levantó la vista, como queriendo oír algo, entonces se dio cuenta que estaba escuchando el sonido del silencio.

LOS DIALOGUISTAS

Los científicos jamás habían sospechado como funcionaba aquel rincón desconocido del cerebro, resultaba ser tan profundo que no habían planteado sino más que conjeturas. Todas ellas cayeron como un témpano en el deshielo al desarrollarse la nueva tecnología de la esfera diametral. Así se denominaba a un conjunto de microchips sensoriales que se insertaban en los pasillos del cerebro y recorrían lo que se denominó "el camino del diálogo". En dicho micro espacio físico se desarrollaban todos los diálogos en una velocidad temporal avanzada, es decir que lo que representaba un segundo "humano", allí representaba casi una hora, pero en realidad era porque todo sucedía más deprisa, como en cámara rápida. El aparato recopilaba todo lo que allí se procesaba y la verdadera sorpresa llegó cuando se descubrió "quiénes" definían los parámetros de este diálogo. Pero es que para explicarlo bien mejor sería remitirse a un ejemplo:
En el pasillo central del "camino" llegó la orden de iniciar la respuesta, el mensaje de entrada estaba aún codificado. En el centro de control los "inis" recibieron la información y la procesaron, enviándola luego a una sala de reuniones donde fueron convocados los "exes" correspondientes al proceso en cuestión. El mensaje era "HOLA", pero el informe traía adjunto un archivo con toda la información adicional de la escena, la fuente del mensaje, su historial recopilada por la base de datos de éste cerebro en particular y otros cientos de comentarios adicionales como el tono, el estado de ánimo percibido, la situación correlativa anterior, las últimas respuestas, el nivel de energía proporcionado por el último ingreso de alimento, etc.
Llegaron todos los "exes" puntuales y se sentaron en la mesa luego de saludarse. Estos "exes" habían estudiado la carrera de "respuestas" y eran especialistas, o al menos tenían un master en "saludos", suficiente para considerarse la élite de los cientos de "exes" que aspiraban a, un día, debatir en aquella sala.
- ¿Como están? - saludo genéricamente el coordinador para luego continuar sin esperar respuesta: - éste es el informe - dijo mostrando una filmina con un gran titular que decía: "HOLA" en el centro. Cada uno de los presentes tenía una copia del informe detallado.
- ¿Hora de entrada del mensaje? - preguntó uno.
- mas, menos, nueve cuarenta - respondió el que tenía entre manos los detalles técnicos.
- ¿Lugar? - preguntó otro.
- Recepción de la oficina, saliendo del ascensor y con el objetivo de ingresar.
- ¿Persona emisora?.
- Recepcionista, mujer, veinticuatro, conocida de unos cinco meses, vínculo afectivo B32, Standard.
- ¿Algo más? - quiso saber un tercero.
- La encuentra atractiva, hasta ahora sin encontrar oportunidad de acercamiento pero con la intención.
- ¿Clima? - interrogó uno sentado en el otro extremo.
- La calle estaba fría, pero en el ascensor cambio a templado, en el momento de la recepción del mensaje percibía un leve frío nuevamente, producto de la corriente de aire del pasillo.
- Suficiente - interrumpió el coordinador, - pasemos a las propuestas - dijo luego.
- Démosle un "HOLA" con intento de tono amistoso, demostrando exagerar un poco quizás - propuso el primero.
- Yo optaría por un "HOLA" sencillo, sin ostentar ni sugerir, ¿las cuerdas vocales pueden emitir correctamente? - preguntó.
- Si, ya superaron el despertar, se lavó los dientes y tuvo un diálogo deportivo con el empleado del puesto de revistas. Puede emitir con claridad - concretó.
- Entonces mantengo esta opinión - declaró.
- ¿Que tal un "Buenos días"?, creo que sugiere más.
- Demasiado formal - lo clasificó el que había propuesto el primer "HOLA".
- Tal vez un "¿Que tal? - sugirió otro.
- Puede ser, pero prefiero el "HOLA" - manifestó el anterior.
- Dejamos el "HOLA" de tono amistoso entonces - propuso el coordinador mirando su marcador del tiempo.
Todos se mostraron de acuerdo, o al menos sin demasiadas dudas por lo que se aprobó la respuesta. Esta se envió impresa a los distribuidores que la enviaron a los diversos sectores funcionales correspondientes.

- HOLA - respondió el hombre en tono amistoso a la recepcionista."

EL DIA DE UN HASTA LUEGO

Sin ser redundante en este tipo de pasajes del camino tan hablados y sin creer que somos menos de lo que parecemos, voy a tratar de hablar de algo que va más allá de lo que es un cuento, voy a tratar de expresar tan solo una sensación a partir de una cascada de recuerdos, desde la caja donde apareció un día, detrás de ese concepto que llamamos pasado. Son los tiempos para darse cuenta quienes somos, lo poco, lo mucho, lo valioso y lo insignificantes de cada alma. Son momentos donde se ve de cerca el rostro de un Dios que durante el día ocultamos, porque estamos dedicándonos a vivir esa vida que nos dio sin preguntar y que es difícil de llevar adelante, por eso un día llegan estas curvas peligrosas de la ruta y nos vemos obligados a conducirlas mirando el borde del camino, donde se ve el paisaje de misterios que esos días comunes no tenemos intención de ver.
Y hoy le rendimos un sobrio homenaje, recordando como nos acompañaba a cada uno por su propio trayecto. Cuando alguien estudiaba, ella simulaba comprender a su lado, cuando alguien quería escuchar un consejo, ella encontraba en su mirada otoñal las palabras que necesitabamos, en el momento de dormir, ella soñaba a nuestro lado, cuando necesitabamos un momento de alegría ella, con su silencio pasivo, podía decir tanto como se interpretaba. Y mientras recordamos esos amaneceres y atardeceres que nos hacen ver como crecímos en su compañía, entreponemos las preguntas sobre el universo, nos decimos a nosotros mismo muchos lamentos, nos vemos reflejados en un estuche envuelto de sensaciones que se contradicen. Las que nos duelen son las que dejan huellas profundas, donde el significado de lo bueno se traduce en querer, y cuando este querer es hacia otro ser se filtran anécdotas y lágrimas de recuerdos que creemos injustas pero que son el traductor que usa Dios para ayudarnos a comprender ese paso hacia el otro lado, que nos entristece cuando lo da otro ser, que nos dará miedo cuando lo demos nosotros mismos, pero que sabemos que no es un paso al costado, sino un paso adelante, hacia una certeza, porque esperanza no es la palabra, porque esta dicho en cada nube, y no existe una justificación propia ni un instinto que no llevaría a nada, sino un mensaje tan claro que no se puede evadir, tan nítido que no se puede enfrentar.

CONCURSO DE REFLEXIONES

Se celebró aquel mes de febrero el primer concurso de reflexiones. Los participantes llegaron de diversos puntos del planeta, en busca de obtener el premio que correspondería a la persona que más reflexione. El concurso se celebró en un auditorio circular, donde cada participante contaba con un micrófono para exponer y un cuadernillo donde ir anotando los comentarios que le sirviesen. Se comenzó tratando, justamente, el tema de porqué estaban allí y porqué habían aceptado participar. La reflexión sobre este tema se extendió por varias horas, cada participante exponía su punto de vista en breves minutos y luego escuchaba al resto hasta que volvía a tocarle el turno. El tema derivó en los problemas actuales del mundo, se numeraron por nivel de importancia y se llegó a la primera conclusión en común, que era que los temas más importantes eran quizá los menos publicados en la prensa o los menos tratados en la sociedad. Debatieron sobre las causas de estos fenómenos y si siempre había sucedido lo mismo o sólo ocurría en esta era. Se basaron en amplios conocimientos históricos que demostraron que las personas mas reflexivas conocían mucho de historia. Más adelante el debate se expandió hacia la responsabilidad de los gobiernos, a continuación se desvió a la elección de los gobiernos y sus integrantes. Por ese entonces habían pasado más de doce horas y comenzaron los primeros abandonos. Algunos comenzaron a sufrir cansancio y perdieron la concentración, olvidándose de lo que pensaban decir cuando les tocaba el turno o perdiendo noción del tema que se estaba tratando. Estos fueron dejando la sala paulatinamente. Aún quedaban muchos, pero todo cambió cuando se comenzaron a tratar temas de religión y creencias en general. Algunos demostraron grandes conocimientos antropológicos sobre diversas culturas y sus costumbres sociales, pero otros, menos centrados en el tema se fueron perdiendo y debieron retirarse.
Habían pasado ya casi veinte horas y comenzó a sentirse el desgaste en las palabras de los concursantes que aún se mantenían en pie, más aún cuando la discusión se traslado a planos más abstractos, sobre los posibles orígenes de la vida y del universo. En este punto los abandonos fueron masivos, hubo incluso algunos desmayos por agotamiento. Para ese entonces el grupo de sobrevivientes se remitió a cinco personas que se mantenían firmes y lúcidas, esbozando todo tipo de reflexiones, validando o contradiciendo todo tipo de teorías, planteando nuevos puntos de vista prácticamente jamás tratados. Habían pasado veintisiete horas y los comentarios aún iban y venían en la sala, cayeron dos más, quedando solo tres personas que se agruparon en la primera fila para continuar. Entonces las reflexiones del universo desembocaron en temas del espacio tiempo y uno de los tres debió abandonar, con su mente confundida y, apenas manteniendo el equilibrio, pudo salir del recinto. Los finalistas, sin detenerse, continuaron la discusión. Uno hablaba y el otro le contradecía o le daba la razón, pero siempre dando un nuevo pie para la siguiente reflexión, para que el hilo continuo de pensamientos no dejase de fluir. Los jueces, que se habían ido turnando cada dos horas, se remitían a constatar que ambos siguiesen las reglas establecidas en las bases y, a veces, trataban de acompañar los razonamientos que se planteaban. Finalmente uno de los dos cedió ante el tema de el los gráficos y las curvas de representación con la que se analizaban los orígenes de algunos fenómenos paranormales. El hombre, de marcados rasgos asiáticos, saludo cortésmente a rival y se despidió satisfecho con su segundo puesto. El ganador quedó solo en el recinto. Los jueces y organizadores se acercaron a saludarlo y a felicitarlo por ser el ser más reflexivo de la tierra y luego le informaron que el premio consistía en una placa que procedieron a entregarle, y una gran suma de dinero. Ante esta noticia el hombre reflexionó y luego pidió ir al servicio, pero en lugar de hacerlo salió del edificio y nunca más se supo de él. Los organizadores, ante esta situación, reflexionaron y concluyeron en que nunca más repetirían el concurso.

DIALOGO DEL XII CONCILIO DE DIOSES

Esa tarde se celebraba el XII concilio convocado para Dioses. Se reunieron los Dioses de todas las religiones de la tierra. Eligieron la cima del Fitz Roy, una montaña escarpada a la cuál solo se podía acceder con buen tiempo y en verano o primavera, pero ese día caía una fuerte tormenta de nieve y hacía un frío solo soportable por quiénes no lo sienten.
- Les hemos enseñado bien a nuestros seres creados, y los que creen en nosotros siguen los rituales funerarios divulgados por nuestras escrituras - comenzó a hablar el Dios cristiano, al cuál le tocaba presidir la sesión.
- Mi pueblo también respeta las costumbres – agregó Alá. El resto fueron sumándose al buen balance sobre el respeto a los rituales dedicados a los muertos. Algunos Dioses menores tan sólo hicieron algunos comentarios sobre sus pueblos y las costumbres perdidas. El Dios de los Mongoles, por ejemplo, dijo que ya ninguno de sus súbditos practicaba el rito del abandono de los cuerpos de niños muertos. En tiempos antiguos, éstos se dejaban en los caminos, con la esperanza de que su pequeño espíritu se podría traspasar al seno de alguna mujer que recorra el sendero, volviendo a la vida con un nuevo cuerpo.
- Tampoco se utilizan las técnicas de limpiezas, como la de mis asirios y sus torres del silencio, claro que por aquellas alturas casi no quedan buitres para purificar los cuerpos – se quejó Ormuz.
- Los hombres han cambiado mucho – reprocho en voz alta Horus, el cuál había perdido en poco tiempo, segundos de Dioses, el repecto que se le rendía en los funerarios de Egipto, - mis hijos Khebenef , Hapi , Amset y Tiumantef ya no son convocados para proteger los órganos de las momias. Ya no se utilizan las vasijas del Dios Canope, sentado a mi derecha, almirante de la flota que llevó a Osiris a la victoria en Asia – agregó señalando al otro Dios allí presente.
- Es cierto, y si aquí estamos reunidos hoy – intercedió nuevamente el Dios cristiano, - es para estudiar estos casos. El cuidado de los muertos ha sido siempre una justa preocupación de los hombres, desde la prehistoria los hombres han mantenido éstas costumbres, que no hacen sino probar nuestra propia existencia, ya que si cada civilización lleva consigo esta actividad es porque lleva consigo nuestra existencia, lleva consigo la puerta abierta a creer, esa que dejamos adrede para que sepan algo más de nosotros.
- Pero la vida de este tiempo es diferente, no deja espacio, no deja tiempo para meditar sobre la razón de un ritual, nadie piensa el “porqué”, el “de dónde” o el “a donde” van aquellas almas – dijo el Dios Quechua, - la misma idea de que no todo termina con la muerte es el impulso que les entregamos, la idea de un espíritu que da vida y que abandona el cuerpo para viajar a un lugar diferente, esto se ha perdido, y es la principal razón por la cuál los diversos grupos humanos realizan los ritos fúnebres.
- No es que quiera contradecirlos, pero es que hoy estamos aquí reunidos por otro motivo – alegó Alá, - estamos por aquellos que no tuvieron el tiempo de elegir siquiera sus creencias, esos que no llegan a ver la luz, estamos aquí para decidir sobre los niños no nacidos que son muertos en los vientres de sus propias madres, por ellas mismas.
- Eso mismo – se sumó Yahvé. – Al principio eran pocos, tan pocos como los soldados, náufragos, u otros casos de humanos sin ritual. Podíamos manejarlos, tratar las almas, indicarles el camino a sus espíritus, pero los niños no nacidos cada vez son más, y al no haber podido conocer el mundo, excepto por lo que les mostró el vientre de sus madres, no tienen siquiera el concepto de la muerte.
- Son almas inocentes, muertas por sus padres, sin rumbo ni destino – dijo el Dios cristiano enfadado.
- Debemos diseñar un ritual para ellos - propuso Pachacámac, de los Incas, del cuál quedaban pocos seguidores fieles, pero los que estaban aún en la tierra seguían las normas enseñadas al pie de la letra.
- Hemos cambiado mucho nosotros - dijo el Dios de los guanches, conocido en las islas canarias - El corazón, lo que siempre les late, desde que les dimos la vida, ese debe ser el centro del ritual – dio la primera idea.
- ¿Pero donde los velaremos?, ¿quiénes celebrarán el rito? – preguntó el Dios sol de los incas.
- Yo pienso que debemos devorarlos – dijo un grotesco Dios nómada, cuyo pueblo practicaba el canibalismo con los muertos, para que el espíritu del difunto formase parte de los familiares.
- ¡Que asco! – se sobresaltó el Dios egipcio Horus. Los demás dioses también reaccionaron con desagrado ante la idea
Sin embargo un Dios desde la última fila propuso algo similar: - entre mi pueblo, los esquimales, se abandona a los moribundos en cuevas para que los osos polares los devoren, luego la familia se come al oso y así el espíritu también forma parte de ellos.
Pero el resto de los dioses continuaron pensando que era una práctica desagradable. El Dios cristiano intercedió zanjando el tema: - pero en éste caso no tenemos cuerpos, la carne o el resto de los niños queda en la tierra, y lo único que tenemos son almas errantes.
- Propongo que enviemos a nuestros ángeles para recibirlos y explicarles donde se encuentran – dijo Yahvé.
- Eso esta claro, ¿pero como será el rito? – se preguntó Horey, un Dios de tribus africanas.
Ollatharir, o “buen dios”, guerrero y portador del caldero y de la maza, Dios de los druidas y muy influyente entre los seres supremos habló: - debemos pensar en el ser que nos creó a nosotros, pues si nosotros creamos a los hombres, y nosotros a su vez existimos, alguien debió de habernos hecho, él debe darnos consejo – expresó con sabiduría en su voz.
- Pero al igual que los hombres no pueden asegurar nuestra existencia sino es a través de la fe, nosotros tampoco podemos afirmar su existencia a ciencia cierta – dijo otro gran Dios de la muerte: “Dia Cimi”, de los antiguos Mayas.
- Sin cuerpo las limitaciones son muchas, no podemos cremarlo, ni inhumarlo – dijo un representante de las culturas hallstáticas.
- Tampoco embalsamarlo ni momificarlo al “Zet”, no tendría sentido sin el “Het”, contar con el “Ka”, el espíritu mortal quedará en la tierra y solo tendríamos el principio vital “Ba” – agregó el Egipcio, mareando un poco a los presentes, - sin embargo – continuó, - podríamos traerlo al más acá con sus objetos personales, como en el caso de nuestros faraones – y esto último si lo comprendieron todos.
- ¿Pero que objetos personales tiene un no nacido? – le recriminó con cierta razón el Dios de los guaimíes.
- Que a nadie se le ocurra proponer el sacrificio de otros seres humanos – medio el Dios cristiano ante la posibilidad que se barajaba frente a la aproximación del tema, - ya bastante tenemos que todas estas almas inesperadas como para ocuparnos de nuevas.
- Debemos crear una necrópolis, como han hecho desde siempre la mayoría de los hombres, para agrupar a estos espíritus.
- Mi pueblo es supersticioso – dijo el Dios de los chocóes, los cuales abandonan o queman la casa donde habitaba el difunto y se construyen otra a grandes distancias, temiendo sino que el espíritu pueda hacerles daño.
- Inhumar tampoco es debido, la ley de las doce tablas lo decía: “urbe hominem mortuum” – agregó Yahvé.
- Mi pueblo quema a sus muertos y los guarda en un recipiente hasta la primera fiesta que celebren, en ésta se mezclan las cenizas con bebidas fermentadas y se bebe por ellos, - explicó un Dios de las tribus amazónicas, - de esta manera se incorporan los familiares queridos a los vivos.
- ¡Basta de formas de canibalismo! – se quejó Alá, - El cementerio, por definición del griego koimeterion, "yo descanso", es la solución ideal, con o sin cuerpo.
- Mejor sería tratar de enviar señales para que estas prácticas de matar a los no nacidos sea evitada, ¿no creen? – dijo un Dios anciano finlandés llamado Jumala.
Todos meditaron la interesante proposición.
- Pero habrá que trabajar mucho, los humanos han corrompido sus principios, el egoísmo de cegar una vida por comodidad es moda – enfatizó el Dios cristiano, muy enfadado por esta práctica.
- Dios sabe que es cierto – dijo bromeando el Dios normando Odín, - pero vale la pena intentarlo – expresó hacia el aire convencido.
- Entonces cerremos esta sesión y fijemos una nueva para definir los pasos a seguir para que el humano se entere qué esta bien y qué esta mal sobre el tema – concluyó el Dios, desligándose de la responsabilidad de ser el responsable de la siguiente convocatoria.

MONTAÑA DEL OLVIDO

La cima cubierta siempre por nubes de aquella horrible montaña escondía un secreto, escondía una atmósfera diferente a la conocida por el ser humano. Los indios de la zona lo sabían y por ello la veneraban, adoraban sus misterios, tal vez por ttetmor, tal vez por respeto a los desconocido, respeto a lo divino y al más allá, por ello habían esculpido al pie de ella un templo, oculto detrás de una caída de agua, donde se podía entrar al corazón de un mundo de pasadizos en laberintos interminables, que subían recorriendo un camino que debía, en algún desconocido momento, terminar en una salida, pero que no parecía alcanzarse jamás.
Y la expedición se adentró en la caverna, buscando una respuesta a lo que se había llamado “montaña del olvidado”, donde solo los pastores de ovejas desinteresados vagabundeaban con sus rebajos por los valles que la rodeaban. ¿Porqué ningún escalador nunca había intentado lograr la cumbre de aquel lugar?, ¿es que la misma montaña borraba la mente de quiénes lo pensaban?, ¿es que en su altura máxima se escondía aquel secreto inexpugnable, cubierta siempre popr nubes que no permitían ver la cumbre?. ¿Y los que lo intentaron?, ¿qué fue de ellos?, ¿como es posible que siempre hayan desaparecido? ¿Y que, incluso quienes los buscaron, creyeran que en realidad habían optado por subir otra montaña y no buscasen en ésta?. Lo que debo escribir es lo que sucedió con cada uno de la expedición, cada uno de mis hombres, del grupo que yo mismo había dirigido, pero no tiene sentido hacerlo, ¿para que?, ¿para atraer a más personas a este siniestro lugar, que se traga a quienes lo desafían?. Por ello me remitiré a escribir estas línea y dejar las cosas como deben ser, no revelaré el lugar donde está esta montaña ni su verdadero secreto, pues sería condenarlos como yo mismo me he condenado.

OJOS COLOR ROJO FLASH

Siempre querrá saber el color de sus ojos, y también que auto pensaba comprarse, o que vestido de novia pensaba elegir, o quizás nunca le interese saberlo, quizás nunca le importe saber que cuanto más sabe menos sabe, que cuantos más carteles nos muestran menos podemos saber sobre personas como nosotros mismos. Pero se hubiese visto hermosa con su vestido negro y sus ojos pintados para salir el Viernes por la noche, se hubiese visto hermosa para presentar a su novio, para soñar tener hijos con él. La noche no saca fotos dormida, no deja cicatrices que sanen si lo que está herido es el alma.
Como quisiera haber sabido como se vería, como sería, que comida le gustaría, ¿pastas?, que vino, que sangre tendría. ¿Lloraría con una canción de amor?, ¿qué mujer no llora con una canción de amor?, se dejaría ver por rincones.
La ciudad se iluminaría en sus ojos al ver los fuegos artificiales de fin de año, dejaría que el campo le enseñe su relajado silencio, vestido del color de las estrellas en la noche, navegando entre las sombras. Se vería sonriente en las fotos, aunque con el flash sus ojos serían rojos, y ese es el único color que tendrán, el color que tuvieron, del que fueron hechos ese día que se heló su sangre.

LA FLECHA

1
Pasó hace tres días. Estaba solo, recorriendo la Patagonia, viajaba de Bahía Blanca a Villa La Angostura, por la ruta del desierto. Eran las tres o cuatro de la tarde, el sol caía como una mole de fuego sobre el pavimento, el desierto mostraba su angustiante soledad en el infinito de nada que se expandía hasta el horizonte. Pequeños arbustos sin nombres ni color bañaban la superficie de la tierra como único adorno de un jardín de desolación.
Ajeno a todo este marco de inmensidad, yo escuchaba música en mi auto y promediaba los ciento veinte kilómetros hora, alternando mi tiempo entre el termo con café, los CD, los pensamientos desordenados y algo de sueño que se colaba entre mis pestañas cada tanto, sobre todo al clavar la vista fija en la línea infinita que trazaba el camino hasta convertirse en un punto en el horizonte. Pasaban las horas y tanta soledad comenzaba a hacerme confundir los pensamientos con aburrida realidad, o al menos eso fue lo primero que creí cuando observé el humo delante de mí. El auto se fue aproximando, a medida que avanzaba en la ruta, y la columna de humo se convirtió entonces en una pequeña hoguera, a un lado del camino, en el medio de la nada. Pasaron algunos kilómetros y apareció la segunda. No le presté demasiada atención. El CD había dado la vuelta y comenzaba una vez más, entonces me dediqué a buscar uno que no haya escuchado todavía. Abrí el estuche con los discos y fui recorriendo uno a uno hasta elegir. Cuando subí la vista al camino me encontré, en el medio de la nada, con un grupo de personas que parecían indios atravesadas en medio del camino, apenas unos metros delante.

2
Clavé los frenos y giré el volante para evitar atropellarlos, el auto casi vuelca, si no lo hizo fue porque las ruedas eran nuevas y porque el clima seco las pegó al asfalto. En el camino quedaron las marcas de la frenada como dos líneas azuladas esquivando al puñado de personas que seguían en medio de la ruta sin siquiera inmutarse ante tal maniobra, tampoco se movieron del camino.
Bajé enfurecido y comencé a gritarles si estaban locos, si pretendían que los atropellase, etc. Pero a la tercera frase me detuve, no porque me hubiese calmado, sino porque la mirada de desconcierto de los individuos me calló. Descubrí de inmediato que eran indios, las vestimentas y el aspecto me lo dijo, pero no sabía que aún existiesen tribus por aquellas tierras. Uno de los hombres se acercó a mí, primero me dijo unas palabras en una lengua desconocida pero al notar mi desconcierto habló un mal español para decirme:
- Ritual aquí.
- ¡Aquí!, ¡justo aquí!, ¿teniendo todo el infinito espacio de desierto? – dije enojado y exagerando con ambos brazos la extensión de tierras a mi alrededor.
- No, ritual aquí – dijo con un temple inmutado y un tono explicativo, como si quisiera darme a entender que debía ser en ese preciso lugar.
- ¿Y porque aquí? – pregunté casi burlándome de ellos.
- Aquí guerrero Horrwk revivir. Nosotros no querer, nosotros deber evitarlo.
- ¿Y quién es Horrwk? ¿o lo que sea? – dije tratando de pronunciar como él.
- Ser guerrero malo, invasor. Él atacar hace quinientos años, pero perder, nuestros guerreros defenderse bien y vencerlo, luego perseguirlo hasta aquí, pero sus guerreros no querer verlo muerto, entonces su brujo trasportarlo, hacerlo viajar a hoy. Nosotros saberlo porque ancestros contar historia, generación a generación. Él hoy aparecer para rehacer su ejercito y volver a atacar, nosotros evitarlo hacer perímetro con humo sagrado.
- ¿Qué que? – dije yo sin terminar de masticar tanta fantasía.
- Nosotros querer prevenir mal mayor, nosotros evitar que flecha envenenada de Horrwk vuelva a atacar – insistía el indio.
Todas esas historias eran muy bonitas, pero debía continuar si quería llegar a mi destino antes del anochecer.
- Ustedes fumar demasiada pipa de la paz – dije bromeando, pero el indio no me comprendió. Luego volví a mi auto y continué mi camino.
Pasó al menos una hora y me había olvidado el incidente cuando la radio de pronto y sin aviso ni razón, se apagó.

3
Intenté por todos los medios hacerla funcionar pero fue imposible. Aburrido y sin radio continué.
El paisaje continuaba siendo monótono. La tierra era árida, inútil para sembrar, y el duro y cambiante clima hacía casi imposible para sobrevivir, apenas se veían perdidos entre la nada algunos rebajos aislados. – Que mal que le había salido a la naturaleza ese lugar. Tal vez Dios se quedo sin imaginación o no completo su obra, colocó montañas por aquí, bosques por allá, campos verdes por el otro lado, y luego el resto que se quedó sin rellenar, lo dejó en blanco, como quién hace un dibujo en una hoja, éste debía ser un espacio que le quedó así, a medio terminar y lo dejó para irse a descansar el Domingo – todas estos razonamientos extraños, de esos se disparan cuando nos distraemos y damos rienda suelta a nuestra imaginación, fueron más o menos los que estaba esbozando cuando lancé una mirada fugaz al espejo retrovisor, como para saber que hacia atrás la ruta seguía tan vacía como siempre. Entonces vi un indio sentado en el asiento trasero, fue un instante, mi mirada no llegó a procesar lo que había visto y, al girar al tiempo que mis músculos se contraían de un repentino sobresalto, comprobé que el asiento de atrás estaba vacío. Sin embargo juraba que había visto aquel indio, su mirada era la de un guerrero del infierno, tenía el rostro embadurnado con colores ocres, el pelo largo enlazado por una bincha de cuero sin curar. Estaba seguro que lo había visto.
Los kilómetros siguieron pasando y mi seguridad se fue desvaneciendo, razoné que el encuentro con esos extraños indios me había potenciado la imaginación, y el cansancio, y el aburrimiento, todo había confluido en esa imagen que me había inventado.
- Ahora soy yo el que se fumó la pipa de la paz – me dije bromeando.
Por fin salí de aquel horrible desierto y me detuve en una gasolinera que descontinuaba el paisaje, detrás se ella había un pueblito por el que atravesaba un pequeño arroyo apenas con agua. Me bajé, cargue el tanque de gasolina y estiré un poco las piernas, entonces, al pasar junto al auto y mirar de reojo el asiento trasero vi la flecha. Abrí la puerta asombrado, ahí estaba, era una flecha de caña, con punta de piedra afilada. No debí haberla tocado, pero lo hice, tal vez para comprobar que era real. Entonces, al fondo de un granero que se encontraba detrás de la estación de servicio, entre los fardos, lo volví a ver, era el indio y estaba allí mirándome fijo. Otra vez su imagen duró apenas lo que tarde en pestañar, pero para mí fue suficiente, me subí al auto y salí a toda prisa de aquel lugar.
Ahora sé que me persigue, ya lo vi dos veces más. No logro dormir, no se lo puedo contar a nadie porque reaccionarán como lo hice yo cuando esos indios me contaron la historia, pero cada vez está más cerca, esperando que baje la guardia para atacar.
Sé que vendrá por la flecha y por mí, no puedo vivir más en este estado. No me queda otra opción que volver al desierto y entregarle a esos indios la flecha, así, con sus extraños rituales puede que lo alejen de mí. Debo enfrentar nuevamente ese cruel camino y no se si podré lograrlo, por eso escribo esto, si me pasa algo o no retorno jamás quiero que sepan, al menos, por si no vuelven a saber de mi, para que conozcan cuál fue mi destino.

OTRA OPORTUNIDAD

1
Las montañas alzaban su poderoso esplendor a través de sus ojos cubriendo el lejano horizonte. Solo unos pocos copos de algodón colgaban de un cielo de diamante. El sol brillaba como si fuese un ojo de Dios espiando el mundo. Mas abajo los bosques de pinos se expandían como un abanico por el espacio virgen de unas tierras desoladas. A mitad del valle un arroyo, alimentado por el deshielo, describía una irregular y cristalina recta hasta desembocar en un gran lago. Este reflejaba invirtiendo, como un espejo de plata, la ladera opuesta del valle. El silencio de aquel mágico lugar encendía una profunda paz paradisíaca. Una brisa perfumada de flores blancas, amarillas y rojas que se encontraban diseminadas por el campo, entre las rocas y sobre la hierba, inundaba sus almas del más puro placer. Aves volaban sobre el fondo azul. Disfrutaba sólo siendo parte de ese paisaje, sólo por existir, por ser un ente consciente, por estar vivo, vivo sobre aquellas tierras, aquel mundo, su preciado mundo. Se estremecía al mirar la nada. Se envolvía de ilusiones infinitas al ver aquella ladera. Quería volar, volar como un águila, volar y caer. Una fuente de sensaciones que lo seducía y atrapaba como la droga. Era peligroso, el hombre no fue creado para volar, pero era un riesgo que estaba dispuesto a correr.
Había sido siempre partidario de esa clase de diversiones. “Una vida sin emoción no es una vida” era su lema, y lo respetaba.
Todo estaba listo y no pensaba aguardar un segundo más. Se colocó el paracaídas y su casco. Tomó unos metros de carrera e intercambiaron una mirada con Juan, su amigo y compañero de aventuras. Luego ambos corrieron gritando hasta el borde de la ladera y saltaron a la nada.
Todo el universo se transformó en un conjunto de líneas que partieron a su encuentro. El viento golpeaba en su rostro mientras caía acelerado por la gravedad. A su espalda pasaban las piedras que la naturaleza había depositado allí al construir aquella montaña. Juan ya tiraba del dispositivo que inmediatamente expulsaba el extremo del paracaídas de su envoltura para que este se encargué, llenando de aire su interior, de atajar la caída. Este redujo la velocidad a un nivel suficiente para un feliz aterrizaje. El mundo, ahora visto de cientos de metros mas abajo, volvió a la posición original en su espectro.
El solía permitirse un poco mas de riesgosa diversión. Dejó pasar unos valiosos segundos de más y tiró de la cuerda. El paracaídas no salió de la envoltura. Un descuido, tal vez por la euforia de desear estar a toda costa en el aire, le había hecho atravesar una cuerda del arnés por encima de la envoltura.

2
Era un lugar sumergido en toda una estela blanca, un blanco limpio, más puro que cualquier blanco imaginable por la mente humana. Una luz indefinida alumbraba el lugar. Había algo extraño, era como si no existiese el tiempo ni el espacio, como si no hubiese aire, solo vacío. Era un sitio irreal. Una figura blanca apareció de la nada. No estaba formada por materia, pero poseía la esencia de un cuerpo humano. Miró a la luz y se acercó a ella. Entonces del brillo surgió una voz.
-¿Estas aquí por tu hombre?- dijo con un tono de perfección absoluta.
-Así es- respondió la cristalina figura.
-¿Conoces su situación?- preguntó el brillo de luz.
-Vengo a suplicar que se le conceda otra oportunidad. Y también para mí, que he fallado en mi misión- dijo bajando la cabeza.
-No has fallado, tu tarea fue bien cumplida, el eligió su destino- se apresuró a replicar.
-Debía protegerlo-
-No debes sentir culpa. Nada has podido hacer que no hayas hecho- aconsejó paternalmente.
-Mis intentos no fueron suficientes-
-Es un irresponsable. ¿Por que te empeñas tanto por él?-
-Está bajo mi protección, es mi tarea, no puedo abandonarlo. Por favor, sólo una oportunidad- argumentó atormentado.
Entonces surgió una nueva figura. La cubría una capa blanca, el rostro carecía de piel y carne, era una calavera. Sus manos huesudas sostenían una larga guadaña. La mandíbula se abrió y una horrorosa carcajada partió de esta.
-Su hora a llegado y no puedes impedirlo-. Volvió a reír con prolongada exageración.
-Ve a buscar almas de alguna guerra y déjalo en paz- replicó el ser inmaterial.
-No- .Cortó la risa y frunció los huesos de su rostro. -El ahora es mío, y no voy a dejarlo escapar- protestó enérgicamente.
El brillo tomó la palabra. -Ángel, has hecho todo lo posible, pero la muerte tiene la razón-
-¡No!- gritó. -No puedo abandonarlo, debe existir alguna manera, debe haber algo que yo pueda hacer para impedirlo.-
-No tengo tiempo para discutir, el mundo me necesita. No puedo hacer esperar mas a otros muertos solo porque no quieres aceptar tu fracaso- se burló la muerte.
-No he fracasado aún, todavía no esta muerto y aún no va a morir- respondió el ángel guardián.
-No hay consenso -dijo la luz. -Que se haga pues el balance-.
El balance podía ser lento y árduo tanto para uno como para el otro sólo que el ángel estaba dispuesto a cualquier cosa por mantener en la tierra a su protegido.
-No, no puedo esperar tanto- reclamó la muerte agitando la guadaña. -Tengo un día muy ocupado-.
-Yo solo cumplo la ley divina- argumentó el flujo luminoso. Luego se desvaneció hasta desaparecer por completo.
-No comprendo tu postura, yo no soy más que una parte de la vida, una parte oscura pero necesaria de toda naturaleza-.
-Quiero otra oportunidad, solo una- repitió.
La mística imagen sabía que se trataba de una larga disputa. El ángel estaba dispuesto a hacer todo lo posible para dificultarle algo que desde un principio había considerado pan comido. -Después de todo- pensó la muerte, -se trataba solo de un simple hombre, no era relevante ni cambiaría la historia, su hora podía esperar-. El tiempo pasaba y otros lugares de un planeta de guerra y violencia requerían la presencia de aquella temida figura.
-Bueno, has ganado ésta vez, pero tarde o temprano volverá a mí- concluyó antes de volatilizarse.
El ángel sonrió -Lo sé, lo sé-.

3
La cuerda permaneció tensa por unos segundos. Luego, sin saber como ni por qué, esta se deslizó a un lado dejando salir la matriz del paracaídas. El aire se interpuso entre éste y la gravedad sólo unos metros antes de llegar a la tierra, deteniendo su cuerpo y reduciendo la velocidad. Luego se deslizó como miel sobre las paredes de un vaso hasta tocar el suelo.
El dorado brillo solar se reflejó en sus ojos cuando miró hacia arriba. -Gracias- dijo observando un cielo mágico flotando en la atmósfera. -Solo cumplo mi trabajo- respondió, sin hablar, un ángel desde una dimensión distinta. -Intenta cuidarte, ¿quieres?-.
-Solo una pregunta; ¿Ustedes eligen o Dios los designa?-.
-En realidad no desearas que te responda- concluyó el ángel.
Juan, que ya había envuelto su parapente se aproximaba corriendo a él.
-Si que has estado cerca esta vez. Tuviste suerte- fue lo que se le ocurrió decir.
-La suerte no existe- pensó para su interior en lugar de responderle. Luego subieron a la camioneta y la pusieron en marcha junto a un tema de Nirvana a todo volumen.
-Mañana saltaremos desde la cumbre norte- decidieron, lo cuál generó un largo suspiro del más allá.

SEPTIMO HIJO DE UN SEPTIMO HIJO

LOS EFECTOS DE HOY
Míralo nacer, sin saber que es el elegido, el séptimo hijo varón de un séptimo hijo, el que derrotará al mal si el mal no lo conquista, y si eso ocurre, ¡ay del resto de los mortales!, pues será el final más cruel. No solo será el hacedor, sino que tendrá el poder de los magos, tendrá en su puño la vertiente donde nace el fuego.
Dice la leyenda que siete demonios y siete ángeles lucharan por su alma, pero la verdad es que la pelea será suya, solo suya y él decidiría que hacer. No es fácil ser el elegido, no es sencillo tener todo ese poder en sus manos, debe aprender a controlarlo, debe aprender a manejar sus emociones, sus pensamientos, su vida. Esta condenado a ser el que decida, el que convoque a la luz y a la oscuridad.
Pero la historia se quedará sin final, porque el tiempo la ha superado, pero como en el mundo de magia el tiempo es, como el espacio, simplemente una variable más, flanqueable como se salta una cerca, es posible que vuelva a ser, que el mal de nuestro presente sea la causa de esa lucha del pasado, o que las maravillas sean el triunfo del bien. ¿Quién pueda tener los ojos para saber descifrarlo?, ¿quién se enamora de esos misterios y contrae tal enlace con los secretos de la historia como para poder ver con claridad entre la bruma?. Para los que no poseemos el poder del martillo, para los que vivimos la vida de forma lineal, esperando el día siguiente y recordando el día de ayer, para todos nosotros, aquél séptimo hijo de un séptimo hijo no estará presente más que en esa olvidada leyenda, para los otros en cambio, será lo que defina el desenlace de cada momento de sus vidas.

EL MAL
Yo soy el mal, la encarnación del odio, las tinieblas mas siniestras que existen en la oscuridad. Yo existo, soy ese que Dios expulsó de su mundo, soy la cara opuesta, y soy sustancia y consonancia con la materia. Los hombres, seres incrédulos, pueden dudar de la existencia de Dios, se atreven a hacerlo, pero no pueden dudar de mi existencia, porque El no se quiere dar a conocer, pero yo sí, yo soy ese que ataca día a día, soy el que se presenta todas las mañanas en sus mentes, soy el que crea el odio en las almas y las conduce a los actos de mi placer. No tengo un caliz pero mi sangre también la beben, en cada acto diabólico, donde estoy presente. No digan que soy la falta de bien, eso es una calumnia, yo no soy la falta de luz, soy un ser, con esencia propia, que existe, que está. Quién dispare un arma, sea una flecha o una bala, quién utilice la espada y quién haga sufrir, todos esos propagan mi palabra, son mis predicadores, son mis ángeles, mis misioneros, y los que aprenden a odiar aprenden mi palabra, y los que hacen el mal son mis seguidores, mis fieles. No domino la naturaleza, pero soy conciente de que los recursos son escasos, por eso influyo en el reparto las riquezas de la tierra, seduciendo a aquellos que se sirven para que sepan guardar en sus arcas lo suficiente para desabastecer a otros. Soporto que me eviten, que me combatan, que logren vencerme, pero no soporto que me ignoren, que nieguen mi existencia, ¡Hay de aquellos que la nieguen y caigan en mis manos!, a ellos les reservo mis peores sufrimientos, ellos sentirán el dolor eterno. ¿Cómo pueden no reconocerme acaso?, ¿quién sino llevó a Pedro a negar a su señor tres veces?, ¿quién sino enfrento y enfrenta a los seguidores de un Dios contra otro en las religiones?, ¿quién creen que guió a Atila desde las estepas hasta la pradera?, ¿quién animó a los científicos a hacer esas reacciónes en cadena que lo acabarán todo?, ¿quién llevó al mundo a esas grandes guerras de los últimos tiempos?. Cada vez que alguien mira una imagen de odio, y en un rincón perdido de su alma temblorosa oye que algo o alguien desde su interior dice: - que bonito – es porque estoy presente, tan cierto como también oirá una voz que le diga, - que espeluznante –, ese es mi enemigo, el otro, el que también niegan los que saben negar.
Yo conquistaré al hijo del hijo, al séptimo varón, el que tendrá el poder, para que lo utilice a mi favor. Entonces la vida tendrá otro color, el de la sopa que cocino para mis almas corrompidas, y todas tomaran de ella, abandonando aquel vino rojo sangre que todavía suele entorpecer mis planes.

LA BATALLA FINAL
Ahora que las predicciones se han cumplido, que la vela se ha consumido, que el hijo a nacido. En éste segundo, que se consume el alma de los mortales, devora el fruto de la vid y el demonio se relaja de las blasfemias. Intentará conquistar su corazón, a través de las palabras en sus sueños, trepando por los frágiles muros de su mente. Si esta sobre la pista correcta terminará en la cabaña del bosque, la del sabio, aquel sabrá ver en su mano, ver el futuro, tan cambiante como las decisiones que debe tomar. Le será de ayuda para saber que será lo mejor y lo peor para él. Deberá sufrir, caminar por el filo de la espada, sumergirse en el cráter del volcán, donde el azufre le mostrará que es inmune, lo iluminará para darse cuenta lo inmenso de su poder, tan grande es que el mismo Dios y el mismo diablo pelearan por él.
Y luego se va a recorrer el desierto, vagando entre las árdidas dunas, donde sopla el viento y los beduinos encuentran la muerte, en el agua de un oasis ve reflejado su rostro, y se da cuenta que él esta más allá de este universo, él supera el bien y el mal, es otra sustancia, diferente a todo. Es difícil de asimilar, difícil de explicar, imposible de entender, pero comprende que su alma rebalsa de poder. Llega al lugar donde el sabio lo envió, debajo de un puente encuentra el escrito, esta todo dicho en aquella profecía, lo habían anunciado, sabían que vendría y por eso lo esperaban. Se desata el combate, los demonios negros atacan a caballo dejando la colina, la horda es inmensa, son muchos y pocos los que lo defienden, los ángeles forman filas y esperan en el valle, tras ellos él se estrena como guerrero, su esencia, su vida están compuestas de batallas. El mago le entrega la espada, la que brilla con el rayo. Pero no quiere luchar, prefiere quedarse en el bosque, esconderse donde no hay a quien matar, es lo mejor, su alma no se debe corromper. La luna sangra con los caídos, la batalla por fin llega a su fin. Y él tiene el poder de cerrar el grifo del tiempo, de decir basta a todo, de terminar con el universo, ponerle fin a la creación, se lo agradecerán muchos, pero se pregunta si es lo mejor. Esta rodeado en el bosque y piensa si debe inmolar al mundo, quizas sería mejor que dejarse atrapar por el mal. Las nubes se cierran, el cielo se cubre de oscuridad. El fuego se desata, arrasando con los demonios. Sabe que morirá y también que el demonio seguirá vivo, pero esta bien porque los héroes siempre mueren, y se recuesta en su lecho y allí ve apagarse la vela sobre la bola de cristal que lo ve todo, y buscó sus últimas palabras, pero no encontró ninguna adecuada así que no dijo nada, entonces, tan insípida y desconocida como comenzó, su historia, su vida, llegó a su fin.

ESCRIBIR NOCHES BLANCAS

Hay un tiempo para escribir sobre lo mágico, un tiempo para escribir sobre la moda, un tiempo para mirar al otro y escribir lo que éste tenga para decir.
Y si un escritor sabe interpretar ese sueño que pueden ver los otros, entonces sabrá escribir. Si alguien escribe un libro deseará perder la memoria, deseará olvidarse todo lo que pensaba, para poder, una vez al menos, leer eso que escribió sin saber que lo escribió, leer eso que hay escrito sin saber el porque de cada letra. Y las mesas se pueden iluminar con faroles o con velas, pero las letras siempre dirán eso mismo que hay en algún rincón, donde siempre se pueden encontrar.
Las noches son blancas cuando se escribe, porque solo en ese color existe el papel, y en ese color se pierde la memoria, esa que nos delata a la hora de leer.