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Las cámaras no eran suficientes, había en cada esquina y en cada banco, pero la tecnología había avanzado y ahora los crimenales usaban unas excelentes máscaras que impedían ser reconocidos. Las empresas de seguridad buscaron nuevas ideas y las encontraron con un joven ingeniero que, a partir de los movimientos de un cuerpo humano, podía detectar las intenciones del individuo. Era como leer su mente, como anticiparse. Le pagaron una importante suma para invertir en aquel extraño proyecto, confiaban en aquel científico, era realmente inteligente y capaz. Sus primeras pruebas las realizó en su laboratorio, al principio con animales y luego con voluntarios. Comenzaba a funcionar, podía detectar, de acuerdo a las actitudes, los pensamientos que atravesaban por sus mentes y, sobretodo, las acciones que pensaban realizar. El científico trabajaba día y noche, sin descanso, en su proyecto. Apenas si comía y si iba a su casa a dormir o a ducharse. Todo iba bien, el aparato ya casi estaba listo, solo faltaban algunas pruebas y calibrarlo, cuando el joven, realizó la última prueba, debía hacerlo con alguien que no supiese que estaba siendo investigado. Esa tarde lo visitó al laboratorio su esposa, aprovechó la ocasión y siguió sus movimientos con la máquina. A la mañana siguiente la policía encontró el cuerpo de la mujer con veinte puñaladas, el aparato destruído al igual que los planos y todos los registros, y al jóven ahorcado en su oficina.
La excavación dio sus frutos, por fin habían hallado la entrada al templo prohibido y se encontraban en la sala principal, donde debían de realizarse los rituales sagrados. Al fondo había un marco muy extraño, con una puerta llena de polvo donde se apreciaba un espejo que apenas reflejaba. Databa el templo de una edad aún no calculada, pero seguramente una civilización prehistorica, aunque increíblemente avanzada. Allí debían realizarse los ritos de sacrificios, los que se creen marcaron el fin de su cultura cuando decidieron realizar un sacrificio masivo, terminando con el pueblo.
Había sobre un texto tallado en la piedra. Estuvieron tres días para descifrar los códigos del lenguaje hast que por fin pudieron traducir:
...No quedaba tiempo, la humanidad había destrozado el planeta y peligraba la existencia de la especie.. En otras situaciónes se habría optado por la reparación del daño, pero ya era tarde. Los científicos primero optaron por la búsqueda geográfica de un ámbito similar al terrestre, un nuevo planeta. Pero la empresa resultaba imposible, no se habían desarrollado lo suficiente las naves, la autonomía era limitada y los pocos planetas al alcance requerían grandes obras para resultar habitables. Las inversiones en aquella línea se habían suspendido, entonces nacio una nueva alternativa, el estudio de un mundo paralelo. Los especialistas en espacio tiempo creían que, con las herramientas adecuadas, podrían desarrollar una nueva dimensión donde el mundo se replicara pero en su estado puro, sin contaminación ni daños hechos por la raza humana. EL proyecto se realizó con éxito y lograron una máquina que transportaría a todos los seres humanos al nuevo mundo. Se trataba de una puerta que a simple vista parecía normal, pero que del otro lado no había más que una especie de espejo líquido penetrable. Los cuerpos podían pasar a través de él y desaparecer en la nada. El problema era que no había retorno, el que pasaba ya no podía volver. Ante la emergencia de epidemias mortales y calentamientos insostenibles del planeta, los inventores decidieron escapar por la nueva salida. Se llevaron por las dudas alimentos e instrumentos de orientación, luego atravesaron el marco y desaparecieron detrás del cristal líquido. Lo siguieron los directivos y los gobernantes, luego la población en general, convocada en turnos, ordenadamente fue transitando a la nueva dimensión. Así fue como el mundo original, verdadero, quedo casi vacío. Las ciudades con sus edificios, con sus oficinas, con sus ordenadores, todo vacío.
Creo que ya lo he explicado, para que cualquier ser que aparezca en la faz de la tierra lea y comprenda lo sucedido. Ahora es tiempo de marcharme...
Permanecieron observando el marco de aquella puerta, en silencio, mirandose a sí mismos y decidiendo que debían hacer.
Recuerdo, o creo recordar la imagen insistiente de circuilos que se cerraban unos sobre otros, de forma discontinua y aleatoria. No podía dejar de mirarlos, mi mente estaba en blanco, perdida en la nada, en un abismo sin espacio ni tiempo. No sentía el cuerpo, quizás donde me encontraba el concepto de la materia restaba sentido, carecía de un motivo suficiente que lo justificara. Quizás mi cuerpo sí estaba, pero en todo caso inmóbil, relajado, inerte en un mundo de fantasía. A lo lejos, como susurros que se perdían en una pradera de pastizales y mariposas, sentía un rumor. Llegaba a mis oídos como una brisa de veramo, suave y placentera. Pero de pronto la briza se convirtió en viento intenso, y el susurro en truenos de tormenta. El sonido fue aumentando y convirtiéndose en una suerte de estampida de aplausos. Entonces volví en mí, a mi lado el hipnotista saludaba al público que respondía con enérgicos festejos la escena. Y yo, seguía de pie en el esenario mirando el teatro repleto y viendo mi sueño de paz y soledad destrozado por un mundo real.
Por la mañana todo iba bien, pero antes del mediodía la cosa cambio, yo iba caminando por la calle cuando sentí como si mi cuerpo de pronto pesara menos de lo habitual. Comenzé a sentir como si fuese más liviano, casi podía flotar. Vi como todos a mi alrededor notaban el mismo extraño efecto. A lo largo de la tarde la sensación fue aumentando, cada vez me sentía más liviano. Entonces me enteré del problema. Un desconocido fenómeno había partido a la tierra en dos trozos, y éstos ahora comenzaban a alejarse uno del otro. La atmósfera se mantenía y era respirable, al menos del lado de la corteza terrestre, del lado opuesto solo habría un nucleo partido al medio que veía como su otra mitad se alejaba sn remedio. El corte había sido por el ecuador, por tanto los hemisferios ahora eran planetas separados y distintos entre sí. La raza humana estaba también dispersa, separada en dos grupos, habían familias que habían quedado partidas, incluso paises. Se tardó mucho tiempo en asimilar la nuevea situación pero por fin las cosas, por duplicado, voliveron a la normalidad. Se desarrollaron naves capaces de ir de un trozo al otro, creando un puente aéreo continuo, luego se preparó un proyecto para reunir ambas partes. Se puso en marcha y trabajó mucha gente, por fin lograron acercar las partes y volver a ponerlas juntas.
Todo volvería a la normalidad, pero nunca fue lo msimo, cada sector tenía sus propias costumbres y entornos, existían leyes diverentes. Poco a poco comenzaron las disputas raciales, luego los encuentros violentos. Al final acabaron por entrar en guerra entre ambos lados, y asi fue como volvió realmente todo a la normalidad.
Siempre pensé que había fantasmas o algo raro en esa casa. La concocía bien, sus habitaciónes, sus pasillos, pero no me convencía, sabía que había algo fuera de lo normal. No vivía allí pero cada vez que la visitaba encontraba cosas fuera de lugar. Decidí quedarme una noche a la semana en la sala, dejando todo a oscuras, esperando ver que era eso que intuía. La primera noche no sucedió nada, y a la semana siguiente tampoco. Decidí que para encontrar algo debía estar más tiempo así que comencé a quedarme todas las noches allí, despierto en la oscuridad, esperando ver algo. Por las mañanas, cuando volvía la luz del amanecer, cansado me iba sin haber visto nada. Lo hice durante dos años hasta que una noche me rendí. Estaba cansado y decidí permitir que el sueño me venciera mientras estaba en la sala. Me desperté a la mañana siguiente, con el sol golpeando con sus rayos mis pupilas. Abrí los ojos con dificultad y dolor, intenté ponerme de pié y alejarme del sillón donde había dormido, que estaba cerca de la ventana, entonces vi la figura, era como un silueta blanca, brillante, fantasmagórica. Tenía un adorno en las manos y lo destaba cambiando de lugar, pero eso no fue lo que me molestó, sino haber perdido dos años de mi vida pensando, por alguna razón, que los fantasmas solo pueden vivir de noche.
No conocía el barrio, y entré pensando que era un librería. Por dentro era un largo pasillo con un mostrador al final. Las paredes estaban cubiertas de estantes con pequeños frascos vacíos.
-¿Venden frascos? – le pregunte a un hombre que parecía estar acomodándolos.
- No – me respondió - vendemos imaginaciones.
Creí haberle oído mal por lo que le pedí que me lo repitiera.
- ¿ Le interesa alguna? – me ofreció - están en rebaja.
- Yo... no se...
- ¿Tiene hijos usted? – me preguntó.
- No... aún.
- Entonces mire, aquí tiene una que puede interesarle – dijo mostrándome un frasco verde. –Sirve para imaginarse el momento en que nazca su primer hijo.
- muy interesante – comenté sin creer en lo que decía.
- ¿ Quiere una muestra? – pareció desafiarme.
Acepté.
El hombre abrió el frasco y lo acercó a mí. – Respire – indicó.
Al principio no sentí nada pero al cabo de unos segundos me sentó obligado a cerrar los ojos, entonces comencé a experimentar una visión increíble: me encontraba en una sala de espera, en un hospital, de pronto una puerta doble se abría y salía un médico que se me acercaba.
- Lo felicito, es usted el padre de un niño – dijo estrechándome la mano.
No entendí bien porqué, pero sentí una emoción muy extraña, algo que nunca antes había experimentado.
En ese momento abrí los ojos y oí la pregunta: - ¿ que le ha parecido?.
- Funciona – dije aún emocionado.
- Claro, y solo le cuesta 35 euros, pero además tiene otras cientos de imaginaciones – enfatizó como buen vendedor mostrando con su brazo estirado la interminable fila de estantes - estamos con mucho stock estos días – completó.
En ese instante recordé que no tenía efectivo. Abrí mi billetera para confirmarlo.
- Acepta tarjetas.
- Hoy no, se ha estropeado el chisme.
- Aguarde que voy por dinero, voy a buscar dinero – lo interrumpí.
- De acuerdo – dijo desconfiando que volvería – pero llévese este frasco al menos, de muestra – me dijo, quizás por no creer que volvería. Era un frasco azul con una etiqueta que no me di tiempo a leer.
Salí a toda prisa en busca de un cajero. Siempre que uno necesita uno de ellos es como si desaparecieran. Al fin encontré uno pero estaba fuera de servicio, seguí buscando entre las callejuelas hasta dar con uno. Extraje todo lo que me permitió la cuenta y volví corriendo en busca de la tienda, pero en su lugar encontré una simple librería, o al menos eso decía el cartel.
Entré de todas maneras.
- Usted... una vez más...¿que desea? – me recibió el mismo hombre de la imaginoteca, pero esta vez con un tono diferente, como si fuese una molestia.
- ¿Esto no es un lugar donde venden imaginación? – pregunte desconcertado observando los libros a mi alrededor.
- Pues no, sin embargo usted parece no entenderlo, es que ya estuvo aquí, es más, viene aquí cada día a esta hora a preguntar lo mismo, y le digo una vez más que la imaginoteca esa que busca no existe, ni existió, ni existirá, solo es una imaginación suya, la única que es real – concluyó señalando mi mano.
Tenía en ella un frasco azul abierto que decía en la etiqueta: -imaginoteca.
Tenía en el fondo de mi casa un jardín de arena, era fácil de mantener porque no crecían ni árboles, ni plantas, ni arbustos, ni siquiera cesped, era un espacio vacío, blanco, pero en mi opinión, y no es que sepa mucho de jardínes, pero era el mejor que podía tener un ser humano.
Un mediodía, cuando estaba en una cantina, un desconocido se me acercó y me preguntó:
-¿Cómo lo ha hecho?.
-Qué… ¿Qué?.
-Eso, adivinar.
-¿Adivinar qué?.
-Usted se puso de pie y fue a la barra a buscar su bocadillo exactamente cuando el cocinero salía para entregarlo en la barra. ¿Acaso lo vio venir, lo escuchó?.
-Yo… habrá sido casualidad.
-No, es que no puede ser casualidad, usted tiene un don.
-¿Un dón?.
-Si, eso mismo, puede adivinar.
-Yo… ¿le parece?.
-Seguro, créame que se detectar cuando alguien tiene un poder, y usted lo tiene, salta a la vista.
-pues… no se que decirle…
-No diga nada, pero es bueno que lo sepa.
Diciendo esto el desconocido salió y no volví a verlo.
Nunca más logré adivinar nada, sin embargo es bueno saber que, aunque no se utilizarlo, tengo este don.
Una noche que me acorraló sin anciedad por el sueño dejó escurrirme a las veredas ocres con la excusa de un paquete de cigarros. Aprovechando que la avenida descansaba del tráfico diario en silencio y me resultó interesante caminar por el centro de ella, sientiendome más dueño de la ciudad y de la noche de aquella extraña manera. Me pareció que las líneas pintadas me decían que era demasiado tarde, me informaban hacia donde caminar y los carriles que no debía pisar aquella noche. No es que los que pintasen aquellas líneas blancas discontinuas tuviesen la intención, sino que la ciudad de algúna forma tiene vida y nos dice, nos advierte, nos protege o nos induce al peligro, de acuerdo a su estado de ánimo. Ese día los edificios se veían inquietos, sin embargo no me pedían nada en especial, ni me impedían dejarme fluír por sus pies. Llegué por fin a un bar donde encontré lo que buscaba. El hombre de la barra pareció sorprenderse al ver a otro ser similar entrar por aquellas horas, parecía ser que había pasado demasiado tiempo desde que le había ocurrido lo de cruzarse con uno de su especie. Salí sin saludar, una vez más la ciudad me observaba y pareció sonreír sabiendo que nada podría hacer yo para modificar sus paredes, incñuso aunque se sintiese mal. Me tentó un banco a sentarme y fumar uno amparado en la tranquilidad que me ofrecía el ambiente, en realidad me parecía justo quedarme un rato más en su gigante compañía. A lo lejos alguna sirena descortés incidía en la paz pretendida, pero no llegaba a desentonar con el paisaje. En ese momento me tenté de irme a mi hogar, pero entonces debí reconocer que mi hogar era ese, es decir la ciudad completa.
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