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“Dios, ¿porque me has abandonado?”..., Dios, ¿porque seré tan egoísta de pedirte que te quedes siempre conmigo?..., si tus súplicas no escucho, si tus ruegos no contemplo, si es que no hay consideración que me valga, pues la muerte es el abandono, el egoísmo, la ciencia de lo falso, de lo que me replica lágrimas de súplica, que me pidan mayor ausencia que tus pasos.
¿Porque diré que lloraría?, ¿porque he llegado y no puedo vivir, ni soñar ni respirar?, ¿porque sufrir tanto tu abandono, tu muerte, si tu huida es tu salvación?, si no hay ser viviente capaz de merecer el paraíso más que tu alma, si no hay alma capaz de sentir tanto el bien como la de aquel que te da vida, si es que hoy los Santos festejan tu bienvenida, y nosotros, penosos y efímeros mortales, lloramos tu paso hacia el lado opuesto, para escapar de nuestro ámbito de existencia.
Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, ¿porque nos has dejado solo?, por la perfección de tus palabras, por la esencia de tus pensamientos, tan perfectos, tan acordes con la vida que debería contemplar el mundo con la vida misma, con la secuela de la incomprensión de los que no tienen el poder de la justicia y la dignidad, de la existencia de la misma razón, tan perfecta para lo que desciende de lo sagrado, del amor a los hombres, de cómo un hombre puede convertirse en representante de un Dios en tierra, en vida, en el lenguaje del cuerpo, en lo que ha contraído, en los valores que extienden la poesía que ha sabido traducir en hechos, por eso todo es para la memoria de quien nos ha servido de guía y quien nos (Dios escuche), sirva para ser y hacer el futuro que éste augure para su creación...
Lo encontraron muerto, ¿la causa?, se cree que fue un suicidio inducido, aunque aún se esta investigando.
- Hoy no quiero escribir, no tengo ganas, sin embargo, no se porque razón, estoy escribiendo algo nuevo, pero creo que dejaré esta web pronto, tengo mucho trabajo y quiero dedicar más tiempo a mi familia, por tanto estos son los últimos mensajes, y lo siento por todos los que leen frecuentemente mis posts.
- Hoy pensaba no tocar el ordenador, sin embargo me fue imposible, es como si una fuerza le arrastrase hasta la máquina para escribir, no se de donde pueda surgir ese extraño poder.
- Esta mañana me desperté y estaba sentado en el ordenador, no podía creerlo, nunca había sido sonámbulo, sin embargo ésta vez no solo he caminado hasta el ordenador sino que
- Escribo pidiendo ayuda, para que alguien me rescate, que alguien por favor quite este weblog de la web que alguien lo dé de baja, lo suplico. Me tiene bajo su poder, todos los días me obliga a escribir, es un monstruo oculto tras la pantalla, veo su rostro desfigurado entre los pixels, me aterra, me amenaza y me obliga a continuar.
- No soporto más esta presión, no puedo resistirla...
La naturaleza le pidió por favor que vuelva a rodar, que no podía encapricharse así.
- Las partes están diseñadas para que funcionen como un gran engranaje y todas son imprescindibles, por más insignificantes que parezcan – le explicaban desde arriba.
Pero no había caso, se había empacado y no quería responder a las leyes, no obedecía a ninguna orden, no quería saber nada.
- Déjate llevar por lo que sientas – le dijo entonces un voz de abajo. Era la voz de lo más básico, lo más simple, era el polvo que le hablaba.
- Yo soy el eslabón más pobre, en mí terminan todas las cosas, de mí no sale nada – confesó, - sin embargo soy feliz, pues mi existencia tiene la esencia del fin, y, bien o mal, representa un lugar en el universo, en la creación.
La piedra, al oír esto, volvió a rodar.
Pasa las horas bajo tierra, en las cuevas del metro, buscando una puerta que fuese la que recordaba, muchos años atrás, cuando entró. El hechizo decía que debía salir por la misma boca que entró, pero los caminos eran infinitos, los cruces, las líneas, los recorridos, todo iba cambiando, creciendo cada vez más. Así fue como vivía durante el día, creyendo ir hacia su trabajo, luego hacia su hogar, y a todos los lugares donde debía viajar.
Nació del fuego y de la noche. Entre las llamas de una hoguera en la cima del monte, y los sacerdotes esta vez no tuvieron nada que ver, ni siquiera intervinieron con sus extraños cánticos ni sus rituales paganos. En el valle de las Amitas reinaba la calma aquella vez, la selva se veía como una alfombra verde arrugada sin fronteras, desplegándose hasta donde llegase la vista
No era un ser común, era de otro lado, del mundo oculto, de un lugar mejor.
Al ver a su alrededor se puso muy feliz porque vio que estaba muy bien diseñado todo lo que había en la tierra. Al caminar por la selva se maravillo de lo perfecto de la naturaleza y le asombro como todo coincidía de forma tan perfecta. Admiró al creador de tan dichoso mundo, y así siguió durante días y días. Pero una mañana vio una planta de jazmines entre la basta vegetación. Todas sus flores eran blancas, hermosas, y desprendían un magnífico aroma que adornaba el aire. Pero entre la deliciosa blancura de las flores, que contrastaba con el verde profundo de las hojas, había una flor marchita. Sus pétalos, ya viejos y húmedos, no tenían el mismo color que sus compañeras, tenían manchas marrones y estaban arrugados. Entonces se acercó a esa flor, y al ver que desentonaba con el blanco del resto, la arrancó.
Desde ese mismo momento, el ser que había nacido del fuego y venido de un mundo mejor, se convirtió en un hombre mas, uno de nosotros, de nombre Mord.
Mord vivió en los tiempos de las tribus medias y los imperios que conocían los metales brillantes, pero no sabían de la rueda ni de caballos. Desde entonces nacioó su ambición por irse de aquel mundo, antes perfecto para él, pero en el que ahora era un ser cualquiera. Es que desde el día en que se había convertido en hombre cada vez le parecía todo mas desordenado.
Entonces oyó de un mago de la selva que era el rey de los tiempos, y podía llevarlo a cualquier otro tiempo y a otro mundo. Fue a la selva y la recorrió durante días y noches buscando a aquel mago, y terminó por encontrarlo, sentado a orillas de un pequeño lecho silencioso.
- Llévame a otro lugar, en otro tiempo, donde pueda volver a sentir la perfección – le suplicó.
El mago le concedió el deseo y así fue que llegó al mundo, naciendo del fuego y la noche, y los sacerdotes no tuvieron nada que ver...
Ellas solían revelar las mejores historias, y los pocos que nos quedábamos en la oficina hasta tarde las disfrutábamos como quién disfruta de un informativo. Mientras tanto pasaban trapos por las mesas, fregaban el piso y lustraban los armarios.
- Los guionistas de telenovelas se están perdiendo historias que valen oro – comentó mi compañero desde su cubículo frente a mí.
- Sí, no entiendo como aún no las han contratado – respondí riendo.
Por fin, al ver que ya no hablaban lo suficiente y siendo ya tarde, terminamos por irnos.
- ¿Crees que les ha gustado la historia? – le preguntó una de las señoras a la otra.
- Yo creo que sí, al menos el que se sienta aquí no dejaba de escuchar asombrado, vi como simulaba que escribía pero en realidad lo único que hacía era oírnos.
- Bueno, entonces pongámoslo por escrito y llevémoslo a la producción.
Para salvar tu alma no es necesario recibir amor sino que nadie lo dé demasiado mas, entonces el diablo va a ocupar otro lugar, y entonces se cierra el fuego y se abre el grifo del perdón, que sabe más de asuntos turbios que del mismo odio. Y el secreto que no sabes, es el misterio que tratamos de olvidar, y nos sirve para negar milagros, porque esa negación ya está regulada por los demás, y el agua salva tu alma sin que sea necesario creer en milagros pero debes creer en clones y en que el bien es lo que no esta del todo mal o lo que no estamos seguros por defecto o por negociación. Así el amor se reduce a eso que nos queda cuando tenemos las manos vacías y el día es soleado y la tormenta nos dejó dolor y nos dio un juego que no comprendíamos. Y las manchas que están allí se pueden limpiar con algo oscuro, si son de sangre cuesta quitarlas, pero toda mancha se limpia, y en la lavadora moderna el alma queda blanca y limpia, sin lágrimas y borrando lo sucia que la habíamos dejado. Aunque ella sabe los que la ensucian, que no son los que ignoran al diablo, sino los peldaños que éste usa para trepar, desenchufando al corazón y dedicándose a la vida lineal. Entonces nos trata y nos lleva, como quien hace caminar a un ciego por una cornisa en un juego macabro, y es un placer que sentimos y sufrimos un poco cruel. Y para salvar tu alma preparas la receta, con los aromas de una flor, que se cocina lento mientras te acomodas a leer una revista que habla de los demás, para olvidar que el tiempo debe pasar, hasta que el horno da la señal, y miras para ver tu alma lista para partir al mas allá y solo resta servir...
Un día descubrí que sobre mi hombro derecho, cerca de la oreja existía un pequeño ser, que resultaba ser mi diablo. Hablaba poco, pero sabía ser convincente con sus palabras, si no fuera por las respuestas de otro lado, siempre le hubiera hecho caso. Y es que del hombro izquierdo habitaba otra diminuta figura me hablaba diciendo siempre lo contrario, también con una gran virtud y clara oratoria.
Al principio jamás los veía, apenas si los sentía como si fueran voces interiores, susurrando en mis orejas tan cercanos que creía que era yo mismo, o mi mente, que estaba razonando, evaluando sobre acciones que podían desencadenar consecuencias buenas o malas de acuerdo a las decisiones. Poco a poco, al girar rápido la cabeza hacia los lados podía llegar a ver apenas algo, como quién, en la comisura del ojo, en el límite de espectro de visión, se percibía una presencia, pero nada más que eso. Luego, cada vez fui desentrañando más aquellas existencias. Debí obsesionarme como nadie jamás se habría obsesionado en el tema, pasarme horas y horas, tardes, días meses enteros girando hacia los lados cada vez que me hablaban, cada vez que debía decidir. Recién entonces fui creyendo verlos, hasta llegado un punto en que, sabiéndose descubiertos o sabiendo que jamás acabaría mi extraña obsesión, decidieron, un buen día, presentarse y dejarse por fin ver completamente.
Una vez que los había descubierto nada cambió, excepto la aceptación de que existían. Me explicaron que siempre, en todo ser humano, existe un representante del bien y uno del mal, que vociferan desde sus hombros, tratando de incidir en sus decisiones y de ésta forma, en el curso de la humanidad.
- ¿Y la gente no se entera? – se me ocurrió preguntar.
- Creen que son voces interiores – respondió mi lado izquierdo, al que le creía ya que hablaba siempre del lado del bien.
Hasta entonces no me hacía demasiada idea de la importancia de estos pequeños seres, pero entonces comencé a investigar, me concentré en las grandes figuras de la historia, en particular los que se distinguieron por su bondad o por su maldad. Me enteré entonces que se solían repetir, en los casos de los buenos personajes, problemas de audición del oído derecho y, casualmente, los que tenían problemas del lado contrario eran los que pasaron a la historia como figuras siniestras.
Desde entonces recorro los colegios, buscando a niños sordos del lado derecho, y los hago desaparecer para salvar al mundo. Pero a medida que me ocupo de ellos voy perdiendo yo también cada vez más la audición y... curiosamente, pierdo la del lado derecho.
Cada archivo debe pasar por su mesa, él los controla y decide si los aprueba o rechaza. Aprueba o rechaza, aprueba o rechaza,... así con cada papel, con cada documento. Un trabajo lineal, el más monótono que se podía conceder, y era lo que buscaba, quería que así fuera, ya que se había peleado con el tiempo y no quería saber nada de él. ¿Qué mejor trabajo entonces?, uno en donde el cambio, medida del tiempo, sea inofensivo.
Así se quitó el peso del gigante que se apoya sobre nuestras espaldas y pudo vivir tranquilo, hasta el día que murió.
¿Cómo ha podido suceder algo así? – se preguntaba el responsable de transportar las almas de los recién muertos.
- No lo sé, fue una suma de distracción y mala suerte, de esas que ocurren una vez cada mil años – se defendió mal el anfitrión de los muertos.
El barquero no se contentó con tan frágil respuesta y volvió a embestir: - es usted consciente de lo que ha hecho, ahora hay por allí un alma viva que debería estar fuera de su cuerpo, ha desbalanceado el equilibrio del más allá.
Llegado este punto es conveniente que asista con una breve explicación de lo que trata esta conversación y los que la llevan a cabo. Más que nada porque el ser humano común no está al tanto ni acostumbrado a este ambiente que supera la realidad y para poder seguir el hilo de la historia debe adentrarse al entorno.
Pues resulta ser, como bien informa el título, que existe un estado previo a la muerte, un lapso temporal de no más de un minuto humano, en el que se comienza a preparar el alma de quién va a morir, para acondicionarla a su nuevo estado de existencia fuera del cuerpo ya sin vida. Digamos que el sujeto esta compuesto, como una obra de arte, por un marco, que lo contiene, adorna y limita, y la pintura en sí, que es la esencia y razón de ser del mismo marco. Se podría decir entonces que el marco sin la pintura no es nada, y por otra parte la pintura sin el marco le falta algo, sobre todo para ser expuesta en público.
Volviendo a la explicación, y pidiendo disculpas por alejarme de la columna vertebral, explicaba que se tiene certeza de un ser que está por morir, se tiene certeza del momento que esto va a ocurrir. Y en este punto esta el tema más conflictivo y de difícil comprensión, y es que no significa que el hombre esté predestinado, sino que cuando llega su momento, simplemente, los encargados de tratar el alma, por algún desconocido misterio, lo saben. Por otra parte hay una serie de controles y alarmas que lo confirman, como un piloto de avión, que por una parte sabe como aterrizar la nave, pero también cuenta con aparatos que le informan y lo ayudan, sin embargo, al igual que una de tantas ambas cosas fallan y se produce el accidente aéreo, también en el caso de los embaladores de almas se produjo el encadenamientos de errores que llevó a tratar un alma que no debía y no llegó a su fin.
Uno se podrá imaginar un fusilado cuyos ejecutores increíblemente fallan los disparos, o un hombre que cae de una ladera y por fortuna las copas de los árboles lo salvan o una de las tantas casualidades que salvan una vida, pero no, esto va más allá, es saber en un plano superior el momento que ya es irremediable, un misterioso punto en que se acaba de llegar al desenlace natural de una situación, en la que las dediciones tomadas libremente por los hombres desencadenan un final cuyo guión lo concluye lo escrito por un ser superior. Ejemplificaré con un solo caso, un hombre que se arroja de un edificio: el hombre mismo tomó la libre decisión de llevar a cabo el acto, por las razones que fuesen, pero la elección fue personal y propia, sin embardo de ahí en más, de acuerdo a leyes universales como la gravedad, leyes estadísticas y probabilísticas, y demás condiciones que el humano cree comprender como tales, pero que irremediablemente son fruto de la originalidad de Dios, el desenlace de la escena queda en manos de la gracia divina.
- ¿Qué debemos hacer? – preguntó el barquero preocupado, - debería estar muerto aquel alma.
- No hay problema, yo me ocupo, pero que no vuelva a suceder – dijo la otra figura, y desapareció.
- Que no cuenten conmigo esta vez – sentenció y dio un portazo.
Los villanos estaban atacando la ciudad capital, había explosiones y gente corriendo por las calles. El reflejo de las llamas sobresalía en el fondo del cielo. Todo era caos, terror, destrucción, y sin embargo estaban tranquilos, ya que sabían que el héroe vendría a rescatarlos.
Nadie se imaginaba entonces la respuesta que acababa de pronunciar, nadie sabía que aquella tarde no asistiría a salvarlos. Pasaron las horas y la tranquilidad fue convirtiéndose en desesperación, hasta que por fin el fantasma si hizo dueño de la ciudad.
El héroe dejó de serlo, y la vida volvió a ser mucho más normal.
Existía un valle oculto en las montañas de un país lejano, donde nunca brillaba el sol y donde los no nacidos sabían que morirían sufriendo. Había una iglesia en ruinas, abandonada al pesar de los tiempos, al castigo del viento y la lluvia. Allí vivía la última de las sombras, y no podía sobrevivir sin la energía vital del tercer plano, por lo que pactó con el demonio para controlar el valle. Pero los pobladores huyeron, aterrorizados por las noches de lunas rojas que hacían sangrar a los corderos. Y desde el valle comenzó a oírse, traída por el viento, la risa del demonio.
El pajaro cantará pero en tonos bajos, desde la rama del arbol mas alto del bosque. Estará el sol emergienedo entre la espesa lejania de un horizonte vegetal, como una mancha de oro en el fuego de un cielo de almas perdidas. Y un Publio Decio no dejaría de arrojarse feliz para morir en manos del enemigo sino fuera porque los dioses a veces hablan de más en nuestras mentes... jugando a hacer milagros mientras las aguas que son dulces nos calman la sed. Y las voces van tronando mientras el diablo desfila, oscuro como el hielo, con los dolores que reparte entre la multitud, y que algúnos saben llevar y otros sufren.
Tenemos una sola marca y la marcamos, estamos del otro lado de la pared, intentando comparaciones de nuestro espíritu y ver si suben y cuelan, como en los viejos sueños de caníbales desposeídos de piel. Reserva es certeza y virtud, y si nos dan la oportunidad la reemplazamos por algún mal “reality”. Mientras alguien recorre el desierto y se quema los pies en la arena buscando la verdad por nosotros, los cuáles amamos criticar, y que no sabemos y no queremos saber ni esforzarnos ni cambiar.
Jugar de a tres era imposible, todos sabemos que el ajedrez se juega de a dos. Entonces buscamos una forma de decidir a la suerte quiénes de los tres jugaríamos la primera partida. Y para ello movimos las piezas y esperamos... Creíamos saber lo que hacíamos, pero la decisión se nos fue de las manos y vino el terremoto, y las cosas comenzaron a caer, las piezas se esparcieron por el piso mientras todo temblaba. Nos preguntamos si debíamos suplicarle a Marte, o quizás a Cibeles, pero preferimos que ellos tomaran la decisión final sobre el asunto. En ese momento el techo se desplomó sobre uno de nosotros, y los vimos quedar atrapado bajo los escombros. El temblor por fin concluyó, juntamos las piezas y comenzamos la partida. Pero antes nos prometimos no volver a decidir de esa manera.
Por más que exista un día a día que nos evade, que nos aleja y nos intenta mostrar un mundo donde lo que importa es el momento, siempre existirá algo que nos guía hacia los verdaderos valores de este tramo efímero, que es la vida, y nos enseña lo poco que comprendemos, lo mucho que ignoramos, lo frágiles que somos. Ese es nuestro espíritu, la parte que tenemos sobrenatural, el pie que está siempre pisando el más allá.
Y en las dos partes que se divide nuestra vida se balancea aquel espectro invisible que es una parte más lejana que la que vemos durante el aluvión de transacciones sociales cotidianas. Es ese sujeto que se presenta cuando meditamos, cuando nos entregamos por completo a las reflexiones y nos abstraemos del mundo terrenal que nos rodea, cuando damos un paso al lado del camino para descansar y ver el paisaje que nos rodea, ver hacia delante, hacia atrás, a los lados, al cielo y tratar de saber un poco más. Luego volvemos al camino y continuamos, olvidando y concentrándonos tan solo en el próximo paso, un paso físico y sin trascendencia.
Pasaba en un pub de puerta pequeña y escaleras hacia abajo, en un barrio de un suburbio de esas grandes ciudades grises. La ley iría por ellos, esperando verlos salir a tocar, y la música se escuchaba de fondo durante el primer disparo, y siguió sin desentonar. Mientras las pirañas se esparcian entre las mesas y las fichas caían y rodaban por la madera, bajo un cielo de lluvia pasado de frío nocturno en las afueras, contrastaba el calor astillado de cigarro gris. El barman dejó apenas de servir cuando su espejo comenzo a desarmarse, y su última cerveza descarrilo en la tabla para unirse al color ambar del pie en bronce. El tiempo se hace remolinos y el olor del whisky se confunde con la pólvora y el sabor de los ritos fúnebres. Las arrogancias se mantuvieron hasta el fin, jugando sus cartas a tres ases y una bala.
Y por fin el silencio desvaneció la espesa humareda para aclarar el antro de desorden y la escena que cada cuál se pueda imaginar.
Sigo buscando una figura que pueda reconocer, dentro de la mancha que quedó en mi piel durante esos días, cuando se volcó el sueño de vida que esperábamos haber tenido, cuando la voz de la realidad agrietó aquel espejo donde se reflejaba solo lo que queríamos ver, solo lo bueno, ocultando la oscuridad del fondo, donde habita la realidad. Esos días aprendí que el que no quiere saber sobre su vida tropieza con su alma, que quiere ir hacia otro lugar, y el que sigue el camino sólo porque las líneas están pintadas y los caminos indican por donde pisar, nunca van por el lugar correcto, porque lo correcto lo marca el corazón. Y sin embargo seguimos por el camino marcado, el que creemos seguro...
Se inventó luego del gran accidente del 2441, cuando el conductor de un camión de residuos de uranio enriquecido, llegaba tarde al cumpleaños de su hija, por lo que decidió cruzar la vía del tren con la barrera baja. Había mirado a los lados pero no le pareció ver el tren, sin embargo el reflejo del sol le engaño, y el tren estaba allí, acercándose. La colisión fue terrible, la máquina dio en medio del vehículo, haciendo que éste explote y que los residuos nucleares se expandiese. Todos los pasajeros del tren encontraron la muerte, pero también los residentes de tres villas cercanas, y otros tantos campesinos.
El gobierno, preocupado, debía buscar una drástica solución. No podía dejar de transportar los residuos nucleares, los convenios con las empresas dueñas de las centrales eran demasiado estrechos. El poder que éstas ejercían sobre el gobierno torcía el brazo hacia otras alternativas, entonces se liberaron fondos reservados para un proyecto de investigación tecnológica, liderado por el mítico profesor Ibzagimov, el cuál había desarrollado hasta entonces un aparato corrector de errores que él mismo utilizaba, en su propio cuerpo, para mantenerlo siempre concentrado y evitar errores en sus investigaciones para perfeccionar el aparato.
Las investigaciones terminaron dando a luz un microchip que se insertaba detrás de la oreja del sujeto y comandaba los actos que se programen para responder con determinadas acciones frente a escenarios establecidos. El primero en implementarse fue el módulo del tráfico era una serie determinada de leyes puestas como ordenes de accion-reaccion. Por ejemplo, si una persona tenía éste “chip” incorporado e intentaba saltarse un semáforo en rojo el sistema inmediatamente se lo impedía, enviando una orden a su sistema nervioso para que lo evite. Es decir que, al detectar el pensamiento del sujeto de transgredir la norma de tránsito, el sistema lo corregía, evitando así la acción final.
El “chip” funcionaba a la perfección y se implementó primero en los camioneros, luego en taxistas, conductores de autobuses y, finalmente, en todo conductor. Luego se desarrollo uno similar para los pilotos de avión y luego para los timoneles. Quince años más tarde se desarrollaron también para peatones y también para otros delitos, como robos, asesinatos y cualquier crimen penado. Así toda la sociedad comenzó a utilizar aquellos aparatos, desde el nacimiento se implementaba, por ley, el “chip” de “protección social”.
La sociedad termino, como siempre, por acostumbrarse a vivir de ésta forma y, pasadas algunas generaciones, se creía imposible vivir sin el “chip”.
Había estudiado química, pero la vida que nos arrastra por los caminos que se le antoja, lo había desviado hacia los trabajos arqueológicos. En realidad era el científico al que acudían los historiadores, arqueólogos, paleontólogos, y todo aquel que quisiera saber la antigüedad de un hueso, lienzo, piedra, fósil, o lo que fuese.
No sólo aplicaba el método del carbono 14, sino también el potasio argón y el plomo uranio entre otras pruebas que, unidas, garantizaban la antigüedad aproximada de lo que fuese.
En sus largas horas de investigaciones fue que descubrió la manera de hacer que un objeto tuviera las características exactas y suficientes para pasar por la edad que se le quisiera asignar. Así fue como comenzó su cruzada por el cambio. Lo primero que hizo fue rescribir algunos de los “Diálogos de Platon”, luego los ocultó en una biblioteca perdida y esperó. Unas semanas más tarde alguien declaró haberlos encontrado y todas las pruebas realizadas lo databan de fines de la edad media, época donde se sabe caída constantinopla que muchos sabios emigraron a europa y trajeron consigo sus libros, que fueron copiados allí, por lo que se les dio autenticidad. El hecho recorrió el mundo. Pero mucho mas notorio fue el papiro que ocultó entre los documentos árabes. Hablaba de los musulmanes y de que debían trazar esquemas de paz con el mundo para alcanzar el paraíso con Alá. Este nuevo hallazgo mejoró las relaciones con los países árabes y, por primera vez, creyó que había contribuido por el bien de la humanidad.
Así continuó lentamente, modificando la historia a base de nuevas pruebas que en realidad creaba a su antojo. Colón ya no era más el descubridor de América, sino los romanos, cambio las secuencia de las guerras púnicas y modificó las teorías sobre la extinción de los dinosaurios. Pero un día dejó por error una inscripción marcada con una tinta que no podía haber sido descubierta antes del siglo XVIII, por lo que los descubridores no supieron que creer. El suceso se publicó en revistas científicas como algo sin precedente, y derivo en la incredulidad en todos los hallazgos de la historia. Supieron que alguien había manipulado el pasado, pero ¿desde cuando?, ¿y que cosas exactamente?.
Se trató de reeditar todo libro de historia pero no había acuerdos en común sobre los verdaderos hechos. Finalmente en los colegios se dejó de enseñar la materia y algunas generaciones más tarde ya nadie sabía sobre el pasado de la humanidad. Los historiadores y científicos fueron desprestigiados y desapareciendo a medida que el mundo se concentraba solo en el presente y en el futuro.
Y así la historia se volvió a repetir.
Estaba sentado en un asiento, mirando pasar la vida por la ventana, rodeado de gente y de sueños buenos y malos. Los buenos son los más raros, y casi nunca se dejan ver de entre las alas, en cambio los malos si están a la vista, en cada acto que miraba al pasar por arriba de una telaraña de calles y casas que se alejaba por el horizonte. Y cada ser tiene un don, algo que nadie más tiene, pero que la mayoría de nosotros no sabemos encontrar dentro nuestro. El de él era percibir en los objetos la capa de bien o mal que las cubría. Pero para ello debía sufrirlo, como todo don que no se desea.