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Una tarde que estaba creando un dios se me escapó el alma. También, todo el mundo sabe que una de las causas más comunes de la pérdida del alma es la creación de dioses, es lógico que las almas destruyen la correa que las adhiere y huyan.
Traté de atraparla antes de que llegase a la ventana pero no logré darle alcance, es que las almas sueltas vuelan a una velocidad increíble. La llamé por lo lejos pero no hizo caso, es que una vez libre son como los perros malcriados, no hacen caso. Pensé que podía ver el partido y luego salir a buscarla pero luego, por precaución, decidí que lo mejor sería salir de inmediato en su búsqueda. Fui directo al parque, a mi alma siempre le gustaron los lugares abiertos, ver el cielo estar cerca de la naturaleza. Pero allí no estaba. Temí entonces que hubiese ido a la Terminal a sacar un pasaje para el sur. La última vez que se me escapó había hecho eso, por suerte llegue antes de que saliera el autobús y pude hacerla bajar. No se porque tiene tanta manía con conocer los glaciares y ver las cumbres nevadas y los lagos y todas esas cosas, como si con la televisión no pudiera verlo.
Pero en la Terminal tampoco estaba. Cansado decidí volver a casa y continuar al día siguiente, por una noche sin alma no pasaría nada malo, esta claro que no podría soñar ya que es bien sabido que los sueños necesitan del alma para alimentarse, pero que más daba.
Camino a mi casa pasé por un bar irlandés y la vi, allí estaba en la barra creyendo que pedía una cerveza negra. Me senté en un taburete a su lado y la incorporé nuevamente a mi cuerpo. Nos tomamos la cerveza juntos y volvimos a casa a tiempo para ver el partido.
El padre le dijo que no lo toleraría, solo porque se quería instalar la última moda, un ojo en la nuca. Las cámaras habían avanzado tecnológicamente lo suficiente para que la resolución fuese cuatro veces mejor que la de un ojo humano, y podía enfocarse más velozmente y no se desgastaba o si fallaba podía cambiarse. El inventor del ojo artificial solo tomo una de las cámaras y creó u sistema de movimientos administrado por el sistema de impulsos nerviosos del cerebro, entonces el resto fue sencillo. De inmediato comenzó a comercializarse, primero para los ciegos, el objetivo original del inventor, pero de pronto, y con la ayuda de grandes corporaciones y de campañas de marketing, se convirtió en una moda y toda la gente quería tener más ojos de los dos que la ofrecía la naturaleza.
- hablemos mientras ingerimos – propuso la hija. Ya no existían los alimentos como se conocían en otras épocas, no era necesario matar animales o vegetales, todas las cadenas de proteínas, minerales y demás moléculas útiles para el organismo podían reproducirse tomando átomos de la naturaleza mineral, inerte y combinándolos en las cadenas adecuadas y en las dosis exactas. Así la pasta que se ingería era perfecta, el scanner leía exactamente lo que necesitaba el cuerpo y la máquina ofrecía por entonces la cantidad exacta de los componentes óptimos. El problema antes era el gusto, pero como en el fondo el sabor también se componía de diversas moléculas que ejercían sensaciones en las papilas gustativas, se podían crear artificialmente sin que fuese físicamente posible percibir la diferencia. Con este método pronto se había terminado el hambre en el mundo y tampoco resultaban necesarios los animales y vegetales, aunque por supuesto que se mantenían ejemplares en reservas de cada especie para que el ser humano pudiera contemplar como vivían y convivían en el pasado. Y ya no existían los vehículos, luego de la era de combustibles líquidos limitados se habían creado los ilimitados pero luego un científico descubrió como variar el núcleo electromagnético de la tierra, generando movimiento de un cuerpo por coordenadas de un punto a otro. Su equipo trabajo hasta lograr un vehículo para el cual se fijaba una coordenada de origen y otra de destino y enviaba una onda al centro magnético de la tierra modificando apenas sus características, pero lo suficiente como para mover entre las coordenadas al vehículo. Al interactuar deferentes vehículos con polos iguales se podían evitar las colisiones y así dejaron de existir los accidentes de tránsito.
- En estos tiempos los jóvenes creen que pueden hacer lo que quieren – le dijo el padre.
- No puedes hacer nada, ya tengo edad suficiente para tomar decisiones, lo dice la ley. Además todos mis amigos lo tienen.
- De acuerdo, pero que sepas que en mis tiempos nadie permitiría algo así, y sabes porqué, porque eran tiempos mejores.
Subió al monto y miró al cielo y se preguntó si es que existía algo, una fuerza, una señal. Pasaron cinco, diez, quince, veinte minutos y… nada, ni una sola muestra.
Insistió, se quedó dos, tres, cuatro horas y… nada, no llegaron signos de aquel ser superior que todo lo sabe y todo lo puede.
Se canso y bajo, dejando el monte en la soledad de la tarde que se teñía de noche con las estrellas.
Entonces, a sus espaldas y sin que pudiera percibirlo, una luz se hizo sobre el espacio donde había estado de pie mirando al cielo y, de la nada inundó aquel lugar de esperanza.
Uno y uno da lo que quieras, si sabes sumar bien y mejor si sabes subir mal. Mejor aún si a la derecha esta el precipicio y a la izquierda la montaña y mejor que mejor si el camino se angosta. Pero las relaciones son como hielos en vasos que se deshielan y luego se vuelven a congelar. Sin embargo aún no encuentro el paso, y si me lo prestan no lo podría aceptar. No es cuestión de odiar, sino sería como odiar a la vida misma, y sabemos que no es de mala intención que nos trata así la vida, sino que se dedica a apuntarnos en los juegos y nosotros somos los que los jugamos. Si no estamos entrenados podemos perder y para entrenarse hay que jugar. Vuelta a vuelta, perdiendo y ganando. Ser el sereno obliga al mantenerse en vela y ser el incierto que nos da amores perdidos, y sueños desencadenados y pasiones encontradas entre las nubes. Ser parte de tu historia no muere en al morir el invierno y al transitar el verano. Ya es ser parte de un mundo de sensaciones atravesadas, juego de palabras y resignación de haberse sabido que las cartas no siempre las tenemos cuando las necesitamos y al jugarse, plantarse y tirar podemos ganar algunas manos y perder otras. No es frustración, porque no hay otro destino más merecido que el que nos plantea las consecuencias de nuestras obras, y si sobraba niebla cuando avanzamos y ahora vemos el paisaje claro solo vemos nuestro camino y si nos pasamos en algún cruce es tarde y nada más.
Ella estaba aprendiendo una forma de hacerme invisible entre las horas de tránsito, para buscar algo que no podía entender. Creía que buscaba un arco iris verde y que hablaba demasiado por teléfono, y que no podía dar marcha atrás ni cambiarse las memorias. Cada paso que uno da en la calle queda marcada en el lugar, una huella imborrable y que marca el camino, que no es una forma de ser sino una regla de juego. Y si las páginas pasan y los capítulos son otros, nuevos, escritos con tinta húmeda, es porque cualquier cosa puede suceder mañana.
Lastre es lo que me sobraba en un planeta pesado, por eso quedamos que todos iríamos con una pierna menos. Entonces pasamos cada uno por la operación, y nos dieron unos aparatos para no perder el equilibrio, si de todas maneras viviríamos allí hasta la muerte, no tenía sentido la otra pierna. Pero lo que no previeron los científicos fue el tema de los cráters, que meter una pierna resultaría un problema a la hora de salir, por eso es que ahora debemos ir con mucho cuidado, sabiendo que si queremos sobrevivir debemos tener bien claro donde pisaremos.
Había acudido a cientos de médicos pero ninguno lograba curarlo. Su enfermedad era desconocida y única. Podía hablar, masticar, arquear las cejas, comer y todo lo que hace cualquier persona normal, salvo que no podía sonreír. Por algún extraño motivo los músculos de sus mejillas no funcionaban, por tanto no tenía forma posible de mover la comisura de sus labios hacia arriba, es decir, no podía sonreír.
La gente que lo conocía al tiempo se alejaban, su seriedad era chocante, desanimaba y hasta deprimía. No lograba hacer nuevos amigos, ni tenía mujer, su vida era muy solitaria y triste.
Un día acudió por enésima vez un médico y le suplicó algo, cualquier cosa que le hiciera sonreír. Le practicó algunos análisis y el resultado fue el de siempre, que no había manera. Pero no se conformó con la respuesta, y lo amenazó con suicidarse si no lo curaba.
El médico, al ver su desesperación y su situación le dijo que esperase. Abrió un armario que estaba cerrado con candado y extrajo un líquido.
-Esto es un estimulante concentrado, afecta al corazón de forma irreversible y quién lo ingiera muere inevitablemente al cabo de unas horas, sin embargo ataca primero a los músculos sin actividad, por lo tanto le hará sonreír.
Al día siguiente encontraron su cuerpo sin vida. Estaba recostado en el sofá, a su lado había fotos de toda la gente que había conocido en su vida y de la gente que conocía. En su rostro aún se veía una gran sonrisa de felicidad.
Tenía pocos años cuando vino a ofrecerme la pureza de su alma a cambio de todo lo que tuviese entre mis manos. Era una oferta de rebajas, muy lejos de lo que esta bien, muy todo de lo que esta mal. Desconcentraba a los pájaros al mirarlos en mi ventana mientras tomaba la decisión. Pensaba en los buenos tiempos, donde las cosas buenas se vendían en frasco grande, como las sonrisas y los saludos, pero ahora todo valía lo mismo que las garrapiñadas de la plaza. Sentí el zumbido de las moscas azules que me decían que olía mal la operación, pero que no se puede enfrentar al sistema, y si la máquina pide trampa es porque el destino lo hace rodar así. Me dirían que era muy joven para comprenderlo, que ya aprendería que en el mundo de los grandes las ilusiones van cayendo como copos de nieve y la realidad se pinta de varios colores. Los grandes hacen esas cosas, negocian con el cielo y el infierno mientras juegan a las cartas con la civilización. Y no me consuela saber que habiendo aceptado y haber comprado ahora la fiesta tendrá un pastel más dulce y dure más, pero no puedo dejar de pensar en que no esta bien, porque lo correcto lo dicta el corazón.
Las crónicas de leyendas del índico hablaban en el siglo doce ya de aquel milagro de los mares, cuando se encontró una isla con el tesoro de la vida eterna. Muchos buenos marineros perdieron la vida en su búsqueda, irónico y prueba de lo irracional que puede resultar el ser humano. Quien por fin encontró el cofre que guardaba el secreto fue un pescador que se había perdido en una tormenta y se había alejado del continente terminando en la isla. Aquel no se atrevió a abrir tan brillante arca por no sentirse digno, en su vida había aprendido que esos objetos eran de los nobles y que un humilde pescador no debía aspirarlos. Vivió en la isla varios años hasta que una expedición de Muscat lo encontró. Hubiese llevado consigo el cofre pero prefirió no tocarlo ni advertir de su existencia por temor a castigos. Sin embargo los marinos recorrieron la isla y pasaron varias veces junto al lugar donde se encontraba el brillante objeto sin tocarlo, como si fuera invisible a sus ojos. Al subir al barco y partir el marinero se atrevió a preguntarle al capitán si no veía el llamativo y brillante cofre, pero el capitán le respondió que no veía nada más que playas desiertas. Entonces descubrió que aquel tesoro estaba destinado a él y que había perdido la oportunidad de abrirlo y descubrir la eternidad.
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