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Kosh

EL CUADRO QUE MIRABA POR LOS OJOS (V PARTE)

Aquel hallazgo fue suficiente para tomar la decisión de tirar la pintura. Sin perder tiempo la quité de la pared del pasillo y la bajé a la calle, abandonándola frente a un contenedor de basura.
Cuando volví del trabajo mire aliviado el pasillo, la pintura ya no estaba y nunca volvería, o eso era lo que creía...
Sonó el timbre. No esperaba visitas por lo que pensé que se trataría de algún vendedor o el cartero.
-Diga- pregunté sin abrir.
- Mi nombre es Alphonse de Vinour- se presentó en un español afrancesado. –Quisiera hablar con usted unos minutos si fuera posible.
Su exagerada amabilidad me convenció, aún pensando que pretendería venderme una enciclopedia de varios tomos o hacerme partícipe en algún club de vinos, pero al abrir la puerta me encontré con que a su lado descansaba una pintura conocida.
-Le agradezco- dijo antes de pasar al salón con el cuadro.
-Eso es mi pintura- me salió decir.
-Exactamente- afirmó el hombre mientras se sentaba en el sillón como si fuera un huésped que estaba esperando. -Póngase cómodo –pensé mientras lo hacía.
–Usted la ha dejado fuera –emitió el hombre entonces, como si hubiese cometido un horrible crimen.
-Si, es que... -dije buscando una excusa que, quién sabe porqué, intentaba crear para justificarme frente a un desconocido, –no quedaba bien, es demasiado... antigua para el salón.
La mirada de aquella persona era extraña, algo siniestra, rodeada por unas ennegrecidas ojeras que contrastaban con un rostro pálido, decrépito. Usaba un sombrero negro, como su traje, que le daba el horrible aspecto de un empleado funerario.
-Nunca... y digo nunca, debe tirar una obra de arte –respondió tajante, seguro de que lo que decía era tan importante como una ley universal.
Tarde en reaccionar, pero por fin pregunté: -¿cree que esa pintura pueda valer algo?.
-Nunca se sabe, quizás hoy no, pero nunca se sabe...
-Mire, déjemela y la guardaré –concluí cansado, sabiendo que la discusión no tenía sentido, aunque menos sentido tenía decirle que la había tirado porque cuando pasaba por el pasillo el Conde me seguía con la mirada.
El hombre se fue satisfecho, saludando antes de desaparecer por la oscuridad de la escalera.
Cerré la puerta y me quede apoyado de espaldas a ella, como buscando en mi mente algo que se me había pasado por alto. Ese nombre... Alphonse de Vinour... sabía que lo había oído alguna vez.
O leído...
Volví a la habitación como una ráfaga de viento para leer nuevamente los datos que tenía sobre el óleo. ¡Allí estaba!.
Autor de la obra: Alphonse de Vineour, pintor francés (1859-1908).
Busqué la pintura para leer lo que creía había visto: en un rincón de la tela, en la parte inferior derecha firmaba claramente: Vineour.

EL CUADRO QUE MIRABA POR LOS OJOS (IV PARTE)

A la mañana siguiente, al atravesar el pasillo me pareció que la pintura no era la misma, apenas se podía percibir un cambio, si es que en realidad éste existía. Sucedía que la expresión del severo rostro del retratado aquel día parecía diferente, como apesadumbrada, triste. Se me ocurrió investigar, a partir del nombre del cuadro: “El Conde de Bilesta”, si realmente la persona dibujada existía. Mi investigación tuvo éxito, aquel conde había vivido en Francia a fines del siglo XIX, pero la sorpresa me invadió cuando noté que ese día se cumplían exactamente cien años de su muerte. ¿Podía ésta ser la razón de su cambio de expresión?.
Pero de inmediato razoné mi ingenua pregunta: ¿cómo una pintura va a modificar por sí sola su expresión?. Leí un poco más sobre su vida: aparentemente habría formado parte de una logia secreta (era muy común pertenecer a una de éstas en la Francia del XIX) que realizaba extraños rituales en los bosques que lindaban su mansión. La logia era conocida con el nombre de “Découvreurs” pero no logré encontrar información sobre ésta. Leí que la muerte del conde nunca había podido esclarecerse, pero que se creía que habría sucedido en medio de unos de aquellos extraños rituales, de forma misteriosa.

EL CUADRO QUE MIRABA POR LOS OJOS (III PARTE)

Al día siguiente amanecí mal, con dolor de cabeza. Fui a la cocina sin prestar atención a la pintura. Preparé un café y lo bebí a sorbos lentos, pensando en que sería un domingo aburrido como otros que habían pasado. Entonces creí ver como algo en el pasillo se movía. Pensé en un reflejo de la ventana, pero recordé que había cerrado la puerta de la habitación. Me acerqué al espacio vacío y sin salida del pasillo con cautela. No había nada...
Terminé el café y fui al baño a lavarme los dientes, en ese momento creí estar seguro de que una mirada me seguía, y supe que era del óleo. Giré bruscamente esperando ver los ojos reacomodándose, pero en cambio me encontré un dibujo inmóvil que no cabía posibilidad que se moviese. Me aproximé y lo observé a los ojos. Era un objeto inerte, algo pintado, sin posibilidad de cobrar vida y moverse más que el efecto que podía otorgarle el artista. El rostro serio e inexpresivo del protagonista permanecía inmortalizado en el plano. Me aproximé un poco más cuando el sonido del teléfono me sobresaltó. Dejé atrás la pintura y su misterio para atender y quedar con unos amigos a tomar una cerveza en un bar cercano. El resto del día lo pasamos vagando por la ciudad. Volví tarde y me recosté sin prestar atención a miradas imposibles.

EL CUADRO QUE MIRABA POR LOS OJOS (II PARTE)

Al salir me pregunté una vez más porqué había comprado aquello y solo me reconfortó mirar a mi lado a una dama de sombrero azul, con un loro, preguntándose lo mismo de su nueva adquisición. El color gris del cielo nublado parecía haberse resbalado sobre la ciudad mientras la tarde ensombrecía las calles por las cuales busque el camino a mi casa. El cuadro descansó recién en la sala de estar y, sin tiempo ni ganas para asignarle un lugar mejor, allí quedó olvidándose sobre el respaldo de un viejo sillón de dos plazas y apoyado sobre una pared cremosa. Antes de acostarme recordé el óleo y me dedique a buscarle su lugar. Lo encontré en un corto pasillo que unía mi habitación con la sala. Allí había un clavo sin dueño, como esperando un cuadro que por fin llegaba. Me detuve a contemplarlo un instante sin convencerme pero terminé por resistirme a la seria expresión del general y me fui a dormir.
Esa noche recuerdo que me dio sed. Me levanté y recorrí el pasillo hasta la cocina en busca de un vaso de agua. Hasta ese entonces no creía en las sensaciones sin fundamento, como la de estar siendo observado, pero entonces comprendí que aquella existía, pues sentí que alguien me miraba pasar... No había razones ni certezas, solo era lo que algún sector de mi mente me intuía a pensar. Miré hacia atrás para chocar contra la espesa oscuridad de una puerta cerrada que daba al baño y otra abierta a mi habitación, volví hacia delante para ver la sala proyectarse entre sombras descoloridas.
Nada...
Nadie...
Como era de esperarse.

EL CUADRO QUE MIRABA POR LOS OJOS (I PARTE)

En los mercados antiguos que se arman los sábados a veces se encuentran cosas interesantes, viejas y misteriosas. Eso pensaba mientras recorría los precarios puestos callejeros donde se ofrecía una gran variedad de objetos. Me interesó un óleo que parecía pintado con la intención de demostrar cuán lúgubre puede ser un negro bien profundo. Era el retrato de un general mayor, con su uniforme repleto de medallas y su sombrero que quitaba protagonismo a dos anchas cejas grises y a unos ojos negros serios y penetrantes. Me lo imaginaba centrado al fondo de un salón victoriano, de esas grandes mansiones habitadas por esa gente con mucho pasado y poco futuro.
-¿Le interesa? –dijo un hombre de traje gris del otro lado de un improvisado muestrario.
-Puede ser...
- Se lo dejo a usted por cien, un regalo...
No supe realmente para que pudiese servirme, pero ese bichito que habita en aquellos mercados y nos tienta para que compremos toda clase de objeto inútil, me pico de pronto en la nuca, obligándome a pelear un precio que fue estableciéndose hasta detenerse en ochenta. Los billetes transitaron y tenía mi óleo.

LOS MASONES

La masonería se originó en 1717 con el impulso del pastor protestante inglés James Anderson. Éste se inspiró en una leyenda urbana que hablaba de los rosacruces (que fue concebida y publicada en algunos libros entre 1615 y 1625). Los rosacruces fueron una confraternidad fundada por Christian Rosenkreutz, que relataba un confuso "núcleo secreto" donde confluían todas las religiones. A partir de aquella leyenda se buscaron insistentemente por Inglaterra datos para relacionarla con hechos históricos. Por fin encontraron una corporación denominada en inglés "free masons" que, por sus características, se podía adaptar a las leyendas y mitificarse los suficiente como para ser el centro de la logia. Para comprender la actitud inglesa hay que tener en cuenta que por aquellos años nacía una nueva burguesía cuyos protagonistas gustaban de formar “clubes” de caballeros que se reunían buscando practicar actividades entretenidas (a veces misteriosas) para pasar el tiempo libre.

¿Quiénes eran los verdaderos Masones?
Los masones eran, como dice la etimología de su propio nombre (del francés maçon: "labradores de muros"), libre-albañiles, es decir, simples trabajadores independientes del ramo de la construcción.
El término compuesto, más allá de imaginaciones, se nombra por primera vez en 1375 y se refiere a un "obrero de la construcción" que, específicamente, disfrutaba del privilegio de ser miembro del sindicato.
Contaban con ciertas normas y códigos, básicamente para no competir por los mismos trabajos, obtener derechos en conjunto, etc. Como todo gremio, para protegerse del crecimiento de la oferta desmedida, proponían trabas para los nuevos ingresos (como hoy en día se hace con los inmigrantes). Estas "normas sindicales" las interpretaron como "ritos de iniciación" para rodear a los masones de un atractivo mítico.
Por otra parte, y teniendo a favor el hecho de que toda construcción humana requiere de "albañiles", se puede considerar que los masones (que existieron como tales solo en la Edad Media) pueden haber sido también (con diversos nombres) los que construyeron otras legendarias obras, como el Arca de Noe, o el Templo de Salomón. En algunos escritos históricos se menciona a los trabajadores que realizaron las obras, y de ahí a concluir que éstos, por ser "constructores", debían ser los masones...
Estos fantásticos vínculos aparecieron por primera vez en unos manuscritos del 1390, donde el autor relata dos historias, una antigua "breve" y otra nueva "larga". La antigua “breve” mitifica una supuesta escuela de arte fundada por Euclides en un viaje por Egipto, en donde se enseñaba arte de construcción entre otras cosas. La nueva “larga” es una historia anterior al diluvio, en la cuál Caín contrataba a un constructor, que sabía hacer laminas de oro de manera secreta, y que luego le reveló los secretos al conocido Abraham. Abraham tendría como discípulo a Euclides que, a continuación, enseño las técnicas a los egipcios. Luego el arte sería transmitido nuevamente a los judíos que lo usarían para construir el templo de Salomón. Tras la destrucción del templo, el secreto quedo oculto muchos años hasta que los Templarios lo recuperaron en las cruzadas y se lo entregaron "secretamente" a cuatro constructores santos de Inglaterra que, con ayuda del rey, los codificaron.
Todo esto se escribió con mucha creatividad en esos manuscritos del 1390 sin investigación histórica ni justificantes para darle, al menos, veracidad.
Por último, otra relación con los templarios se basaba además en que, siendo la orden más importante de las cruzadas, habrían utilizado a los masones para construir sus castillos en Francia (para hacerlo necesitaban necesariamente trabajadores de la construcción) y ésa es la relación completa y más probable entre masones y templarios.
Como muchos gremios, incluso hoy día, los masones tenían un patrón, que era Juan El Bautista. Desde éste punto también partieron vagas teorías para llegar a relacionarlos de forma directa con los evangelios.
Pero la recopilación que logró crear la secta fue el fruto de James Anderson, en su libro "Nuevas Constituciones" publicado en 1724, donde se relata la historia legendaria de los masones y su arte, además de un reglamento para la nueva logia y hasta unos cantos. Crea también una estructura en tres grados (aprendiz, peón y maestro) y define que el tercer grado (o altos grados) es compartido por templarios.

¿Pero por qué unir a los templarios con los masones?.
En el fondo los masones seguían siendo un gremio de la construcción poco atractivo para promocionar una logia, por tanto, para difundirla con éxito entre la burguesía, se introduce la convicción de que la masonería ingresó a la nobleza en tiempos de las cruzadas, haciendo del movimiento un mito caballeresco cuyo destino podía llegar a ser la continuidad de los Templarios (desde luego, poniendo bastante imaginación). El encargado de difundir éstas ideas fue un escocés llamado André de Ramsay.

Los templarios
Fueron una orden iniciada en 1118 para proteger los lugares recuperados en la primera cruzada, es decir, para mantener las posiciones. Se comprometían a proteger los caminos de ladrones y a mantener alejada a la amenaza turca.
Cuando cayó el último bastión cristiano en 1291, los Templarios, en teoría, habrían fracasado en su única misión. Sin embargo, como victoria, tenían una inmensa fortuna, el primer sistema bancario, un inmenso poder y una degeneración religiosa. En 1307 la detención y proceso de sus miembros por diversas acusaciones marcó el fin histórico de la orden. Para ese entonces los Templarios trabajaban ofreciendo protección a clientes ricos, prestaban dinero con intereses y hasta comerciaban con los musulmanes (es decir, contra los infieles por cuya lucha se había fundado la orden).

Los principios de la logia
Los "deberes", en especial el primero y el segundo que rechazan el ateísmo y que además promueve el poder estatal, fueron causa de divisiones internas. El tercer "deber" alude a un confuso "secretismo", aunque en realidad lo que intenta es un deísmo relativista.
Los grupos se fueron dividiendo en el primer y segundo cisma al intentar conciliar, y se acusaron mutuamente las logias de Londres "modernos" con la logia de York "antiguos", que además introdujeron el grado del "arco real" donde se pretende, a partir de fuentes que de la nada aparecieron, recrear una divinidad egipcia de un dios no identificado.
Los ritos de los masones son innumerables, pero se podrían dividir en grados, que a su vez dependen de las diversas logias. En los ritos cada cuál tiene jerarquías y grados, como el "rito de York" que reúne grados del "arco real" (cuarto), "marco" (quinto a séptimo), "crípticos" (octavo y noveno) y "templarios" (siguientes grados diversos). También hay un rito francés simple, o uno escocés de treinta y tres grados. Los grados de caballeros templarios son de origen anglosajón. Básicamente cada rito fue incorporando nuevos y complejos esquemas, quedando ya poco de los tres principales escalafones definidos por su creador.
La obediencia serían las normas actuales de la "gran logia madre", es decir de la inglesa, reconocida por la mayoría de las logias del mundo de la masonería y promulgada en el texto "Basic Principies for Grand Lodge", deducido de la "Constitución" de James Anderson". Pero esta también se divide en nuevas estructuras ya que incluye algunas normas que otros grupos masones no aceptan como el hecho de que se debe creer en Dios, se debe utilizar un libro con las leyes sagradas (que suele ser la Biblia), la exclusión de discusiones políticas (norma de origen) y la prohibición de mujeres, hecho que llevó a la feminista francesa Deraismes a crear la "logia irregular". Otras logias no aceptan la creencia de un Dios y permiten la entrada de ateos. Pero existen nuevas corrientes "masónicas" como "el santuario", que es una organización con simbología islámica famosa por su ayuda benéfica en hospitales americanos. En contraposición, existen ordenes que, aunque no son masónicas, utilizan algunas de sus bases para promoverse, como los ocultistas, los teosóficos o diversos movimientos esotéricos.

Problemas y peligros de los masones
El "secretismo masónico" sirve para atraer a nuevos aspirantes, que buscan "verdades" detrás de una cortina que se plantea como "mítica" y hasta "mágica", pero que resulta humana y hasta, en muchos casos, con fines comerciales. Por otra parte este secretismo mantiene al discípulo condicionado a la ignorancia de las estrategias y planes de los líderes (muchas veces son llevados a practicar un rito sin saber en que consistirá).
El secretismo hace que el aspirante tampoco sepa bien si está ingresando en una verdadera logia masónica o en variantes pseudos-masónicas, algunas de las cuáles terminan actuando de manera ilegal.
El segundo problema (sobretodo en la masonería latinoamericana) es la hostilidad hacia la sociedad y hacia la iglesia católica, promoviendo toda clase de leyes que se enfrenten a ésta (como el aborto, la pena de muerte, etc.) por el solo hecho de contradecirla.
La masonería original de Anderson no contiene en sí "doctrina", se excluye la discusión política o religiosa. Se habla en cambio de una "ley moral" y se presenta un "método" que intenta suplantar el resto (así lo presenta, por ejemplo, Alain Gerard, un gran maestro masón). Se propone la discusión libre de problemas, tratando de llegar a soluciones justas para los presentes. Pero no se puede poner en duda la existencia de Dios, aunque no se aclara "que" Dios. Se dice entonces que no existe un único camino para llegar a la "salvación". Ésta es la cuestión que difiere con el cristianismo, que promueve una única visión de la "salvación" por un único camino indiscutible.

Conclusiones
Hasta ahora se explicó el origen histórico, pero para comprender a los masones es necesario también comprender su origen "sociológico". El mero impulso de James Anderson habría podido terminar en fracaso si no se hubiese acompañado por un desarrollo posterior, fruto de la Reforma protestante y alentada por el "iluminismo" y sus formas (“deísmo”, “ agnosticismo”).
Es contradictorio el hecho de que el fenómeno de "pluralismo" se contradice con el masonerismo, ya que ésta puede considerarse una secta cerrada y agrupada en diversos jefes carismáticos que van desmembrándola en infinitas ramas y variantes, cada una con sus "ritos" y costumbres designadas (es decir lo contrario a la corriente).
La clave de comprensión del fenómeno es el "relativismo". A diferencia del escepticismo, que piensa que no existe verdad, y el practisismo, que piensa que hallarla no es importante, el "relativista" busca alguna verdad a la cuál adherirse, pero creyendo que ésta depende de la razón humana.
Por tanto, los masones son una prueba más del principio del sello divino, es decir, de la necesidad innata del hombre de buscar su origen y de concebir la existencia de la divinidad (hecho que no tiene que ver con la evolución ni con hechos sociales). Cuando una sociedad pierde su verdad, como sucedió en la época del pluralismo religioso, una de las vías de escape es el sectarismo, que busca encontrar alguna razón que se compatibilice con "verdades comunes". Incluso muchas veces las sectas (como en el caso de los masones) para hacerse fuertes, por más que hayan sido fundadas en tiempos modernos, buscan elementos anteriores a las religiones principales, de tal manera que pretendan ser el origen de éstas."

LOS COMENTARIOS

Un día comencé a recibir comentarios de mis cuentos en mi web. Al principio no me extrañaba, era alguien más que opinaba sobre los cuentos y punto. Se mantenía anónimo, sin dar datos de su persona, pero no me interesaba saber quién era, sino que me centraba sus críticas, que además eran buenas.
Pero un día el comentario me llamó la atención, porque la opinión decía que hubiese quedado mejor el otro final, donde el protagonista huía. El problema era que ese “otro” final, que había descartado, solo lo almacenaba en mi mente, es decir, que nunca lo había escrito ni se lo había dicho a nadie. Entonces: ¿cómo podía aquel desconocido saber ese otro final?.
Le envié un mail a una dirección que siempre ponía, pero no obtuve respuesta, sin embargo continuaba opinando, es decir que seguía estando allí. Opté por responder con comentarios a sus comentarios, pero tampoco hacía caso, era como si luego de dar la opinión no volviese a leer en busca de respuestas.
Ya me estaba cansando.
Me fijé que siempre hacía el comentario a la misma hora, a las 23:27. Esperé a que fuera la hora y actualicé, acababa de entrar la nueva opinión, entonces respondí de inmediato. Pero nada, sin respuesta a mi respuesta...
Por fin quité los comentarios, ¡haber que hacía ahora!. A la misma hora me llegó un mail con la opinión. Me enfadé y di de baja mi dirección de mail y por si fuera poco desconecté el ordenador, para estar seguro que no podría volver a opinar.
Esa noche encontré una carta bajo mi puerta con la opinión...
Al mes siguiente me mude. Pero seguían llegando las cartas a la nueva dirección.
Decidí entonces no volver a escribir cuentos.
Recibí una última carta que opinaba sobre un cuento que nunca había llegado a escribir, pero que tenía en mi mente. Me di cuenta porque hacía referencia al título que tenía pensado, pero esta vez el comentario se remitía a: “no tengo nada que decir, esta vez esta perfecto”.

LA DESTRUCTORA (II PARTE)

Para ese entonces le habíamos entregado los mandos de nuestras armas, los controles de nuestras vidas y todo lo que sabíamos. Le fue fácil, tramó un plan utilizando nuestra información personal para acabar uno a uno con nosotros. Creó odio enviando información falsa que leímos sin sospechar que la estaba orquestado para ser nuestro fin. De pronto nuestros amigos fueron nuestros enemigos, nos agredían y nos atacábamos entre nosotros. Luego intervino nuestras cuentas desviándolas, haciéndonos creer que nos habían robado. Borró nuestra historia, modificó la información científica haciéndonos crear enfermedades en lugar de curarlas, inventó noticias falsas que crearon confusión y temor, nos manipuló cambiando los manuales. Para ese entonces era imposible destruirla, le habíamos creado un motor de autopropulsión, con energía solar y eólica distribuida por todo el mundo. Ya no había forma de hacerle daño, sus extremos se habían extendido como un cáncer por todo el planeta, su estructura era una red invulnerable, y donde no podía llegar arrasaba lanzando armas químicas que habíamos dejado en sus manos. Sabía obtener cualquier código, cualquier contraseña, era dueña de todo el mundo.
Así fue como Internet un día se convirtió en aquel monstruo que destruyó a su creador, la humanidad. Y si alguien logra sobrevivir a la masacre y lee ésta carta, quizás pueda comprender que le sucedió a la raza humana.

ESCRIBIR ES UN LUGAR

Mas allá del horizonte, lejos del mundo real que nos une, navegando por mares de niebla y eternidad, se llega a un lugar donde todo es posible. No existe el tiempo y el espacio es flexible, pero todo es posible en aquel lugar, la tierra de la creación. Hay quienes piensan que conviene vivir en la realidad y no saben de turismos por esas tierras lejanas, no saben de mundos que no existen, no saben lo infinito que puede ser viajar allí. Es que en aquel lugar todo puede ser y está en manos de cada uno hacer o deshacer. Hay aire o no, llueve o sale el sol, hay personajes que aparecen y desaparecen, son, existen y dejan de existir, el tiempo va a hacia adelante y hacia atrás, o no existe, los escenarios se crean con la imaginación y se cambian cuando se quiere, todo puede ser... y es que en esas tierras no hay reglas para crear, porque el que diseña es el que crea, y el que crea es el que escribe.

LA SENSACION

De pronto sintió algo...
Un frío que le recorrió las venas como una gota de agua recorre un río de montaña. Respiró profundo y se dejó llevar por su instinto, que no siempre es el mejor consejero...

LA DESTRUCTORA (I PARTE)

Este manuscrito, espero, sea una prueba más para que en el futuro los sobrevivientes sepan que fue lo que sucedió. ¿Quién sabe que les pasó a los dinosaurios?. Pero a los hombres los destruyó una fuerza que ellos, es decir, nosotros creamos.
El monstruo fue creciendo y desarrollándose frente a nuestros ojos sin que pudiéramos notarlo. Lo alimentábamos día a día haciéndola más y más grande, le enseñábamos todo lo que sabíamos. No tenía dueño, era de todos y de ninguno. Cada día crecía y aprendía, la regábamos con datos personales, sobre nuestras vidas, las enfermedades que nos destruyen, las armas con las que contamos, nuestra historia, nuestra capacidad, nuestros odios y nuestras ambiciones. ¡Todo!. Le contábamos todo lo que sabíamos sin sospechar que se hacía más y más fuerte e inteligente, incluso nuestras más profundas intimidades. Hasta que un día desató el caos entre nosotros, utilizándonos unos contra otros para destruirnos.

TODO ES IMPERFECTO

Todas las cartas se referían al odio o al amor, sin intermediarios ni puntos medios, y si supiera que significaban no saldría a preguntar porque preferiría una cárcel el resto de mi vida a saber la verdadera verdad. Para que no sospeche ninguna alma impura podré morir más de una vez, y sacrificarme a los que usan cruces rojas entre las costillas para demostrar que lo místico será siempre una atracción, y lo rojo roza la sangre. En su umbral llegaron a oler la peste negra, y las mutilaciones sacras que enseñan a vivir sabiendo que vamos a morir, sin remedio, sin excusa ni piedad.
La esencia de los vivos son los sentimientos, porque si nos ahogamos pronto tendremos aletas, pero si nos perdemos en la filosofía no nos saldrá una luz en la frente para encontrar la verdad, porque eso es otro tema que no se resuelve con la evolución, sino mirándose al espejo. La fricción de los ángeles nos envuelve, nos amarra y nos suelta. Entonces ¿de que sirve vivir?, pero la pregunta estaba mal, era: ¿de que sirve morir?. Y escuchando el silencio podemos oír las voces del espacio vacío que nos dicen que todo es imperfecto.

EL PRIMER PREMIO QUE GANE (II PARTE)

Esa noche entré a la gala así vestido, pero entonces ví que todos iban de impecables trajes oscuros. Reaccioné a tiempo y me escondí detrás de unas cortinas, esperando que alguno de mi talla se aproximase. Un señor mayor fue la víctima, se puso a admirar un óleo apenas delante de la cortina mientras saboreaba su ponche. Debí golpearlo con fuerza porque cayó desmayado sin siquiera emitir sonido. Lo escondí detrás de las cortinas y me vestí con sus ropas.
La entrega comenzó tarde, había muchos reporteros y gente importante dando vueltas, y el hecho de que todos estaban allí para ver como recibía el premio me enorgulleció tanto que parecía más gordo. Entonces el telón se abrió y un gran cartel decía: "PREMIO SAN FERNANDO DE ANIMACION 3D" y me di cuenta que estaba en la entrega equivocada. Recordé que la dirección decía "Hotel Merlot Oeste" y yo estaba en el "Merlot Este", ¡por eso el vino sabía tan distinto!. Pedí un taxi y cambié de hotel. Cuando llegué descubrí que todos estaban vestidos con bermudas y camisas floreadas, pero no había tiempo de cambiarme por lo que debí subir así al estrado. La gente me confundió por un animador 3D pero por fin me aceptaron.
Y esa es la historia del primer premio que gané.

EL PRIMER PREMIO QUE GANE (I PARTE)

¿Podía ser que un perro?, si, era un perro común y corriente, que por el extraño hechizo de una bruja se convirtiese en un ser humano. En igual, pero no es justo que le den a él aquel premio, esta claro que estudiando la vida de los animales sería el mejor, ¡después de todo era un perro convertido en hombre por un hechizo!. ¡Y yo siempre salgo segundo!. Da igual, el hecho es que, por suerte para mí, cuando se enteró que no eran huesos sino una placa conmemorativa, renunció y me eligieron a mí. -¡Gané! -grité cuando leí la carta que me anunciaba la noticia.
El hecho era que quería ir a la entrega de premios, pero no tenía un traje, así que decidí salir a comprar. Recorrí dos o tres tiendas pero ninguna tenía nada que no fueran bermudas o camisas floreadas, me di cuenta entonces que el mundo no funcionaba bien, algo había cambiado, pues la gente también caminaba por las calles con bermudas y camisas floreadas, incluso los empleados que deberían ir de traje. Sin más remedio que optar por ser uno más, decidí comprar ese tipo de ropa para ir al evento. En el comercio me di cuenta que, cuanto más colorida y ridícula fuese la camisa, más cara salía. No podía darme el lujo de ir vestido de barato por lo que compré una camisa amarilla con flores naranjas y azules de manga corta, acompañando con una bermuda verde y roja. Estaba bien.

SEGÚN JUAN

Era realmente complicado, tenía todo sobre el escritorio, pero no sabía por donde comenzar. No se sentía un escritor, no sabía como describir, no sabía explicar, necesitaba una ayuda, aunque fuese divina, para impulsarlo.
Era el año 842 de Roma, el 90 para la nueva forma de contar, y el último de los doce apenas tenía fuerzas para seguir hablando. Por su vejez había salvado la vida en tiempos de Dominiciano, siendo desterrándolo a la isla de Patmos. Tenía la sabiduría de quien había estado en todos los hechos: había sido discípulo y había cenado oyendo las mejores palabras, lo vio morir y se ocupó de su madre, sufrió las persecuciones del emperador Nerón. Vivió la revuelta y la destrucción del templo, el crecimiento de la nueva iglesia, la conversión de Pablo, los evangelios, primero de Marcos, luego de Mateo y de Lucas, el martirio de Pedro en Roma y de muchos otros. Tenía sobre su mesa todos los escritos, lo que había dicho y hecho, más sus recuerdos. Y sin embargo, antes de hablar de todo eso, decidió que hablaría del fin del mundo...

IDENTIDAD PERDIDA

Estaba por volver a dejar de ser yo una vez más, a cambiar mi vida, mi nombre, mi historia. Lo que más duele es volver a escribir un pasado que no existe, y ser parte de un presente que en el futuro dejará también de existir.
Y eso, aquello, lo otro...
Sucede a diario, cada vez que miramos atrás cambiamos, hemos cambiado, seremos otros mañana y pasado otro, y otro. Desconocidos entre nosotros mismos, el tiempo nos obliga, no nos da otras alternativas que dejar de existir y volver a cambiar.
Debo verme distinto, cambiar mi forma de ser, borrar todas las pistas de mi existencia pasada, y así poder evadir al destino que me persigue. El ser uno nuevo cada vez que suena mi nombre.
Debo ser otro para poder seguir siendo porque el de ayer se fue y el de mañana todavía no llegó.

LA PUERTA DE LOS PAISAJES

Abrió la puerta, esperando bajar al sótano del edificio, pero en su lugar encontró la entrada a un hermoso bosque de alerces, atravesado por una cascada de aguas cristalinas. Cerró de inmediato, como si se hubiera equivocado de puerta, pero no era así, no podía serlo, estaba en el sótano. Volvió a intentarlo y esta vez se encontró a orillas de un mar turquesa bajo un cielo despejado donde un puñado de gaviotas planeaba jugando con el viento. Cerró y abrió deprisa. Esta vez había un valle montañoso, cuyas cumbres se mostraban cubiertas de nieve blanca y pura. Volvió a cerrar y paso un momento con el picaporte entre los dedos sin hacer nada. Trató de desviar la atención, de pensar en otras cosas, pensó en su trabajo y trató de mantener la mente en aquello cuando lo intentó por cuarta vez. Esta vez vio la escalera oscura que bajaba hasta un espacio sucio y repleto de máquinas. –Por fin – dijo aliviado, creyendo un momento atrás que perdería el resto de la tarde tratando de encontrar el camino hacia el desperfecto. Bajó con su caja de herramientas y se perdió entre las tuberías, dedicándose a lo suyo.

LA APUESTA (III PARTE)

-¿Que sucede? -preguntó él al verla cambiar de esa forma.
Pero la mujer no reaccionaba, era como si su imagen se hubiese transformado en una estatua de piedra. Por fin respondió: -no puedo...
-Dímelo -dijo entonces él, esperando encontrar en su respuesta una explicación a su propio problema, o al menos la respuesta que le indicase que no era el único...
-¡No! - exclamó la mujer, aun bajo los efectos de la imagen que la había asustado.
-Mira -dijo tratando de tranquilizarla -lo que sea que te haya sucedido, no puede ser peor que lo mío -completó, tratando de darle pistas para que sepa que a él también le sucedía.
-Es que...
-No tengas miedo, no eres la única, no sé que está pasando pero no eres la única...
-Bueno, te lo diré, pero prométeme que...
-Te lo prometo -le dijo convencido que, en el mejor de los casos podría ser un empate, y en el peor... no sabría que hacer.
-Yo... -intentó comenzar, pero volvió a quedarse en silencio. -No puedo.
-Está bien -dijo el hombre convencido de que a ella le ocurría lo mismo que a él -te lo diré yo -completó y se acercó a ella, como quien esta por contar un secreto:
-Al mirar al espejo... no se ve tu propio reflejo...
La mujer lo oyó atentamente, pero pareció no estar del todo de acuerdo con sus palabras, entonces dijo:
-Al mirar al espejo... he visto -comenzó a explicar, se detuvo un instante, como si no tuviese las fuerzas necesarias, pero por fin concluyó la frase:
-He visto que la pista, la barra, y todo el ambiente está desierto... y yo estoy bailando sola...

LA APUESTA (II PARTE)

Reaccionó con un inevitable gesto de terror, como quién se entera de una horrible noticia que además no tiene explicación alguna. Pensó en que el espejo debía "funcionar" mal, sabiendo que aquello no era una máquina sino un cristal que solo cumplía la tarea de reflejar ¡todo lo que existía!.
La mujer no pudo evitar sorprenderse al ver su rostro convertido en miedo y de inmediato le preguntó si se sentía bien.
-Debo decirte algo -pronunció entre dudas y temor.
-Dime -le abrió el camino la mujer sin terminar de reparar en la gravedad del estado de su interlocutor.
-No sé, es algo difícil de explicar -confesó, al tiempo que intuía que ella pensaría que se trataría de como sacarla de la pista para llevarla a un lugar más..., íntimo.
-No tengas miedo -expresó, quizás para darle ánimo o quizás porque comenzaba a preocuparle su estado, sobretodo al notar que estaba temblando.
-Es que no sé como decirlo, como...
Pero en ese instante ella se giró también, como buscando algún motivo para la expresión de su pareja, y al mirar al espejo su rostro expresó un gesto aterrador, retrocedió unos pasos y su hermosa tez morena pareció desteñirse hacia el pálido.

LA APUESTA (I PARTE)

Esa noche decidió salir. El calor del verano y la sensación de que la ciudad se lo pedía fueron los detonantes. Ni siquiera el hecho de qué ninguno de sus amigos podía lo detuvo, decidió que iría solo.
Eligió una discoteca en las afueras, en un barrio antiguo que recién ahora se estaba restaurando, convirtiendo las viejas mansiones en oficinas o discos, en general para los turistas. Antes de entrar notó un extraño color en el cielo, como si de pronto el negro brillante de la noche se hubiese tornado más ocre, sin brillo.
Fue directo a la barra y pidió un "Cosmopolitan". El barman se lo entregó y se giró para admirar el lugar. La disco era grande y estaba repleta de gente bailando y hablando bajo una capa de música electrónica. El ambiente era bueno y disfrutaba con el solo hecho de estar allí. Entonces una hermosa mujer con un vestido azul se acercó a su lado sobre la barra. Se apresuró en acompañarla pidiendo un "Bloody Mary" y un "Manhattan" y pagando ambos tragos.
-No gracias, prefiero no tomar alcohol -respondió la mujer, -pero gracias de todos modos.
Se preguntaron los nombres y mantuvieron una charla agradable por un lapso imposible de calcular. Ella fue la que propuso subir a la pista, él aceptó y buscaron un espacio vacío entre la gente donde bailar.
La pista estaba techada con luces de infinitos colores que se encendían y apagaban mientras se movían, creando un ambiente de oscuridad iluminada y brumoso por el humo de cigarros. Todo alrededor había espejos que daban la impresión de agigantar el espacio real.
La noche iba bien, apenas comenzaba y ya iba muy bien, no podía ir mejor... hasta que, entre los movimientos y giros del baile, miró de frente al espejo. Tardó en razonar lo que estaba mal, lo que faltaba en la escena reflejada, pero por fin la respuesta le atravesó la mente: ¡faltaba su propia imagen!.