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Hay secretos que no se deben contar. No puedo conocer lo que no puedo alcanzar. Debe tener un motivo, para negarme entrar, todo tiene un motivo. Hay una luz que se ve desde afuera, que dibuja sombras entre la penumbra de una cueva. Se reflejan imágenes que no puedo comprender, son formas nada más. Si no salgo no podré saber jamás que son en realidad. Pero no puedo hacerlo, esta prohibido, alguna vez algún ancestro lo escribió. Los misterios se forjan a partir de las precauciones, y son razones suficientes para acatar las reglas.
Desearía al menos poder encender alguna luz, ver más allá, aunque sea castigado, algún día debería dar igual. Pero mejor hoy lo dejo todo como está. Después de todo por algo está así. Y no es un mito, no existen los mitos platónicos, es la realidad.
Entré al cine y ni siquiera noté que estaba solo en la sala, aunque cuando lo descubrí no me llamó la atención, a las 17.30, una función de lunes, es dificil que alguien quisiera ir al cine. La película fue muy extraña, parecía no tener sentido, al menos pasaría el tiempo que tenía de espera hasta que me reparasen el choque.
Al salir noté de inmediato que algo había cambiado, el mundo ya no era el mismo, el cielo había perdido el color, las imagenes se movían como en cámara lenta. Apenas se percibía pero igual yo estaba seguto: ese no era mi mundo.
Una mezcla de miel y café, es lo que recuerdo cada día desde que me fui. ¿Como puede ser tan adictivo un amor? Entre las fotos que navegan por la pantalla una y otra vez, que perforan el alma de recuerdos. No se irán, no hay puertas para que salgan. Y me veo tratando de detener el tiempo una tarde que se negaba a dejar de ser noche. Hubiera cambiado una gota de sangre por cada segundo.
Pero el avión despegó igual.
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