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CUENTO DIA A DIA

POSADA DEL KM1347 (VII PARTE)

- A sido un buen intento- confesó el conserje, - pero no suficiente.
- No entiendo, pareciera que la naturaleza pretende mantenernos aquí, atrapados por siempre...
Pero el hombre nos explicó: - será hasta que descubran el motivo por el cuál han terminado aquí, entonces podrán irse...
- ¿El motivo?.
La tarde y la noche transcurrió aburrida y tranquila. La mujer se llamaba Sara, y había nacido en el mismo pueblo que yo, salvo ese detalle no teníamos nada en común.
- Pudimos ser amigos, ¿no crees?.
- No recuerdo mucho de esos días, creo que lo único que no olvidaré es cuando caí en el pozo de agua.
- Yo... también, es lo único que recuerdo. Los años pasaron tan deprisa que...
- ¿Tan deprisa?, ¡no recuerdo el resto!
- Yo... yo tampoco.
- Pero ahora somos mayores, lo que nos sucedió fue cuando éramos niños.
- ¡Lo recuerdo mejor: no estaba solo aquel día!
- Alguien más cayó conmigo, pero no sobrevivió... yo me desmayé, me rescataron los bomberos, pero a mí, solo a mí...
- A mí también me rescataron, y también fuí el único de los dos que sobrevivió. Estábamos casi enterrados.
- Entonces- dijo el dueño del hotel mientras se acercaba a la mesa y llenaba nuestras copas con un tinto de la zona, - ¿quién de los dos es el fantasma?.
- Yo estoy vivo -repitieron a dúo.

POSADA DEL KM1347 (VI PARTE)

Pensamos que se trataba de una broma, o algo por el estilo, pero el hombre no sonreía, ni siquiera parecía demostrar emociones.
- ¿Nunca? - repliqué sin pensarlo.
Movió los ojos hacia mí y dijo señalando a las otras mesas ocupadas: - estas parejas se han conocido también aquí, luego de perderse en la ruta, y aquí permanecen como ustedes...
Esa tarde lo intentamos, salimos con mi auto en un momento de calma, cuando el cielo parecía despejarse, peor, como si hubiera sabido el mismo cielo, de inmediato las nubes volvieron y la lluvia que comenzó a caer fue terrible. El auto no tardó en enterrarse en el barro. Decidimos igualmente continuar a pie pero las gotas se convirtieron entonces en un fuerte granizo que nos golpeaba con fuerza, hasta obligarnos a retroceder. Cuando lo hacíamos las piedras de hielo se convertían nuevamente en gotas, pero si se nos ocurría volver a avanzar comenzaba nuevamente el insoportable granizo. Por fin, exhaustos y doloridos terminamos nuevamente en el hotel.

POSADA DEL KM1347 (V PARTE)

Bebí el café y me aproximé a la ventana, deteniéndome delante de ella a ver la lluvia como hilos transparentes colgados.
- Con esta tormenta será difícil salir - insinué sin apartar la mirada.
- No tengo prisas - respondió.
Dejé pasar los segundos suficientes antes de preguntar: - ¿Usted llegó ayer tarde por la noche?.
- Si, estaba cansada y por eso me detuve - me comentó.
- Lo mismo que a mí, es que esta ruta es interminable.
Me invitó a sentarme y pedí otro café. Ella aprovechó el momento en que se acercó el hombre para preguntarle: - ¿cuanto cree que se detendrá esta lluvia?.
- Nunca - respondió mientras depositaba la taza llena de café.

POSADA DEL KM1347 (IV PARTE)

Al día siguiente la lluvia continuaba, y era tan fuerte que no se podía llegar hasta la carretera, el pequeño sendero se había convertido en un charco de lodo intransitable. Decidí entonces desayunar allí y esperar que la cosa mejorase. En el salón se encontraban dos parejas que tenían el mismo aspecto espectral que el de la recepción, el cuál ahora, vestido con una camisa blanca, servía el desayuno. Me senté y pedí un café. Un rato más tarde entró una mujer que me pareció ajena a aquel entorno, tenía los ojos brillantes de vida y el cabello radiante, se sentó en una mesa cerca de la ventana y pidió un té con limón, enseguida supe que ella era la que había llegado la noche anterior.

POSADA DEL KM1347 (III PARTE)

A pesar de todo, creo que por el cansancio no me costó demasiado dormir. No supe cuanto tiempo había pasado, pero cuando abrí los ojos aún era estaba oscuro. Me había despertado debido a un ruido de pisadas en el pasillo que crujían como todas las maderas del pequeño edificio. Las pisadas se detuvieron detrás de mi puerta, pasaron unos segundos y luego continuaron hasta la puerta de al lado. Debía ser otro cliente que, cansado como lo había estado yo en la ruta, había decidido pasar la noche. No logré volverme a dormir, era como si aquella presencia desconocida tuviese un efecto sobre mí, como si de alguna manera estuviese relacionado.

POSADA DEL KM1347 (II PARTE)

Avanzó un hombre de pelo gris que vestía un traje tan descuidado como el hotel. Se aproximó como un sonámbulo hasta colocarse detrás del mostrador y preguntar que deseaba. Su voz sonó como la de un espectro, sin la menor radiación de vida en ella. Le pedí una habitación y se giró para entregarme una llave, la número 13, después me señaló la escalera y me indicó que era subiendo a la primera planta y a la derecha al fondo del pasillo. No dijo nada más, como si con eso su misión estuviese cumplida. Afuera se oyó un trueno y comenzó a llover. La escalera era de madera y se perdía en un abismo de oscuridad. Subí deprisa, temiendo que algún escalón pudiese desmoronarse a mis pies. La habitación tenía el mismo estilo que el resto del hotel, la cama parecía no haber sido deshecha durante años, los rincones se perdían entre el polvo y las telarañas, y los vidrios de la única ventana rectangular apenas permitían ver hacia afuera.

POSADA DEL KM1347 (I PARTE)

La noche seguía negra, y la carretera parecía nacer donde comenzaba a iluminarla el auto. Comencé a sentir sueño y los viejos clásicos de la radio lo alimentaban. Vi entonces una luz a lo lejos, parecía algo más, tenía un color especial, el color del misterio. Al acercarse la luz se convirtió en cartel y el cartel decía POSADA DEL KM1347 con algunas letras rojas luminosas parpadeantes, y las otras quemadas. Recorrí un sendero de tierra con el auto hasta llegar al hotel. Bajé del auto y respiré un aire distinto, mágico. El pórtico parecía haberse perdido en el tiempo. Abrí la puerta lentamente, dejando escapar un lienzo de aire estancado. Entre la penumbra unas farolas marcaban los límites de un recibidor vacío. El mostrador tenía un timbre de esos que se presionan, y detrás un mueble que parecía una colmena de pequeños casilleros, la mayoría vacíos y algunos pocos con llaveros. Presioné el timbre, que escupió una nota aguda y oxidada, y al momento una puerta de madera se abrió poco a poco, dejando al descubierto una figura entre las sombras.

El DIA DEL JAMAS

La mañana comenzó como cualquier otra, hasta que en un punto indeterminado todo cambio, el día se hizo algo eterno, las personas de las calles comenzaban primero a preguntarse que era lo que estaba sucediendo, que había cambiado en la barrera del espacio y el tiempo, algo fallaba y era algo importante, percibidle, aunque de imposible descripción. Los científicos se vieron desbordados de preguntas que no sabían responder, después de todo eran tan solo hombres, como el resto, aunque supiesen algunas cosas más sobre algunos temas que englobamos en una canasta llamada ciencias. Así fue como todo quedo diferente, y ya nadie sabía que hacer, y la gente gritaba y la vida perdió su camino.

 

Pero hubo una fuerza que sobresale a todo, capaz de dar tranquilidad a cualquier situación humana. Y fue emergiendo como siempre sucede, para tallar cualquier daga de cambio y llevarla a una leve pendiente de normalidad. Era la verdadera dueña de los hombres, la única capaz de calmar a las multitudes: era la rutina.

 

EL VALLE ETERNO

El valle se detuvo en el tiempo como si la naturaleza hubiese decidido guardarse un lugar, un rincón donde poder descansar. La eternidad es una línea sin principio ni fin, una pintura fija, inerte, sin tiempo. En ella las almas reflejan su destino, los árboles escuchan el silencio y los grandes misterios son pequeñas verdades que decoran sus hojas. Las montañas nevadas marcan los límites del imperio de eternidad, y fuera de este límite el mundo continúa, avanza como una máquina de engranajes ruidosos y oxidados.

ESCUCHANDO EL DIALOGO

Hay una línea nueva en mi ventana, y puedo ver, lo que creía era el más allá. Detrás de las cortinas, siguiendo la línea de una gota que cae y deja de ser un infinito de mundos. Puedo tocar el vidrio, pero no puedo atravesarlo, y me dice una voz en mi interior que no tiene nada más que decir. La luz apenas sigue brillando, y la magia se consume mientras se escucha el diálogo y el aire se corta profundo.

VENTANA AL JARDIN (V PARTE)

Si algo de todo lo que dije carecía de sentido, lo siguiente que me veo obligado a relatar lo supera: sentí en aquella mirada que aquel ser era realmente el que veía desde una ventana, desconcertado, mi mundo, como si éste también sufriese el mismo dilema que yo. ¿Acaso aquella ventana uniría su mundo con el mío, y recién ambos seres lo descubríamos?. El extraño ser huyó asustado y yo preferí terminar el problema: esa tarde llamé a una empresa de construcción. El hombre que me enviaron no comprendía mi intención de tapiar con ladrillo un ventanal tan lindo. -dejará a oscuras la escalera -me repitió tres veces hasta que se convenció de que no volvería atrás. Eso sí, le pedí que me dejara un pequeño hueco, apenas lo suficiente para poder espiar hacia afuera.
Ahora, a veces cuando subo o bajo la escalera siento que un extraño ojo me observa...

VENTANA AL JARDIN (IV PARTE)

Al día siguiente, al bajar a tomar el desayuno miré inevitablemente por la ventana, y encontré la manzana. En realidad solo quedaba su esqueleto pues alguien la había comido y había tirado sus restos en aquel lugar. Al llegar abajo miré el jardín pero no había ninguna manzana comida. Preferí continuar con la política de evitar lo incomprensible, pero aquella se caía por insostenible, y no tardé en levantarme, dejando la taza con la mitad del café, para subir a ver por la ventana. Esta vez lo ví con más claridad, era una especie de duende, o tal vez un ñomo, caminaba en dos patas aunque sus brazos casi los arrastraba por el suelo. Me vio, fueron apenas uno segundos pero no podría olvidar jamás aquella mirada, de duda o de lo que fuera.

VENTANA AL JARDIN (III PARTE)

Como quién busca desenmascarar lo fantasioso, decidí poner un objeto para reconocer que aquel era mi jardín, encontré una manzana y allí la deje, calculando que sería el lugar desde el cuál veía desde la ventana. Subí y, efectivamente allí estaba la manzana. Pero entonces vi venir a mi hijo con el fruto en sus manos subiendo por la escalera. Al pasar me comentó –Pá, encontré esta manzana en el jardín –al tiempo que mi mirada confirmaba que al mismo tiempo el fruto seguía estando allí en el jardín que veía. De pronto sentí que debía comprobar que en el jardín real la manzana también estaba, a pesar de ver a mi hijo con ésta. Recorrí la cocina y, tal cuál me había dicho mi hijo mientras bajaba la escalera, el fruto ya no estaba porque él lo tenía. De inmediato me invadió la pregunta: -¿Entonces como podía seguir viéndola a través de aquella ventana fija?. Volví al ventanal, pero la manzana ya no estaba tampoco vista desde allí.
Olvide el tema por el momento, quizás había sido nuevamente mi imaginación, quizás había visto mal, quizás lo mejor era no escribir tantos "quizases" y remitir el problema al tiempo, que debía encargarse de decantar el suceso hacia el olvido.

VENTANA AL JARDIN (II PARTE)

Fue una mirada fugaz, de esas que se tarda en masticar y digerir, por eso continué al menos un par de escalones hasta que razoné la imagen. De inmediato volví a subir y mirar, pero el bicho ya no estaba. Fui al jardín a buscarlo, al jardín real, bajando la escalera y recorriendo la cocina. Pero ya no estaba, ni había nada, ni había estado nunca allí según mi lógica. Sin embargo había un sector de mí que se negaba a ratificar que había sido una ilusión, era el sector realista, el que sabía que en verdad allí había visto algo...

VENTANA AL JARDIN (I PARTE)

Bajaba la escalera de mi casa cuando vi aquel mundo oculto. Ocurrió a media escalera, en un descanso, donde hay uno de esos ventanales de los de vidrio fijo. En aquel punto, apenas de pasada, se puede ver un ángulo extraño del jardín, uno que nunca antes había visto. Era tan extraño aquel sector que no estaba seguro de reconocer que parte del jardín se trataba al mirar. Hubiese dicho más, no estaba seguro de que fuese realmente mi jardín. Entonces vi pasar a un extraño animal, o quizás bicho, no se en verdad que era pero parecía un pequeño monstruo de cara redonda y orejas alargadas, como si hubiese salido de una de esas fábulas para chicos.

LA SOMBRA DE OTRO (II PARTE)

Decidí que debía tratar de convivir con aquella sombra, no parecía una tarea difícil, después de todo la original nunca me había traído problemas. Pero me equivoqué, esta sombra era complicada de manejar, muchas veces se iba para el lado contrario, o no podía seguirme en los movimientos bruscos, a veces se adelantaba o se retrasaba, y cuando había poca luz parecía despistarse y se separaba de mí. Un par de veces la perdí en la oscuridad, y al encender la luz no estaba, y me pasaba un buen rato hasta que la encontraba en algún rincón. La situación no podía seguir así, necesitaba volver a encontrar mi sombra. Comencé a ir al parque todos los días, esperando encontrar al que se había llevado la mía, y comenzaba a sospechar que lo había hecho de forma intencional, es decir que me había robado mi sombra para deshacerse de la suya conmigo. Pasaban los días y seguía en un banco del parque, esperando ver al hombre que tenía mi sombra, pero éste no aparecía. Un día vi a un chico pasar con una sombra larga y oscura que se proyectó sobre mis pies, creo que fue un instinto, producto de los nervios que me producía administrar mi sombra actual, pero aproveche el momento y se la cambié. Creo que, al menos en el momento, no se dio cuenta de mi maniobra. Entonces me puse de pie y me alejé del parque para no volver más. Ahora tengo una sombra obediente, que no se le ocurre irse para otro lado ni hacer cosas fuera de lo que las leyes físicas le marcan.

LA SOMBRA DE OTRO (II PARTE)

Decidí que debía tratar de convivir con aquella sombra, no parecía una tarea difícil, después de todo la original nunca me había traído problemas. Pero me equivoqué, esta sombra era complicada de manejar, muchas veces se iba para el lado contrario, o no podía seguirme en los movimientos bruscos, a veces se adelantaba o se retrasaba, y cuando había poca luz parecía despistarse y se separaba de mí. Un par de veces la perdí en la oscuridad, y al encender la luz no estaba, y me pasaba un buen rato hasta que la encontraba en algún rincón. La situación no podía seguir así, necesitaba volver a encontrar mi sombra. Comencé a ir al parque todos los días, esperando encontrar al que se había llevado la mía, y comenzaba a sospechar que lo había hecho de forma intencional, es decir que me había robado mi sombra para deshacerse de la suya conmigo. Pasaban los días y seguía en un banco del parque, esperando ver al hombre que tenía mi sombra, pero éste no aparecía. Un día vi a un chico pasar con una sombra larga y oscura que se proyectó sobre mis pies, creo que fue un instinto, producto de los nervios que me producía administrar mi sombra actual, pero aproveche el momento y se la cambié. Creo que, al menos en el momento, no se dio cuenta de mi maniobra. Entonces me puse de pie y me alejé del parque para no volver más. Ahora tengo una sombra obediente, que no se le ocurre irse para otro lado ni hacer cosas fuera de lo que las leyes físicas le marcan.

LA PUERTA (IV PARTE)

Giré el picaporte y ésta se abrió hacia dentro. El brillo de pronto se disipó, dejando un espacio oscuro del lado opuesto. Parecía que aquel vínculo con la otra dimensión habría desaparecido, y ahora solo era una puerta que alguien había dejado de pie en medio de la nada. Volví a mirar al rededor, no había nada, era un puerta aislada, sin sentido. De todas formas se me ocurrió pasar al otro "lado". La cerré a mis espaldas y comprobé que nada había cambiado, que solo había dado un paso adelante, atravesando un rectángulo de madera y nada más. Esperé un rato y el grito no volvió a oírse, dejé pasar un rato más hasta que, cansado, decidí volver a la estación de servicio. El hombre ya no estaba cuando me subí al auto y me fui. Pensé que estaría durmiendo en alguna otra parte.
Al principio todo fue bien, pero pasados algunos kilómetros comencé a notar que la ruta ya no era igual, que algo, aún irreconocible, había cambiado. El mundo no era lo que era, porque realmente no era el mismo...

LA PUERTA (III PARTE)

Y en mi mente, una voz que dudé si era propia o ajena, me invitaba a ir hacia ella. Me negué rotundamente. Entonces ese sonido estremeció la paz por tercera vez. ¿Sería un llamado?, ¿un pedido de auxilio?. Pero ¿quién? a esa hora en la noche...
La razón me llevó a pensar en que era posible, que alguien podía estar en problemas y que yo estaba allí, pudiendo hacer algo...
Avancé hacia la luz, que parecía cerca pero resultó no estarlo en absoluto. Al menos diría que pasaron diez minutos y el brillo aún no estaba a mi alcance. Sin embargo comenzaba a tomar forma, una línea cuadrada de luz o algo similar. Por fin estuve lo suficientemente cerca como para descubrir que se trataba de una puerta, que brillaba por sus aberturas y por su cerradura, formando un rectángulo luminoso. Era de madera, como cualquier puerta, salvo que no había nada alrededor, ni detrás, su luz emergía desde el interior de un lugar sin espacio más que el plano en donde brillaba. Oí el grito una vez más, esta vez más fuerte, y parecía salir del otro lado de la puerta, no el "lado" físico, sino una especie de "lado" interior, de otra dimensión.

LA PUERTA (II PARTE)

Quise entonces derivarlo en algún animal nocturno o desvelado y continuar, pero entonces salió al patio de mi mente aquella atrevida parte que nombramos "curiosidad" y me revolvió la conciencia hasta verme obligado a responder a su llamado. Me bajé y avancé rodeando los vacíos surtidores. Observé al empleado de la estación, esperando verlo despierto y alarmado por el grito, pero en cambio lo encontré perteneciente a otra dimensión: la del sueño. No me considero una persona cobarde, pero una cosa es ser un héroe y otra meter las narices donde no me llaman y éste podía ser el segundo caso, sin embargo continué, llegando hasta la parte posterior de la estación para enfrentar un negro inerte reflejándose en el cielo y goteando sobre la aridez plana e infinita de la tierra. El silencio lo era todo, ni un murmullo, ni una sombra en movimiento. Pensé en razones por las cuáles debía irme de allí, inventándolas de ser necesarias. En mi mente había estallado una guerra civil entre la fantasía, que creaba posibles peligros de fábulas, y la razón, que me convidaba con la realidad de un desierto vacío e inofensivo.
De pronto, a lo lejos, una luz...